25.10.19

SILUETAS DE ALMARIO

Tótem amigo
A todos los que habéis sabido acompañarme con inteligencia y magnanimidad

Vi como un loco.
Amé las cosas sin sentimentalidad ninguna.
Nunca tuve un deseo que no pudiera realizar, porque nunca me cegué.
Alberto CAEIRO
Poemas inconjuntos


Estoy hecho un linamen con esta andanada de contornos que presento como fulgores, porque si bien han encendido el tenebrario de mis pensamientos para honra del santo ofidio de la escritura que a su vera se desliza, expuesto el heteróclito haz de sus luminarias al alcance de otras genillas siento que sus oficios de caduceo se vuelven oficiosos garabatos en las tinieblas, lides impropias de comparecer en sus paños menos que menores, hecha sea la confidencia con embargo del claroscuro que, desde este lado de la transitoriedad, me tiene escarmentado fuera de las ocasiones en que, a ceño descosido, siembro de amenidades mi tendencia a volver el huerto huerco y la inocente trastada en un trastazo contra la bichambre primordial. Si mis caros lectores empezaban a sospecharlo, la mentada bichambre suena, en efecto, a palabra importada del códice onírico, en cuyos pergaminos la escuché pronunciar en tono de reproche a la actitud cariempinada con que el hambre de un gusarapo simulaba ser dechado de hombre.

¿Por qué «siluetas» y no «luciérnagas», como es preceptivo que el autogenario vindicador de Atlante baptice a sus centellas? Cuando se asume que el razonamiento debe más a la arrogancia que a la inteligencia y que el convencimiento carecería de valor sin la pachorra mental que lo afianza, de las piruetas que el estilo aspiraba a hacer con los conceptos apenas queda el donaire de una silueta en el almario. Lo que con ese don de aire se ha titulado no pretende ser, al envés de la formalidad discursiva, sino el negativo de la disertación, un breviario de desprogramación que invito al gusto y capacidad de cada chirumen positivar.

Hecha constancia, con la venia de Dimas Mas, de que «hay una propensión natural hacia el sueño, como la hay hacia la vela», traigo sin bostezo ni más circunloquio este libamen al altar de Lectura, donde saludo a todos los meditamundos que bajo su advocación encuentran digno motivo de desvelo cuando, por estabulación horaria, mandado está que la modorra caiga en ucase sobre las mentes.

Comoquiera que parezca a la afición esta prolija y prohijada obra, quizá la última en comparecer dentro de este corro de piedras, háganme responsable de la calidad de la expresión, no del contenido expresado que la sustantividad interferida me obliga a reseñar. Mi mejor razón es la voz de alarma, una voz respondona que no grita ni esconde, y mal avisador sería si mi testimonio se acogiese a la hipocresía que tantos otros corean con el interés de ocultarse a sí mismos importantes verdades. Libidinosa de trasfondos, la mía es una forma de entender lo humano detestada desde que existen comunidades adictas a las instituciones que engranan las complicidades de la tribu.

Si alguna nota molesta, si el espejito trágico de sus fragmentos capta las caras menos lindas de quien se asoma al cruce de miradas, será porque la rotundidad vale la pena. Nadie me lea si la donación de perspectiva le causa empacho de hondura y «retráteme el que quisiere, pero no me maltrate, que muchas veces suele caerse la paciencia cuando la cargan de injurias» (Quijote 2, 59).

La autopsia está servida.




ÍNDICE GENERAL

PRIMERA DESATADURA
Dentro no cabe dentro (1-13)

SEGUNDA DESATADURA
Saber de dónde viene la luz aunque reine la obscuridad (14-221)

TERCERA DESATURADA
No desposarse con la vida ni prendarse de la muerte (222-255)

CUARTA DESATADURA
Abstenerse de creer cierto lo posible como de creer imposible lo incierto (256-306)

QUINTA DESATADURA
No aprobar lo probado sin probar lo desaprobado (307-466)

SEXTA DESATADURA
Recordar que nada es lo que parece para el que perece (467-546)

SÉPTIMA DESATADURA 
Tornar poética la licencia de dudar por uno mismo (547-577)


Nigel van Wieck, First Floor

PRIMERA DESATADURA: DENTRO NO CABE DENTRO

1

Es propio de las soluciones andar siempre en busca de problemas.

2

Peor que no saber nada es creer que algo se sabe.

3

Si las banderas son trapos, los abanderados son atrapados.

4

Muchos tarugos no forman un bosque, pero bastan para poblar una democracia.

5

No nacemos en el tiempo y lugar equivocados; lo equivocado es haber nacido.

6

Cuando las reglas del juego que conducen al éxito son fraudulentas, el mayor fracaso no es perder, sino aceptarlas como si fueran buenas.

7

La literatura nace solo en respuesta a la necesidad que una vida sensible tiene de no ser solo una vida.

8

La verdad no está en la rosa ni en la espina, sino en la sensibilidad donde ambas se combinan.

9

Pesquisar el sentido de la cosa haciendo más cosas es taparla con una losa.

10

El consenso social no es el fundamento del poder político, sino su declaración de triunfo.

11

Más ayuda a pensar la opinión desestimada por muchos que la compartida por todos.

12

¿Te reduces o te reproduces? A menos conciencia, más poluciones fructíferas.

13

Vive que te vive, se cansa uno de no ser hasta lo que no es.


Bob Ó Cathail, Box Player

SEGUNDA DESATADURA: SABER DE DÓNDE VIENE LA LUZ AUNQUE REINE LA OBSCURIDAD 

14

Para un proletario del tiempo la esperanza es su salario mínimo.

15

Nada es tan urgente como detenerse. Y por la aspereza del camino, nada tan honesto como ajustarse las bondades de un calzado vetusto.

16

Asómbrate en todo y verás qué amable sombra a ti mismo te das.

17

Hasta el hombre más pulido vende su alma al Diablo cuando identifica la normalidad con las condiciones que envilecen su existencia.

18

Temerosos de que los mirlos blancos den sentido al conjunto, los normales vuelven locos a los lúcidos para poder hacerles sombra.

19

Devolveos la realidad del vivir como un haber, no como un debe.

20

Por más que al pensamiento se le olvide la razón de su sentido, pensar es resistir al sinsentido, incluso cuando este sinsentido procede de una razón desbordada.

21

Uno crece con el abrazo que planta y encoge con el que tala.

22

Saber contenerse en la pasión es domarle el contenido a la ocasión.

23

La senda del guerrero no es la senda de la sabiduría. El sentido épico entrena el ánimo de cara a la adversidad, pero sólo el sentido poético lo salva del encanallamiento donde halla el guerrero la excusa de servir como instrumento a potencias brutales.

24

El investigador de buena ley no busca culpas, sino genealogías; no pontifica soluciones, registra insuficiencias.

25

Con cada golpe de inteligencia que asestamos a la falsedad lo primero que se resiente es nuestra sociabilidad.

26

Escuchemos al otro sin apagarnos; encendámonos sin acallarlo.

27

Limitarse a pensar en el aquí y ahora es cerrar las escotillas del averno a la frescura de otros aires mentales.

28

Habiendo hecho el cándido del amor a la vida su narcótico, al menor traspiés de amargura en cualquier adicción perderá su dulzura.

29

Se promociona la reconciliación con uno mismo a cualquier precio para ocultar a los premiados la inmolación de fortaleza que ganar esa medalla exige.

30

Circunnavegar lo incognoscible, no hay otro norte. Lo importante no es cómo se empieza ni cómo se acaba, sino saber discurrir entre esos polos como un descubridor que en sí mismo aventura.

31

Mejor es asumir riesgos reales que vivir custodiado por una seguridad del todo ilusoria, excepto en el control sobre los asegurados.

32

La posesión más segura del ser humano es su tesoro de desasimientos, empezando por el adiós a los bienes mundanos de los que ha hecho mayor bien en apartarse.

33

La hostilidad contra el ingenio le da alas que ya quisieran poder lucir los emplumados de alabanzas.

34

De ironía es la propina que el esclarecido tiene la gracia de arrojar a la cara de quienes lo humillan.

35

Nadie a quien la magnitud de un detrimento le haya desgarrado el alma conserva la credulidad necesaria para consolarse por haber sobrevivido a la caída de la última ilusión, la que aún cubría de sentido sus mayores cuitas.

36

El ánimo que no se altera vale lo que ningún precio puede confundir.

37

Ninguna audiencia es fiable, ninguna menos la de aquellos que por escucharse con franqueza a sí mismos nos afinan el oído hacia dentro.

38

Hablar se cuenta entre lo primero que nos enseñan y callar entre lo último que se aprende. No es desdeñable que el taciturno prudente incomode a los sordos de introspección como si atisbaran en su silencio a la misma pelona.

39

Que alguien niegue el interés personal en el valor de sus actos es una vieja técnica para imponerlo que nunca pasa de moda.

40

Ver para no creer lo que otros ven cuando creen ver.

41

Nadie está más lejos de la verdad que quien confía a una sola faceta la realidad.

42

Quienquiera que alcance la visión intelectual que trasciende el sistema de engaños mutuos a los que debe su consistencia la comunidad, ha de romper ligaduras con ella o romperse por complacerla.

43

No hay mejor razón para aliar el entendimiento a la verdad que su anticipo de espanto.

44

Mientras sepas dónde está lo alto y dónde lo bajo, tendrás un centro en todas partes.

45

Hacer el bien indiscriminadamente: otro mal empedernido.

46

Bien obra quien piensa el mal hasta agotarlo.

47

Sólo hay un rasgo que hace al humano digno de ser tratado como un animal especial dentro del rompecabezas evolutivo: la conciencia de no ser una criatura especialmente superior o inferior a cualquier otra.

48

La ausencia de ambición es la última forma de inocencia que le queda a quien ha perdido en su lucha contra la creciente corrupción de la individualidad.

49

Si no hacer del deseo un rehén de los sentimientos es bueno, no hacer de los sentimientos esclavos del deseo es aún mejor.

50

Frente a la actualidad de la enajenación que la enajenación de la actualidad renueva, hallemos nuestra sazón en las cosas hechas a su amor.

51

Muy deshumanizado hay que quererse para que la idea de perfectibilidad humana no se haga acreedora del más perfecto rechazo.

52

La avidez es mayor cuanto más atrofiada está el alma que la amadrina.

53

Si la avaricia fuera canjeable por maestría, el mundo haría arte de su carestía.

54

En este pantano de incertidumbres jamás pescará otra verdad que la confirmación de sus engaños quien a sí mismo se drena.

55

La inteligencia despierta tiene en la risa su modo de disentir y en la sonrisa su manera de asentir, pero ha de aprender a asentir riendo y a disentir sonriendo si quiere sobrevivir a la atenta vigilancia de sus enemigos.

56

Siempre hay motivos para llorar; para reír, en cambio, hemos de reinventar la idiotez de nuestra calavera.

57

Inteligencia y sensibilidad mejor juntas que separadas y paradas peor que separadas.

58

Mudar la piel, no la memoria, a cada vuelta de noria.

59

La discreta relevancia de las pequeñas acciones, desde los gestos a la prosodia, es condición crucial para que exista y se articule el don sin el cual no puede hablarse de un sentido sabio del acontecer. «Si el tiempo es la criba que sólo deja pasar lo que de veras vale —escribe Esquirol—, el gesto cotidiano encabeza la lista».

60

Revalorizar la cotidianidad en tanto que acrisola efusiones y sentidos, no hay viaje más quieto ni más auténtica hazaña.

61

Importante es la estación del día a día, no la ocasión prefigurada del anhelo ni la postergada realización de la esperanza, porque en el uso del tiempo que transcurre a nuestro alcance radica el santo y seña de vivir en cierto.

62

Ninguna dificultad intrínseca puede ser superada, solo afrontada; pero afrontarla es ya una prueba superada contra la perturbación que causaba.

63

Nada más pésimo que el optimismo para mejorar la comprensión de la naturaleza humana.

64

Cuidémonos de festejar el error de suponer que al disponer de información poseemos el conocimiento de la cuestión.

65

Quien guarda la calma, aunque decaiga su alma, guarda su cima.

66

No se nos vaya a olvidar, por darle cuerda a la razón, que recordar es volver a la cordura del corazón.

67

Frente a la mortificación de la culpa que busca cristianamente el perdón, propongo (pro-opongo) una disposición de ánimo basada en un triple erre que erre: reconocimiento de la falta cometida, retractación explícita del daño causado y generosa reparación siempre que sea posible.

68

Más que en el cociente de su tenacidad, el talento del ánimo consiste en saber claudicar a tiempo.

69

Quien a los veinte agacha la cabeza, a los cuarenta cae bajo el hacha de su flaqueza.

70

La mente que ambiciona construir para la eternidad tampoco será desdeñada por el fangal sobre el que se alzan las empresas humanas.

71

A efectos de conocimiento, más vale una duda inconsolable que una certeza apodíctica. La duda es una diva con un camarero en cada pensamiento.

72

No hay otra pureza de intenciones que carecer de ellas; o lo que es igual, nadie alcanza la pureza sino en la muerte.

73

La búsqueda es tan personal como universales sus hallazgos.

74

Dar más de lo que se recibe, no hay otra receta para ser en verdad rico. Dar lo mejor y darlo mejor.

75

Al simio civilizado le pirra culpar a la suerte cuando sus proyectos fracasan, pero aún mayor es su fascinación cuando puede acusar a otros de sus propios errores.

76

En la fuente está el alivio, y en el alivio, el sentido de la sed.

77

Nada vale la vida por sí sola; la vida solo vale de acuerdo con lo que pueda hacerse valer para sí misma.

78

Dogales son para el espíritu las metas, salvo si el espíritu es la meta. Celebre cada quien el ánimo formulado a su entender en la bienaventurada coincidencia consigo mismo.

79

Convertir la erosión existencial en una fuerza escultórica aliada, no en un estado de guerra permanente contra una realidad que deberíamos haber dado perdida desde el primer vagido.

80

La conciencia de sí es el primer laboratorio donde los toscos materiales del mundo han de purificarse.

81

No es malo sentir miedo; lo malo es acatarlo.

82

No hay buenos fines: el buen medio es el fin.

83

Más vale vello que velo.

84

De poco sirve el favor de la suerte si el alma que lo recibe no lo percibe. La sabiduría no escoge su sino, se hace una con él.

85

Todo fruto prohibido contiene un gusano que la proscripción engorda.

86

Sólo quien acepta vívida y sinceramente con el pensamiento la posibilidad de perder el otero, puede ir más allá de los riscos de la razón sin precipitarse en la pasión.

87

Todos estamos perdidos, pero nadie lo está más que quien se cree confeccionado a la medida de su época.

88

Vano sentido es el cronológico que en cada acto disimula, arreando las más vanas superaciones, el sentido necrológico que gobierna nuestras obras.

89

Ningún ser humano vive tan rastreramente como aquel que se pavonea por encima de sus posibilidades.

90

Ascesis teleobjetiva: actuar en soledad como si el mundo en pleno estuviese mirando para que ningún gesto nos traicione cuando estemos a tiro del enemigo.

91

Negar que la necedad es una fuerza dominante en nuestra especie solo la confirma.

92

Adicciones o reivindicaciones, por aquello de que la negación refuerza la vigencia de su oponente, la más férrea voluntad cría oxidaciones.

93

Lo que no es digno de la firmeza humana atrae a la humanidad.

94

Nadie sabe de lo que es realmente capaz sino cuando odia sin contemplaciones.

95

Sin contemplación que lo afiance, el ser se frangolla en actos seriados.

96

Dolencia del estirado es incubar malevolencias contra el relajado. O dicho en clave teológica: la invidente envidia persigue a la risueña pereza.

97

En defensa de la galbana, siempre podrá argüirse de forma irrebatible la fatiga del vivir o la reserva anímica para enfrentar las futuras bregas que a buen seguro traerán los calendarios venideros. «La senda de los años seda los daños», escribe Juan Poz.

