3.2.14

INTRAVÍOS

No parece haber mejor palabra para calificar al ojo que la seducción; nada es más atractivo en el cuerpo de los animales y de los hombres. La extrema seducción colinda, probablemente, con el horror.
Georges BATAILLE
Historia del ojo

He abierto una cuenta en Pinterest pese a la mojigata censura impuesta por sus ideólogos a los contenidos relacionados con la aventura sexual de la carne —también he descubierto un truco para burlarla, dicho sea—. Podría haber optado por otra plataforma, como Tumblr, que a día de hoy puede presumir de no capar al usuario, y sin embargo he elegido la primera porque la estructura ácrona y compacta de su planteamiento ofrece un medio muy funcional para esbozar las líneas maestras del acervo que uno centrifuga desde la elocuencia prístina de las imágenes: trabajosa, sí, pero perfecta ocupación para dar uso a los ratos de cansancio y desaliño interior que de otro modo quedarían sin foco ni mirada; labor de selección infinita que apenas he comenzado y pretende, precisa aunque no urgentemente, eso que un buen amigo me sugirió: hipnotizar, ser un bálsamo visual de coqueta laberintidad, favorecer el intravío hacia un lugar donde esconderse para mostrar la construcción imaginaria de la realidad donde el hallazgo se reparte entre el objeto que se detiene y el ojo que lo anima.

Mar iluminado por la Luna de Koho Shoda.

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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