16.6.14

RABOS DE LAGARTIJA

El día sigue siendo parte de la noche.
Proverbio sioux

El uso civilizado de las situaciones humanas es posible porque hay individuos que no desdeñan comerciar con su lado más superfluo y artificioso, desarrollando para la ocasión su perfil menos humano.

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Del polvo original al polvo de cementerio, las estrellas y los huesos declaran el cataclismo de la verdad a la que dieron refugio durante algún tiempo.

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Detectar problemas sociales y revelarlos es la única didáctica que el docto puede instruir sin contaminar la ignorancia general con el afán, nada sabio, de orientarla.

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Cierto desorden e inversión de nociones son necesarios para que la purificación surta efecto. Aprender por debilidad constituye la lección más dura para el guerrero en busca de su fortaleza.

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Amarse en la deidad que nace y muere en uno. Para el sujeto falto de confianza, la fe es el consuelo al que acude contra el infortunio, mientras que para el dichoso es una manera de no aburrirse con la inevitable estrechez de la existencia. Solamente alguien seguro de sí puede apearse en la desgracia y elevarse en el gozo sin recurrir a otra fidelidad que la ganada cinegéticamente, duda a duda, en la visión de no ser sino una vana pero noble quimera divina.

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Nada más disparatado que ser normal. Como cada hombre que aún lo sea, me quiero heroico o réprobo, excelso en las nubes sin dueño o indomable en las cloacas, antes que ser un pellejo hinchado de estereotipos cuando no un mono amaestrado con las sinalefas de los actos moralmente correctos que son la honrilla del sirviente. Voluptuoso e indócil, los hitos que han marcado mi cronología rescatándome de la nimiedad básica de cualquier destino, son las mujeres que acertaron a herniarme el corazón y las coyunturas donde elegí no querer la vida que no llevo.

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Alborotadores por naturaleza, en lo que cada uno quiere del otro radica el motor acelerado del deseo, el principio nebuloso de la política y el fin seguro de la tranquilidad.

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Todos tenemos cosas que nos quitan el sueño quizá porque soñar bastaría para remediarlas.

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No hay peor forma de experimentar el vacío interior que tratar de llenarlo.

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En tanto que obra viva, la naturaleza nos obsequia genuinas verdades. Según una de ellas, sería erróneo inferir que todo lo natural es verdadero y verdadero todo lo natural.

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Las procaces inflorescencias de la materia. Si el universo se exhibe sin avergonzarse de nada cuanto contiene, tú, que eres una espina de sueño y de conciencia en la eternidad, ¿por qué albergas temores que te ruborizan?, ¿desconoces acaso el pavoneo consustancial a la vida, que parece instituida para el ojo, y en cuyos actores incapaces de recato hasta la muerte prolonga el espectáculo?

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Por las fauces del demagogo no cesan de salir elogios a la libertad... hasta que se encuentra con alguien que actúa libremente.

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De la cúspide de la autorrealización a los rudimentos necesarios para entretener el tiempo y la barriga, la Pirámide de Maslow se presta en sentido inverso a ilustrar la decadencia histórica de los señuelos y demandas sociales que rigen las relaciones entre embaucadores y descontentos.

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Más que en cualquier otro segmento histórico donde haya intervenido, hoy la democracia es un modo de cohonestar fracturas civiles que admite todas las servidumbres a condición de que no pongan de manifiesto la tiranía y asuman como propia la retórica humanista a la que con tan escaso margen de discrepancia se han adaptado los pueblos más diversos.

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Los incendiarios del presente serán los celadores del futuro; con sus salivazos, se redactarán las constituciones ignífugas de las próximas dictaduras.

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Lo que distingue al lúcido del cretino no es su inteligencia ni su cultura, que pueden ser atributos equiparables entre ambos, sino la agudeza del olfato: nariz para descubrir el hedor de la condición humana sin necesidad de hallarse decrépito, hundido en la más cochambrosa miseria o atenazado por una enfermedad grave.

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El individuo paga la curda de la explosión demográfica con una resaca donde las peores catástrofes imaginables tienen cabida, salvo la de ahogarse en la abundancia.

