13.1.11

DEL DULCE ALIENTO DE LA PERFIDIA


Aunque pudiera cambiar del modo que yo esperaba, el mundo perdía todo su atractivo en el mismo momento del cambio.
Yukio MISHIMA
El sol y el acero

No hay progreso histórico, solo circunvoluciones de apariencia temporal que dispondrían de una excelente alegoría anatómica en el ovillo de nuestro cerebro de no prevalecer sobre el mismo el oscuro oficio de nuestras tripas: la afición al excremento ensucia la aurora y tiñe el ocaso de todas las fórmulas de convivencia ensayadas como un rastro de miseria que nos acompaña indeleble a cada instante.

Permanentemente abierto al azote gélido de la desgana, la fortaleza del animal humano reside, por sorpresa para algunos, en la intrínseca propensión a la crueldad de su naturaleza, que es la chispa de su genio y la brasa de su tormento hasta un grado tan persistente, que podríamos asegurar sin temor a exagerar que nuestra tenacidad como especie se debe, generación tras generación, al afán de perfeccionar la ciencia de jodernos los unos a los otros, y nuestra perseverancia como individuos al pendenciero talento para destruir desde dentro lo que creemos ser ante la incapacidad de realizarnos.

Con la arborescente y apocada criatura Inminofurica II, os animo a visitar el portafolio de Giorgia Napoletano.

2 comentarios:

  1. Aunque no comulgo con la idea general de la nota, reconozco que me gusta el estilo (en ocasiones espeso hasta ser difícil de deglutir) e incluso el tono, cuidadosamente trágico, a menudo más revelador que el fondo. Y me complace comprobar una vez más que compartimos unas cuantas lecturas. A ese inaudito ¿ensayo? de Mishima, a quien considero poco menos que un maestro espiritual, le dediqué hace no demasiado una reseña en uno de mis blogs con motivo de su ansiada reedición.

    Salud.

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  2. En los mejores momentos, cuando lo expresado y lo inexpresable parecen redondearse en un intercambio mutuo, el tono coincide con el fondo. Al escribir, a pesar de que una parte la encomiendo a mi daimon, trato de plasmar esa energía hurtada a la conjunción de los opuestos...

    Había pasado por alto tu reseña del ensayo del señor Hiraoka, así que has hecho bien en tender un puente. Creo que Mishima, junto a Jünger, Evola y Cioran, forman una constelación molesta pero muy oportuna de autores que comparten la lucidez de su desprecio por el hombre como producto de una civilización exangüe.

    Agradezco tus palabras, ya sabes que tu juicio es un referente a este lado del precipicio.

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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