4.2.13

PILLARLES LA VUELTA

Preferiría servirles a mi manera que mandarles a la suya.
William SHAKESPEARE
Coriolano 

Confiándome al gesto inconquistable de saber salir antes de entrar con mi explícito rechazo a la celebridad del plutoteísmo, quiero esquivar la confusión que pudiera colegirse de exponer el gusto que me da ver correr el dinero al servicio del ingenio. Así como todo hallazgo creativo alcanza un apogeo impredecible cuando descansa sobre su explotación comercial sin subordinarse a ella y logra obtener el reconocimiento popular de su mérito sin buscarlo —piénsese en la exitosa historia del libro impreso—, parecería que el medio más eficaz de destruir el reino de la tiara y del misil ha de pasar por la censura pública de sus cometidos no sin antes haberse encargado de que armas y planificación moral sean productos más costosos de fabricar que de vender. Sin embargo, este depurativo empeño por favorecer el laicismo y la desmilitarización de las formas políticas implicaría concitar una fuerza de intervención mayor que las combatidas con el efecto indeseable que supone desplazar una hegemonía empleando otra de signo opuesto en su lugar, aunque indistinguible en la tiesura de su vocación controladora. Previstas las consecuencias nocivas de una estrategia que nunca chirriará bastante a muchos de los revolucionarios que en lo fundamental se sienten autoritarios, habrá que buscar un remedio imaginativo que atraiga la inversión económica hacia una independencia real, concebida como entereza civil, desde el vigor de las libertades para hacer y deshacer que sólo pueden funcionar en ausencia de las parodias de orden impuestas bajo la sombra vigilante de la clerigalla y de los mercenarios estatales, ostentadores respectivamente de la última palabra en los negocios celestes y pedestres, pues no hay mejor programa de transformación que el sentido utilitario —del que carezco— para adaptarse al caos sin delegar en instancias superiores, sin permitirles monopolizar, las decisiones que conciernen a la gestión de los criterios que definen al amigo y al enemigo, lo que en suma beneficia el intercambio espontáneo y la rivalidad incruenta entre unos y otros.

2.2.13

CONTRIBUCIÓN AL EXCIDIO


Tan poco práctico es engañar al mundo como tratar de desengañarlo.
Francisco NIEVA
El viaje a Pantaélica

Zelotes en tanto que partículas de identidad propensas a suscitarse un despellejamiento universal, perdonamos antes los sentimientos que nos desaprueban que la repulsa, con razones o sin atornillarse a ellas, que puedan causar nuestras más queridas aficiones. Intuitivamente a nadie se le escapa que los gustos no son ramplona cuestión de capricho, loca inconstancia de una realidad ni cuerda ni constante, sino la materia prima de una fe que se avergüenza por el origen de su parvedad, por su escasez de ironía.

Como en esta necrocéntrica hecatombe de autor no averiguado, hasta la muerte necesita ubicarse fuera de sí para ir tirando.

1.2.13

ISEGORÍA INVERNAL

Desconcertaré a este pueblo con extraordinarios prodigios, y la sabiduría de sus sabios perecerá, y la sagacidad de sus prudentes se eclipsará.
Isaías 29,14

Normalmente —es decir, cuando la galerna no me arrecia por dentro con sus avispas de candelizo— me basta saber que puedo lograrlo para no necesitar hacerlo; eso incluye no huir hacia delante en pos del deseable hechizo que centrifugue mi presente en el quizá de una mujer bonita, ni demorarse en los subterráneos enmohecidos por nostalgias mortificantes. Tan obvio es para mí el atemperado consuelo de vivir para morir, como engullirse periódicamente en lo contrario. Sabiéndome adversario en un respiro de nadie, acabo de desprenderme del lastre que representaba mi follaje de ánimos caducos y con las ramas desnudas que no pienso podar corroboro que soy el símbolo de otro símbolo, una obra figurada de otras obras que se corresponden a la no menos alegórica manera de ser que en este instante, que sería perfecto si me hubiera excusado de dibujarlo, se deja sentir por un abrazo de sol que me caldea de la corteza al cepellón mientras acompaño con gentiles pensamientos polinizadores el canto de los jilgueros, petirrojos y ruiseñores que han venido a saludarme cuidándose mucho de no ser vistos, pues todavía me ven hombre. Se felicitan en festiva rivalidad por esta eclosión prematura de plétoras donde, por primera vez en los millones de existencias intercaladas que caben una estación, estoy invitado a participar en el carnaval de luces sin preocuparme por nada más, ni siquiera por este moscardón que acertando en su extravío ha tenido la mala gracia de inmolarse contra mi ojo derecho, el que por vicios de la costumbre me relata con mejores deslealtades los pormayores allás del acá.

Cerca del suelo, entre la maleza que apenas puede mirarse de soslayo, las naturalezas de Otto Marseus van Schrieck no se cansan de perseguirse.
 
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