98

Si piensas que has tocado fondo es que no lo has hecho: tocar fondo impide pensar.

99

La mejor manera de desear lo que se tiene es perdiéndolo.

100

Yerra quien opina que liberarse del deseo lo podría llevar más lejos. No sufrir deseo se traduce en sentirse quieto, ajeno al prurito de moverse en pos de algo o de alguien.

101

Si malo es mezclarse en la canícula con trabajos que exigen nuestro sudor, peor es en todo tiempo andar revuelto con gentes que viven solo para sudar.

102

La creciente ignorancia de nuestros coetáneos acerca de lo esencial no hace nuestra exigua sabiduría más grande, sino más necesaria.

103

No cabe un uso inteligente de la violencia, pero existen imponderables modos violentos de usar la inteligencia.

104

El sentido ético puede ser dechado de la energía creadora del espíritu o simple troquel de moralismos: la diferencia estriba entre vocación y advocación.

105

Que tu cavilación sea tu calibración.

106

Si conociésemos nuestro futuro, ningún presente valdría.

107

Todos quieren ser buenos hasta que encuentran la facilidad de ser malos.

108

Sospecha de lo que te gusta, estudia lo que te disgusta, cuídate de tu comodidad.

109

En ausencia de méritos propios, adherirse al desprecio clasista de otro grupo social sigue siendo la forma predilecta que los parvos de espíritu tienen de sentirse distinguidos.

110

El mezquino se caracteriza porque sólo en presencia del infortunio ajeno puede sentirse realizado como persona, lo que en su caso implica, además, creerse superior. Y si no hay hundidos en la desventura a cuya costa pueda efectuar el mezquino esa maniobra de acrecentamiento, los hunde de hecho o de inventiva, lo que sea menos problemático para la inflación de su yo.

111

Buscamos en aguas ajenas el reflejo de nuestra mente como si fuera posible otear una imagen más real en los demás que en la carcasa de nuestros sueños.

112

En sucia mano todo papel pinta marrano.

113

No es volviéndole la espalda a la sombra como vive un animal inteligente.

114

De lo que nos concierne sabemos nonada y acopio de juicios erramos de lo que no.

115

Nada vale la ironía sin autoironía; o lo que es igual, vale tanto como la fe de un obispo.

116

Sé indulgente con los que no saben, inclemente con los que no quieren saber e intachable con los que saben más que tú.

117

Quien se adhiera a la opinión de que nada es más admirable que la juventud ni más odioso que la vejez, mal favor se haría si execrara la necedad de los que opinan a la ligera.

118

En aguas revueltas los más duchos nadadores se ahogan igual que los noveles.

119

No es reposo sino repaso el que medita cómo se juntan el antes con el después.

120

Nada afea más la belleza que el engreimiento.

121

No se pregunta al pícaro por sus coaliciones ni al verdugo por sus aficiones sin padecerlas.

122

Ningún hombre pío ha despreciado jamás los servicios publicitarios del báratro.

123

Pidamos de momento concordia, no paz. La paz es una prerrogativa de los finados.

124

Tan deprimente resulta habitar un gran proyecto que habituarse a carecer de incentivos; tener mucho que estar desposeído de lo básico; ser obedecido que obedecer; enfrentar con soberbia juvenil la inexperiencia que llegar a la senectud con la arrogancia intacta; ser inteligente frente a los necios que ser demasiado listo frente a uno mismo.

125

Una lenitiva dosis de ignorancia entra dentro de las cabales atribuciones de la sabiduría.

126

A semejanza del alma arbórea que ampara bajo la estrella de su copa, del alma humana enraizada su mera presencia es cobijo.

127

Se puede amar la vida a pesar de la vida, pero no a pesar del amor.

128

«Nunca supo hacer de sí mismo un hombre de provecho», murmura el piojo sobre los pesares del sabio mientras asido va a su cabellera.

129

Cuando al polvo caigas desde lo más alto, sopesa qué pretendías con tanto zanco.

130

No como putas, sino como diosas, merecen ser tratadas las personas que nos saben hacer amar, aun si descubrimos que como diosas son unas verdaderas putas.

131

La ambivalencia es parte consustancial de la vida mental: sirve tanto de asidero anímico como de viga de la que colgarse.

132

Reflexionar es conversar con uno mismo desdoblado de tú a tú más que de yo a yo, pero a la gente maleducada por el compromiso de olerse los pedos en un nosotros el menor conato reflexivo le asquea cuando a solas queda con su hedor.

133

Todo está en su lugar y cada cosa en su tiempo para el que sabe mirar. Otra cosa es que no pueda abrir los ojos sin abrasarse de llanto.

134

El ansia de redención es una fábrica de condenados. Cuanto más pelean sus adeptos por sobresalir, mayor es su hundimiento en las arenas movedizas del horror a sí mismos.

135

Cuidado con hacer barra libre de tus veredictos: podrías tomar por un manjar servido en bandeja tus mayores cagadas sobre la mesa. Puesto que dictaminar sobre lo ajeno implica tragarse la soberbia antes o después, aceptemos la inevitabilidad de nuestro arbitrio como un juego debido al primer mandamiento de la franqueza: nunca tomarse en serio a sí mismo.

136

Arrastrarse entre inmundicias hacia la cumbre, así es, desvestida de aderezos, la carrera por el éxito.

137

Sin el brocal de una ética seríamos tragados por el pozo sin fondo del nihilismo. Pero hay brocales de piedra y brocales de papel…

138

Con permiso de su excelencia, no creo que la alegría, como proponía Spinoza, consista «en el paso a una perfección mayor», sino a la inversa, que el paso a una alegría mayor vuelve innecesaria la perfección, cuya imposibilidad puede al fin sentirse como una liberación.

139

Con no poco descuido de cordialidad hacia nuestros verdaderos análogos, damos trato de semejanza a otros hasta que su conducta nos reactiva la conciencia de nuestra nobleza en la jerarquía de lo viviente.

140

Así como el desengaño denota una capacidad rehabilitada para la esperanza, la espera de un sentido es ya un sentido: el de lo inconmensurable mutilado por la insignificancia.

141

El verdadero silencio, el que no anuda la lengua del corazón, nunca queda sin ser escuchado.

142

El aburrimiento, que no es distinto de la escasez de recursos interiores, llega en los opulentos a ser un defecto tan palmario que han de aprender a engalanarlo de finura a efectos de fingir, ante el mundo y ante sí mismos, que pueden dominar aquello que los vence.

143

Antes alcanzará los honores reservados a los prohombres un pederasta que un sabio.

144

Todo individuo probo puede llegar a comprender las motivaciones de un criminal de la peor calaña, pero nunca las compartirá porque su corazón las desaprueba con repulsión: he ahí una diferencia ontológica de gustos y, por añadidura, la importancia de tener buen gusto para saber distinguir entre valores y disvalores.

145

Sin un grado de bien administrada necedad, nada agradable podríamos recolectar en la vida. Ya lo decía el viejo Eclesiastés: «El corazón del sabio está en la casa del luto, mas el del necio en la de la alegría». La afición al desatino, y aun el desaseo emocional, suelen ser indispensables requisitos para la alegría. Nadie puede, a decir verdad, experimentar dicha en este anticielo sin cierto grado de oscitancia y participación en esa clase de afectos enternecedores que nos hacen bajar la guardia hasta hacernos sentir hermanados con la estirpe humana. Se colige, pues, que el retraimiento sea señal de autodefensa espiritual como el exhibicionismo del yo lo es de imprudencia.

146

No es más lelo el fufurufo por sus tonterías que por sus saberes, y tanto se asemeja la estulticia al éxito que muchos no revelan cuán estúpidos son hasta acaparar la bicoca de algún premio anhelado por muchos. De todos son conocidos los eminentes que, desde la atalaya de la cultura, se creen más sabios cuanto más loados, y, con el empeño de conservar incólumes sus alardes, fundan academias, universidades, ateneos y otros círculos de adoración lacayuna donde su reputación se siente por encima de la inteligencia salvaje que los cuestiona.

147

Las más graves mentecateces son aquellas que, justamente por estar bien extendidas, casi nadie reconoce como tales.

148

Si entendemos la broznedad no solo como una merma de aptitudes intelectuales, aun a despecho de lo generalizada que está esa insuficiencia, sino ante todo como un uso contrario a las más juiciosas capacidades de la mente humana, o dicho en otros términos, como un sabotaje metódico de la sabiduría, constataremos que la simpleza de las gentes de nuestro tiempo es, además del atributo mejor repartido del mundo, el error defendido con mayor fiereza.

149

Quien por orgullo, o algún otro empecinamiento del carácter, sea incapaz de localizar en sí mismo la majadería, se condena a expresarla en sus más chabacanas formas para bochorno de sí mismo y peligro de los demás.

150

Vivía tan rápido, que a sí mismo sólo se veía de espaldas.

151

Reconquista en ti las capillas que los fementidos ocuparon paseándote las costillas.

152

Hacer acervo sin hacerse acerbo es un saber que se sabe haber.

153

La creencia y la carencia hacen amor a primera vista.

154

El buen camino se cruza con los demás, pero no se lía con ninguno.

155

Inabarcable es el saber para los cortos brazos de la mente, pero si en vez de intentar asir sus secretos los acariciamos, la inmensidad estrechará nuestras manos.

156

Ser un fuera de serie garantiza estar fuera de sitio cuando la serie consiste en vivir fuera de sí.

157

Lo en verdad relevante es indemostrable porque su fuerza no se concentra en la lógica del raciocinio, sino en los límites que dibujan la experiencia.

158

Puesto que la asertividad opera como una negación de la negatividad, la autoafirmación resultante comporta no solo el rechazo de las experiencias negativas, sino la misma negación de la experiencia.

159

La impopularidad solo desvirtúa al pensador que la siente como afrenta y no como obsequio.

160

Los dilemas morales no nos hostigan para que los resolvamos, sino para que los encarnemos con nuestro estilo particular.

161

«Si se nos permite ser monstruos, acabamos teniendo un único deseo: ser realmente monstruos», dice un pistolerista en un filme de Sorrentino. Y tiene razón, una razón demediada, porque en este caso lo contrario no es menos cierto: si se nos prohibiera ser monstruos, lo desearíamos con más ardor que todo lo que nos está permitido. Sabiendo cómo se revuelca la psicología humana en la transgresión, más inteligente sería prohibir la benevolencia.

162

Lo habitual es que los años, a medida que restan dientes, afilen lo más chungo que el animal mordedor lleva dentro. Nadie se aficiona a permanecer en este decrepitorio gracias a sus virtudes.

163

Un plus de inteligencia nos ayuda a solventar una ingente cantidad de problemas ordinarios; demasiada, en cambio, los agrava.

164

Podríamos llegar a ver en el triunfo de la ostentación sin elegancia ni distinción un moderno e impensado revés contra la envidia, que bien podría desfallecer de asco si no fuera cierto que los más proclives a padecerla son también los más soeces.

165

Diminutas codicias juntas aseguran enormes calamidades.

166

Es ridículo negar la tentación, a no ser que se quiera multiplicar su potencial subversivo. Hasta el más humilde derrotado sabe que los humanos somos criaturas que ambicionan lo imposible con una fuerza solo igualada por el cansancio de lo que hemos hecho nuestro.

167

Si dejásemos de llamar «hombre» al que una vez saciado sexualmente no tarda en sentir desprecio por quien ha sido cómplice en la extinción de su deseo, media humanidad quedaría innominada.

168

Adquirir nuevas series de cargas significa, para muchos desgraciados, «madurar», «hacerse adultos», «vivir con los pies en la tierra» y blablablá. Cualquier tópico parece válido cuando las cadenas poseen más entidad que el encadenado.

169

Sino de lo satánico es obrar sin sentido y, aun así, seguir obrando por miedo a parar sin motivo.

170

El pensamiento nos exige volvernos espectadores cuando las circunstancias demandan actores.

171

Parafraseando a Nietzsche, cuando uno toma una decisión, la decisión también lo toma a uno.

172

Los más terribles guardianes de la vida son, asimismo, la personificación de sus mayores debilidades.

173

No evitamos el desastre, lo causamos por miedo a estudiarlo.

174

Cuanto más juntos habitan los humanos, más lejos está cada uno del núcleo de su ser.

175

Ganar es perder si da ganas de más.

176

No hay maestro espiritual que no enmascare a un impostor, ni impostura desenmascarada que no imparta una lección.

177

A veces decir la verdad no basta para quedarse solo: en ocasiones basta decirla para ser cortejado por alguaciles…

178

El sollozo es sólo la mitad de cuanto nos es hacedero comprender; la hilaridad, en cambio, completa con su efecto liberador la aceptación de realidades que burlan nuestro precario entendimiento.

179

Que el promedio humano crea ser más benigno que un cáncer no se deslinda de incriminar a otros los estropicios que uno comete.

180

Contra la farsa de autoimportancia dentro de este hechizo que llamamos «materia», castigar el ego no solo es tiempo sufrido en balde, sino un bumerán que le devuelve incrementado su prestigio.

181

Ser humano no cuesta tanto como tuesta.

182

Tendemos a pensar que los demás conocen al dedillo sus motivaciones, pero basta observar la oscuridad donde reinan las nuestras para tener los primeros atisbos de las tinieblas que mueven el mundo.

183

Cuando vivir se convierte en una degradación irremisible, la nobleza nos cita en la huesa.

184

Tolerar no consiste en aplaudir conductas, sino en asignarle al tolerado un lugar donde se pudra en paz.

185

No hay pensamientos desordenados cuando se sabe que la génesis de todos ellos está en el mismo orificio.

186

Nada define mejor al necio que su facilidad para esperar de la naturaleza humana encantos que solo existen en su imaginación.

187

También se ama para sufrir con sentido, para sentir que en el sufrimiento por amor existe una plaza segura ante la incierta dicha de ser correspondido.

188

Complicarse por determinar si la vida es superior al conocimiento o si es justo al contrario demuestra que no se ha comprendido bastante para vivir con conocimiento.

189

Aceptar las consecuencias que de contener la agresividad se derivan, no hay ejemplo más nítido de valentía.

190

¿Por qué habríamos de querer la existencia, excepto por una suerte de morbidez, después de haberla visto revolverse una y mil veces contra lo más bello, amable y delicado que pudimos hallar en ella?

191

No bien salta de la cuna al ruedo social, principia a enseñar la vida que para ser honrado hay que saber ser derrotado. Puesto que el desencanto es, a todas caras, hijo de la honradez apaleada, quede dicho al menos que tendrá siempre mi falcata a su servicio.

192

Haz de tu sombra un palacio, de tu palacio un jardín, de tu jardín un sagrario, de tu sagrario una segunda naturaleza, de tu segunda naturaleza el primer discípulo y de este una sombra de aquella, tu primera sombra.

193

La humildad no te llevará a ningún lado, pero te ahorrará el tremedal de avanzar en falso hasta volver al pozo de donde saliste.

194

Son tales las mugres conjuntadas en el establo de hogaño que sólo siendo demasiado bueno se libra uno de ser conocido por sus miasmas.

195

Ser pulcro en el pensar, decoroso en el decir e impecable en lo que industriar sea menester. Que cuando la roña llegue, y llegará, provenga de otros.

196

Háganme los duendes de la epigenética terso de escamas para poder nadar en las alcantarillas sin perder el brillo.

197

Nuestro corazón, que ha estirado su curiosidad gatuna por horizontes vertiginosos, medita en esta hora longeva las arrugas que corroboran su importuno elixir y mira la cúspide que no alcanzó con la misma confianza que respira el aliento enrarecido por la edad.

198

No se declaran iguales los humanos porque lo crean, sino por cuánto les irrita que otros sean mejores.

