6.5.15

LÁNGUIDOS COMPASES DE PRIMAVERA

Quien confía en las promesas de la Fortuna
y cree estar seguro en las riquezas de sus dones,
o cree que ella es tan amiga suya
que para él está en firme cualquier cosa o duda,
es demasiado necio, porque ella no es de fiar.
Es un estercolero de rica cobertura, 
que reluce por fuera y por dentro es basura. 
Guillaume de MACHAUT

Respeto demasiado a los hombres como para desear la supervivencia de la humanidad.

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¿Qué mejor motivo para no ser un mierda que encontrarse el mundo hecho una mierda?

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Quien custodia la evidencia es el mismo que la teme.

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Raro es el asilo de la pobreza espiritual que no está chapado en oro.

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Si la realidad te aplana, despega tu espíritu.

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Con frecuencia no es la gravedad de los asuntos terrestres, sino el peso del firmamento lo que impide a las conciencias elevarse por encima de los escasos palmos que la separan del suelo.

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Depositó sus dudas ante el maestro que lo animó, siendo aún joven, a no regresar hasta haber encanecido: «Después de todos estos años, hafiz, con nada vengo de todas partes». Y el viejo mentor respondió: «Después de todos estos años, hafiz, traes contigo todo cuanto se necesita».

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Los males de una época pretérita facilitan a las nuevas generaciones un elástico tesoro de comparaciones para minimizar los horrores presentes.

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Remar a contracorriente puede parecer absurdo a juzgar por el sentido de las aguas que huyen sin memoria de sus fuentes.

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Tropezar es lo primero que hizo el ser humano al erguirse y desde entonces, incapaz de recuperar el equilibrio, no ha dejado de correr para evitar estrellarse. Es el descalabro anunciado que algunos, procurando infundir ánimos a este atleta de lo azaroso, llaman evolución.

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Recuerda que la primera ficción del hombre, como la última, tiene rasgos antropomórficos. Homo homini fabula.

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A la postre, unos a otros nos serviremos de postre.

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Donde no hay pies ni cabeza sobran cepos y guillotinas.

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El colmo de la cursilería sería recibir una invitación al propio ajusticiamiento rotulada con la típica tipografía de boda en una tarjeta rosa. En cierto sentido, algo equiparable hacen los partidos políticos cuando nos hacen llegar las papeletas electorales.

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Cuando el telón de fondo coincide con las caras de los actores políticos, la obra se desarrolla en otra parte, donde el público no pueda verla.

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Leyendo sobre las disputas religiosas de los primeros siglos de nuestra era, echo en falta una herejía que hubiera tenido la coherencia de representar a Cristo aplaudiéndose a sí mismo a horcajadas sobre el travesaño de la cruz en lugar de clavado como un espantajo.

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Por fuerza abre la noche los ojos a quien los cierra a los desastres del día.

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Soy tan joven como mis aullidos y tan vetusto como mis bostezos, pero en ambos registros me preside una luna tan inmune a la edad como la relación que he mantenido conmigo a lo largo del cambio.

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Madurar, otro eufemismo sobre el hecho de descubrirse atrapado en un desfiladero donde los ingredientes de la experiencia carecen de espacio para producir las resonancias de aquellos años en que el tiempo era gratuito no porque los días estuvieran menos contados o costara menos llenarlos de valor, sino porque no se apreciaba el acusado desnivel que obliga a desprenderse de la sobrecarga que, llegado el momento, también uno será para sí mismo.

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La vida es maravillosa para aquellos que prosperan a fuerza de hacerla insoportable.

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Cada ilusión inhumada es un conocimiento desenterrado.

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Con el remanso de opacidades donde se escruta, la imaginación crece hasta tornarse insondable realidad vivida.

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Esperó agradecimientos de sus ofensores por haberlos perdonado y solo encontró ascos redoblados para condenarlos. No diré que mi país es así, pero así se las gastan por aquí.

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Prefirieron cargárselo dándole un cargo antes que cargar con su razón. Su pelotón de fusilamiento lo formaron nóminas cargadas de cifras contundentes.

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Las huellas del crimen componen el pavimento sobre el que mejor, más veloz rueda la historia.

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La rectitud solo tiene un camino y está lleno de dobleces. No hay pulcritud moral sin baños de sangre.

