18.2.14

EPATAR AL GEEK

El mundo, en general, tiende a simplificarse como si se vertiera en una edición infantil, fácil de entender, fácil de tragar; tan elementalizado como le gusta al patrón norteamericano, simple como la papilla planetaria que tiende a lograr la coloreada homogeinización global. Es decir, tan cercano a un guión de dibujos animados que en cualquier momento puede hacernos creer inmortales si es que, descuidadamente, no nos ha matado ya.
Vicente VERDÚ
El estilo del mundo

Hombre —aunque podría ser mujer— locuazmente provisto de retales culturetas para tapizar el buhedal de sus entendederas, barbiastroso y gafapasteado como signos delusivos del calculado abandono que ondean sus galas bohemias, prorrumpe en charla con la boca embutida de barbarismos como tracklist, spoiler, trending topic, handicap, nick, mainstream, feedback, shopping y otras verbimportadas gusaneras que roen, en la planicie de lo infrasémico, las abducciones del jaez anglomilitante. No es que su aspecto, logorrea inclusa, sea causa de exclusión para mí, y advierto ahora que mi facha lo mismo da para batidor miliciano que mojama de Mathausen, pero el único modo de defenderme de su exhibicionismo ultramediático exigió de mí el esfuerzo arcaizante de aplastarlo con la ayuda, en verdad inestimable, de María Moliner, cuyo par de tomazos admiten transliteraciones musculares perfectas cuando se ha de combatir al infiel que anda sermoneando demasiado cerca con el culo pirateado y la cabeza metida en el fóculo de la pantalla, «luz general sobre la torre o sobre el pueblo particular en que cada uno ha quedado bloqueado por los acontecimientos» (Furio Colombo).

No he podido averiguar el autor, o en su defecto la procedencia, de tan irresistible baile... ¿Alguna pista?

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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