199

Sin deleite estético no hay esmero ético. Quienes rechazan la concepción estética de la ética por considerarla una frivolidad no vislumbran otra disciplina, no tienen más estilo que la sumisión.

200

Ni afirmaciones categóricas ni negaciones taxativas han dado nunca alas a la inteligencia, por eso los que a ellas se confían ni a columbrar llegan el corolario de su batacazo.

201

No hay dogma que dilate la lucidez, ni claridad que no se apague por velar una creencia.

202

Dando uso a nuestros prejuicios no es insólito tropezarse con verdades incorregibles.

203

Nos deslumbran los razonamientos porque con ellas tejemos una persuasiva sensación de dominio sobre la materia que abordan; delusoria sensación para el intelecto que evidencia, detrás de la presunta aclaración, la inextricable perspectiva que ni a enfocar acierta.

204

Los estados de iluminación atizan en el corazón sencillo verdades que desarman a muchos ulemas de la ciencia.

205

Así como las insolencias se cuelan en una vivienda expuesta al colmenar de un vecindario, la codicia se infiltra sin hallar resistencia en una mente prosaica.

206

A todos los que saben percibirla pertenece la belleza que a menudo sabe crear natura, luego es competencia de los que no la ignoran vigilar que nadie la destruya.

207

Para alfombra voladora nuestra sombra cuando la dejamos ser reveladora.

208

Quien comprende, ofende.

209

Que la brusquedad del trance crítico no nos quiebre la solemnidad de exhalar el alma con la misma placidez que guardamos sus secretos.

210

Derrumbarse de forma ejemplar es el último acto de una vida edificada en armonía con la fugacidad.

211

Sólo por tener espinas creíase rosa el cardo borriquero. Y la rosa, en su agüero, sólo porque pinchaba quería ser otra cosa.

212

Como digno hesitarca, distínguese el hombre culto del hombre de culto por la virginidad de sus rodillas.

213

Ningún éxito importa si somos capaces de fracasar.

214

Expresar el dolor es bueno, pero sublime solo es su transfiguración.

215

El bruto entiende por liberación el abandono a los mismos apetitos que el sensible desprecia por subyugantes.

216

Entre las profesiones más innobles deberíamos incluir aquellas que otorgan un aire de superioridad a la valía que no poseen quienes las ejercen.

217

Sabiduría no es conocimiento, sino lo que se hace con el conocimiento para que su fuego no abrase el sentimiento y mayor sea su luz sobre el discernimiento.

218

En algunas personas llueve siempre hacia arriba, pero antes o después son otras las que se mojan.

219

De andar por las nubes duelen los pies como si toda la vida se hubiera corrido sobre un velo a punto de caer.

220

Es perentorio darle una salida inocua al idiota interior con el fin de impedir que se suba a la cresta de la seriedad.

221

Hay en nuestra interioridad carbones que necesitan la elevada presión de imperativos superiores para convertirse en diamantes.


Käthe Kollwitz, La muerte y la mujer

TERCERA DESATADURA: NO DESPOSARSE CON LA VIDA NI PRENDARSE DE LA MUERTE 

222

Dedícale a tus hijos lo mejor de lo mejor: no los tengas.

223

La arbitrariedad de procrear es el primer poder celebrado en sociedad y el último en ser cuestionado en soledad.

224

Vicio heredado de los mayores, no lo hay mayor que engendrar menores. Procrear es sacrificar la prudencia del seso por la superfluidad de un linaje. A lomos de un contrasentido cabalga la humanidad hacia el acabose.

225

El abandono de la vida interior y la volatilidad a que esta es sometida por los nuevos hábitos tecnológicos transforma en artefactos ácefalos a los humanos. No opondría mayor lamento a estos presentes ausentes si no fuera porque a su imagen y decadencia se reproducen sin miramientos.

226

¿Quién necesita que se le demuestre la vana alabanza de sí mismo habida en hacer progenie cuando ha dilucidado la inanidad de querer perdurar a través de la sangre?

227

¿Qué mérito hay, machote, en emplear tu potencia como un ariete inseminador? ¿Y tú, hembrota, prefieres ser embutida de cromosomas a sentirte ungida por una varita de virtudes? Buena compañía es aquella con la que se puede copular sin temor al embarazo y buenos tiempos aquellos en los que se fornica sin maldiciones venéreas.

228

No cabe duda que los milagros existen, y no pienso ahora en una intervención ejecutada por un santo, un taumaturgo u otro ser de origen placentario con pericia de metaprogramador. Hay milagro siempre que uno eyacula dentro de una vagina fértil y el bicho no cuaja. La sabia serpiente no se manchó con el fruto de la replicación.

229

Que los ciudadanos gocen de derechos suplementarios cuando ingresan en la logia patrimaterna solo puede significar que se los recompensa en función de su aporte de súbditos a la agencia estatal de tribulaciones contributivas. Consumando su capacidad reproductiva, ejerciendo de proletario, puede el ser humano beneficiarse en comunidad del mismo aprecio que un semoviente en una explotación ganadera.

230

Quien no se sienta vejado por el ritmo entumecedor de este opresivo mundo; quien a raíz de esa hiriente conciencia de su siglo no haya sopesado seriamente la posibilidad de liquidarse, es un hijo de mala madre.

231

No existe nada comparable a querer vivir para que la vida nos acabe odiando.

232

La existencia, desenfundada por el nacimiento que la funda, lleva en sí el abismo del trauma: crece como el tumor circunfuso de una úlcera que no cierra.

233

Entre los infundios más inverecundos vertidos a cascaporrillo en nuestra época, el que ha hecho cundir la idea de que la violencia es patrimonio de un género cuando su práctica incumbe a la humanidad como sistema y a su industrialización reproductiva le debe la sociedad su pervivencia. Si se busca precisión en la delimitación de sus partidarios y responsables, pertenece la violencia por tradición de uso y propensión al abuso a todos los adictos a la posesividad, una palabra que ni siquiera se digna definir nuestro regio diccionario, y que en función de las aptitudes y preferencias del sujeto incluye un variado arco de agresiones: desde la gresca que se decanta por los tratos vejatorios y las lesiones físicas al polvorín de la procreación, forma constituyente de ferocidad contra los indefensos cuyo ejercicio cuenta con la complicidad de la mayoría, pues de lo contrario no habría sido declarado «derecho universal».

234

Todos los humanos son hermanos de condena, a todos los han hecho venir al coso sin que fuera posible recabar su beneplácito, pero solo una minoría responde a esa filiación con el respeto que veda, en lo que a ellos compete, causar nocimiento de nacimiento.

235

Desde que los primeros domadores del fuego mudaron su inquisitiva curiosidad por la afición a introducir compadres suprahumanos en la extensión tenebregosa de su naturaleza, la divinidad ha sido la mayor proveedora de coartadas para sus crímenes, todas ellas irrelevantes, cierto es, si se las compara con la ausencia de disculpa que recibe su malingrado afán de proliferar.

236

Se cuenta que Gea, fatigada por el peso de la fertilidad humana, solicitó a Zeus la merced de un paliativo y el jayán del Olimpo envió una guerra, la de Tebas, que resultó ser insignificante como remedio. Tras esta, la paradigmática bronca de Troya mereció remembranza de hexámetros, mas a pesar de que la tanda sanguinaria ha ido en portentoso aumento desde entonces, ninguna se ha revelado —valga la piromancia— apocalíptica, capaz de contener la plaga. La verdadera tragedia es que sobrevivimos.

237

Supone una contradicción insalvable hacer un llamamiento general a mantener el impacto antrópico dentro de unos límites aceptables mientras se contribuye activamente, por exceso de producción y de reproducción, a convertir el orbe en un parque turístico que pronto no será más que una mina de suplicios a cielo abierto.

238

A quien, consciente de la renovación del error con cada lechigada, deserta de la monstruosidad de multiplicarse, el sanedrín oficioso de los progenistas le imputará siempre su buen delecto como un acto de soberbia moral.

239

El mal deja de parecer categoría ilusoria cada vez que alguno de sus prolíficos militantes lanza otro crío a la intemperie de la existencia. Solo una persona irresponsable puede encontrar tan irresistible la multiplicación de su parentela como abominable que no haya medio más justo de combatir la nequicia que la esterilidad.

240

La vulgaridad es mucho más que sandez en acción: constituye, ante todo, su método de propagación. Échese un vistazo al mundo y se comprobará que la inmensa mayoría de los hombres, así los notables como el tumulto de los restantes, deben su existencia al acto más estúpido de cuantos puede concebir un adulto. «El ánimo humano está moldeado de tal manera que es más influenciable por lo amañado que por lo verdadero», advirtió Erasmo. Las más leves anomalías pueden, tras una riada de generaciones, llegar a conformar la disparatada norma de la especie.

241

Existe una nesciencia innata y otra adquirida, y entre las segundas ha de contarse el desdén hacia las razones que nos hacen sospechar que la primera nunca fue tan abundante ni la segunda tan poderosa, pero por más que con el advenimiento de la sociedad de masas proliferen a mansalva los excesos, en cualquier tiempo y lugar que uno indague no hallará más insana tontería que el hábito de permitir que un fiasco se hipertrofie hasta llegar a decir «mamá».

242

Algunas lecciones magistrales a propósito de la industria de la vileza podríamos extraer del cristianismo, pues allí donde esta burundanga patibularia siembra su embeleso no solo rescata a los pobres: básicamente, los crea.

243

«A estirar, a estirar, que el demonio va a pasar»: imposible rehusar la sutil analogía entre esta tonadilla infantil y las contracciones de una parturienta.

244

Muchos son los caminos que conducen a la procreación, pero todos ellos son caminos de perdición: ni más ni menos que el emprendido por las almas de una sola dimensión.

245

Lo irremediable se define como aquello que carece de solución, no de indulgencia. Frente a lo humanamente irreparable, hora es ya de una magna clemencia que clausure la factoría de miniyós. «Si cesara la actividad sexual entre los seres humanos, se detendría la tumultuosa cascada de la especie humana que va de la copulación, pasando por el nacimiento, a la tumba: el Jordán avanzaría aguas arriba», escribe Peter Brown acerca de Taciano y los encratitas, los primeros resistentes abiertamente ingenésicos de la Era Cristiana. Pero si entonces se hacía guerrilla de la abstinencia, hoy bastaría con que la actividad sexual mantuviera la decencia de ser improductiva.

246

Una orquesta desafinada no suena mejor que un solista destemplado: piénsalo antes de montar una familia.

247

Si los apodara bestias insultaría a otras especies animales. Pienso, naturalmente, en los posesos de optimismo que contagian su epidemia de fertilidad como medio indisputable de hacer valer sus genes en el concurso global de desatinos. De ellos Félix Grande reseñó que

Son infalibles y ceremoniosos
emplean su vida entera en perder un combate
y expiran afeitados y con afectación
dejando una taimada infección de herederos.

248

Menos mal que la angustia existencial provoca el vómito de la ración corrompida de humanidad que forma el pan de cada día.

249

«Lo que más daño ha hecho a la mujer ha sido su falta de originalidad», pone en reflexión Dostoyevski a uno de sus torturados personajes. Si este aserto fuera cierto —y no ando lejos de ratificarlo—, en lo tocante a comportamientos miméticos sería menester precisar que el más lesivo para la autenticidad del sexo femenino ha sido el que induce a las portadoras de ovarios a ser mamás.

250

Incluso la fealdad insoslayable de cuanto el hombre produce con profusión parece llevadera si se compara con la eludible ordinariez de lo que reproduce sin pensar.

251

De igual modo que algunos zafios ofenden al grabar su nombre en el tronco de un venerable, otros bárbaros encuentran próspera la idea de henchir los continentes con su prole para asegurar que sus taras, por indeseables que sean, pasan a la posteridad.

252

La evolución humana destila sucesivas impiedades en la alquitara de las civilizaciones hasta que extrae de los problemas potenciales realidades incontenibles, como la explosión demográfica.

253

Nada más nacer somos cosidos por el ombligo, y desde esa atadura inaugural crece en nosotros el anhelo de resolver el nudo que somos. Discernir la tela de araña que nos enmaraña en las circunstancias del hilo de oro que nos orienta por el laberinto es una responsabilidad exclusiva del sujeto que casi todos eluden hoy por «falta de tiempo», la emperatriz de la excusas.

254

Matando al que mata se sirve al mismo amo. Mejor sería no haberlo hecho nacer.

255

El único avance digno de tal nombre sería el regreso al origen donde la nada encinta alumbró el engendro de los días contados.


Miho Hirano

CUARTA DESATADURA: ABSTENERSE DE CREER CIERTO LO POSIBLE COMO DE CREER IMPOSIBLE LO INCIERTO

256

Tanto o más que nuestro alimento somos nuestros platos rotos.

257

Los adultos que no juegan se vuelven pueriles.

258

Una voz amable hace de su tañedor un aliciente sensorial, pero sin el arpegio amistoso del silencio no hay boca por mucho tiempo tolerable.

259

Revolver espectros, no mucho más puede hacer el yo en el asilo que ocupa en cada uno de nosotros.

260

Si se niega que el pensamiento es una vía de conocimiento, la negación ha de hacerse extensiva a la experiencia porque el acto de pensar se incardina, cuando menos, en una forma refleja de experimentación. El pensamiento es una ciencia, la más plástica de todas.

261

Sin ideas previas sobre las cosas, las cosas desaparecen del campo de visión. Para poder encauzar los hechos, necesitamos teorías sobre qué son y cómo podemos conocerlos; necesitamos transfundirles el sostén que la abstracción del pensamiento le procura a nuestra mente parietal.

262

Cuando realmente presenta profundidad, cuando esclarece desde su ascenso radicular, el pensamiento no es lingüístico ni discursivo, sino intuitivo y disruptivo; no mana como una alfaguara ni emerge estructurado, sino que alumbra espacios ignotos como una llamarada en una cueva.

263

A las bestias pensantes nos basta el aroma agreste de la verdad para entrar en recelo.

264

Puesto que toda forma de añoranza remite a coordenadas afectivas ajenas a las efectivas, el anhelo de desaparición que comporta la nostalgia bajo sus figuraciones no difiere del que causa bajas cuando un mayor grado de intensidad sentimental coincide con una fatalidad menos inconsciente.

265

Desde un enfoque que tenga como eje cognitivo el valor interactivo de la propia percepción, existen tres tipos básicos de miradas: la ojijunta de los materialistas que solo creen lo que ven, la de los idealistas que con los ojos en albo anteponen lo que creen a lo que ven y la de los escépticos, los únicos con aptitudes abisales para ver sin creer por tener presente el riesgo de confundir lo que ven con lo que creen ver.

266

La variedad de caracteres es como un espejo roto que refleja la vaciedad humana.

267

Muy a tapiz vuelto, acaso sepan los justos que la aptitud para ser bondadoso o malvado depende más de los accidentes que moldean los caracteres humanos que de la dudosa guía de la voluntad. Se es amable o perverso a pesar de lo que uno decida, como también el noble y el rahez lo son, al igual que el inteligente y el cafre, por un dictado de la fortuna.

268

Todo espíritu despierto reconoce a sus homólogos y discierne, del mismo modo, las insuperables discrepancias que lo separan de aquellos que dicen ser sus semejantes solo porque deben su origen a la unión de dos monos.

269

Con tan buen motivo como el aprendizaje de otras lenguas o la inmersión en las fuentes documentales del mundo antiguo, nadie debe considerarse versado en saberes humanísticos sin el conocimiento de la psique que facultan las sustancias cuyo uso ha acompañado nuestra simiesca peripecia durante milenios.

270

Quien quiera verificar la dimensión sobrenatural de la existencia hallará instrumentos en sí no bien comience a soñar o advierta en una reconcentrada vigilia que la cualidad de ser consciente de sí mismo participa de una reacción que se remonta a una conmoción primigenia.