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Si ni siquiera tengo definido el valor último que le asigno a mi vida, ¿cómo voy a imponérsela a otro? Ni concentrando toda mi voluntad de arrogancia en ser altivo podría igualar el indetectable respeto por la criatura que demuestran los procreadores.

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Quien acepte la validez del concepto delito ecológico, tiene la obligación de admitir que el principal desmán, del cual el resto de agresiones contra el medio ambiente son ramificaciones, es la reproducción. Desde la arenga que diera Elohim a Noé, la forma socialmente estipulada de destruir es multiplicarse. En vez de los tiernos juguetitos inspiradores de mimos que parecen, los bebés deberían ser tan horribles y asquerosos como las consecuencias que producirá su paso por el mundo, así los progenitores se encararían con evidencias indelebles de la gravedad que conlleva tener descendencia en un planeta superpoblado.

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Con la misma desfachatez que la gente mata culebras creyéndolas peligrosas, da el voto fácilmente a quien percibe inofensivo y llena de puñeteros hijos este lodazal cual si fueran regalos de la providencia.

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Así como la soledad en compañía de multitudes se está convirtiendo en uno de los venenos más amargos segregados por la plaga humana, el imperativo de la sonrisa renovada es la tortura más retorcida que los amos de la oferta prescriben a los súbditos del consumo.

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El intercambio de pensamientos sólo tiene lugar entre espíritus escépticos; en quienes no lo son, la fuerza del intelecto está subordinada a hilvanar pretextos que concedan empaque de elocuencia y credenciales de sensatez a las supercherías que toman por convicciones.

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Hay tanto cafre suelto que hasta una ventosidad proferida entre aplausos sienta cátedra. A esto, cuando está en connivencia con lo que al vulgo le place, todavía lo llaman opinión pública.

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Sólo en virtud de un sinsentido o de una corrupción recalcitrante de lo que significa ser ciudadano, puede considerarse que la razón gana con la mayoría. El axioma no declarado del demócrata, que agita en lo más profundo su vocación chantajista, es la preferencia de la contabilidad sobre la calidad. Incluso el asambleario, que representa la versión purista del anterior, encuentra inaceptable que el criterio de un solo individuo sobresalga con mayores luces que el sostenido por los demás cuando entre ellos hay consenso para estar equivocados.

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A todos esos cándidos que alimentan con ilusiones reformistas la vorágine actual, pero apuntando a quienes de ellos hacen réditos con sus trapisondas, les sugiero que se planteen de qué sirve obstinarse en aumentar los servicios disponibles a bordo de un avión de pasajeros que ha entrado en barrena y, de un momento a otro, se estrellará.

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En las bajezas celebradas que el pobre envidia al rico delata su carácter perdulario; el acaudalado, por su parte, se disminuye al hacer ostentación de sí mismo como de un accesorio del dinero que en verdad no necesita adorar, pero del que se vale para que otros lo veneren.

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Escribo pensando en cómo me leerán quienes me superan en talento y sabiduría. Si lo hiciera pensando en otros, escribiría con la condescendencia propia de un farsante o adulterado por el rencor de los modregos que sufren mis argumentos como un ataque a su orgullo.

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En todo aquello que conmueve a un adulto aflora el niño que hay en él sobre la comunidad de seres que estructuran su psiquismo. Desde mis años de arrapiezo, siempre me ha sublevado tener conciencia de los seres cuyo sistema nervioso está lo bastante desarrollado para morir de pena, la más larga y sofocante de las agonías, tras ser arrancados de sí mismos por el cautiverio que los condena a consumirse de atrofia en alguna clase de impotencia. Remiten mis inquietudes, directa o indirectamente, a la presencia negra de este dolor tan terrenal e imperecedero, y se entenderá, por ende, que no pueda dar mi aprobación a ninguna empresa, organización o filosofía que necesite fabricar pesadumbres para funcionar. Mi peor enemigo no es otro que la ausencia cotidiana de sensibilidad que está detrás de la coerción y de sus aberrantes secuelas.


Tom Bagshaw nos invita a interrogar los misterios de Hallowed Age. Yo me mantendré en el tono de aflicción que obtengo por respuesta desde que hace varios días un emisario del señor Celsius, de visita por mis axilas, reincide en marcar 39 º.

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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