13.5.18

DÍA DE LA ASCENSIÓN

Emily Carr, Scorned as Timber, Beloved of the Sky
Soy un estratega sombrío que, habiendo perdido todas las batallas, traza ya, en el papel de sus planes, disfrutando de su esquema, los pormenores de su retirada fatal, en la víspera de cada una de sus nuevas batallas. 
Fernando PESSOA
El libro del desasosiego

Toda vez que la muerte es el seguro remedio contra los hachazos de la existencia, no debería festejarse en cada happy birthday el cumplimiento de otro año de permanencia en el mundo, sino el acercamiento irrevocable a la liberación. Cada latido nos arrima un poco más a la cura del dislate que lo programó, y si se ha oxidado uno lo suficiente, de la edad que resta hasta el desenlace no podrá desprender ya la certeza de ser el único superviviente de una pedanía de lecturas aplazadas, proyectos desplomados, atributos ajados y confianzas desbaratadas que, desde su impotencia para motivar el celo de sí en ese transeúnte de su desgana, contemplan cómo se va hundiendo lo que pudo ser en el tremedal de asignaturas pendientes a las que solo un acto de soberana desaparición podría otorgar una matrícula de honor. 

Qué duda cabe, no es decente adorar lo que sería mejor abreviar, pero tampoco lo es recrearse diseminando a los cuatro vientos la farfolla de las propias llagas: dejo esa adicción a los cristianos, que como asesinos del alma siempre necesitaron dosis reiteradas de perdón por sus crucifixiones, mientras evoco el linaje pagano que me hizo reverente desde niño con los animales de sangre fría: «No fui, fui, no soy, no me preocupo».

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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