271

Ojos que miran bien también pueden obrar mal.

272

Odiamos como amamos, con la seguridad del afecto soñado y la certeza de que su encanto podría disiparse en cualquier momento.

273

Si Caín inició el abolengo del Homo sapiens, a Abel le cupo en desgracia ser el hombre de neandertal.

274

Con una máscara creíble todo es posible. El actor que somos lo sabe y encuentra en la transformación de sus perfiles un pasadizo a la potencia mutante del ser.

275

Si eres un pintamonas, benditas sean esas monas que te permiten pintarlas.

276

No por fatídica puede la naturaleza humana ser reducida al círculo biológico de matar y morir sin perder la mayor parte de su inmanente riqueza, pero carnívoro o herbívoro ningún humano deja de ronchar el alma con su vocación carroñera.

277

¿La mesura un atributo de nuestra especie? Ser humano es ya un exceso de humo a mano de cualquiera.

278

No existe mayor desnudez que la del rostro y el más desamparado de todos es el sincero.

279

Desodorantes y perfumes son al olor corporal lo que un burka a la expresión facial.

280

Tanto, si no más que la estulticia, el narcisismo es la prenda más vendida en esta almoneda.

281

Una de las realidades biológicas más desoídas por los darwinistas es que los ejemplares humanos más aptos para la supervivencia suelen ser también los peor dotados para las facultades superiores del espíritu.

282

Las más falsas creencias pueden inspirar emociones verdaderas a los hombres, pero eso no las hace ciertas. Y de todas las excusas que uno puede concebir en la defensa de una mamarrachada, la más pobre de todas es que la necesita para resolver los enigmas de la existencia, pues la fe no explica el mundo, solo es un drástico laxante de la necesidad de comprenderlo.

283

No deseamos nuestras metas por lo que valen en sí mismas, sino para poder liberarnos del obsesivo yugo que han atornillado a nuestra cerviz. Liberación efímera y precaria, pues no bien logramos aplacar el deseo que la motivó, otro, acaso mayor, nos reclama por los confines, al que muchos sucederán hasta que la Sonriente aplaque la insaciabilidad de nuestras oquedades.

284

Tentaría dar por cierta la conjetura de que las lágrimas que el pecho bombea responden a la necesidad de velar los ojos a las atrocidades del mundo si se desconociera otra teoría, sin duda más conmovedora y tanto menos refutable: que lloramos porque el alma rebosa en nosotros como un aviso destinado a la reconvención del prójimo.

285

Especulativa, con preeminencia, es la física contemporánea, lo que innúmeros traficantes de ilusiones aprovechan para arrimar el ascua de la incertidumbre a su sardina. Que culturas distantes en el tiempo y en el espacio compartan la homogeneidad intrínseca de sus cosmovisiones no demuestra nada en favor de su verosimilitud, pero sí que la constante necesidad humana de extraer inteligibilidad de lo impensable repite de cuando en cuando sus metáforas. La reiteración de una idea en distintas sociedades no le confiere validez filosófica, solo pone de relieve las carencias latentes que mueven a los hombres de cualquier época.

286

Compete a la razón, y no es poca función, discernir sus limitaciones para conducir el pensamiento, porque nada razonable sería si no admitiera sobre ella la prelación del orden afectivo que se asienta sus propias evidencias y es independiente de cualquier explicación conceptual.

287

En el árbol humano la autoconciencia es una floración tardía, tan expuesta a las virazones de la pasión como vulnerable a las fantasías de la costumbre, que a nadie ha librado jamás de arrugarse bajo el sofocante sol de la estupidez.

288

La fuerza telúrica encuentra en el árbol su más elegante encarnación y desencuentra en el humano el sentido de su ascenso.

289

No solo el imperio de los afectos con su anexo de fantasías, también la inteligencia tiene sus fetiches: la lógica y la objetividad son sus orgullos más mentados e invencible se sueña con ellos.

290

Vieja necesidad de acreditación en nuevos rediles, pastoreo de siempre en instalaciones remozadas de hacinamiento, el dominio grupal del qué dirán es la palestra que uno lleva en sí desde el teatro familiar al global. La humanidad, esa metástasis de roles redundantes…

291

El anacoreta, latebroso por disposición y no por deposición de sí, es mirado con suspicacia en todas las sociedades porque su distanciamiento de los demás revela, a la envidia ajena, no solo un desdén por los intereses comunes, sino principalmente una suficiencia íntima que se aleja de la necesidad de competir por la bendición ajena.

292

La intuición halla siempre el atajo que comunica lo inexplicable con lo comprensible.

293

Ha de contarse, en paridad con los que serían capaces de lambrucear en sus propios vómitos si se los devolvieran arreglados como golosinas, a los que huyen en cilicio de licra exhibiéndose a resuello roto de sí mismos, pues ambos ilustran a la tremenda lo infatigable que puede llegar a ser el humano cuando hace presa en él la tentación de superarse perdiendo la forma o poniéndose en ídem. A los gulosos, por tener ya próximas sus células a la penitencia, ninguna advertencia los disuadirá de zamparse el mundo por el ojete, pero a los trotones tal vez les ayude a mejorar la percepción de sí mismos la observación que a propósito de nuestro porte columnado encesta el autor de Historia de las malas ideas: «Cuando corre, es el vivo modelo de la ineficacia penosa: la velocidad más escasa con el máximo esfuerzo».

294

Semejándolo en sus reacciones con la relación que media entre el meteorismo y la dispepsia, se podría afirmar que el orgullo está compuesto por los gases retenidos en el ánimo a causa de una emotividad indigesta.

295

El cuerpo nunca miente: para eso tiene la mente.

296

El mismo público que tacha de loco al explorador que accede al reino perdido de la mente admira al viajero de superficie que sólo por chapotear en culturas distantes y retratarse entre vestigios es honrado con los laureles del aventurero.

297

Una vela en la densa oscuridad, así es la conciencia y su llama grita. Si la conciencia no duele, solo es propaganda.

298

En atención a un principio de higiene mental asaz elemental, es de agradecer la separación entre la vida propia y los negocios, máxime porque hoy ya es mandamiento revolverlo todo, heces y libaciones, en cuanto las divisas de likes empiezan a subir. Narcisismo a quemarropa o infecciosa autoconfusión, todo vale si monetiza el caos generado.

299

Si acertaras a cubicar la cantidad de zulla que has defecado desde que te hicieron nacer, podrías componer un retrato de ti mismo más realista que el desfile de tu jeta por los años.

300

Ni el último mono de la cadena trófica se libra de ser envidiado si muestra un semblante aliviado.

301

La edad valetudinaria pone de acuerdo a los inteligentes y en solfa a los inmaduros.

302

El primate perpendicular no inventó el miedo, tan sólo le puso ruedas. Desde alora no han cesado de crecerle órbitas al mismo pavor y, a cada vuelta que da, pincha con la extrañeza de sí.

303

Fría, objetivamente ponderado, el hecho es que quien pierde a un ser querido manumite las preocupaciones que le suscitaba. Lo que objetiva ni fríamente se puede justipreciar es que con esa desaparición un astro se apaga en el firmamento del alma, aunque su estela persista en el intradós de la ausencia. ¡Alegrémonos de que los dioses bravíos nos hayan concedido el lujo de impedir que cautericen!

304

Tantas veces he visto sobrecompensar las deficiencias de carácter con músculos y armas, que lo primero en acudir a mi magín cuando un gendarme petulante saca pecho, o cuando un dominguero pastosón se viste de montería, es la inesquinable escualidez de talante que traslucen sus faroles.

305

La penadura que el espectáculo humano representa no está exenta de brindar al espíritu sensato algunas carcajadas señeras, como esa que despiertan los lechuguinos que corren a uña quemada tratando de no quedar rezagados tras la última moña de moda.

306

No por haber dado pasto a lugares comunes está menos inscrita en la naturaleza la inspiración; tampoco por haber servido de punto de partida a la vehemencia técnica que desea rebasarla es menos acusado el declive de la especie que ha agotado su alma en el intento.


Kristian Hammerstad, Positronics


QUINTA DESATADURA: NO APROBAR LO PROBADO SIN PROBAR LO DESAPROBADO

307

Resistirse a los efectos secundarios del vivir será una causa tullida mientras la renuencia no se transforme en medicinal renuncia a ejercer de inductor a la existencia.

308

A este mundo le sobra gravedad, paradójicamente, por la importancia subida que la ecúmene concede a cuanto merece ser derribado.

309

La libertad se pasea por los anales no como una dama cuyo amor se disputan las principales sectas ideológicas, sino como el feto reiteradamente abortado con cada revolución política.

310

A la gente de bien no es menester ocultar lo que al esbirro del poder no conviene mostrar.

311

La ficción de muchos termina volviéndose facción para pesadilla de los que no están alistados en ella.

312

Allí donde la duda se convierte en un ocio peligroso a juicio de los más, es justo donde debemos colocar los artefactos explosivos de la inteligencia.

313

Reciclar con otro nombre el mito que se finge superado es la treta a la que deben su proyección social las ideologías modernas, que habrían sido invendibles sin los secretos aprendidos en los altares que alardean haber dejado atrás.

314

Que la ciencia moderna esté libre de propaganda probablemente constituya el mayor logro publicitario después del cristianismo.

315

Cuanto más exacta se vuelve una ciencia, más irrisorias se revelan sus tesis.

316

La tecnología está infrapensada en una proporción solo comparable a sus sobrevaloradas prestaciones.

317

Mostradme una cultura civilizada que no haya exacerbado la herencia monstruosa de la naturaleza humana y creeré en ella.

318

Si algo ha demostrado ser cierto en el mercenario tropismo de la historia, es que ningún proyecto de civilización supera la fase de contrasentido.

319

Porque el poder carece ideología, la propia del poderoso no es otra que conservarse. Solo cuando se derrumban empiezan a ser dignas de interés las construcciones políticas.

320

¿Dónde se ha visto que una idea acertada no recule frente a las poderosas alianzas que la calumnian?

321

Cuando el mundo se rige por una voracidad infernal, adaptarse al ritmo y las enajenaciones que su funcionamiento exige se presenta como la única vía respetable para llegar a convertirse en un perfecto desalmado.

322

Donde saber ofende a los poderes regentes —y la sociedad, no lo omitamos, es el primer poder organizado contra el individuo—, conocer los hechos importa menos que sostener la versión oficial de los mismos, incluso si para ello hay que criminalizar las conciencias que discrepan por mantenerse fieles al irredimible amor a la verdad.

323

El capitalismo suma los aciertos e ignora los fallos descomunales de su sistema; el comunismo, forma estatalizada de capitalismo, cuenta los fallos como si fueran aciertos.

324

No está lejano el día en que las cárceles serán prescindibles gracias al desenfreno comunicativo de los objetos personales, que hará de sus usuarios prisioneros a cada segundo en cada lugar. Mientras llega ese mañana en que ni hablar ni callar podremos sin peligrar, tampoco se retrasará quien elabore un índice con los plantes de nuestra decreciente disponibilidad.

325

Más veraz que la muerte es que con la insolvencia anímica crece la propensión a mendigar la aceptación de los otros. La necesidad de aceptación es el más eficaz dispositivo policial que la comunidad tiene distribuido en cada individuo, pero al mismo tiempo no hay poder tan asequible a la avería cuando la mente lo examina con agudeza.

326

Irónica, y muy aviesamente, la digital es una era en la que el contacto dactilar se evita incluso entre personas bien avenidas; se prefiere la textura inerte de un polímero o la fría luz del cristal a la tersura vibrante del a piel viva.

327

La revolución, la violencia como atajo a la cima, es el ascensor más veloz para el que ha nacido en las cloacas.

328

En el ánimo tumultuoso de todo revolucionario late con policial regularidad un impulso penitenciario.

329

O la justicia es poética, o es otra incumbencia más afín la chacinería.

330

No se niegan las injusticias sociales al elevar su dimensión a la factura evolutiva de la sabandija bípeda, simplemente se hace hincapié en las taras innatas de la «estirpe de hierro» que soslaya quien propone cirugías economicistas. A la postre, poco importa cómo se distribuyan los víveres en un navío que se va a pique.

331

Malhadado sea quien reclama para sí la virtud de hablar por y para el pueblo. La justicia solo tiene de social lo que incumbe, no por derecho sino por derechura, al nivel de exigencia personal que alguien decente se hace en cada acto.

332

El único compromiso que un alma bien erigida tiene el cometido de defender es el que confiere sentido y sensibilidad a su conciencia frente a la legión de insensatos que abre las puertas de la ciudadela a cualquier invasor pertrechado de ofertas de bienestar.

333

Aspirar a un mundo que amén de justo sea libre equivale a extender sobre la pátina de la ilusión un barniz de engaño.

334

Tan utópico es creer que el rebaño puede gobernarse a sí mismo como distópico pensar que fuera del redil la naturaleza está perdida.

335

En política no hay, quizá, tentativa más engañosa que la de intentar cambiar el aparato desde dentro, ni más inútil aspiración que querer hacerlo desde fuera. Cuando se constata con la fría claridad de un burócrata de alcurnia que el cuerpo de las leyes solo es una extensión de los dominios del Estado, un sistema de patrimonialización de las acciones de los ciudadanos, a la vista salta el disparate que hay detrás de la defensa de «nuestros derechos civiles» que los miembros de la casta sometida reivindican. Nadie puede negar sin faltar a la verdad que las leyes ha sido redactadas sobre voces emparedadas por el relato vencedor.

336

Tan peligroso como el amor a un proyecto antropecuario, desde el nacionalismo a la «cultura de empresa», que anule la interioridad de lo propio por lo impropio del amasijo, es el amor que no reconoce las fronteras debidas entre lo odioso y lo hermoso.

337

A tenor de los resultados, juntar la espiritualidad con los negocios o el amor con el sentido de la propiedad que tiene en los achares su más repugnante expresión, es un modo infalible de que ni la espiritualidad ni el amor funcionen. La persona que separa con pulcritud estos ámbitos es un don de incalculable valor para sus afines.

338

Muy propio de humanos es abusar de otros seres cuando se han concedido derecho a ello y ninguna crueldad supone un obstáculo cuando, sin necesidad de derecho, se sienten amos de la verdad.

339

Más vale vivir entre reliquias de azabache recuerdo que entre los costosos escombros de la actualidad periclitada con cada parpadeo.

340

Las víctimas de un acto violento somos todos desde el momento en que su difusión comienza por el exterminio manifiesto de la verdad en la parrilla de noticias.

341

Lo peligroso en el seno de una sociedad no es tanto poner en cuestión sus fundamentos como la generalizada insuficiencia de recursos para expresar las tensiones y antagonismos implicados en un mismo capítulo de la historia.

342

Quienes más denuncian las religiones que aún perduran conservan más fe en ellas que sus feligreses.

343

Cuanto más racional es la inteligencia, más desvalidos se vuelven los sentidos restantes. La Ilustración instituyó así en la historia la mayor guardería de adultos que el simio chismoso ha conocido.

344

Hay múltiples modos de ser moderno, pero ninguno de ellos es loable desde el punto de vista del valor de la intimidad y ninguno ha sido más revolucionario en el empeño de destruirla, armado de industria y de proyectos urgidos de movilización o fritura social, tanto monta. Ya sean de corte comunista, fascista o tecnoconsumista, las ideologías dogmáticas de la modernidad a ultranza tienen en común las tenebrosas expectativas que raramente llegan a percibir sus simpatizantes.

345

No considero improbable que la desnaturalización galopante del medio ambiente y el consiguiente efecto devastador que se abate sobre la humanidad obedezca a un selectivo impulso de los ejemplares más deleznables de nuestra especie, pues únicamente los monstruos pueden sentirse a sus anchas en un hábitat monstruoso.

