6.4.14

PALABRA DE DON SUYO

¿Si ya no se tratara de oponer la verdad a la ilusión, sino de percibir la ilusión generalizada como más verdadero que lo verdadero? ¿Si ya no hubiera otro comportamiento posible que el de aprender, irónicamente, a desaparecer? ¿Si ya no hubieran más fracturas, líneas de fuga y rupturas, sino una superficie plena y continua, sin profundidad, ininterrumpida? ¿Y si todo ello no fuera entusiasmante ni desesperante, sino fatal? 
Jean BAUDRILLARD
El otro por sí mismo

No soy lo que escribo ni el que así, por transmisión textual, a ráfagas sintácticas se describe, sin que esta discrepancia elemental suponga menoscabo para promulgar, como ahora, la objeción al orden discursivo que abre y cierra el paréntesis editable de mi elocución; tampoco soy lo que pienso ni estoy sujeto en el acto intercalado a la contingencia del pensar, y cuando dirijo el pensamiento desde su cabeza hasta su cola pronto dejo de discernir si pienso o soy pensado o la sustancia aparente, condensada en el pronombre que acostumbra a precederlo, se disipa conjugando, fuera ya del román paladino de mi madre, una terra incognita donde lo objetable y lo sujetable van uncidos a la función que algunos quisieran limitar al cuerpo coherente de la obra; una obra que puede evaluarse racionalmente como el establecimiento definitivo de un espíritu, y por ende su coartada y desde luego su incriminación, o también, tirando por la marginalidad, como el horizonte improyectivo, exento de teleología, hacia el que una corriente de ensayos y borradores sucesivos, de pruebas y recursos provisionales de identidad, se desarrolla a partir de una perspectiva mutante, ajena a la producción de una verdad que no sea, a la vez, su contrafigura, un punto suspensivo de fuga que entable por mor de entendimiento la disyunción del propio sí mismo. Hay momentos en los que todas las percepciones y certezas aprendidas valen solamente para ser transgredidas: saltos decisivos más allá de la cordura y de la locura mediante los cuales uno necesita traspasar el lienzo de todos los espejos donde se ha mirado para seguir contemplándose.

Poco puedo anunciar hoy desde esta autoría que se desbrida a través de mí como una estructura social autocentrada, permeada por una población de irreductibles singularidades intracraneales con las que, quiéralo o no, me distancio variablemente de los paroxismos culturales a las que por conveniencia moral y demarcación jurídica se le asigna la categoría indivisa —aunque decapitada— de la persona; baste saber que hoy, como no me voy a evitar decir, si la vida tuviera sentido me sentiría terriblemente decepcionado.

A cargo de pincelar sugerencias, Yolanda Dorda con un óleo sin título fechado en 2011.

1 comentario:

  1. me recordaste al Innombrable dentro de una bañera, corriendo de gozo el magmetismo del existo en el cubismo de una página del vapor y lo eléctrico, leerte es fecundar el espanto de los interrogantes e ir inflamándose de pájaros homicidas que saben que dentro de sí llevan el universo y también la muerte. Tu meta-jeringuilla desvirgando a la dialéctica y perpetrando semántica que clava en carne, fosa e imposible, rebelión y otros vicios del tengo aparato digestivo y un pecho de azufre (todo amor) hasta el tiro mordaz del último verso.
    Tienes una exquisita manera de devorar lo horizontal y aromatizado y escupir risa afilada entre los dientes.

    arrebato leerte.

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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