29.4.14

VOLUTAS

¿No es verdad que yo existo
y no soy la pesadilla de una bestia?
Alejandra PIZARNIK
Mucho más allá

La risa del demiurgo. Como ningún otro ser de lamento conocido bajo las estrellas, los humanos son propensos a fantasear con mundos organizados según ideales de armonía y plenitud —tan proclives, por eso mismo, a una indefinida explotación política— porque el paraíso sólo es concebible desde el infierno.

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Friabilidad. Exactamente porque interrumpen el sueño de mayor duración donde se interpolan, los sueños contribuyen como ninguna otra ficción a hacernos creer en la autonomía y continuidad de la realidad; mas basta sufrir la fatigosa clausura en el yo que deviene con un insomnio prolongado para que todos los pilares del mundo que antes se zanjaba real queden reducidos a un montón de añicos en los que apenas puede uno revolcarse.

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Llevo en secreto una nube umbilical que voy llenando con los sueños que me hacen despierto y se esfuma siempre que un sonámbulo entra en ellos.

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La realidad es una furcia tan flexible que engulle todas las explicaciones imaginables con las cuales tratamos de concebirla.

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Aun cumpliendo la más abyecta condena o soportando desgracias sin parangón, los mortales tienden a creer cualquier cosa cuando se les anuncia que tienen derecho a ello.

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Nada más absurdo que creer en algo porque tiene sentido; el sentido solamente revela la angustia de la criatura perdida en un territorio que no ha creado.

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Las tonterías sostienen la marcha de la vida que la gravedad de la permanencia en ella vuelve a colocar, incesantemente, en su sitio: el firmamento a ras del suelo.

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Con las arrugas y la experiencia que nos asignamos en su nombre, las ideas no ganan en robustez, como quisiéramos pensar, ni en la claridad que por ventura no soportamos ya: esas son impresiones que producen en el profano los escasos axiomas que quedan en pie dentro de la ruina que somos.

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Dudar de la realidad es la única clave de existencia que podemos atesorar quienes hemos elegido pensar antes que creer, crear antes procrear, inventar antes que imitar, revocar antes que refundar y festejar las nupcias con las antinomias del espíritu antes que aplaudir su expulsión cual inmigrante inadmisible en la tierra prometida de los puercos.

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Las objeciones a la realidad conforman las raíces que sustentan mi fe carente de doctrina.

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Salvo enfermedad o causa análoga que lo agigante, el volumen de un abdomen cebado delata la desnutrición en que se halla el espíritu.

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Conjeturar que Dios pueda ofenderse con nuestros actos resulta tan irrisorio como la fe de quien no es capaz de imaginarlo burlándose soberanamente de sí mismo... y de nosotros, por descontado.

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¿Son los olvidos oclusiones inertes de la experiencia o las líneas costeras que perfilan la geografía del recuerdo original?

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Al ovario de la letra. Incluso cuando se borra, lo escrito se multiplica.

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Heterotelias. El dentista descifra el mundo a través de las bocas que repara o estropea, el informático lo otea desde la programación, el poeta lo mediatiza con las palabras y así sucesivamente según el sesgo dominante particular. Cada uno abigarra su mirada en lo que hace con mayor pasión o reiteración, lo que más le tire, pero nadie escapa nunca de su enfoque, pues las convicciones personales determinan el juicio de tal manera que aun el valor de todo acto realizado por interés se establece en función de las creencias previas sobre dicho interés, a las que debe su disparidad. La economía de las relaciones humanas es un apéndice de la ideología, excepto cuando se cree lo contrario.

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No defiendo ninguna opinión como mía ni hallándome extrapolado en la catadura de sus juicios —juicio que no duda de sí mismo es fallo de ufanía contra el arte de discernir—, pero me bato con cualquiera que castre la libertad para expresarse por malnacida que sea la idea u hostil a mi carácter la parida.

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De las incontables cabezas que diviso por encima de la mía, ¿cuántas de ellas piensan lo que cae fuera de los márgenes su creencias?

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Tipos y prototipos. Si para hacer funcionar los artefactos de uso cotidiano se nos pidiera la talla intelectual del autor que vislumbró su diseño, la mayoría seguiríamos acarreando piedras a hombros, farfullando gruñidos y comiendo carne cruda: males menores comparados con los riesgos que supone tener a tanto imbécil exaltado por el manejo de tecnologías cuyos fundamentos agotan su capacidad de comprensión.

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Quiere lo que puedes y habrás hecho lo que debes.

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Pensar en negro, sentir en blanco y actuar, contra todo pronóstico, en infrarrojos.

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Aceptar la incorregible naturaleza humana es el primer acto para enderezar la propia.

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La victoria más selecta —y la menos patente— a la que uno puede aspirar dentro de la actual brutalidad económica con troquel de democracia se resume en no ultrajar la propia dignidad fuera de los humilladeros por los cuales, sin duda, ha de pasar.

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Carne de medina. El individuo no puede salvarse de los errores de la sociedad ni la sociedad puede protegerlo de sí misma sin someterlo a la terapia de aplanamiento colectivo.

