26.8.18

CLAMORES EN EL DESIERTO

Evelyn de Morgan, The Angel with the Serpent
La vida salvaje está dentro de nosotros y a nuestro alrededor. La batalla por contenerla y controlarla es la labor constante de la civilización. Cuando se pierde esa pelea y las tierras quedan desiertas, la vida salvaje persiste.
ANÓNIMO
Desierto. Manifiesto postecologista

1

Entender lo que uno quiere es cesar de querer. 

2

No sin caro tributo entrega la sabiduría su magna visión al hombre. 

3

La vida nos ha hecho de forma causal y no de otro modo debemos responder a sus intemperancias, con actitud siempre distante, eventual, desapegada, la única que hace digno al que ha sido forzado a ocupar la cruz donde lo han parido.

4

El servilismo de las convicciones no es problema para el que no piensa.

5

En el reino de las ideas, la certeza brilla en razón de la ignorancia de sus súbditos.

6

El mundo se mueve tan deprisa que no tiene tiempo de pararse a pensar en la naturaleza muerta de su existencia.

7

Cualquier estupidez es posible en nombre del progreso y ningún progreso deja de ser desdeñable cuando lo suscribe la estupidez.

8

Tal vez la rotación del planeta que con tanta ligereza consideramos nuestro se acelere con la urgencia de sacudirse la piojera que con tanto orgullo llamamos humanos.

9

Reaccionario es el que observa con ironía el porvenir de sus contemporáneos, pero el que observa con ironía a sus semejantes de cualquier tiempo y lugar, ese antes que nada es inteligente.

10

Lo primero en globalizarse ha sido el embrutecimiento y todo indica que será, también, lo último en extinguirse.

11

Imponer una buena norma y transgredirla forman un palíndromo.

12

Las libertades civiles —concediendo a la expresión un valor exento de oxímoron—, más que estar garantizadas por el ordenamiento jurídico no son sino las que escapan por las rendijas de la ley.

13

Nada cansa más que la verdad y nada es más necesario que cansarse entre las agitaciones de la falacia triunfante.

14

Por suave que sea la marcha a bordo de un turismo, los caminos siempre crujen bajo las ruedas.

15

Cuando la civilización se empecina en el agravamiento de los problemas que sus conquistas han generado, la manera correcta de abordarlos ha de ser tan radical como abortarlos.

16

Ninguna civilización supuso una solución para los pueblos, excepto para los que fueron finiquitados por su avance.

17

No erraríamos diciendo de la Tierra que alberga un zoológico de diablos panglosianos y un teatro para las operaciones divinas aquende el non plus ultra de su cercado gravitatorio.

18

Aunque la verdad pueda florecer en los extremos, la sabiduría se halla solo en el centro.

19

¿Qué amor se le puede profesar a la vida cuando se ha cohabitado con ella lo suficiente?

20

Una vez se comprende que nada es fortuito en ninguna parte, la relación con la totalidad desde la parcialidad recobra el centro sutil que el corriente uso de la vida había desplazado a la periferia de la cognición. Lo individual y lo universal copulan en el agujero negro que enhebra cada ser.

21

La generosidad transforma en sabio al guerrero que desarma al enemigo no para atacarlo, sino para descargarlo de su necesidad de agredir.

22

Un león no persigue hormigas.

23

A mayor fortaleza mental, menor poder irradian las apariencias. Quien busque el saber, ha de apartarse de las ocasiones que apelan al derramamiento de pasiones y arraigar en la derrota por la nada que en todo somos. Llega un momento en el peregrinaje del alma a partir del cual debe deponer sus armas frente al inabarcable batallón de la realidad o renunciar definitivamente a la trinchera de la piel.

24

Hay gente que hasta durmiendo se aferra al exiguo acorazado de su ego, pero el yo ha de morir cuando le pide paso la plenitud que en vano querría contener con su panoplia de cochambres.

25

Evacúense todos los pronombres que la mímesis cultural pretende indispensables para entendernos; juguemos a destramar todo lo que la sociedad exige que juremos contra nuestras conjugaciones.