346

Las ruinas, sobre todo y por falencia recidiva las basílicas de misa diaria, están pobladas de demonios; en cambio las urbes, que no cesan de expandir el perímetro del locus horridus, entre flamantes corrupciones barajan seres destartalados cuya plegaria de afanes ni como hazmerreír vale un diantre.

347

A los cinturones urbanos les crecen los suicidas a una velocidad mayor que las avenidas.

348

Cada rueda que pasa sobre el despojo atropellado de un animal acelera el embrutecimiento del conductor.

349

Motor es sinónimo de accidente o de gripado, lo que antes ocurra.

350

Lo que mejor distingue a los humanos del presente no es lo que hacen con sus vidas, sino todo lo que destruyen a su paso por la desesperación de vivir a lo grande.

351

Abultan los memos en concurrencia casi tanto como los mendaces en el parlamento.

352

Los parlamentarios, adalides del embolismo, no proceden de úteros celestiales ni de yacimientos infernales: salen del mismo pueblo que se queja de ellos.

353

La hembrista siempre culpará al hombre del predominio que en su mentalidad tienen los ovarios. Cosa curiosa, porque al machista nada lo define mejor que su secreta envidia de la capacidad de engendrar que nunca ha perdonado a la mujer.

354

Llama sobremanera la atención que, entradas en edad de merecer sin haber limpiado nunca su alcoba entre una infinidad de cosas que sus aires antojadizos ensuciaron con manos lardosas, sean las niñas de papá y de mamá las que encajen de suyo, como pederasta en seminario, en el típico perfil emasculador que la militancia hembrista demanda. Vano sería buscar en este conventículo de sores metidas a cruzados una mayoría que no convierta su frigidez en ambición de poder y que no atilde este apetito con el clangor de una gesta por la libertad. De estas exardecidas hijas del yoni bien se podría decir lo mismo que Paco Chaves escribe en La tragedia de Hipólito y Fedra a propósito de las hijas de Minos, rey de Creta: «Han sido princesas malcriadas, a quienes los excesos de carantoñas les impidieron aprovechar los grandes valores de que eran portadoras».

355

Al sexismo hembrista se le consienten, frente al machista, unas licencias análogas a las que todavía conceden al marxismo un margen de licitud frente al fascismo. De igual forma que la milicia de hoz y martillo se ha beneficiado del orgullo de las víctimas respecto a otros totalitarismos, el escuadrón de vulva dentada parece tener una actitud más excusable que la cargada de testículos por la jerga justiciera de su discurso, aunque en la praxis propenda a consagrar excesos comparables a las fechorías que denuncia.

356

Desde su puesta en escena léxica, el feminismo se declara enemigo de la polisemia por la misma impostura que su significante irradia: si lo que en verdad pretenden sus comisarios políticos es isonomía, ¿por qué darle prevalencia a un género para designarla? El paripé inventó los sesgos sexistas y por paripé se finge superarlos remitiéndolos al sínodo neopuritano del pensamiento, tras cuyos veredictos ya es preceptivo que ninguna dama salga más perjudicada que la inteligencia y ninguna más indemnizada que la ñoñez.

357

Existe algo más peligroso que la fiereza de un varón camorrista con sus allegados: el revisionismo de cuño inquisitorial que atribuye un motivo ideológico a las agresiones posesivas a sabiendas de que la violencia en el ámbito doméstico no selecciona a sus víctimas por el género, sino por el control indiscriminado que ansía tener sobre ellas. Juan Montero desface así este entuerto: «Cuando un hombre asesina a una mujer no hay un crimen machista per se, no se ha tratado de reivindicar con ese acto la superioridad de los hombres sobre las mujeres, no se trata de un atentado terrorista a cargo de un miembro del comando de los varones, es otro crimen deleznable, deseo de dominio y posesión máximos, consecuencia de incultura, enfermedad, cerrazón y miedo».

358

Tanto o más que de los padres el machismo es hijo de las madres, quienes desde su discreto rol de amas reclusas han ocasionado —no diré que por venganza, aunque tampoco esté ausente— una invalidez domiciliaria de los varones que refuerza de puertas adentro la autoridad de ellas frente a esos inútiles de sexo colgandero que, a cambio de asegurarse la comodidad allí donde son aseados sus calzones, terminan acatando el hecho de ser mascotas para sus señoras.

359

Siempre que una hembra empuñe la conocida aseveración de que «los hombres son más nobles que las mujeres», los nacidos con un rabo entre los fustes deberíamos parar mientes en que noble, en la germanía de las generatrices, alude de una forma moralmente correcta a lo que resulta previsible, llano, transparente, simple y, traducido a la política de los afectos, manejable.

360

Tras el desvalimiento asistido por ordenador y el desalmamiento en masa que ocasiona la competición al por menor de los candidatos a la obsolescencia precoz, el atolladero se atilda de verde pradera, que después de haber sido el pigmento más visto en los billetes viene ahora a expresar el culmen de la corrección política. Sin restar ni una brizna a las repercusiones que tienen lugar allí donde el kilim biosférico no es respetado por las haciendas humanas, en un contexto de acelerada robotización de las relaciones sociales el ecologismo de contrición, que en vez de resembrar las conciencias las embasura, se promulga como doctrina incorporada al nuevo pero frondoso Malleus maleficarum y, con su «lucha contra el cambio climático», reemplaza ya en prioridad ecuménica a la «guerra con el Terror», aun si para ello debe ser alterado el comportamiento de algunos meteoros igual que antes fue diseñado el enemigo que las naciones alineadas en la misma deuda perseguían. Sanctasanctórum de la infestación humana que sus apóstoles y mártires coinciden en calificar de «globalizadora», el innegable objetivo de la campaña contra el cambio climático es el control sobre el cambiante clima de la opinión.

361

En nombre de la protección de la infancia, del medioambiente y de los datos se pueden hoy perpetrar no solo los más escandolosos atentados contra los niños, los ecosistemas y la vida privada, sino también, y no es menos grave, las mayores necedades contra la dimensión natural de la convivencia.

362

Si fuera agible reconocer a mera vista el nivel espiritual de cada individuo, los más evolucionados, previendo el resentimiento de la masa, se camuflarían ante el ojo público con los rasgos de una talla muy inferior a la suya.

363

Desarrollo y sostenible son términos que se repelen. Sostenible, en esencia, debe serlo uno mismo y siempre al margen del desarrollo proditorio que otros le imponen para que sea lo que no es.

364

«Está pasando, lo estás viendo» fue durante años la enseña de una corporación internacional de noticias que conocía el poderoso efecto estupefaciente de la invidencia teleservida. No importa cuán funesta sea la realidad transmitida, o que la sangre del próximo pogromo lama las puertas de nuestras mazmorras, si podemos verla fluir cómodamente sentados en el sofá.

365

La debilidad ajena no invita a la toma de posesión salvo que se padezca una debilidad mayor: la falsa fortaleza de querer dominar.

366

Menos gravosa es la obligación escogida que la libertad decretada: en la primera aún perdura el arbitrio interior que la segunda niega fingiendo satisfacerlo.

367

La autoridad del mentor debería limitarse, y no es cosa menuda, a proveer un buen medio para que el discípulo se reconozca a sí mismo, incluso si ese reconocimiento acarrea la separación del maestro.

368

La comunidad busca la transparencia recíproca, recela de la intimidad, se obstina en sacar a la luz pública las emociones más recónditas del individuo porque su valor supremo radica en la identidad grupal y su canon remite a la mentalidad indivisa del enjambre, del hormiguero. En una asociación, al menos en teoría, no es necesaria la concurrencia de esos factores para su correcto funcionamiento, pues su modelo de cohesión se basa en el juego combinatorio de alteridades que acepta las variables alianzas entre particulares.

369

La armonía de las potencias interiores fomenta una eutrapelia improductiva, refractaria a los intereses que el aparato empresarial y el estamento gubernamental tienen depositados en el individuo, a quien empujan a quebrantar no la estrechez de su ego, que sigue siendo un resorte provechoso para la explotación de uno mismo, sino del espacio íntimo capciosamente motejado como «zona de confort» con el fin de dejarlo a la exclusiva merced de las fuerzas hostiles de la economía, que parecen musitar: «Sal de la madriguera, conejito, ven corriendo por la trocha donde tengo el lazo». Pero si devolvemos a esa devaluada «zona de confort» la «intimidad» que otrora tuvo por nombre, comprenderemos que, frente a las dificultades que impone la vida actual, no se trata de salir del placentario redondel de confianza que protege los valores personales, sino de ampliar su resistencia y elasticidad contra las acometidas de quienquiera chulearlo.

370

Es de dominio común que las fuerzas de seguridad son las primeras interesadas en mantener una reserva de criminalidad con el fin de revalorizar su importancia dentro del orden establecido, pero criminalizar por delitos sin víctima a los ciudadanos desde un supuesto afán preventivo, que no es más que gula recaudatoria, instituye el colmo de la ingratitud contra los ciudadanos, quienes a cambio de pagar tributos lo último que necesitan sufragar es el acoso de parte de aquellos que deberían protegerlos.

371

Ningún conocimiento bien asimilado deja a la mente en el mismo estado y ningún estado mental ampliado debería dejar a la sociedad indiferente. Una organización social cuyos presupuestos no resistan la evaluación hecha desde esa conciencia expandida revelaría ser una prótesis fallida.

372

Nada hay menos sorprendente que, a lo largo de los milenios, la constante de las clases acomodadas haya sido una mixtura de ambición incurable, delectación criminal, traición compulsiva y delirio paranoide cuando el tedio de una vida hipermimada no ha precipitado a sus máximos exponentes en  una senilidad prematura.

373

Hoy la cordura parece descansar en la aptitud para volverse loco en sintonía con los demás, quienes son guiados por la tecnocracia hacia el matadero a través de la ruta más lucrativa. Nunca el imperio exterior de la granja humana concentró tanto poder frente las potencias del alma, que desfallecen sin amparo ni amplitud en los intersticios del mundo interior.

374

«Si la gente oyera nuestros pensamientos, pocos escaparíamos de estar encerrados por locos», escribió Jacinto Benavente. Igualmente, si el gobierno pudiera interceptar nuestras ocurrencias y desencriptar el contenido asilvestrado de sus variaciones, ni los niños se librarían de ser perseguidos como delincuentes. A ojos de quien ansía el control absoluto, la autonomía de la conciencia será siempre un alimaña indeseable dentro su rancho.

375

Jibarista es la actitud que aspira a modelar a decretazos el fango en que se ha convertido la condición humana tras su inmersión en la modernidad. Y jibarizados los que responden con intención de voto.

376

La normalización psiquiátrica, a la que como palabra de coime confía sus ánimos la paisanía, supuso un asalto del Estado terapéutico a la interioridad; la multimediación electrónica de la experiencia que difunde el nuevo catecismo cibernético, está llevando a término un golpe de Estado epistemológico. Si dentro del cuadrilátero de un monitor se hallan hoy contenida las vivencias de miles de millones de simios formateados, mal se dudará entonces que mañana el comportamiento robótico será la premisa de la salud mental. El automántropo ha dejado de ser una profecía a la cual se le podían plantear objeciones razonables para instaurarse como un hecho en cualquier coordenada donde exista un usuario abducido por la remodelación audiovisual.

377

El humanismo ha cambiado la parroquia por la razón, la homilía por la demagogia y la salvación del alma por el progreso social, pero en su enfoque del bicho humano comparte con el cristianismo su desmedida bulimia de redención. Los peores «crímenes contra la humanidad» han sido posibles, antes que por obra de la tecnología moderna con su racionalización industrial del asesinato, que sería solo su apartado instrumental, gracias a la creencia humanista en la misión histórica de nuestra especie, que según parece tiene sobre las otras el cometido de dominar el entorno e implantar una versión terrenal, adaptada a la demanda de las nuevas clientelas, de la vieja soteriología.

378

La ruinosa fe en un progreso capaz de encumbrar al mono sapiente como rey del quilombo planetario hubiera sido inconcebible en ausencia del caldo del cultivo que los siglos de monoteísmo previo habían calentado al fuego de la creencia en un modo de vida excluyente de cualquier otro. En esencia, las tres religiones políticas del último siglo —comunismo, fascismo y consumismo— han prometido lo que siempre añoraron los credos salvíficos: liberarnos a toda costa de nosotros mismos a través de la pertenencia a un proyecto universal.

379

Quien, como el que aquí toma la letra, sea obrero en un mundo de cacos recompensados, trabaja en una zanja donde el único oro es el sudor que deja en ella.

380

En cada hombre existe una fuerza que lo impele a seguir sin parar aun cuando todo lo que hacía de él un ser con alma ha sucumbido. Esa fuerza zombificadora tiene sus amantes y detractores, pero hay convenio en cuanto a su nombre: trabajo.

381

La cantidad de trabajo que la domesticación civil del ser humano ha disparado per cápita tal vez podría haberse evitado si el afán de excrecencia no hubiera puesto a la inteligencia a sus pies. Con un atisbo de optimismo frustrado, Bertrand Russell lo denunció de esta guisa: «Los métodos de producción modernos nos han dado la posibilidad de la paz y la seguridad para todos; hemos elegido, en vez de esto, el exceso de trabajo para unos y la inanición para otros. Hasta aquí, hemos sido tan activos como lo éramos antes de que hubiese máquinas; en esto, hemos sido unos necios, pero no hay razón para seguir siendo necios para siempre». Coincide con el fabiano H. G. Wells, quien sabía que «la ciencia, sirviente muy capaz, se mantiene tras sus amos, pendencieros y groseros, ofreciéndoles recursos, procedimientos y remedios; pero ellos son demasiado estúpidos para utilizarlos».

382

Lo más aberrante del trabajo no es que cumplirlo sea una labor imperativa ni la sobrestimación en que tienen el maleficio de un mal oficio muchos de los forzados a realizarlo; currar ante todo es odioso por su carácter interminable. Hasta las condenas más largas expiran, pero la talacha es por definición una fatiga infinita.

383

El trabajo se asemeja a la existencia en que no puedes amarlo cuando lo tienes, ni dejas de hacer todo lo posible por conservarlo cuando estás a punto de perderlo. De ser imprescindible para no acabar sometido a las peores calamidades, la servidumbre remunerada ha pasado a convertirse en una de ellas.

384

Si un simple controlador de estacionamiento afirmase que has aparcado en la estratosfera, el absurdo no obraría en tu favor una vez incoada la denuncia y necesitarías algo más que Dios y ayuda en tu lucha por quedar exonerado de la infracción. En el afán de impugnar un ultraje cometido desde la legalidad, tendrías que aportar extenuantes pruebas cuya validez resultaría rechazada de oficio por el burócrata sin rostro encargado de inspeccionar tus alegaciones. No se le puede quitar la razón a un secuaz del reglamento sin poner en duda todo el ordenamiento civil y, con la venia de Montesquieu, no es otro nuestro fantasmagórico espíritu de las leyes.

385

Nada opone a la evidencia una irresponsabilidad tan ciega como la fe en el futuro, bien tome esta su fuerza de la esperanza en un mundo más próspero y equitativo, bien se confíe a la rectificación del propio descalabro existencial a despecho de la incertidumbre que rige todos los destinos.

386

La distracción es hoy la clave del sistema productivo. Aun careciendo de un bocado suculento que llevarse a las fauces, la historia ha convertido al humano en un animal de sacrificio que necesita estar entretenido como ninguna otra bestia del coto mundial, de suerte que el combate contra el aburrimiento se ha convertido en una guerra tan lucrativa como las efectuadas para dominar una región rica en minerales preciosos o en pozos petrolíferos.

387

Si considerásemos los medios de distracción como el arma ofensiva que en verdad son, la paz nos sería revelada como otra forma de rapiña donde la atención individual representa un recurso no menos codiciado que los impuestos o la enfermedad.

388

Al vencedor, lo asuma o lo desestime, cada victoria le adjunta un cataclismo moral.

