10.5.18

HIPOGEO

Giovanni Battista Piranesi, Il pozzo
Mísero hombre, ¿de qué presumes? No eres más que una pelota golpeada por el error, un navío de cristal arrojado a un mar espeluznante. Con sangre y pena saliste del vientre materno, y arrastrando lágrimas y sollozos avanzas hasta la tumba: ¡qué resbaladizos son tus senderos!, ¡cuán segura tu caída!, ¡nada eres siéndolo todo!
John HALL
El reloj de arena
(Versión libre de Rosario Espinosa)

Machos cargados de turbulento esperma y de impulsos proclives a cebar el pozo de la perpetuación, a vuestras facultades menos insensibles dirijo este bando:

¿Hemos de compadecer a las mujeres por las servidumbres que la menstruación y las alteraciones hormonales les imponen a modo de viciado recordatorio de la mecánica maternal, amén de por el riesgo de acabar infectadas con embarazos a consecuencia de las colisiones, físicas y metafísicas, derivadas de la versión agravada que en ellas tiene la fertilidad? Por consideración hacia su mayor penalidad fisiológica, hacia la autonomía de los seres sexuados que somos, hacia el cachorro que podría ser forzado a existir en un mundo martilleado por intereses repugnantes y aun por cortesía hacia las especies que, directa e indirectamente, soportan las vejaciones ocasionadas por el sobrepeso de la nuestra, en calidad de varones deberíamos abstenernos de fecundar óvulos y, en lugar de conformarnos dando gracias a la naturaleza por no haber tenido a mal equiparnos con la caldera infernal de una matriz, alcemos mejor cada mañana nuestra plegaria de inadherencia contra la suerte que ha hecho posible el desaire de encadenar otro día a la tragedia de nuestro nacimiento.

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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