25.12.10

ACERO Y MIEL


A la Hechicera que con su belleza me dispensa de ser letal antes de dar guerra

¿De qué sirve una filosofía cuya premisa mayor no sea la racionalización de los propios sentimientos?
Aldous HUXLEY
Contrapunto

Madurar es tener el coraje de aceptar como una credencial de realidad que en el despliegue universal de los seres no se ha previsto un lugar para el hombre, a no ser como residuo de una creación accidental, ni la oportunidad de completar sus momentos de dicha al margen de la corrupción que dicta el tiempo. Salvo en empresas locas de amor y en otras relacionadas con la subsistencia que es mejor confiar al instinto o preservar en lo posible de la corrosión de la incertidumbre, si sometiéramos a un análisis exhaustivo las decisiones que nos corresponde tomar la más convincente conclusión que obtendríamos es que debemos abstenernos de actuar. A causa quizá de este divorcio entre pensamiento y sentimiento al que conducen las fracturas de conciencia, los intereses que impulsan y mantienen en movimiento a los demás por regla general me hastían o, en los casos de mayor efecto, rara vez logran franquear mi acendrado filtro de indiferencia y, cuando lo consiguen, de ellos no queda sino un rastro de lo que fueron; poco o casi nada, de cualquier forma, para rearmar la voluntad de un comienzo. Carezco de la emoción acuciante del ahora, odio conducirme con urgencia tanto en los asuntos importantes como en los triviales, pero —deliciosa paradoja— apenas hago otra cosa que flotar en un presente continuo al que repelen los horizontes previstos, probables o imaginarios que se extienden allende el día inmediato.

Mi actitud más arraigada se asemeja a la de alguien que estuviera sobrado de siglos para enmendarse. Solo el amor, con sus genuinas explosiones de magnanimidad y sacrificio, puede hacer de mí una flecha llameante lanzada contra un blanco que adquiera a partir de entonces la fuerza de atracción de un hechizo burlado al vacío con la motivación fanática de un evangelio, de una razón entregada al núcleo de un destino en el que terminar absorbido después de haber visto a cada instante renovada mi capacidad para precipitar los actos en la pasión atómica de lo absoluto.

Como un síntoma onírico de originalidad, lo orgánico y lo mecánico van fundiéndose en la concreción de quimeras que caracteriza la obra de Heidi Taillefer, una artista natural de Montreal de quien reproduzco el atribulado lienzo Frustration Attraction.

2 comentarios:

  1. Dragonfly6/12/17 17:43

    Sigo leyéndole en la distancia, me parecen exquisitos sus pensamientos, a veces tan sinceros que da hasta miedo esa cabecita que vd. tiene...y, el corazón encubierto por una coraza que necesita que alguien la quite- Draggonfly

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    1. Creo percibir en tus palabras una ternura cierta que no sé si procede de la complicidad, si vuela hacia ella o si sencillamente la depara porque así la tiene palpada al otro lado de esa cordialidad que sientes acorazada. Las tomo, en cualquier caso, como un presente cargado de las connotaciones que para mi sentido de la retrospección supone haberlo recibido al pie de una entrada donde fue descifrado el hito inicial de una historia concluida, como casi todas las intensidades, en el purgatorio.

      Gracias por la delicadeza que tu lectura brinda a mi escritura. No me es dado determinar si mis pensamientos son exquisitos; son, eso sí, los que no quiero evitar tener mientras pueda sostenerlos.

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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