13.6.18

CINEMÁTICA DE LA HECATOMBE

Lincoln Harrison
Una penosa tarea se impuso a todo hombre y un pesado yugo oprime a los hijos de Adán desde el día en que salen del seno de su madre hasta el día en que vuelven a la tierra, madre de todos: sus pensamientos y el temor del corazón y la espera reflexiva del día de la muerte, desde el que glorioso se sienta en el trono hasta el humillado en la tierra y el polvo, desde el que lleva púrpura y corona hasta el que viste groseras pieles, están sujetos a la cólera, la envidia, la turbación, el temor, la ansiedad de la muerte, a las rivalidades y querellas. 
Eclesiástico 40, 1-4

Si los amantes no saben alcanzar la plenitud que representa el arquetipo alquímico del andrógino primigenio, que conserven al menos la pulcritud ética y la elegancia simbólica de rehusar la servidumbre que supone funcionar como instrumentos biológicos aplicados a engendrar nuevos deudores sometidos a las mismas necesidades congénitas, expuestos a ducas no menores y proclives a mimetizar por igual la vanidad que busca remiendo a los complejos y caducidades del propio ser en el espejismo de su linaje sin llegar a entrever, o lo que es peor, sin importarle que la dinámica de la propagación incremente la velocidad de giro que la especie efectúa, sobre un eje demencial, entre la posibilidad de degenerar en la barbarie o de extinguirse mediante la intensificación traumática de su avidez. La historia es el producto, la ectasia, de una pandilla de simios enajenados, y pese a sus desmanes, por inútil que sea tratar de explicárselo al común de abocados a dar bocados, cada uno de estos agitadores del vecindario terrestre, «con sus circunstancias y sin decir nada, me está enseñando la compasión, la más infinita y dulce que se le puede tener a la flor más pequeña y frágil. Ante una situación así, uno comprende que es sumamente importante hacer lo correcto». Son palabras tomadas de una mujer nagual a quien acompaño en la distancia que este homenaje estrecha.  

Evola, en su parvamente estudiada Metafísica del sexo, alarma de la fecundidad humana por «devenir pandemia y pululamiento indefinido en las especies más bajas, hasta aproximarnos al plano donde, con el hermafroditismo de los moluscos y los tuniceros y la partenogénesis de los organismos monocelulares, de los protozoos y de algunos de entre los últimos metazoos, se encuentra, invertido, perdido en el bios ciego e indiferenciado, el mismo principio que está en el inicio de toda la serie descendente». Líneas después aclara que «no son ya los antecedentes del eros humano, sus estadios evolutivos inferiores, los que aquí se nos revelan, sino más bien las formas liminales de su involución y desintegración bajo la forma de impulsos automatizados, demonizados, lanzados en lo ilimitado y en lo insensato». También de su quirúrgica pluma procede la advertencia que anima a «ponerse en guardia contra la idea que presenta como un progreso y un enriquecimiento el paso del amor sexual al amor de matiz principalmente afectivo y social, basado en la vida en común, con el matrimonio, la familia, la procreación y todo lo demás. Existencialmente, no hay en ello un más, sino un menos, una caída intensiva de nivel».

En conclusión, el deseo narcisista de tener prole se aviva cuanto más se desciende en el plano de los recursos mentales, cuanto más ciegamente se entregan las efervescencias que mueven las fuerzas primordiales de la voluntad al fingimiento de un sentido invasivo de la existencia capaz de anular o solapar el vacío que acecha, dondequiera, a quien no ha explorado las dimensiones misteriosas del conocimiento, los luminiscentes estados que las realidades trascendidas ofrecen, en justa correspondencia, a los libámenes del espíritu.

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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