29.9.07

DESALMADO

Tengo un gran corazón. Un rugiente corazón vacío lleno de ausencias; un corazón nevera sin sentimientos. A menudo soy tomado por bueno, ya que en mí no se incuban la ambición, la ira ni el rencor; otras, se me juzga malvado, pues tampoco dispongo de un lugar honorífico para el cariño, la empatía o la devoción. Las virtudes varían según quien las siga, los vicios en función de quien los persiga, pero en ambos casos sólo hay crímenes y recompensas de ficción, mucho autoengaño social, instintos malbaratados o baraturas de la razón.

Comprendo lo que es una pasión; lo entiendo tan bien como el cirujano que se mide con el tumor o el actor con el guión que le proponen. ¿Cinismo? Cierto que en este mundo donde todo vale el cinismo está de moda y resulta más fácil acomodarse a un desinflado nada sirve que poner el punto final al epitafio de Narciso. Al hombre sabio, sin embargo, todo le sirve; incluso lo más tosco, molesto y perjudicial pueden convertirse en la materia prima de una lección magistral. Mi cinismo, de haberlo, consiste en haber descubierto una fuente propia de sabiduría que mana donde se arranca de cuajo el timón resbaladizo del corazón. Mi lección, en haber olvidado las inercias humanas del afecto, el papel desmedido (acaso innumerables veces fingido) de la emoción.

Las emociones pasan a través de mí sin que ninguna se detenga: saben que soy un suelo estéril donde no podrán crecer y echar raíces. Cuando se vive de esta manera, cualquier acontecimiento implica el hallazgo afortunado de una victoria y la menor ocasión una permanente derrota anestesiada sobre la que algún inoportuno siempre recordará lo que nunca he pretendido negar:

Desalmado, tú no tienes corazón.

1 comentario:

  1. Es lo más reciente que he leido en tu blog.

    Creo que no se trata de un desierto impávido, si no de un sofisticado jardín sensible.

    El tono de tus tres últimas entradas delata que hay vida por aqui.

    Abrazos.

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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