26

Aceptar como parte de la normalidad que los justos sigan pagando por los pecadores es hacerse cofrade del averno.

27

Una vida que no se siente interpelada por el mal que a otros daña, vida es de piraña.

28

Las calotopías, los lugares donde vida y belleza son equivalentes, solo existen en la imaginación de los mejores, es decir, de aquellos que saben soñar despiertos sin necesidad de pasar a la acción. Trasladada al mundo de los actos, las calotopías devienen cacotopías.

29

Conocedor de la visión, el clarividente se aleja de los posesos que se sienten depositarios de una misión. He ahí la diferencia de nivel entre el visionario y el misionero.

30

El gusto por el caos ha producido más anarquistas que el amor a la autonomía, la envidia enconada más comunistas que el amor a la justicia y la avaricia en rapto de compulsión más emprendedores que el amor a la prosperidad.

31

Ni la justicia ni la dicha se imponen. Esto lo sabe el sabio y a sabiendas lo ignora el legislador.

32

Las lucha entre clases sociales apenas tiene importancia histórica en comparación con la lucha entre clases de conciencia.

33

Ninguna revolución, al igual que ninguna cruzada, hubiera sido posible sin verdugos, esbirros y delatores; sin el manido, malhadado y sanguinario recurso de poner a su servicio a la gente más abyecta. Antes que dejarse deslumbrar por los reclamos utópicos, es imprescindible dirigir el foco hacia la repugnante colaboración de la chusma con el ideal para conocer sobre el terreno lo que deben las epopeyas a las jaurías.

34

La creencia en un ideal —que puede ser tan banal como la celebridad o tan etéreo como la salvación del alma— está consagrada a una doble finalidad: la de ser lo que uno no es y la de no ser lo que uno es. Espoleada a cada instante por el miedo a estar a solas, corre el idealista en dirección opuesta al precipicio sobre el que ha construido su identidad sin reparar en el atolladero hacia el que dirige su carrera.

35

Presentar como una amenaza para la convivencia la rendición de cuentas que cualquier víctima de un acto de violencia merece es aún más deplorable que llenar de lapos la cara de un interfecto invocando el amor al prójimo.

36

Creer que en las confrontaciones de índole social el espíritu de reconciliación debe primar sobre la necesidad de reparación es equiparable, en esencia, a pedirle a una mujer ultrajada que bendiga a su agresor, le ceda sus bienes y calle para siempre después.

37

El Estado que afirma ser «de derecho» tiene la ineludible responsabilidad de esclarecer la verdad sobre su pasado y la perentoria obligación de responder a las víctimas de su historia reciente. Cuando un Estado incumple estos mínimos, su legitimidad no solo se vuelve cuestionable sino peligrosa para todos los discrepantes de la versión amputada de país que los victoriosos reductores de cabezas proclaman echando toneladas de amnesia sobre los que mordieron el polvo.

38

Pasar la página de la verdad histórica sin haberla leído no es distinto de condenar a muerte a los testigos de un crimen antes de que aporten pruebas.

39

La historia siempre expía en el futuro los secretos que no confía al presente.

40

Parafraseando al filósofo autodidacto Esteban Hernández, una de cuyas máximas invita a «dejar que el otro ocurra», siento más apropiado dejar que el otro escurra.

41

¿Qué fue de la razón y de sus sueños? Lo consabido, que el sueño de los monstruos produce bebés.

42

Las lágrimas del ser tienen rostro de recién nacido entre los mamoneos de los crecidos.

43

Pocos gestos he presenciado tan obscenos como la efusividad de los puercos festejando a los lechones que repueblan la pocilga.

44

El Demonio los crea y ellos procrean. Ruge la idiocracia a la vuelta de la esquina, y aunque todavía siga habiendo excepciones de preclara inteligencia y sensibilidad entre las camadas aventadas por progenitores lelos e irresponsables, con la mayor probabilidad sus hijos no se convertirán en las nuevas reliquias evolutivas de las ramas genéticas sin continuidad.

