3.3.19

CUESTIÓN DE ESCÓPICA

Guim Tió, Iceberg, Moon and Girl
Los dioses solo conceden la sabiduría a los decrépitos, porque si alguien uniese a ella la juventud y la belleza se haría más fuerte que los mismos dioses.
Francisco CHAVES GUZMÁN
La tragedia de Hipólito y Fedra

Irónica disposición representan las pasiones humanas ante la inteligencia capaz de abrirlas en canal, y entre las muchas convulsiones que los posesos encarnan para escarnio de sí mismos y de la especie, pocas revelan mayor insensatez que el deseo de una larga vida dedicado a quien amor inspira, acaso equiparable en inconsecuencia al afán de aniquilación que los transidos de venganza incuban contra sus ofensores, ¿pues qué amor, sino uno emponzoñado, prefiere la decrepitud al desenlace tempestivo? ¿Y qué odio, sino uno de pacotilla, puede ser satisfecho con la muerte toda vez que el deceso, aun impuesto en alguna de sus horribles versiones, comporta un alivio definitivo?

De la misma forma que el sañudo desbordado quiere vivo a su enemigo con el propósito de que apure el sufrimiento de la carne hasta las zupias, ninguna amorosa ofrenda es más pura, ni quizá más incomprendida, que la de quien hace suya la renuncia a asestar vida a otro ser porque conoce, a gravedad cierta, las cuitas que la venida a este mundo conlleva y nada, salvo la nada previa, tiene la virtud de remediar.

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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