14.5.14

VIBRISAS LIBERALES

Los desagües iban llevándose la luna a flor de tierra, y el agua de beber contaba, en las alcantarillas, las horas sin fin de un pueblo que se creía condenado a la esclavitud y el vicio.
Miguel Ángel ASTURIAS
El Señor Presidente

Tan fácil es etiquetar el pensamiento divergente o humanamente incorrecto con un ademán despectivo de arrogancia, como arriesgado pensar con libertad desde posiciones que cuestionan los planteamientos generales de una época hambrienta de sentido exponiéndose por ello al rechazo de la grey, cuando no al castigo impuesto por sus engañabobos a cualquier incitación profunda al desafío, máxime si procede de la marginalidad refractaria que quisieran extinguir. La libertad de elección, por el contrario, requiere de un pensamiento valeroso, abierto, multipolar e independiente que culmine como una elección consciente de libertad, proceso necesario para arraigar el respeto a la soberanía individual en su contexto frente al fraude, repetido hasta la saciedad, de proyectos cuyo empeño pasa por criminalizar la propiedad de uno mismo y llega a la sevicia de convertir al ciudadano lúcido en una amenaza permanente para su integridad por manifestarse adverso, no hay otra razón, a los propósitos uniformadores en los que tanto la izquierda como la derecha, progresistas y conservadores por igual, totalitarios todos, parecen haberse consensuado tras las diferencias de ornamento que desean aplicar a sus versiones políticas del lecho de Procusto. El test de Nolan, aun con su evidente exclusión de otras variables significativas que podrían ser útiles para detectar las actitudes dogmáticas que sirven de caldo de cultivo a los fascismos, comunismos, chovinismos y monolibrismos, resulta bastante explícito al respecto gracias a un diagrama con el que pueden distinguirse cuatro posturas básicas: liberal en las costumbres y en lo económico, liberal en las costumbres y autoritario en lo económico, autoritario en las costumbres y liberal en lo económico, autoritario en las costumbres y en lo económico. A la sazón, recuerdo también la batería de preguntas propuesta por un conato de partido, de tesis lo bastante heterogéneas para sobrevivir a su vocación inconformista, que presumía de estar hecho a la medida de quienes no tienen medida y concluyó disipándose de los servidores. Sin sentirme interpelado en el fuero de mis desafueros por concreción ideológica alguna (me gusta más trenzar el juego resbaladizo con reveses filosóficos y ambivalencias de humor), creo oportuno matizar que para alguien, como es mi caso, apostado en la sensibilidad a las coacciones y defensor por congruencia del principio de no agresión, la forma de gobierno siempre será un asunto de menor importancia, porque lo prioritario es limitar el poder del gobierno, sea cual sea su forma, lejos de que tal recorte al recortador suponga para otros estamentos una invitación a extralimitarse en sus funciones. En cuanto al papel del Estado, al menos en teoría lo juzgo neutral, pues entiendo que no se trata de un sujeto autónomo, sino de una herramienta accionada en buena medida por jefaturas oportunistas que aprovechan inercias colectivas, una especie de nave que sigue rumbos programables y aumenta o disminuye su calado en consonancia con la calidad de sus tripulantes. Por destructiva que pueda ser su presencia insolente en ámbitos que no le competen, el problema no lo representa el Estado en sí mismo; según mi percepción, el mayor peligro son los gobiernos que se disputan el mando y lo pilotan como verdaderos piratas contra la sociedad civil.

Si en este momento se me pidiera un veredicto, declararía inocente al Estado; pero a los gobiernos compuestos por homínidos de tomo y lodo, los hallaría culpables en toda regla de los excesos y defectos que suelen imputarse al instrumento de sus fechorías, de las que son cómplices cruciales las masas que los aupan o los aceptan.

Miniatura tomada del folio 166 del manuscrito Perceforest donde se ilustra el encuentro entre una bestia multicolor (materia viva para las alegorías) y un caballero de insignia dorada.

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