45

Tan dudoso es que existan eslabones perdidos en la evolución humana como ciertas son las cadenas rotas por los ejemplares que se niegan a colaborar con la perpetuación de una especie que se humilla a medida que prolifera.

46

Quien condena a la madre por no salvar al feto toma sus argumentos de Pichote, que según cuenta el proverbio vendió el coche para comprar carburante.

47

La única excusa de la perfección es que no está emparentada con las cosas reales.

48

Aceptar la imperfección manifiesta de la vida sin facilitarle medios que la agiganten es la forma menos imperfecta que el viviente puede darse a sí misma.

49

Hay buen hacer en dejar hacer, pero el mejor hacer es dejar de hacer.

50

Aun gozando —¡todavía!— de la complicidad de la mayoría social, la actitud natalista pocas veces deja traslucir mejor la inconsistencia de sus motivaciones que cuando algún prolífico engendrador, al ser confrontado con los argumentos del reacio a procrear, se complace a faz vista haciendo uso de un desdén que parece a punto de proclamar: «Si fueras tan estupendo como yo, entenderías que no hacen falta otras razones para tener hijos».

51

En un planeta superpoblado que cuenta con técnicas eficientes de autocontrol de la natalidad cada nacimiento debería ser explicado en vez de servir de explicación para cerrar el debate sobre una obstinación de consecuencias criminales que no solo perjudica al ser impelido a nacer en cuanto lo expone a las truculencias de la vida y las iniquidades de la sociedad, sino que añade otro depredador a la devastación generalizada.

52

La mística ocurre sin necesidad del hombre, la estética sin embargo incita a la criatura a cortejar lo creado. Un cortejo que debe confiarse a la creatividad y desconfiar totalmente de la fertilidad. O hacemos obra del espíritu, o nos condenamos a seguir engrosando la putrefacción de la carne.

53

A ningún mandatario le importa que el mundo esté hecho un desastre mientras ruede, y a ningún subordinado que el desastre sea imparable mientras haya mandatarios a quienes inculpar por todo lo que no rueda.

54

Tener que animarse a vivir como si la existencia fuese otra, un amable vergel de alborozos en vez de una cripta donde apenas llega la luz, socava las razones que pudieran acreditarla y deja innecesariamente averiada cualquier excusa moral que se le pueda atribuir.

55

Uno es lo que contempla y cómo se contempla en lo contemplado.

56

Sonrisa franca es firma de veras.

57

Desparramado en sus narcisismos anda el mundo exterior porque ansía más de lo mismo y hundiéndose en sus tinieblas el mundo interior se ahoga por menos de lo mismo.

58

De igual forma que la cara de uno es el espejo donde otras almas se miran, la mendicidad refleja aisladamente el feo semblante de la mendacidad social.

59

Más bello parece el amor perdido que el amor hallado, y más que bello haber amado sin haber sido tomado.

Henry Fuseli, Titania and Bottom

60

Formas perdidas de existencia son las palabras; formas no pedidas a las que el escritor concede la oportunidad de explicarse.

61

¡Qué augustos florecen los campos sembrados de militares!

62

Entiéndase la libertad de los demás no como un límite para la propia, sino como una raíz compartida. La única demostración posible de la libertad es hacer servicio de ella, por eso toda exigencia previa de sentido, pertinencia o rendimiento equivale a un arresto preventivo. ¿Acaso sería razonable pedirle a cada humano, solo por tener algún conato de racionalidad, que aporte una prueba teórica de la existencia del oxígeno para poder respirar?

63

Refinados utensilios y costumbres brutales han conferido al capitalismo un método cuya eficacia no hubiera llegado muy lejos sin el ímpetu demoníaco que, al menos desde la venta masiva de indulgencias en el seno de la Iglesia Católica, afianzó la creencia de que no solo los bienes terrenales, sino también los celestes, podían comprarse con metal.

64

El grado de dificultad no sirve como baremo de calidad de una obra. Es tan difícil hacer las cosas perfectamente bien como perfectamente mal.