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Las espaldas del aporreado sostienen el Estado no menos que los brazos del policía.

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El paraíso fue un invento infernal concebido para refinar los tormentos de las penas terrenales.

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Ninguna idealización es trivial para quien la experimenta, pero no le demuestres lo contrario si quieres ahorrarte el espectáculo de una brutalidad fuera de lo común.

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Cuando el hombre estorba al hombre, qué socorrida idea pensar que ya no hay hombres, sino cabezas de ganado —¡qué socorrida y cuántas veces cierta!

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En pocas generaciones, el humano ha pasado de ser usuario circunstancial de la tecnología a ser usado enteramente por ella. Y a semejanza de toda revolución que se precie, la digital también ha fabricado masacres, pero en este caso los sacrificados, flotando entre la incuria y la gregarización donde confluyen la oferta virtual y la demanda real, están demasiado distraídos conectando sus despojos entre sí para cerciorarse de que han caído en sus redes, las de un suave y parlotero feudalismo.

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Mucho se habla en el presente de inteligencia artificial, como si la estupidez connatural fuera medio insuficiente para estropearnos.

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El hombre empieza por creerse medida de todas las cosas y culmina su designio como una cosa ajustable a todas las causas desmedidas.

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Si he de ser honesto, admito tener fe en el progreso, pues estoy convencido de que a nuestra especie le aguarda un futuro colosal: no fenecerá hasta haber consumado las más insaciables pesadillas con ayuda del desarrollo maquinal de sus apetitos.

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En un mundo anegado por desechos y atrocidades de origen humano, la insularidad es el último reducto donde mantenerse a flote, aunque otros náufragos rompan la calma de sus orillas y haya que hospedarlos de mala gana... o devolverlos con gentileza al mar moribundo que los gestó.

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Donde hay lamento, hay vida; donde hay vida, hay excremento.

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Mientras la vida pública es objeto de usura, la interior es confiscada. Dentro y fuera de los volátiles linderos particulares, el actual sistema de rapiña lo único que distribuye con eficacia son coces, pero cada vez que alza las pezuñas descubre por igual su talón de Aquiles a instigadores y damnificados.

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Los tiranos, cuando sangran, lo hacen por venas ajenas.

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Aunque recortado por la humillación, un hombre de rodillas sigue siendo un hombre. A cuatro patas, sin embargo, deja de serlo para cumplir la vocación de perro fiel, y es en esta posición como nos quieren de verdad todos los amos.


Con The musical metamorphosis, de Alexander Shubin, quiero honrar a la música como autoridad de los afectos, vehículo de revelaciones e instrumento de curación. Así la entendieron en épocas arcanas los maestros órficos y pitagóricos, y así ha sido cultivada desde entonces por compositores, estudiosos, místicos y aficionados. «Es grande el poder de la música —escribió Giovanni Perluigi da Palestrina—, no solo para distraer, sino también para conducir y dirigir las almas de los hombres». Y fue otro renacentista, el polímata Johannes Tinctoris, quien clasificó en su tratado Complexus effectuum musices en veinte los múltiples estados producidos en el ánimo por este arte, entre los cuales bien podrá elegirse el que mejor se adapte a los requerimientos individuales pese a que algunos —enseguida los enumero— puedan resultar tan espurios al buen sentir como el cuarto, cuando no avivadores de propósitos inconciliables incluso si es aceptado como natural, en el núcleo mismo de nuestra condición semidemiúrgica, el regodeo de transportar al eretismo el dilema: 1. Deleitar a Dios. 2. Embellecer las alabanzas a Dios. 3. Amplificar las alegrías de los dichosos. 4. Asemejar la iglesia militante a la triunfante. 5. Prepararse para la bendición divina. 6. Motivar la voluntad para la piedad. 7. Expulsar la tristeza. 8. Ablandar la dureza del corazón. 9. Ahuyentar al diablo. 10. Propiciar el éxtasis. 11. Elevar la mente terrenal. 12. Revocar la mala voluntad. 13. Alegrar a los hombres. 14. Sanar a los enfermos. 15. Aliviar los esfuerzos. 16. Incitar los ánimos al combate. 17. Atraer el amor. 18. Aumentar el placer de un banquete. 19. Glorificar a los músicos. 20. Santificar las almas. 

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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