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Los crímenes causados por las debilidades conjuradas de muchos superan con creces los estragos imputables a una fuerza solitaria desatada, aun si procede de un tirano u otro fantoche travestido como condensador circunstancial del hormiguero exasperado.

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De los vetustos altares con pantomima eucarística, la superstición se mudó a las urnas. Para que el dogmático de la soberanía popular descodifique el significado de su implicación en los comicios, los votos tendrían que depositarse en féretros tapizados con avisperos.

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Más vale abrigarse con sombras que ser blanco fácil de la inseguridad ajena por lucir excelencias al desnudo.

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Tan necio es que los vicios de la alta sociedad nos encarezcan las virtudes de los pobres, como privar por completo a los ricos de los defectos demasiado humanos por amplias que sean sus oportunidades para no corromperse.


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Sobremorirse. Ver el suicidio en toda muerte, como si uno mismo se retirase del escenario desde un lugar preexistente donde se actúa más acá de la voluntad.

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Alegrarse por el nacimiento de un niño es celebrar por anticipado sus exequias.

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Desvanecidos. Cuando la huesa sustrae a quienes llama, acaso los vuelve sólo transparentes para los vivos, como secuestrados en un vacío inmediato desde el que ya no logran ser vistos ni aciertan el modo de comunicarse.

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Toda inteligencia balbucea ante la evidencia que la desafía a pergeñar conceptos en cuyas órbitas la opacidad de la apariencia reemplace a la cegadora epifanía de la certidumbre.

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El mesurado pierde la sobriedad confiándose a la alegría de recuperarla; el perdulario, en cambio, desea extraviarse en la ebriedad por el temor a reencontrarse en la encrucijada inicial. La diferencia entre ambos tipos no viene dada por la propensión al vicio —también hay vicio en mantenerse sobrio e incluso una soberbia adicción a la abstinencia—, sino por el camino escogido para desubicar la angustia intrínseca entre la desubicación de los demás.

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El temulento frente al espejo. No me pelearé contigo mientras esté bebido porque pensarías que el alcohol es responsable de esta sincera aversión que sólo he podido acunar en la serenidad.

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Autos de fe. Nada execrable hay en la decisión que conduce al arduo y en verdad lúcido dejamiento a partir de la renuncia a toda esperanza redentora, salvo si el dictamen lo emite quien se resigna a los sortilegios de la acción para transformar la mazmorra del mundo sin desertar de su condición de cautivo. En el primer caso, se procura la desaparición del curso fáctico mediante el desasimiento interior; en el segundo, se fecundan disturbios con embriones de desesperación.

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Sexo platónico. Hacer que los cuerpos hablen con lo que nadie ha dicho para que se entiendan por entero y siempre, de una vez.

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Un fosco principio de amor postula que el amante aniquilado con el pensamiento tendrá larga vida en el sentimiento.

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Zambulléndome en el agujero insaciable de una vagina, los abismos de mi alma descansan durante un intervalo beatífico con el sosiego de saberse impugnados por otro abismo mayor.

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Lo más imperdonable de la plutocracia no es la promoción de desigualdades económicas tan acusadas que llegan a lacerar la sensibilidad del menos dispuesto a la nivelación, sino la indiscriminada forma con que puede elevar a cualquiera, por mediocre que sea, hasta los puestos más prominentes.

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¿Cuántas veces habrá de comprobarse que fabricar soluciones integrales para los problemas recurrentes del ser humano equivale a asesinar su reserva más activa de espiritualidad? El alma palpita en los escollos y desfallece en la lisura.

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La mayor flaqueza cometida por el ateísmo está en haber preferido que los hechos se avengan con la fracción vulgar de una aparente literalidad en detrimento de una ciencia literaria de los mismos. Más que por amor al conocimiento científico, el ateo presenta el origen de las ideas religiosas como una sublimación freudiana de la naturaleza por su falta de criterio para intuir en la trabazón de los procesos naturales la presencia metafórica de una divinidad de la que él mismo está contaminado.

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Génesis por conmoción. Del padre Virus y de la madre Mona, no es de extrañar que naciera el hijo Percance...

El memorable capirotazo de Zhao Fang se titula Fist Power Series 9A.

2 comentarios:

  1. Hacía tiempo que no me pasaba por aquí. Ni por lindes similares, he de decir.

    Estoy de acuerdo en lo dicho sobre las debilidades conjuradas, tanto que incluso las individualidades tiránicas y sumamente destructivas no me parecen sino cúlmenes y subproductos de masas suicidas.

    "No me pelearé contigo mientras esté bebido porque pensarías que el alcohol es responsable de esta sincera aversión que sólo he podido acunar en la serenidad."

    Digno de un Catulo o de un Marcial, sí señor.

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  2. Amigo, ¡qué regalo volver a leerte!

    Tus puntos de vista siempre han tenido peso específico en este suburbio de la realidad, y lo que apuntas acerca de las masas suicidas demuestra una vez más tu lectura cabal del fenómeno social.

    Me despido con la dicha, no exenta de diablura, de saber que has elegido romper tu voto de silencio por retornar a los juegos con Calíope dejando testimonio de ello en estas lides deslindadas.

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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