65

Los primeros y más eminentes científicos fueron nuestros ancestros de la Edad de Piedra. Con ellos la especie humana expresó sus mejores dotes para explorar, recolectar, probar, ensayar, descifrar, conceptuar y, en una palabra, investigar, acudiendo siempre directamente a las fuentes del conocimiento sin otro laboratorio que uno mismo.

66

En Oriente el mismo concepto de individualidad ha sido siempre borroso e insignificante. En Occidente, por contra, tal vez lo insignificante y borroso haya sido el concepto de alteridad, de que otro mundo es, además de posible, palpable.

67

Ora por el hábito moroso del desconocimiento, ora por el temor a descubrir verdades incómodas, descubrimos similitudes donde solo hay particularidades.

68

De nubes arriba, ficción; de suelas abajo, confusión.

69

Nunca hay que dejar de ver en un dios fuerte al pueblo débil que lo engendró. Craso error sería, y  error favorable sobre todo a la debilidad mental, entenderlo al revés, como si hubiera una coincidencia entre ambos y no su proyección invertida. Un dios omnipotente que exige la sumisión absoluta de sus fieles es el perfecto reflejo de las aspiraciones de una plebe impotente para rebelarse contra una clase que ha hecho de la religión el aval de sus ambiciones infinitas.

70

¿Es plausible que un hombre abandone a la mujer y el churumbel que forman su familia porque empecen su desarrollo espiritual? Permitidme un solo disparo ad hominem: eso es lo que hizo Buda y sus acólitos aún lo tienen por dechado. Ni siquiera hace falta afilar el sentido crítico contra la doctrina budista para percibir la doble bajeza que supone concebir adrede un hijo para desentenderse de él a continuación. Si la realidad material estorba, ¿por qué fecundarla? Si la nada tira del alma, ¿a cuento de qué enredarla con parentescos evitables? Si uno busca la extinción de la duhkha que define la existencia, ¿qué interés lo lleva a echar simiente en la condición humana? Y por último, ¿cómo puede haber ascenso espiritual en ausencia de cimientos éticos que lo soporten?

71

Ser prominente no es lo mismo que ser predominante: mientras que el primero tiene por fatalidad ser machacado por descollar sobre la media, al segundo lo ensalzan desde abajo para que cuide de que nadie descabale el denominador común.

72

Sin contar horas ni minutos, cuenta el mejor reloj con dos puntuales agujas: la del hambre y la del sueño.

73

«El sexo es aburrido», declaró Foucault. Olvidó mencionar que aburrirse es un arte cuando no es vital reproducirlo.

74

La ciudad es al hombre lo que el aprisco al rebaño. Masificados, atolondrados entre la instantaneidad de las comunicaciones y la frustración perpetua de sus deseos, siempre juntos pero siempre solos, se distribuyen nuestros contemporáneos el cociente de la urbanización en la vida íntima. Las turbulencias y pesares del deforestado paisaje mental encuentran hoy en el reino tecnológico del consumo, como antaño en el reino teológico de la conformidad, adulterados consuelos sobre los que apagar los últimos rescoldos de entereza que pudieran quedarle en reserva a la bestia espiritual, nudo entre lo astronómico y lo microscópico, que es el humano; mermadas reservas después de la bacanal de destrucción que Klaus Mann, el más agudo retoño del autor de La montaña mágica, logró resumir con un descriptivo tono maniqueo: «Cámaras de gas y grandes explosivos, propaganda venenosa y explotación organizada, los atropellos de los regímenes totalitarios y el diabólico mal gusto del entretenimiento comercial, el cinismo de las camarillas gobernantes y la estupidez de las confundidas masas, el culto a los asesinos de alto rango y las máquinas de hacer dinero, el triunfo de la vulgaridad y el fanatismo, el terror de la ignorancia; son las armas y métodos que usa el Maligno. Con ellos pretende subyugar a la raza humana».

