4.1.11

¿TELEPATÍA ONÍRICA O CORTOCIRCUITO?


Sin la aceptación de la fantástica animalidad de nuestra especie, sin el miedo a nuestra esencial capacitación y práctica imaginativa para enfrentar el mundo, nos quedamos reducidos a esclavos de una certeza sonámbula.
Pablo Javier PÉREZ
La voluntad de ilusión

Sé, y lo sé por la experiencia inspirada que acepta creer lo que la crea, que en ocasiones excepcionales fraguadas durante la maraña nocturna de la ensoñación, el hilo transpsíquico que nos anuda colectivamente por lo inconsciente permite al soñador verse trasladado en calidad de huésped a remotas regiones donde otro sujeto, a quien no conoce de nada y que probablemente está despierto, nos recibe sin saberlo como anfitrión. Asistimos a partir de entonces a las actividades del otro, las externas y las mentales, como una presencia fluida de vibrante expectación instalada en la órbita de su identidad; pero aun haciendo lo que él hace y viviéndolo como él lo vive, conservamos en un rastro borroso de simultaneidad o polifonía neural la conciencia de que somos, pese a todo, seres distintos acoplados a un mundo tan nítido e inteligible en el aspecto sensorial como ajeno en el acontecer de sus circunstancias.

Tras un cotejo indeciso de imágenes, Bucz me ha persuadido con Dream about falling down, la heroica representación de una caída del durmiente.

3 comentarios:

  1. Curioso. Justo hoy discutía sobre la posibilidad de diferentes yo que no se producen por una escisión psicótica de una estructura psíquica no conformada; si no que, por contra, suponen la base de cualquier identidad humana, con sus niveles de conciencia y pensamiento-sentimiento propios.
    Lo que explicaría la expresión "engañarse a sí mismo" como una discusión entre diferentes yo en función de quien tome el control.
    Lo que expones tiene más que ver con una especie de parasitosis donde no se toman decisiones (o así lo he entendido) pero es cuestión de darle vueltas al tema.
    En cualquier caso, llamativa la interconxión de pensamientos alternos.

    Bola número 13

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  2. Dices usted de mili, Sr Lynch.
    Este es mi primer comentario en su ilustre bitácora. He de decir que comparto, como ya sabe, su opinión sobre estos temas. Creo firmemente en la telepatía, en la precognición y en la traslación psíquica, tres valores innatos, más o menos desarrollados (más menos que más), en todos los seres vivos (en los seres muertos ignoro su desarrollo).
    En cuanto a la telepatía en los sueños, estoy dispuesto a intentarlo. Es más, esta misma noche lo pondré en practica.
    Cuando nos veamos, usted me dirá el color, que yo incluiré en sus narcosis.

    Un abrazo.

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  3. Elena, extremando tu idea podría hablarse de una verdadera geopolítica de los espacios mentales en la que no faltarían guerras abiertas y estrategias encubiertas de agresión, conflictos fronterizos, movimientos migratorios de contenidos, espionaje, banderas falsas e intercambios amistosos en periodos de tranquilidad. Lo más confuso es que cada facción contaría, tal como indicas, con sus propios niveles de conciencia; y lo que es peor, que cada una estaría empeñada en imponer al sujeto su particular visión biográfica.
    En cuanto a la "especie de parasitosis" (muy elocuente), intruso o no, lo cierto es que la aparición de esta clase de sueños anómalos se alterna, desde que tengo recuerdo, con etapas en las que predomina otro fenómeno categorizado médicamente como trastorno, la parálisis del sueño. Puede que ambos constituyan diferentes modos, el activo y el pasivo, de acceder a un mismo de canal...

    Charly, bienvenido. Agradezco tanto la amabilidad de tus palabras como la franqueza, no exenta de humor, en declarar tu postura acerca de esos tres polémicos "valores", como tú los llamas, y de forma bastante reveladora, por cierto, pues insinuado queda que más que atributos por sí mismos dependen para serlo de la interpretación positiva que se haga de ellos, es decir, que su estatuto de realidad implica o exige un acto de fe, lo que quizá sea demasiado para mí, aunque me vale siempre que empuje la imaginación hacia insólitas asociaciones y contribuya a definir la musculatura de nuestros artificios cognitivos. No sé si me gustaría creer firmemente en algo que no me haga latir el corazón con violencia, pero a fuerza de practicar un realismo feroz me he convertido casi en un idealista absoluto: dudaré siempre del testimonio de mis sentidos antes que admitir la existencia literal del hecho que perciben.

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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