389

El acuartelamiento de las conciencias empieza con la escolarización y no suele concluir con la muerte, pues aun los cuerpos sepultos ingresan en el camposanto siguiendo el orden de un regimiento. No es menos revelador que infantería derive de infancia, ya que si el infante es alguien incapaz de hablar (in- fans, sin habla), el soldado está igualmente privado de voz, como un muerto, mientras debe su razón a la cadena de mando.

390

El universalismo es un nihilismo de lo mismo que se postula como unanimismo, porque si el bien y el mal obedecen a principios eternos y universales, como sostienen las religiones del libro y los saldos bancarios, toda interpretación de la realidad que difiera de esa polaridad se les antojará digna de exterminio a los ortodoxos.

391

Bueno para el negocio, malo para el espíritu. Allí donde las cifras del lucro son las únicas que suman, las personas cuentan menos que ceros a la izquierda.

392

Para vivir bien no es menester tener mucho; lo que hace falta es no tener muchas obligaciones.

393

La toma de bastillas que uno puede acometer por justicia ha sido reemplazada por la toma de pastillas contra todo indicio de sutura donde los demoledores de futuros extirpan el presente.

394

El egoísmo vulgar y posesivo que la sociedad monetizada promueve no es premio individual sino apremio gregario. Una astuta permisividad, trufada de incentivos en forma de comodidades y entretenimientos accesorios, es más efectiva que las coacciones cuando se trata de garantizar la adhesión de los subordinados.

395

Así como la idea de evolución de las especies sigue pareciendo revolucionaria por sus implicaciones, la idea de revolución social se ha revelado involucionista por sus complicaciones.

396

La militancia revolucionaria es un gozne que facilita al aburguesado el paso de una juventud nerviosa a una veteranía crapulosa.

397

Si el enemigo no fuera real, la guerra carecería de sentido; pero si lo fuera, el sinsentido sería la paz. Por respeto a la enemistad, hagamos la guerra al sinsentido.

398

No olvidemos que el excidio comienza por el reino vegetal, que ni lucha ni grita; no olvidemos que el silencio articulado de la floresta, de elocuencia mayestática para quien lo sintoniza con mayéutica, no tiñe de trenos la masacre efectuada en aras de la productividad; no olvidemos que en algunos países ya pagamos rescates regulares a las confederaciones de agroviolentos, con sus bombas matarríos, para que dejen en reposo los campos. Quien siembra vientos ya no recoge tempestades, sino subvenciones.

399

A idearios delirantes, vivaces adhesiones. La democratización es de los vicios, no de las virtudes, porque las ganas de extralimitarse son las primeras en aparecer y las últimas en salir de escena.

400

El dinero sólo convence a quien vence.

401

La cólera del insignificante, que espoleada por la codicia o retostada por la envidia dan su fuerza motriz al fundamentalismo, ha sido siempre una tentación para el hombre que ni sabe pensar, ni siente que no sabe.

402

Alguna eminencia grisácea ha dicho que «la política es el arte de lo posible», y no ha mentido si el aserto se entiende en el sentido de hacer que bien parezca posible lo imposible, bien lo contrario.

403

Siempre que una bandería hispachosa estalla en vivas a España, su estrépito retumba como un pelotón de fusilamiento contra la España viva. Bis: cada vez que un español prorrumpe en un «¡viva España!», otro español corre peligro de muerte.

404

Más nos quisiéramos hideputos descendientes de la Leyenda Negra inquinada por envidias foráneas que herederos de la cleptocracia que lidera, desde hace centurias, los negocios de esta España bajo la bandera imperiosa del ventajismo. Habida noticia de que los malos modos siguen escogiendo a sus beneficiarios entre los fulastres que los garzonean por arriba y por abajo no menos que a diestra y siniestra, búsquese con desprejuiciado pesquis bajo los tapices de la nación y se hallará la prosapia que une el próximo sufragio con el naufragio de aquella cosuca que apellidaron Invencible: capitaneaba un inepto consumado los treinta mil soldados de una tripulación atendida por solo una decena de galenos… y casi doscientos clérigos.

405

Más daño hace a un país el orgullo desmadrado de sus defensores que sus más atribilarios detractores. «Cuando hay revueltas en el reino, se inventa la fidelidad del buen súbdito», previno Lao Tse.

406

En su relación con otras etnias y culturas, ora tienden los pueblos a considerarse poseedores de una superioridad que mantener, ora acreedores de una afrenta que vengar, de manera que cuando no confunden la proyección de sus complejos con su razón de ser en la historia, que es lo más frecuente, hallan siempre en el resentimiento maniqueo la pujanza de su identidad. Sea cual fuere su punto ciego, el odio canalizado contra los extraños constituye el asiduo pegamento que mantiene la cohesión grupal sobre las discrepancias individuales, y en el caso del crisol español, lasaña de clanes bajo una malhadada sucesión de tiranías, ese odio se ha vuelto contra sí mismo dando origen a parcialidades enconadas que lo resucitan según les conviene, de lo que se sigue que el más vivaz denominador de España, ay, es la saña.

407

El odio sube por encima de próspero cuando el asador humano rebosa de proximidad en competencia y en sus brasas interviene lo que Sánchez Ferlosio llamaba «similtud». Se entiende así que la religión incendiaria por antonomasia, la que ha reunido más cabezas de ganado que cualquier otro emporio en el último par de torsiones milenarias, avive la felonía bajo la falsa bandera del «amor al prójimo», que a sus órdenes ha servido como una arenga de conquista. A fin de no perder audiencia, el Diablo se hizo Cristo.

408

Quien no haya experimentado cuán fatua puede ser la realidad que determina la vida pública de una comunidad, así como la facilidad con que los axiomas que la sustentan tienden a reducirse al principio básico de perpetuación, ¿cómo se percatará de los demenciales métodos correctivos que entran en acción cuando el grupo se siente amenazado por el desvanecimiento de la ilusión a la que debía su sentido?

409

La red mundial de pantallas, con su tribunal permanente de orden público distribuido por doquier, actúa como un campo de absorción virtual que ha vuelto no inexequibles, sino obsoletos, los campos de concentración. No recuerdo el nombre de un economista que, fascinado como buen lacayo por la tecnificación de las costumbres, aseguraba que con las redes sociales no hubiera sido posible Auswitch en virtud de una visibilidad que supone contraria al oscurantismo, cuando en verdad la sociedad del escaparate demuestra ser a cada instante el más eficiente campo de amansamiento concebido.

410

El gran triunfo de la hipnosis colectiva de nuestro siglo, superestimulada y retroalimentada a través del panóptico digital, es que el adicto a la comunicación que suministra se cree más avisado que nunca cuando sucede justo al contrario: jamás ha habido tantos y tan influyentes medios desplegados, todos los días del año, para ofuscar la realidad.

411

Con el mismo afán que colma su atención de enseres, el cardumen de antropoides se encomienda a la superficie pantallizable de los seres porque teme lo que ninguno de sus integrantes podría negar por separado: que sondeadas a fondo, todas las vidas humanas son irreductiblemente sombrías.

412

Más que ofender, causa tristeza ver a la mediocridad elevarse a las posiciones más prominentes de la escala social. ¡Cuántos señores catedráticos, ataviados con las reverencias que los sobrepujan, patalean a diario el mismo saber al que deben sus pingües emolumentos!

413

Frente al académico y otros intelectuales orgánicos, la palabra del librepensador debería tener más peso, y frente a todos ellos, librepensadores y académicos, a ninguno correspondería tener la última palabra como al observador desasido.

414

Por mucha bata blanca y mucha acreditación curricular que lo avale, sólo un orate puede aspirar a investigar los secretos de la naturaleza sin entrar en contacto con lo sobrenatural.

415

Inútil es querer atar a un monstruo después de haberlo encumbrado. Con tu voto asciendes al vil que después te saqueará por servil.

416

Si cada uno se erige rey sobre sus propios excrementos, ¿qué clase de mierda no veremos erigirse sobre un trono?

417

¿No debería dar que pensar que la urna, el recipiente escogido por tantas culturas para depositar los restos fúnebres, sea la base de la política moderna? «El alma de la urna es el ágora», responderá algún panoli. Ahora bien, ¿para qué sirve un círculo formado por ciudadanos sino para acorralar a otros?

418

A la chusma no le resulta tan intolerable la oposición a sus tribunos como la parénesis que intercede para que el tabernáculo no se convierta en una taberna, ni el Estado en un estadio deportivo.

419

Con ninguna actitud monta en cólera el demócrata como con la autonomía del disidente que no comulga con su confitería envenenada. Y aunque este disenso carezca de la efectividad política que aquel mide por la eucarística suma de ruindades, preserva al menos la firmeza de no haber abdicado de la potestad individual en refrendo de unos bandidos que gobernarán no solo en nombre de los electores, sino en su contra.

420

No repugnan las objeciones a la democracia porque sean impopulares o vengan cargadas de fragancias anacrónicas, son desechadas como calumbre porque la democracia, azote de zotes, debe su éxito al pan de las ovaciones, no a los análisis que la desmigan.

421

Mientras el voto carezca de responsabilidad civil, su emisión estará horra de valor. Pero si la tuviera, ¿qué votante se arriesgaría a secundar como colaborador necesario la acción de gobierno de una partida de políticos?

422

Por mucho que el poderoso los predique confundidos, deber y querer rara vez coinciden en el súbdito; ni siquiera en las propuestas de Sade que tantos epígonos hartos de inmunidad se creen con derecho a versionar.

423

Ser tildado de reaccionario ha llegado a ser una mácula incluso para los que ayer flirteaban con la axiología. Será porque hoy se ha vuelto meridiano que reaccionario es, justamente, quien no está dispuesto a vender su alma a cambio del éxito de sus negocios.

424

Como sol que de la tierra nace el oro es rey, reina como luna la plata y el dinero, en el color, a los bosques imita la riqueza del verdor.

425

El pueblo danza la fanfarria de sus cabecillas y estos no tocan otra que la compuesta por aquellos cuya única pericia es robar, sin violar la ley, a la gentes sencillas.

426

El esfuerzo, vacío de valor por sí mismo, resulta por otra parte indispensable para avivar el interés sin el cual la indolencia, tan cara a los credos fanáticos, se extiende como un tumor mental o se pliega dócilmente a las directrices del nuevo testamento empresarial, especializado en lograr que sus mandatos parezcan de salir del sujeto y no del amo.

427

De la posición que torna asqueroso al exitoso no debe omitirse que multiplica sus insolencias como si exprimirlas con impunidad fuera su mayor fortuna.

428

Ningún personaje repugna de forma tan flagrante al burgués como el pordiosero: lo sabe igual a él, pero arruinado.

429

El taladro de una mirada lúcida haría tambalearse a cualquier mandatario si, además de trajes suntuosos, no vistieran tan onerosa invidencia.

430

El orden nacido de la repetición es mortecino no tanto porque conduzca al conocimiento decepcionante de lo frecuentado sino porque hace oficio de la asiduidad y termina, como cualquier trabajo monótono, por difuminar lo que tiene delante.

431

Al impaciente se le hace maestría acabar de un soplo las cosas antes que pergeñarlas, igual que al déspota se le hace señorío aplastar el pensamiento crítico antes que aprender de él.

432

Uno de los más socorridos dogmas de fe de la cultura cacharrista incrustada en el actual estilo de vida consiste en dar por sentado que ser científico conlleva un compromiso activo con la verdad, como si la obtención del doctorado supusiera una especie de juramento hipócratico de imparcialidad, cuando lo cierto es que los romances con la tecnolatría han pervertido hasta el saludable sentido escéptico que afinaba, desde su alumbramiento helénico, la auscultación de la materia. «Un escéptico hoy no es sinónimo de alguien que duda de todo sino de alguien que anda siempre a la greña con los que dudan», protestan con justicia Rubio y Freire en sus Protocolos para un apocalipsis. Si mala ciencia es aquella que encierra el trabajo de la inteligencia en un método que se halla supeditado a una línea de financiación, la buena ciencia —que también enseñó a cavilar a Francisco Sánchez y Borges— comienza por cuestionar las creencias patrocinadas por los capos del saber, prosigue por la indagación de certezas alternativas y nunca a sí misma se da por acabada.

433

La impericia más común ante las anomalías que presenta la realidad reside en la tendencia a pensar que una pipa es una pipa, de modo que por hábito concluimos asignando explicaciones que cuadren con nuestra experiencia ordinaria en vez de reconocer que existen demasiados fenómenos bajo el mismo cielo que no encajan dentro del modelo vigente.

434

Las herramientas que maneja el saber consagrado cambian, pero el propósito se mantiene: reducir la validez de la inteligencia a un prototipo único. Hoy los sumos pontífices usan bata blanca y aceleradores de partículas en vez de báculo y mitra.

435

No caigamos, como últimos sofisticados que han vuelto su desánimo permeable al adoctrinamiento, en la trampa bárbara de las respuestas fáciles. Nada indica que la civilización, ya próxima a su desmantelamiento, permita ser reciclada.

436

¿Colonizar Marte? Parecía imposible que el flagicio de emponzoñar el lar pudiera ser superado, pero la búsqueda de otro planeta donde repetir la epopeya destructiva demuestra que siempre cabe ir a peor.

437

La celeridad de los hábitos de vida contemporáneos expresa el vórtice escatológico de una humanidad que se aproxima al sumidero de la historia. «Cuando el manantial se agota, los peces se juntan en el lodo», leemos en Zhuang Zi.

438

Los teléfonos espían, los drones ajustician y las neveras pronto engullirán a sus bulímicos propietarios. No es casual que la primera de las tres leyes de la robótica enunciadas por Asimov («un robot no debe dañar a un ser humano o, por inacción, dejar que un ser humano sufra daño») fuera rebautizada después como Ley Cero habida cuenta de que no hay otra más conculcada desde que los capataces de la guerra dominan a su formidable capricho la inteligencia artificial. Los buitres de la técnica planean ya sobre nuestras cabezas.

439

Tan mediatizada está la visión del pensamiento por alguna suerte de representación comunicativa, que desde Derrida es moneda corriente creer que no existe ningún evento mental, empezando por la actividad consciente, fuera de la plantilla grutural de las palabras.

440

Si abismar la sociedad fuera nuestra meta, la innovación nos acerca al triunfo.

441

Aunque ser viejo ayuda a la ciencia cierta de lo vivido, no es menester haber llegado a la edad provecta para saber que la novedad funciona por sistema como un cebo, pero una vez aceptada la perversión de que la cultura vaya a la zaga de la técnica según criterios de eficacia y rentabilidad, caras entrambas del doblón que el pandemonio acuña por San Más y Santa Crisis, las más retorcidas formas de tortura quedan legitimadas como signo inexorable de los tiempos bajo la idea fija del crecimiento.

442

Quien esté libre de arrodillarse, que tire la primera piedra. Incluso los biólogos inventaron el concepto de «simbiosis específica» para justificar que en nombre de un hipotético beneficio para la especie se pueda perjudicar sin reparos a los individuos.

443

No pocos experimentos realiza la ciencia con el fin de exterminar una evidencia inverificable.

444

El progreso del conocimiento científico crea en sus legatarios la ilusión óptica de ser superiores al resto de las criaturas, ignorantes de cómo ilustra la historia que ninguna de las pasiones humanas ha evolucionado, ni siquiera la soberbia que impulsa su amor al progreso.

445

Una vez se aprende a degustar como pitanza a los congéneres, los movimientos se tornan sibilinos y letales, adquieren un garbo asesino que podríamos detectar dentro de los clubes de altos dignatarios si fuese asequible observarlos mientras planifican el siguiente choque de civilizaciones. De lo terrible a lo irrecuperable, las castas humanas se suceden y los parásitos de hoy, herederos de los que ayer fueron paladines de la abyección, saborean ya el canibalismo del mañana.

