21.12.10

DRENAJE


Del misterio y secreto que rodea a todo lo profundo e importante, surge el típico error de creer que todo lo secreto es al propio tiempo algo profundo e importante.
Georg SIMMEL
El secreto y la sociedad secreta

Sumidos en el refinamiento cruel que para la fatalidad es la autoconciencia, a falta de utopías sólidas tras el ocaso de la fe en las instituciones sociales e ineptos para adaptarnos a la ruinosa condición humana fermentada durante milenios en segundas y terceras naturalezas en las que se fue agotando nuestra frescura, queremos redimirnos del vacío en una pasión asequible de ficciones privadas antes que compartidas, pero como adolecen de una carencia de sustancia afectiva que solo pueden adquirir a base de impregnarse con el hollín tenaz de la tragedia (que vuelve visible lo invisible, y también, mal que nos pese, hace memorable lo que sería mejor olvidar), la gravedad a la que se confía su transferencia de entidad empieza por corroerlas desde dentro y prosigue hasta desvanecerlas, así que cualquier esperanza de salvación en una razón sensible deja de funcionar incluso en el terreno más fértil de lo puramente imaginario. Mejor nos iría si supiésemos renunciar con claridad de temperamento a las tentativas de realizarnos en nuestros simulacros o, al menos, si llegáramos a entender las proyecciones de sentido como una innoble flaqueza de la que, podéis suponerlo, tampoco estoy exento, pues me he pasado media vida buscando justificaciones filosóficas para mi forma de ser, y la otra media echándolas a perder por el gusto inútil de hacer algo sin justificación; tanto me he involucrado en esta reversión del contenido, que debo más a mis disidencias de lo factible que a la materialización de mis aciertos, ¿por qué emperrarme en sufrir la atadura de lo contrario? ¿Por qué tomarme en serio el accidente que soy? Cualquier persona despierta puede descubrir que cada existencia traza una trayectoria azarosa cual bala perdida, jamás un sentido objetivo. Que la gente siga haciendo como si todo lo que le atañe estructurase una narración comprensible e importantísima se adscribe únicamente a su propensión a la creencia y se mantiene mientras no traspase el feudo engañoso de sus pretensiones: hasta el viento pensaría que sopla por decisión propia de acuerdo a un plan fehaciente si pudiera percibirse a sí mismo y llenar de palabras el empuje antojadizo de su presencia. Los humanos, por muy postreros que se consideren, son continuadores de un arcaísmo emocional donde se muestran previsibles: creen en lo que hacen porque hacen lo que creen, salvo que un acontecimiento desnude hasta la nada su apego a la simulación; a partir de entonces, si fueran coherentes, se dedicarían a contemplar aburridos el tiempo pasar, y si además de coherentes fueran un poco menos animales, darían por concluida al instante su lucha por la supervivencia.

El mundo ha desaparecido, se ha estancado en su nulidad, pero casi nadie se atreve a proclamarlo, urge fingir que sigue ahí con el ardor de sus trajines. Evidentemente, a los amos les interesa que el efecto de esta sustracción increíble se limite a redoblar el horror al vacío con las precariedades que conlleva porque la actividad por la actividad les produce inmensos beneficios. Sin embargo, existe la posibilidad de celebrar lo ignoto que nos circunda para hacer del horror atracción. Cuando al fin estemos abatidos de no estarlo ya, ¿podremos ignorar el fluir de los restos del naufragio hacia la alcantarilla que siempre ha estado presente en cada átomo? Quizá seamos demasiado occidentales para experimentar el retorno a la vacuidad como un triunfo metafísico... Delego en otros la jabonosa cuestión de averiguar en qué proporción de picardía la aceptación tranquila de una vida viuda de sentido y despejada de propósito contribuye por sí misma a establecer un intento solapado de recuperar por sorpresa la anhelada trascendencia de un imposible tan fácil de creer como difícil de cuestionar.

La foto es mía. Fue tomada hace alrededor de una década en las colinas de Alcázar de San Juan.

1 comentario:

  1. Cierto del Todo: " El mundo ha desaparecido, se ha estancado en su nulidad, pero casi nadie se atreve a proclamarlo", pero me pregunto...¡uno más uno es dos, mil más mil...dos mil!, ¿ desde cuándo se dieron cuenta de todo esto y si algunas personas no pudieron impedirlo?

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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