3.1.14

EPISODIOS DEFECACIONALES

Todos somos locos, los unos de los otros.
Gonzalo CORREAS
Vocabulario de refranes y frases proverbiales

La pena de muerte, lejos todavía de estar obsoleta, adquiere una relevancia aterradora; pero al contrario que en los siglos que desconocieron las bondades chatarreras de la industrialización, profusa en lo material y roñosa en lo espiritual, hoy no se mata tanto en los cadalsos o en los campos de batalla, se prefieren, lucen más rentables las calles, los hospitales, las carreteras, las factorías, los bloques de vecinos, los bares, los grandes almacenes, las aulas, las pantallas... lugares deshogarizados por una sobrerrealidad acosadora donde lo fácil es convertirse en un matarife asistido de las virtudes propias y quimérica la gesta de mantenerse dueño de sí. Por el tránsito continuo que va de desgastarse en lo malo conocido a renovarse en el peor venir, se ha pasado de una explotación prematura de la existencia a la premura inabarcable de un desvivirse anunciado: seguridad a cambio de duración, subsistencia parca, aparcada en un penadero premortuorio. El contagio ha sido conjurado por contingentes penalizados de vida que se sienten posesos del final como esas moscas alrededor del enfermo reblandecido cuyo cadáver anticipan. 

No es el fin de la humanidad, sólo su camelo. El holocausto cotidiano es una bestia multiplicadora de barrigas cuyos resuellos inflan de miasmas la mentira de una conciliación de intereses, lo mismo para crecerse que decrecerse en fervor y compaña de multitudes. Inevitable, quizá, dentro de este compudrirse a la intemperie monotemática del se vende todo que ha de seguirse a cualquier precio, brilla en su pérdida la liturgia deflectora, el concierto ceremonial habido entre el sacrificado y el superviviente. Descatalogada, otrosí, como improducto por la mera ganancia de gastancia, esta oclusión de claves escénicas demuestra que nuestra condición acomodaticia puede bastarse sin necesidad de consagrar a un mito su demanda —literal y figurada— de canibalismo, más exacerbado que nunca por las presiones de la civilización extrema, indistinguible ya de la extrema barbarie.

Sombras venidas a más o diablos venidos a menos, animales tan cóncavos como convexos, bajo el código genético persiste otro de fatalidades que hace del hombre hambre de hombre, un goloso Ouroboros mortífero y mortífago que se muerde la lengua con el culo. No hay honra plausible ni posible transformación para la especie que en su búsqueda de la saciedad se ha decantado por el credo de procrear, mediante formidables evacuaciones, la sociedad celestial en la tierra, a la que sueña como puta e ingiere como veneno.

En la imagen superior, la obra Ophelia del dúo de escultores Afke Golsteijn y Floris Bakker, quienes presentan sus trabajos como Idiots. A la derecha, Wolf Like Me de la atractiva Kelly Denato.

2.1.14

DEL HORRENDO CRUCE ENTRE FERTILIDAD Y ESTUPIDEZ

¡Dichosos los muertos! ¡Y tres veces desdichados aquellos que, llenos de locura, engendran! ¡Dichosos los castos! ¡Dichosos los estériles! ¡Dichosos incluso aquellos que prefieren la lujuria a la fecundidad! Pues ahora los Onanistas y Sodomitas son menos culpables que los padres y las madres de familia, porque los primeros se destruirán a sí mismos y los segundos destruirán el mundo, a fuerza de multiplicar las bocas inútiles.
Albert CARACO
Breviario del caos

No hubiera sido necesario recurrir a estudios como el de Gerald Crabtree para hacer patente el retroceso cognitivo que se obtiene con cada generación; la decadencia de aptitudes intelectuales puede verse contrastando la mutación del valor cultural que se concede a la individualidad en los pueblos que históricamente han habitado un mismo territorio. Con todos sus defectos y esclavitudes, en la antigua Roma de la que Hispania llegó a ser provincia esencial nunca fue delito abortar, pero en la actualidad debería serlo, y muy grave, obligar a los órganos sexuales a producir seres, máxime cuando sea previsible el parentesco, aun lejano, con tipos degenerados como el instigador de la Ley Orgánica de protección de la vida del concebido y derechos de la mujer embarazada, cuyas intenciones chocan frontalmente con la madurez deseable para alcanzar la neutralidad institucional en materia de fe, criminaliza a las mujeres tras equipararlas a perras interrumpiendo la capacidad de gestar una decisión soberana sobre sus cuerpos y, en síntesis, sirve para dar pábulo a los más tontos de entre los tontos que reproducen sus taras en las cunas y en las urnas, pues siempre ha sido capirote de orgullo entre gentes de mala raza fundar sagas con la esperanza de que sus engendros los rediman de su propia necedad.

Besos secretos al calorcillo de la putrefacción en Amore e morte de Calcedonio Reina.

1.1.14

¿EL ALMA O LA VIDA?

Un Estado totalitario realmente eficaz sería aquel en el cual los jefes políticos todopoderosos y su ejército de colaboradores pudieran gobernar una población de esclavos sobre los cuales no fuese necesario ejercer coerción alguna por cuanto amarían su servidumbre.
Aldous HUXLEY
Un mundo feliz

Los escándalos motivados por las excarcelaciones acaecidas tras la derogación de la doctrina Parot, aun siendo tangenciales a mis planteamientos políticos, me animan a revisar algunos problemas subyacentes a los sistemas penales en general, y a prevenirme de la probable evolución de las tendencias ideológicas que los regulan en particular. No quiero entrar en argumentaciones prolijas ni en detalles técnicos, sólo hacer una observación que acaso parezca ajena al núcleo más polémico de las cuestiones que merecen un análisis laborioso, como pueden ser las razones que tratan de fundamentar, respectivamente, la conveniencia de una rehabilitación psicológica del criminal (su conversión espiritual) o la apología del castigo físico (somatización del delito) que se ejerce sobre el recluso con supuestos fines profilácticos para la comunidad de la que ha sido retirado.

Sabiendo —como nadie podrá negarme— que la brutalidad suele imponerse a la justicia, de la cual toma en usufructo tantas veces el nombre, ¿qué es más monstruoso: sentenciar a muerte a los protervos o poner en manos de los gobiernos la potestad de blanquear los cerebros que juzga errados para dispensarlos de la negrura del patíbulo? El apogeo de lo espantoso, no cabe duda, sería combinar ambas opciones a la manera orwelliana, soviética, demópata, que consiste en reeducar al culpable, obligarlo a retractarse públicamente de sus crímenes y liquidarlo a continuación. Pero puestos a especular sobre los reversos menos divulgados de las atrocidades con funciones de Estado, pregúntese cómo y bajo qué variables enfocan estas disyuntivas los poderosos señores dictaleyes que han tenido siempre por aliados y esbirros a peligrosos asesinos, cuando no lo son ellos mismos.

Qué magnífico péndulo de meditaciones propone El ahorcado de Francisco Goitia.
 
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