6.11.19

LUCES DE OTRA NOCHE

Luigi Russolo, La música
¿Para qué sirve la imaginación? Básicamente para ponerse en el lugar exacto del otro y para ponerse en el lugar probable de uno mismo.
Santiago ALBA RICO
Contra la fantasía 

De riesgo a riesgo, entre la sopa primigenia y el caldo radiactivo de las postrimerías, no haya por ventura una criatura tan expiatoria de su condición en cada célula, ni en cada reglamento, como la humana. La patrulla inmunitaria y el paseante desvelado así la encarnan:

—¿Dónde va?
—Donde quiero ir.
—¿Y eso dónde queda?
—Donde estoy más despierto.
—Le conviene ser más colaborador.
—A pesar de estar siendo interrogado por una pareja de desconocidos, hablo de buen grado: creo que como dato basta para establecer quién es, aquí y ahora, el verdadero colaborador.
—Tenga cuidado con su actitud, a la Justicia no le gustan las obstrucciones.
—Estamos en la calle, no en un tribunal, y ustedes, corríjanme si me dejo engañar por las apariencias, no son fiscales.
—A Dios gracias, la ley también se ocupa de tratar a los listillos como merecen.
—Me alivia saberlo, porque apenas tengo luces para estar seguro de que usted debería estudiar más y yo conversar menos. 

Erráticos de pluralidad en la implosión existencial del propio sueño, ningún deber tenemos de escandalizarnos por los congéneres, aunque sí todo el derecho de asombrarlos dado que no es con el prójimo con quien uno ha de medirse, sino con el ninguno que uno es cuando se reconoce inexorablemente otro, digan lo que digan nuestros recuerdos convertidos en epitafios o el calco de nuestras facciones testado por la autoridad.

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