446

Prepararse para lo irremediable, tal es la asignatura pendiente de la civilización que huye de sí misma, por la vía mortífera de la productividad, como si la expansión económica no fuera otro espejismo de los muchos que la llevan al cadalso.

447

La infatuación tecnológica se ocupa de ultrajar lo que otras sobrecargas, como la financiera y la mediática, no han logrado reventar por completo. Tan temprano como en los años treinta del pesado siglo pasado, Zambrano describía la secuela de esa fatuidad como si la viera desde nuestros penúltimos días: «No basta nacer una vez y moverse en un mundo de instrumentos útiles. La vida humana reclama siempre ser transformada, estar continuamente convirtiéndose en contacto con ciertas verdades».

448

Una máquina programada puede fallar, pero no equivocarse: así de precisa es su inconsciencia.

449

Puesto que según la lógica megatécnica todo ser vivo ha de estar indexado en la Máquina, lo que no está en ella es como si no existiera. Gómez Dávila parecía tener una grima similar en mente cuando escribió: «Entre los inventos de la soberbia humana se desliza finalmente uno que los destruye todos».

450

Los endriagos también se adaptan a las mutaciones tecnológicas y sobre esa fauna es mejor callar, pues más que reino es un desmán en continuo rastreo de incautos...

451

Si ya era grave que la gente concediera a los hechos menos valor que a los dogmas, ahora ningún dogma vale mientras no sea confirmado por la actualidad. Ser ha dejado de referirse a lo que es y a lo que fue para nombrar solamente la inmediatez del futuro condicionado por la hipoteca del presente. El imperio de la actualidad no admite retrospectivas, ni en sus bases de datos ni en la propia existencia, porque mirar atrás es «perder el tiempo» y todo tiempo que no entrañe más actualidad es un pecado contra el rendimiento productivo. Empero, toda cultura que se precie vive gracias al legado de lo que sus predecesores han hecho de obra y de pensamiento; vive en virtud del pasado latente en ella, no del futuro hacia el que acelera, enajenada, sus fames.

452

Arado, espada, libro y fiesta. O en otros términos: instrumentos de producción, de coerción, de cognición y de distracción, la cobertura básica de la dimensión humana.

453

La dialéctica entre acaparadores y desposeídos ha sido desplazada por la lógica binaria de lealtad o traición al proyecto tecnológico, el único que mediante la esquematización operativa de la existencia puede realizar la cláusula totalitaria de miniaturizar el valor individual en una serie de actos computables.

454

Donde impera la imagen, la imaginación implosiona.Enlatada forma de ensoñación es el cine que suple la actividad creadora de los que han extraviado la facultad de soñar por sí mismos. Su éxito estaba anunciado.

455

Así como la sentencia mens sana in corpore sano, que aparece recogida en las Sátiras (X, 356) de Juvenal, hoy nos parece una síntesis magistral del modelo clásico de vida con un giro que tal vez habría epatado a su autor, de la actual danza de fuegos fatuos un observador tan lejano en el tiempo como nosotros del poeta encontraría, allí donde mirase, ratificado en la práctica este canon: «Una mente comprimida en un cuerpo hinchado».

456

Cree el hombre actual que la obscenidad de sus costumbres, solo por ser compartida públicamente, queda absuelta de responsabilidad en el mejunje de inmundicias colectivas: a tal depravación ha llevado la civilización moderna el concepto de «bien común».

457

Huelgan argumentos, sólo hay que prestar oídos a la música que detona en las principales emisoras de radio o posar las retinas en las vanaglorias que excretan los arquitectos contemporáneos para cerciorarse de que lo espeluznante se ha instalado y tiene un gran futuro por delante.

458

Allí donde el bullicio no cesa, aúlla hacia dentro la conciencia ensordecida.

459

Mientras la tecnología cibernética perfecciona sus tentáculos intrusivos, la política inclusiva de la homogeinización cultural se encarga de que el molde general de aversiones y deseos sea lo bastante envolvente para que ningún censado quede fuera de él. «Cuando se pueda influenciar a las personas para que experimenten de modo similar una situación, entonces podremos esperar también que se comporten de modo semejante»: nada nuevo descubrió el doctor Laing en el reverso de las sociedades de consumo dirigido que no supiera emplear tempranamente el cristianismo en su camino hacia el triunfo, intransitable si no hubiera dotado de un carácter epidémico a sus temores y fervores.

460

La especie humana brinca en la jaula cochambrosa de la historia al ritmo que percuten sus enfermedades, entre las cuales no ha de excluirse el tufo de sus progresos técnicos. Cada época tiene su peste y cada peste su virulenta credulidad.

461

Desde que al agua de los océanos hay venderaches que se la apropian para traficarla como «plasma de Quinton», cuesta sustraerse a la sensación de haber sido envasado cuando uno se baña en el mar.

462

Dos más dos suelen ser cuatro, si bien desde que existen «nubes de evolución diurna» en los partes meteorológicos nos han acostumbrado a sumar cinco como si fuera la operación más normal del mundo.

463

Deus ex machina: La máquina perfecta será tan indistinguible del organismo que ni huellas dejará de su remedo.

464

Ser inutilizable, gloria final donde las almas han sido depuestas por las máquinas.

465

Hacer pesado lo llevadero no es progreso, sino misericordia; el progreso no alivia la carga, inventa nuevos modos de arrearla.

466

¿Progreso social? ¡Ah, sí!: el desierto avanza…


Pieter Claesz, Naturaleza muerta con calavera y pluma

SEXTA DESATADURA: RECORDAR QUE NADA ES LO QUE PARECE PARA EL QUE PERECE

467

La verdad nunca está hallada; la verdad, en su búsqueda, estalla porque es tallada.

468

Tratándose de asuntos complejos, importa más la pregunta que la respuesta.

469

«Nada en demasía», pronunció el sinario en Delfos. «Nada es demasiado», auspició antes el menhir.

470

Una excursión en el tiempo emprendida por el ser que se hallaba concentrado en un punto casi perfecto, así concibo la evolución del cosmos. Sin ese casi, el ser no hubiera tenido necesidad de la metanoia que lo ha llevado a descomponerse a lo largo de un proceso cíclico de dilatación y contracción. El azimut entre ese punto primigenio y cada instante de su desarrollo forma un presente.

471

La distinción es ilusoria, sola la unidad es real. Lo individual y lo universal se anudan en cada ser, pero queriendo explicarlo todo por la unidad, lo que el monismo consigue es volver inexplicable cada parte en su mismidad.

472

Buscar la salvación del alma en el más allá o sentido en la mecánica determinista son formas antagónicas de ocasionar la misma secesión entre lo objetivo y lo subjetivo que erradica la multidimensionalidad del ser.

473

Al misterio no hay que ir como un turista, con ansía y a lo loco, sino con un respeto reverencial, como devoto, porque también en ti están presentes los dioses: tus cicatrices los delatan.

474

Asequible a la experiencia es la observación de la realidad como un fluido que adopta la forma de todos los recipientes. Dado que estos son parte de aquella, ¿qué entidad les ha dado forma sino la nada?

475

Nada en esta bacanal de porfías que otros prorrogan creyendo ganar mundo, nada en esta procesión de caricatos que tan en sacro se parodian a sí mismos merece preocupación, no después de que las entidades arquetípicas que desde edades inmemoriales nos habitan hayan apelado en vano para  desprendamos de la costra del yo.

476

La verdad, siendo universalmente la misma, nunca se presenta de igual forma. Y si bien no es falso que tampoco coincide con la realidad, en ella está concentrado su resplandor.

477

Metidos en el periplo de vivir, más vale estar al abrigo de un dios sin mundo que al flagelo de un mundo sin dios.

478

La cuestión no es si Dios existe, sino cómo existimos nosotros sin su latencia.

479

Ninguna epifanía evitará que se comparezca ante la eternidad tan terroso como de costumbre. Lo mismo el limbo de una hoja en la copa de una encina centenaria que el labro de un grillo cuya sonata estival nadie escucha, cada forma modelada por la vida presenta ante la muerte la semblanza fluctuante de lo inmutable.

480

El universo es un simulacro distinto para cada uno porque cada uno es un universo finito por donde su infinitud se desliza.

481

Al alcance de quienquiera está la sabiduría, el aquilatamiento de la comprensión frente a la relatividad existencial, que ordena de raíz todos los ejes vadeables por la videncia.

482

La razón visionaria tiene recursos que ni la razón ni la visión pueden impugnar.

483

Sacada fuera de su contexto novelesco, la frase que Wells hace pronunciar al protagonista de Una utopía moderna resulta clarividente: «Estamos aquí por un acto de imaginación, y esta operación metafísica es justamente una de las más difíciles de hacer creer». Espíritus sobrenaturales, dioses invisibles o leyes físicas, tanto da: lo que importa a la inteligencia mediana es poder generar la ilusión de que el funcionamiento de la realidad puede ser desentrañado. Con independencia de cual sea la explicación preferida, en el hecho indómito subyace la misma voluntad de consuelo.

484

Durante la ensoñación, cualquier nulidad se transforma en un mago que inventa mundos; durante la vigilia, ni el artista más prodigioso empata con la excelencia de un soñador.

485

Vive tu sueño sabiendo que sueñas tu vida. Mantén unido pero abierto el círculo de tus sentidos a lo que su trance te depare desde el estado que te precedió. Duda del despertar que acomoda en ti la impresión de ser definitivo.

486

Nunca, ni muertos, dejamos de soñar: este descubrimiento era bien conocido por los más antiguos hombres y sus finados eran tratados en consecuencia. Hoy la física de vanguardia se aproxima en espiral al reconocimiento de nuestra pertenencia a una realidad entretejida en múltiples capas de sueños, pero demora hacerlo expreso por temor a la conmoción cognitiva de comunicar que la materia no existe.

487

La conciencia extendida fuera del tiempo, que imagino prerrogativa de los difuntos en su salto cuántico al vacío, incita a pensar en una suerte de fractal metafísico donde todo lo habido y por haber gozaría de una simultaneidad que resulta de todo punto inconcebible desde la evanescencia del ser sujeto a la tridimensionalidad de la materia.

488

Para la naturaleza en su conjunto, la vida parece ser un sueño que se despliega en las heterogéneas posibilidades de los ecosistemas; para la criatura que vive en ellos, la naturaleza representa una aventura peligrosa que no cesa en las combinaciones oníricas de la experiencia. Si concebimos los sueños como retoños de la mente, no es menos probable que las mentes hayan sido concebidas dentro de un solo sueño y que la realidad empírica, con todos sus soñadores habitantes, no sea más que la inventiva ramificada de un único ser, creador y criatura a la vez.

489

El soto de los símbolos guarda una similitud esencial con los viridiscentes, pues al igual que estos a nadie habría de pertenecer en exclusiva y a todos compete su cuidado.

490

Dios se inerva en cada ser y cada ser hunde sus neuronas en el vacío del espíritu puro que otros llamaron éter. Entregarse a Dios es ofrecerle en sacrificio el propio ego detonándolo desde dentro.

491

El mito se refugia en la mitocondria a la espera de una simbiosis mayor con el logos.

492

Desde el corte dado a su cordón inaugural toda vida es un laberinto en el ombligo de Ariadna.

493

Otras lindezas se podrán afirmar de la vida con justeza, pero no que sea la evacuación más rescatable de la incontinencia universal.

494

En el claroscuro está el equilibrio entre la luz que ciega por demasía y la oscuridad que atenaza con insistencia.

495

En cuanto a percepción de la historia atañe, aún no hemos superado el modelo cronocéntrico. Si la apariencia de que el Sol gira alrededor de la Tierra bastó para dar pábulo al modelo geocéntrico, el flujo del devenir aún parece suficiente para hacernos creer que el tiempo pasa, no que seamos nosotros los que pasamos por las cosas.

496

Qué estrecho es el aquí y qué angustioso el ahora traicionados por el ir hacia el después. Las contradicciones nunca se resuelven en una síntesis mayor, pero en su discurrir dialéctico añaden vueltas y revueltas sobre sí mismas hasta que la torsión rompe por la parte más débil el conglomerado.

497

No me cabe duda de que existe un pensamiento capaz de aniquilar el cosmos, pero es un pensamiento que pertenece a Dios. Quizá el alma universal, en su recorrido por cada manifestación individual de su ubicuidad, no sea más que un subterfugio que la divinidad emplea para elidir el encuentro con ese pensamiento capital. Acaso a través de cada voluntad no haya más que una voluntad, la de perdurar como si esa posibilidad autodestructiva fuera inviable.

498

Dondequiera que haya un cenit, habrá un nadir como lecho de operaciones y substrato de significaciones.

499

La verdadera actitud contemplativa no es pasiva, sino transmutadora.

500

Desde que se sabe que en la cutícula de los acontecimientos cada hecho articula el símbolo de una significación mayor, no hay motivo para que prevalezca la literalidad de las cosas sobre su enterizo haz de enigmas.

501

Nada más humano que hacer dudar a la naturaleza de sí misma. Y así, todo pensamiento insuficiente para desprogramar a quien lo elabora no es más que un pleonasmo.

502

Si la alucinación se caracteriza por el error de tomar por real aquello tiene la solidez objetiva, diseccionar el cuerpo alucinatorio de cuanto hemos naturalizado como realidad concierne al acto de despertar.

503

Lo inteligible superpone una construcción imaginaria al pálido reflejo de lo sobrenatural, que malavez se deja intuir, de donde se desprende que identificar lo real con lo cognoscible es un error ya proverbial en una especie obstinada en adueñarse de todo. En contrapartida, la mística no resuelve ningún misterio inherente al drama entrópico de la existencia, pero revive sus arcanos con un esplendor conectivo que ninguna otra ciencia ha logrado aprehender: no toda experiencia se resigna a vestir la cogulla de la objetividad.

504

Tan extraño como sería explicarle nuestro mundo a un niño que aún no ha nacido, es tratar de hacerle comprender el éxtasis a un adulto que aún no ha renacido.

505

El profano y profanador hombre tecnificado pretende reconquistar lo maravilloso sin pagar el precio de darse por vencido de una vez y para siempre. La expropiadora experiencia que el éxtasis místico conlleva reserva un golpe de gracia a los temperamentos posesivos que les arranca su adherido disfraz de identidad.

506

Un interrogante ancestral serpentea en nosotros con vigor de aurora: ¿es Dios un sueño del hombre o el hombre un sueño de Dios?

507

Un dios que no diviniza a quien comulga con él no es dios, sino demonio.

508

Con Dios no se come; a Dios hay que comérselo.

509

Mezclemos en todo a Dios, exhortaba Francisco de Osuna a los perplejos. Machihembremos la nada con Dios, propongo a los cansados de tanta perplejidad.

510

La epifanía se diluye, como un castillo de arena bajo la ola, cuando el taxonomista intenta retenerla.

511

¿Es cada existencia una lágrima vertida por un dios impotente frente al espectáculo que ha ocasionado? ¿Somos mendas de artificio dentro de un diorama que se desploma? Al Arquitecto se le acumulan motivos para no asomar la coronilla por vergüenza…

512

Existe el tiempo de la experiencia, no la experiencia del tiempo. Somos nosotros los que al ser recorridos por el espacio creemos viajar por los momentos.

513

Lo más inaceptable del tiempo pautado por las sístoles del segundero es que marche idéntico a sí mismo cuando sabemos por nuestros latidos que no hay mayor falsedad contra la cadencia de la vida.

514

Nada desgasta como comprobar a cada instante que el devenir nunca se gasta.

515

No puede haber ascensión sin asunción de lo sofocante, de lo subterráneo; sin entrega de la totalidad que creemos ser a la totalidad que nos asalta.

