14.7.09

TRIBULACIÓN


No encuentro mejor proyecto de ser que intervenir en calidad de personaje en la trama de la vida al objeto de inspirar la construcción de un autor que sobreviva gracias a su tramposo nacimiento y laberíntico linaje. Supongo que esta pretensión recuerda a su antojo el modo de reproducción basado en la partenogénesis y obedece a una artimaña narcisista, a un anhelo de redención metafórica que debería tener muy superado (pues he vivido a fondo la transfiguración de la conciencia en el fractal del instante), pero que me tienta como al casto la fantasía de explorar otros cuerpos... ¿acaso pueden eludirse los atractivos de su mera evocación? Ni siquiera el Agudo Bigotudo pudo renunciar a las utopías implícitas en la adusta visión de la voluntad de poder que circula por el eterno retorno. Quizá tuvo miedo de exponerse demasiado a la vacuidad del misterio; o quizá lo hizo y quiso engañar las consecuencias de lo que allí vio. No en vano, todos somos huérfanos de Dios y, con mayor patetismo si cabe, de nosotros mismos. El ego constituye nuestro último ídolo, es el más ciego tótem de cuantos hemos concebido (no parece haber nada allende sus dominios) y, como nudo de nudos, también es el primero en resistirse a aceptar un desenlace revelador que exhorte al ocaso de las pantomimas. Tanto es así, que el autogenerado relato de mi odisea vital según el modelo insinuado en las líneas iniciales no dejaría de ser un delirio de grandeza planteado para salvar lo que fatalmente tiende a volverse irrecuperable en el sumidero de su inmensa pequeñez: la identidad. Sea como fuere, ¿quién soy yo para saber? ¿qué sé yo para ser?

Permití a Gustave Doré recrear mis artes de mistagogo en la agitada sinfonía de grises La danse du sabbat.

1 comentario:

  1. COn el ultimo arcano, si no una megapartenogenesis, pasaremos a ser un billon de billones de orbes, que a su vez se desmembraran en infinitos haces por eones...

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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