7.6.14

¿PODEMOS CONTRA JODEMOS?

El papel de la zorra en los cuentos es el de servir de espejo a los pensamientos de los hombres, el de desvelar sus más recónditos deseos y el de suscitar en ellos la conciencia de de la responsabilidad de sus actos. Simbolizaría una especie de segunda conciencia.
Jean CHEVALIER y Alain GHEERBRANT
Diccionario de los símbolos

Arcángel de la indignación enroscada a la tertulia y prendida con coletero, torero de casta revuelta que en el falso albero de los platós tienta en lidia la calaña de esos moruecos capados que entre rescates, amnistías, aforamientos y otras cornadas giratorias más que bravura de raza blindan su ausencia de clase humillando al respetable... que tampoco la suele tener, dicho sea sin faltar a la mía, la propia de un casi lumpen consciente de cuán feos resultan los altares civilizados al ser vistos sin el maquillaje aplicado a sus detritos. A ti, Pablito, que te presentas como el rival mejor preparado del sexto Felipón, a quien superas además en ambiciones; a ti, sólo porque logras intimidar con tus trinos de hoz y tu flamante currículum arremangado en veintitrés páginas a quienes añoran la caspa de paredón sobre la que pusieron gomina de transacción democrática los embalsamadores de trabajos forzados, quiero anunciarte una cosa: como sigas avanzando por la inusitada elocuencia de ese camino de perfección o de impecable pose que has emprendido junto a tu sóviet de docentes, voy a tener que desvirgarme en mi rol de elector dándote la oportunidad de corromperte a lo grande o de equivocarme como mi suspicacia antiutópica, quizá, merezca. Y asimila bien el valor de lo que apunto, el acto de votar conlleva para mí una contorsión moral equiparable a la de un padre viudo y tetrapléjico que, privado de más loables recursos, resigna su manutención a los oficios bivalvos de su única hija.

A woman under the influence de Gilles Vranckx.

3 comentarios:

  1. Anónimo7/6/14 22:38

    Nunca leí nada tan pretencioso.

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  2. Hace tiempo me prometí no responder a ningún comentario anónimo, pero puesto que nadie salvo yo mismo saldrá perjudicado por el incumplimiento de la palabra convenida, me concederé la imprudencia de honrar su visita con algunas observaciones:

    La primera, advertirle que si este artículo se le antoja pretencioso, no defraudaré sus expectativas de rechazo en el improbable caso de que decida adentrarse en este cuaderno de bitácora lleno de presunciones contra las más inveteradas secuelas de realidad, empezando por la existencia y otros aledaños del autor que la firma.

    La segunda, admitir sin reparos que prefiero la política hecha desde el más crudo desengaño a los proyectos que requieren movilizar ilusiones, en cuya ausencia las actitudes que suelen servir de placenta al totalitarismo quedan yermas. Pretender que el régimen parlamentario pueda experimentar una transformación radical por las vías ordinarias exige, desde luego, una credulidad que no comparto. Tampoco daría mi apoyo a un paquete de reformas, por deseables que puedan sentirse en el papel, imposibles de ser llevadas a la práctica sin reforzar previamente el control gubernamental en las áreas donde su injerencia ocasiona mayores trastornos de los que resuelve (siguiendo en sensibilidad a Thoreau, opino que «el mejor gobierno es el que no gobierna en absoluto»). Mi pretensión al publicar esta entrada tiene otro origen y está relacionada con la curiosidad por la deriva fáctica de Podemos; curiosidad, entiéndase bien, por comprobar hasta qué punto la irrupción de este movimiento en la política nacional hará descarrilar al bloque de partidos vinculados a los Pactos de la Moncloa, así como su capacidad para desafiar a las oligarquías reinantes desde ejercicio público del poder. Y si me pongo conspiranoico, subsiste en mí la intriga por averiguar qué grupos de influencia pueden estar acelerando el protagonismo del señor Iglesias (recuérdese la alianza entre la casa Lenin y la casa Rockefeller) más allá de las inercias, hábilmente canalizadas, del descontento popular. Gracias a la renovación del consenso que supone, no debe obviarse que el primer beneficiado por el auge de una formación que sepa conquistar la simpatía de los ciudadanos es el sistema (el Jodemos).


    Por último, a propósito del polémico panorama electoral que se está gestando, contra la exaltación supersticiosa de los ánimos tengo muy presente el adagio «a río revuelto, ganancia de pescadores» o, dicho con la exacta prosa de Gómez Dávila, «patrocinar al pobre ha sido siempre, en política, el más seguro medio de enriquecerse». Para la camarilla que nos ocupa, de momento, no es así...

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  3. Interesante y nada pretenciosa disertación comparada con otras que le tengo leídas (no se lo tome a mal, entiendo las particularidades de su sentido del humor y río mucho con ellas).
    Entre algunos de mis amigos cunde la impresión de que Podemos es la renovación subterránea del PSOE. Yo no lo tengo tan claro. Sin entrar en juicios de valor sobre su programa, está por ver si se quedará en un "queremos y no podemos" o llegará a degenerar en un "podemos y no queremos".

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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