2.1.10

BIEN ME LUCE, SIN SER ARTE, OFENDER AL IDIOTA


¡Qué harto estoy de escuchar en tantos labios la coletilla inabordable «todas las opiniones son dignas de respeto»! A las personas se les concede o se les niega el respeto; a las ideas, les basta con aprobación o rechazo, pues convienen o no según los gustos e intereses particulares. Las opiniones, incluso cuando se enquistan dando lugar a creencias, no deben ser confundidas con sujetos de derecho: solo son objetos para ser probados, usados y finalmente desechados por el intelecto; carecen de la cualidad que hace merecedor de respeto a un individuo y su valor, cuando lo tienen, transcurre en una categoría similar a la que se le asigna a un determinado color, aroma o sabor. ¿No sonaría ridículo afirmar que «el color rojo merece la misma deferencia que el azul»? ¿Sobreviviríamos al bochorno si declarásemos en público con evidentes signos de indignación que «el sabor salado insulta al agrio con su arrogante falta de consideración»? Por cautela y buen tiento con uno mismo, piénsese con detenimiento una expresión antes de adoptarla; y piénsese, sobre todo, sin temor a perderle el respeto a quien se identifica con ella hasta el punto de sentirse ofendido por las críticas, pues se lo perdió a sí mismo en el momento que se tuvo por cosa más que por persona.

La imagen ofrece un recorte del plano principal de Moon, una fotografía realizada, o subida a la red, por Hayatkhan.

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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