516

La reconciliación individual con el cosmos quizá fuera posible si uno lo conociera mejor que a sí mismo. En su defecto, lo más concertada que una mente consciente puede estar en vida pasa por la convergencia de su mirada transversal con la nada de la que procede la unidad germinal de lo múltiple, con el vacío al que nunca ha dejado de pertenecer el alma atemporal que fluye a través de los seres caducos.

517

Asignamos nombre a las cosas que creemos conocer no tanto para certificar nuestro dominio sobre ellas como para olvidar, como quien rompe un retrato poco favorecedor, que si las conocemos es, ante todo, porque las hemos nombrado.

518

La fe no hace milagros, el milagro es vivir sin fe, porque nada es menos necesario para el corazón fraguado a prueba de desengaños que ruega a la Obra serenidad ante el oprobio que grava la existencia.

519

Son los raptos de éxtasis los que hacen a la religión verdadera, no los conceptos que la religión menudea a partir de esos estados los que hacen al éxtasis beatífico. «Reconocer la inevitabilidad de las representaciones religiosas en el discurso espontáneo por el que se traducen diversos estados de beatitud no equivale en absoluto a atribuir a esos estados un origen y una finalidad religiosos», estipula el indólogo Michel Hulin.

520

Fuente de saber son los sueños, y las más, de confusión. Por ellos conoce el mortal lo que más teme y por ellos desea de mil formas lo que desconoce.

521

La ética no trata en puridad de cómo debe conducirse uno en el reino de los actos, puesto que ya se admita la validez del eterno retorno de lo mismo, ya se suscriba la indeterminación explosiva donde priman los azares conjugados, el tiempo se experimenta como una cascada evanescente por necesidad: todo sucede para el sujeto como si fuese la primera vez, y cada momento contiene un océano sumergido de posibilidades que la realidad fosilizada en la historia apenas puede imaginar.

522

Gana densidad el mundo a medida que aprendemos a verlo mientras que el espíritu, cuando así lo vemos, se carga de tensión como un puente galvánico entre las moradas de los dioses y los bajos hornos de los titanes.

523

Los viejos titanes siguen exigiendo sacrificios a los mortales, y si la sociedad no se los ofrenda de grado los toman con ludibrio: masacres impulsadas por absurdas supremacías, virus emergentes, hiperglucemia, siniestralidad automovilística parangonable en mortandad a un genocidio, envenenamiento paulatino de las aguas, desastres nucleares…

524

El desplazamiento por la cripta de lo real crea la virtualidad de una articulación consecutiva de episodios que la evocación del pasado por el sujeto recrea con una paleta de afectos y sensaciones que utiliza el mismo código que el presente, lo que si por un lado aparenta ser una licencia narrativa, apunta por otro al indicio de una fragilidad estructural en la presunta sucesión de los hechos que median entre la experiencia recordada y la que recuerda. Avala esta pista que el pasado encuentre en cada reminiscencia una versión coherente de sí mismo, como líquido que rellena los huecos de un recipiente, que dota de integridad a la creciente fragmentación en que transcurre la memoria añorante, sedienta de la esencia presagiada en su presencia.

525

Profundo no lo es menos el espacio en las alturas que en las simas excavadas a fuerza de pensamiento si la circunferencia creada en derredor acoge, con más énfasis que el vértigo, como amoroso nido donde guarecerse cuanto tiempo quieran las entrañas.

526

Función sin igual del corazón, entre otras que ahora callo, es arder sin quemarse en el fuego cósmico de la transmutación, ver sin ojos en el reverso afectivo de los seres que por él miran, embriagarse con la sangre que intercambia realidades e iluminar con luz solitaria la noche del alma que se abre sabiendo, con Zambrano, que el corazón «puede hacer sentir su peso, que equivale al del universo entero, como si en él pesara la vida de alguien que, en la vida, no puede ya vivirla». Así pues todo corazón, además de una bomba de turbulencias existenciales, es una crátera donde las luces con las sombras emulsionan... ¿Y qué puede esperar ese vaso sino la gota definitiva que lo colme?

527

Ante el horror de que todo esto esté ocurriendo por enésima vez, el suspiro por la tierra prometida es como una constatación que imposibilita la quietud de no haber sido.

528

¿Pensó antes poeta alguno en las estrellas cual granos de pus? ¿Leyó acaso en los asterismos la caligrafía errática de un monstruo cautivo de su propio engreimiento? ¿Sintió en la presencia de cada partícula ensamblada a una vida la prosodia tarada de una sintaxis donde locura y materia son complementos inseparables?

529

No hay más hilo del pensamiento que su fuligo; como tampoco hay propiamente línea del tiempo sino mosaico de momentos.

530

Sólo quien acepta la cruda realidad está en condiciones de abrirse a otras realidades. Aceptar lo espantoso sin volverse timorato ni temible es un milagro que acontece todos los días, una excepción a la monstruosidad de la norma, una prueba contundente de que el autor de esta broma aún juega a los dados mientras la termodinámica le pisa los callos.

531

Guadianera es el alma universal, aparece y desaparece en la cuenca disipativa de la naturaleza con disfraces tan variados cuanto significativos porque el estroma de sus patrones subsiste, a través de sus ensayos, como expresión creativa del orden implicado, figura de la realidad. Metáfora de este fundamento incorruptible del alma son las sensaciones de continuidad, reverberación y concomitancia que la mente humana experimenta cuando, una vez superado el punto crítico de fusión del yo, vibra con sentido armónico hasta el próximo colapso.

532

Todo tiene que pasar por todo, cada parte ha de reconocerse en las demás, y en el centro de esa supernova alcanzar la perfecta vacuidad.

533

«Corre siempre por el atajo; el atajo es el camino concorde con la naturaleza», instruye Marco Aurelio. Lo que quizá calló es que la naturaleza toma siempre el atajo no porque se codicie a sí misma, sino porque no conoce mejor modo de acuciar su final.

534

En la desesperada carrera del ego hacia el podio, los momentos de mayor afirmación conllevan, en inversa medida, la atrofia del componente semántico de la experiencia.

535

La desquiciada lucha por conservar la fe se ha convertido en una prueba inequívoca de la experiencia perdida del espíritu. La fe, en el creyente, es un insípido sucedáneo de la conexión con un poder auténtico que trasciende el yo, el nosotros y el ellos.

536

La desmemoria que el tiempo, a veces generoso y las más roñoso, añade como pátina a los años vividos nunca borra el boquete que uno lleva en sí. Envejecer, cuando se hace sin perder por completo el sentido, es un paulatino dejar de ser hijo del tiempo en la creciente orfandad de la nada que recorre todas las épocas.

537

Un alma ve mejor que mil ojos que, entre segundo y segundo, un universo estalla donde otro expira.

538

Para un ser aquejado de cronología es tan cierto no saber dónde está su origen como desconocer hacia dónde fluye su enigma; suficiente en cualquier caso para intuir que si fuese al contrario, si conociera su procedencia y su destino, el calvario sería peor.

539

Hagas lo que hagas y estés donde estés, si una sonda invisible te horada por dentro, tranquilo: bien pudieras ser tú mismo abriendo un túnel a ese momento desde otro enclave futuro.

540

Habida conciencia de que la historia de los pueblos (no solo la historia factual, sino también la onírica y la visionaria) está plegada en la constelación de arquetipos que conforman el inconsciente de la especie, quien aprende a manipularlos puede cambiar el papel que juega en los demás de un modo que alguien ajeno a las posibilidades de esa conexión profunda entre mente y materia ni siquiera advertiría.

541

Ir a la materia desde la mente no es camino demente para el que por la periferia de la materia devino mente.

542

Tan verdad como que nunca a gusto de todos llueve, es que lo infuso y lo difuso no se dan en un mismo ser sin el concurso de lo confuso. Cada uno es al menos otro y ninguno sabe a ciencia cierta quién es quién, si este sabiéndose aquel o aquel sabiéndose este.

543

Solo un quehacer: sí mismo. Quehacer sin fin de un fin que no es y de un sí que no es también; quehacer que es un recuerdo del qué en el hacerse que lo concuerda.

544

La dirección en que avance la existencia es secundaria: se mire donde se mire, el truco de la perduración vence a la sabia predicción de sus consecuencias.

545

O nacen más cuerpos que almas disponibles para ellos, o el alma que en ellos se distribuye ha de achicarse para poder irrigarlos de igual modo que a las hojas de un árbol con demasiado follaje les corresponde una ración menor de savia.

546

En los momentos álgidos, el centro se revela suburbio de otro centro.


Georg Friedrich Kersting, Fausto en su estudio

SÉPTIMA DESATADURA: TORNAR POÉTICA LA LICENCIA DE DUDAR POR UNO MISMO 

547

Ningún acto de creación es libre porque ni el más desasido hijo de esta colonia permanece impasible frente a la necesidad de plasmar su visión de las cosas.

548

Por inmensos que parezcan, los sucesos de la historia literal solo son relevantes si son literarios.

549

La licencia de impresión que en el siglo de Cervantes debían los autores obtener del Ordinario de una diócesis no ha desaparecido: hoy la ostentan los incontestables estudios de mercado.

550

El tiempo de un autor empieza cuando su mensaje aúna a los popes de la cultura para lograr que pase desapercibido.

551

El mayor insulto que puede recibir un genio es que lo honren después de muerto como un convidado de piedra en homenajes que le negaron en vida.

552

No se entiende lo leído hasta que no se relee lo entendido.

553

Consta que en la antigüedad la fuente de Casitis, cuyas aguas manaban bajo el templo de Apolo, podían conceder el don de la profecía a toda mujer que bebiera de ella. Era asimismo costumbre tomar de su venero el elemento destinado al lavado íntimo de las musas, quienes a diferencia de las deíparas católicas aman su coño desflorado. Un hontanar seco de presente si tomamos en consideración la caterva de autores que hoy prodigan sus exhalaciones no solo desiertos de inspiración, sino obreros de la impudicia mendicante de aclamaciones.

554

La lectura que no transmuta al lector es palabra muerta, y así como hoy proliferan aludes de libros inertes, resisten con viveza las líneas escritas por muertos muy capaces de resucitar las potencias crípticas del discernimiento.

555

Cuanto más lúgubre sea la mirada, más diáfana ha de ser la expresión de lo que por hacerse entender cuenta por no hacerse rencor.

556

Para una labor tosca es más apto el bruto que el exquisito. ¿Responde esta observación a la pregunta sobre la incompatibilidad entre el periodismo y el oficio de letrahiriente?

557

Por memorables que puedan ser sus literaturas, el lenguaje humano nunca logrará traducir con propiedad las mayores elevaciones del espíritu ni sus más extremas vacilaciones.

558

Solo la primera persona del singular se ha hecho sobresaliente para retratar lo insuficiente y suficiente para ilustrar lo sobresaliente.

559

Escribir sobre el mundo obedece en su matriz al mismo ímpetu de dominación que el sátrapa quiere ejercer sobre los sucesos de su tiempo. Reincide así el escritor hasta la náusea en la tentativa de apresar las cosas no por la fuerza del mando, sino por la del sentido, para poder evocarlas a voluntad. De ahí que el poeta iluminado, llegado el momento de la verdad, abandone la pertinacia de gestar un verbo supremo por la claridad autárquica de la confesión.

560

El tiempo repta en la buena sintaxis con lubricidad de culebra.

561

Si un artista no alcanza en su obra el poder de lo epifánico, siempre puede dar en ella la gracia de lo epitáfico.

562

La diatriba, forma excelsa de panfleto, ha de reunir para merecer ese nombre tanto veneno de expresividad como salud de ingenio.

563

La vocación y la dedicación no bastan por sí solas para dar buenas obras de sí; han de amancebarse para acercarse a la maestría que sólo el talento puede culminar.

564

El talento preterido, como todo lo demás, se perderá en la hoyanca de la historia, pero el talento que roe la esperanza de cosechar el aplauso de sus coetáneos está de antemano perdido para sí mismo. Cada obra, más acá de la autoría, debe ser una ilusión acabada en sí misma, sin necesidad de un pretexto exterior que la incentive.

565

Bien pueden ser los libros la insustituible piedra de amolar el pensamiento, pero el temple que cabe dar a su acero natural sólo puede obtenerse de la experiencia.

566

Nuestras amantísimas palabras no solo son indigentes en su exuberancia de posibilidades, sino que llegan a adulterar aquello que debían mostrar hasta no dejar rastro de su origen.

567

Escribir no consiste en ir colocando una palabra tras otra hasta componer un enunciado comprensible, de ningún modo; si así fuera, bastaría expeler la retahíla de algún galardonado con el premio Planeta para obtener el regüeldo de «ilustre». Escribir consiste en conectar la médula de cada palabra con el arte necesario para que entre ellas y sus limitaciones no quede sino la majestad de lo sublime.

568

Quizá leer sea la más asequible forma de estar en otra parte. Léase bien: de no estar.

569

El verdadero talento cifra en el uso de la palabra menuda la experiencia de un pensamiento colosal.

570

El castellano que se habla en La Mancha, mi estepa natal, más allá de la prosodia áspera de una comarca habitada por gentes que llegan sin esfuerzo a ser hondas en sus adentros por exceso de horizonte, se define sobre todo por la ocurrencia socarrona e hiperbólica, como si la ocasión de articular palabra sirviera de desquite contra la dureza del medio y la flaqueza del vecino. La casuística es inmensa; en vez de decir, por ejemplo, «hace mucho calor», nada extraño resulta escuchar por boca de un curtido lugareño la siguiente observación: «Ve por la sombra, amigo, que al sol cantas a cuerno quemao».

571

A diferencia de lo estilado en otros cármenes, por estas planicies de riegasecano los amantes del verbo creador debemos cuidarnos de la celebridad como leprosos de asomar el forro en la plaza, mayormente porque el vulgo soberano siente que los conceptos poco manidos son cosas que recalientan la sesera y aborrece, en consonancia, al insulano que con tales sutilezas alza un dique de sindéresis contra los humores verbeneros de quienes ni ven, ni van, más allá de la andorga.

572

Notorio es que las lenguas se deturpan con el uso de un modo comparable al que causa su desuso. Irónicamente, la confianza desaforada que genera el libro impreso ha acelerado su proceso de deterioro, como jardines que acaban convertidos en herbarios.

573

Cuando entre la trayectoria vital y la obra intelectual de una eminencia se advierta un desnivel insalvable, nuestra lectura más instructiva no debe estar reñida con su lado culminante.

574

A los libros que apilamos como alminares improvisados y que la falta de extensión biográfica nos impedirá leer debemos al menos el tributo de una reflexiva jaculatoria, ya que establecen a nuestro alrededor archipiélagos donde la curiosidad que su caza y captura activó no podrá satisfacerse. Antes siquiera mediar su odisea intelectual, hemos de admitir como honrados exploradores que no nos será posible abarcar cuanto pretendíamos en la ruta hacia la Ítaca adivinada. Tenemos que desarrollar, en compensación, otros sentidos que nos asistan para descubrir cuál es el rumbo, cuál la velocidad apropiada para aventurarlo, cuál el momento de detenerse a ordenar la perspectiva adquirida y cuál la sazón de abrazar el eterno descanso, suponiendo que la muerte no sea otra falsa promesa entre las muchas lecturas que vivimos.

575

Ningún talento habita durante luengo tiempo la celebridad sin evacuar su brillantez.

576

Toda línea de texto que no atraviese al lector de piel a piel es accesoria.

577

Todos los estremecimientos acaban hallando salida. Y algunos estremecidos, aun tenemos la impertinencia de transcribirlos tan de momio para otros. Amén de laboriosa hasta el entumecimiento, ingrata pero impostergable faena consume al equilibrista que de tiento en ocaso, entre forma y contenido asediados por disonancias, versa la enmienda perpetua de su poliedro. ¿Son estas palabras al viento? Quiero pensar, sentir al menos una vez, que no siempre su aliento se lo lleva el viento cuando el primor viaja en ellas.

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