13.11.07

PUNTO POR PUNTO

James Tissot, Faust et Margarite dans le jardin
Por el beso culpable de una santa, aceptaría yo la peste como una bendición.
Emil CIORAN
De lágrimas y de santos 

Aún hoy, en el subcontinente indio y el sudeste asiático muchas féminas emplean un punto de color bermellón en el centro de la frente, conocido como bindi (del sánscrito bindu, mota), justo en el lugar donde se localiza el mítico tercer ojo y la tradición hindú sitúa el sexto chakra o agñá, sede humana de la sabiduría vinculada a Shambhú, una de las seis caras del dios Shiva, el Danzante Cósmico.

El bindi, cuyas variaciones regionales de composición y tonalidad cromática son notables, también es usado a nivel mundano (suponiendo que pueda extrapolarse de forma cabal una división propia de la mentalidad occidental a una cultura tan imbuida de metafísica), principalmente para hacer ostensible el compromiso de la esposa con el marido, en menor medida para obtener un realce cosmético del rostro y por último, según sospecho, para disuadir a los machos de aproximarse armados con ciertas proposiciones. Mientras escribo estas líneas, pienso que tampoco sería descabellada la aplicación de un bindi con sustancias psicoactivas, a lo Jimi Hendrix con la cinta del pelo impregnada de LSD según cuenta la leyenda, o bien con algún otro preparado químico de utilidad terapéutica.

En esta sociedad de la felicidad proclamada y la tristeza medicada, acosada como está por una obsesión constante por el éxito que incuba en ella inseguridades que estallan por todo y por nada, sus peregrinos se condenan de antemano a encontrarse abismados por doquier ante la perspectiva del fracaso. Para que la satisfacción de los sentidos sea menos angustiosa, a propósito del bindi mi idea es animar a varones y hembras de cualquier edad, orientación sexual, estado civil y categoría social, a emplearlo en el ocio nocturno en función de un código de colores que, además de propiciar el encuentro de afinidades entre desconocidos, ahorraría innumerables desencuentros y vergonzosos malentendidos a esas horas en que todos los gatos parecen pardos:

— Punto verde: heterosexual disponible para aventura.
— Punto rosa: homosexual disponible para aventura.
— Punto violeta: bisexual disponible para aventura.
— Punto amarillo: heterosexual en busca de pareja.
— Punto naranja: homosexual en busca de pareja.
— Punto rojo: bisexual en busca de pareja.
— Punto negro: persona no disponible para ninguna clase de contacto íntimo.
— Punto blanco: persona interesada en conversar de modo amigable.

Un momento: ¿qué pasa con los daltónicos? ¡Ay, pobres!

15.10.07

SUJETO Y PREDICADO

Andy Goldswhorty
El mundo es una variable de variables que se comporta según el agente que participe en su misterio, de manera que para unos la voluntad es un poder, la forma suprema de manifestar el querer, mientras que para otros supone una carga, la condena inexorable que debe ser cumplida día tras día como un calvario recurrente. La ironía reside en que ambos, a pesar de todos sus esfuerzos, puede que sólo estén representando los designios de un sueño envuelto en inaprensibles capas de sueños mayores, pues en ninguno de los roles pasan de estar profundamente dormidos, lejanamente despiertos.

29.9.07

DESALMADO

Tengo un gran corazón. Un rugiente corazón vacío lleno de ausencias; un corazón nevera sin sentimientos. A menudo soy tomado por bueno, ya que en mí no se incuban la ambición, la ira ni el rencor; otras, se me juzga malvado, pues tampoco dispongo de un lugar honorífico para el cariño, la empatía o la devoción. Las virtudes varían según quien las siga, los vicios en función de quien los persiga, pero en ambos casos sólo hay crímenes y recompensas de ficción, mucho autoengaño social, instintos malbaratados o baraturas de la razón.

Comprendo lo que es una pasión; lo entiendo tan bien como el cirujano que se mide con el tumor o el actor con el guión que le proponen. ¿Cinismo? Cierto que en este mundo donde todo vale el cinismo está de moda y resulta más fácil acomodarse a un desinflado nada sirve que poner el punto final al epitafio de Narciso. Al hombre sabio, sin embargo, todo le sirve; incluso lo más tosco, molesto y perjudicial pueden convertirse en la materia prima de una lección magistral. Mi cinismo, de haberlo, consiste en haber descubierto una fuente propia de sabiduría que mana donde se arranca de cuajo el timón resbaladizo del corazón. Mi lección, en haber olvidado las inercias humanas del afecto, el papel desmedido (acaso innumerables veces fingido) de la emoción.

Las emociones pasan a través de mí sin que ninguna se detenga: saben que soy un suelo estéril donde no podrán crecer y echar raíces. Cuando se vive de esta manera, cualquier acontecimiento implica el hallazgo afortunado de una victoria y la menor ocasión una permanente derrota anestesiada sobre la que algún inoportuno siempre recordará lo que nunca he pretendido negar:

Desalmado, tú no tienes corazón.
 
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