22.9.10

RELAPSO


Tengo que hacer un gran esfuerzo para creerme lo que veo, y empiezo a estar asustado de ver algunas cosas por si acaso tengo que creérmelas.
Flann O'BRIEN
El tercer policía

Cuando escribo, actividad que normalmente ejercito recluido en mi gabinete, pienso que la vida está ahí fuera, que dentro del observatorio que he alzado con ladrillos de textos propios y ajenos solo puede haber un pálido reflejo de la auténtica experiencia; sin embargo, cuando salgo al mundo, pronto vuelvo a convencerme de que la vida está entre mis libros y lucubraciones, hasta que a fuerza de escribir agoto la certidumbre. Por el camino de ida y vuelta entre lo uno y lo otro, el uno se pierde y el otro se escapa. Y si la vida está en ambas partes, como razonablemente sugiere un amigo, ¿dónde estaré yo que no la encuentro? Lo ignoro y tampoco me importa, porque de igual forma que la realidad no necesita ser verdadera para existir, mi existencia no necesita ser real para extraviarse. Es entonces cuando me susurro mantras incandescentes como «de yo a yo no hay nada, salvo una ilusión de principio y un presagio seguro del fin», o diamantes en bruto del tipo «por el mero hecho de nacer cada individuo es un atentado permanente contra su conciencia, y quien no lo sea, carece sencillamente de conciencia», pero claro, se trata de conceptos enrarecidos por la atmósfera opresiva del pensamiento al que he de atizar en estos términos para que se consuma cuanto antes:

«Paseante solitario demorado junto a mí, ¡aléjate o te rompo! Eres la herida abierta de mi náusea sin arcada, el espejo roto de mis deseos marchitos, la sombra pegajosa de mi traición».

2 comentarios:

  1. Ah, el eterno y medular conflicto entre la vida y la palabra. Ha sido una coincidencia tu texto puesto que, además de sentir tu diagnóstico afín a mi propia vivencia, tenía pensado publicar algo sobre el tema próximamente .

    No es nada sencillo, pues hay edenes en el pensamiento superiores a muchas hazañas y también a la inversa. Aunque no es menos cierto que la mayoría de pensadores y artistas que han perforado nuestras almas daban en público o en secreto prioridad a la vida sobre las letras, siempre que fuera una vida de armas y excesos.

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  2. Nada que añadir, camarada. Has hecho diana.

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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