21.4.19

EN LA ERA DEL SUCEDÁNEO

Eduardo Paolozzi, Four German Songs
Y luego, ya no hubiera querido estar yo entre los hombres de la quinta generación sino haber muerto antes o haber nacido después; pues ahora existe una estirpe de hierro. Nunca durante el día se verán libres de fatigas y miserias ni dejarán de consumirse durante la noche, y los dioses les procurarán ásperas inquietudes; pero, no obstante, también se mezclarán alegrías con sus males.
HESÍODO
Los trabajos y los días

Por la Era del Sucedáneo, que es erial remanido, transitamos; vamos al menos del más por una fase harto confusa de la historia que se ha especializado en el abuso del eufemismo y en cubrir con la bandera del fraude las inhóspitas realidades que la ridiculizan ante las miradas inteligentes, acaso menos infrecuentes en otras épocas. Nada es hoy más usual que denominar, válgame Hermes, conocimiento a la información, información a la propaganda, transparencia al espionaje, novedad al timo, libertad al desorden, seguridad al control, control al desmán, justicia al desamparo, necesidad al decorado, fiscalidad a la expropiación, igualdad a la uniformidad, ayuda humanitaria a la invasión, amor mutuo a la dependencia insoslayable, prosperidad a la deuda, democracia al gregarismo, derecho a un espejismo, deber a la mansedumbre, bienestar a la beneficencia, sentido común a la inconsciencia compartida, sensibilidad a la sensiblería, naturalidad a la impudicia, razón a la supremacía, respeto a la hipocresía, sinceridad a la grosería, visibilidad al exhibicionismo, comunicación al cinismo, música a la estridencia, ciudades a la jaulas, campo a los cercados, civilización a la barbarie, ciencia a la técnica, técnica a la coacción, eficiencia al despilfarro, esperanza al anonadamiento, futuro al excidio, clase a la pose, salud a la intoxicación, diversión al consumo, ocio al trabajo, trabajo al embrutecimiento, éxito a la depredación, progreso a la devastación, alimento a la escoria, humanidad a una plaga o depresión nerviosa a la inerme lucidez, por citar solo algunos de los clamorosos aturdimientos que mejor la caracterizan.

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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