75

Civilización significa por encima de todo control, y el gobierno representativo, concebido en un principio para atenuar las cabildadas consustanciales al control ejercido por el poder político, dota en la práctica de un fantasioso sistema de pretextos simbólicos al despotismo subyacente, como el cebo pocho de la soberanía popular que ya no es posible denunciar sin desmontar al mismo tiempo el cepo de la representación civil. Es cómodo pensar que uno cuenta con menos opciones de las que en realidad tiene porque la libertad implica asumir mayores riesgos e incertidumbres: ahí está el quid del éxito que aún ostentan los sistemas de representación política a pesar del descrédito abonado por la clase que la ejerce.

76

Toda casa que no tenga una salida por el tejado solo es otro módulo de la granja mundial.

77

Considerar como un privilegio el acceso a necesidades superfluas es lo que hace el buldócer de la mentalidad moderna con el bosque de lo verdadero.

78

Hoy el magnicidio consistiría en dinamitar la visión economicista que ha abierto una franquicia en cada consumidor.

79

Lo que fue no es admirable porque ya no sea, sino por todo lo que nunca hubiera podido ser.

80

La vulgaridad vigente no es padecida por el vil como un allanamiento, sino celebrada como una patria.

81

La nitidez visionaria desenfoca a la inteligencia domesticada.

82

Se siente con la raíz y se piensa con el féretro.

83

No existe un estado de vigilia común, ni siquiera una sobriedad idéntica hora tras hora para cada mente. La alucinación consuetudinaria divulgada como normalidad es a efectos psicológicos el resultado de combinar las construcción social con las delicadas y continuas interacciones que median entre las más diversas variables orgánicas, desde la alimentación al funcionamiento del sistema inmune. Cabe, con todo, hacer una salvedad referida al estado anímico basal de los humanos cuando son conscientes de la precariedad insoslayable de su existencia: el tedio. Nada hay, nada, que pueda redimirnos de reescribir hartazgos en el palimpsesto de nuestras limitaciones, de rebotar en la sordidez de nuestro deterioro y de ratificar la consunción de nuestras facultades. Somos zarandeados hasta el estupor por la imbecilidad que el deseo nos impone de moda porque quisiéramos metamorfosear nuestro talante, evadir la mismidad de nuestras entrañas, huir del uniforme de paria que en cada bocanada de aire la patrona de las edades nos confecciona con el sarro hediondo de su carcajada. Fugarse de la cárcel de los estados comúnmente testados y rondar el desacato a la prescipción de existir no son por defecto en reacciones propias de una disposición patológica pese a que así las desestime el aquejado de docilidad desde su encarrilado apocamiento en los roles que le ha tocado representar.

84

La exploración que no abre vías hacia un mayor conocimiento de sí solo es un paso previo a la explotación de otro escenario bajo las mismas nociones de lo que debe ser la naturaleza y de lo que no debe ser el alma.

85

Desde la Revolución Neolítica, génesis descalabrante de la historia, todos los esfuerzos grupales han sido empeñados a demostrar que nuestra especie podía ir más lejos de lo que ninguna pesadilla soñó.

86

La esclavitud nunca fue abolida, tan solo fue parcelada dentro de la jornada laboral y regulada en algunas de sus secuelas. Quien pueda mantenerse sin necesidad de trabajar, que lo haga sin pesar: es una de las pocas cosas que sacará en limpio de esta cloaca social.

87

Los discursos del orador político y los sermones del pastor parroquial tienen en común su destreza impremeditada para poner en ridículo los valores que pretenden ensalzar.

88

Una vez aceptada no como zona franca abierta a la amistad, y atendida con un gusto de exigencia conciliable con las riquezas protegidas del desenfreno monetizador, la soledad deviene afición adictiva pero ideal: fértil en dones y parca en lesiones.

89

Rara vez deja la popularidad de deslucir al autor de mérito y aún más extraño es que la obra aclamada sobreviva a la erosión de los aplausos.

90

El texto, por amplios conocimientos que pueda deparar, nunca sustituirá a la experiencia directa que constituye la matriz de las concepciones a las que debe el saber teórico la intensidad de sus razones.

91

En cada definición el tribunal supremo de la cultura delibera para decidir el destino de la palabra.

92

El escritor y el lector se solapan en un territorio fronterizo donde tiene lugar un acontecimiento de intertextualidad ontológica: el lector construye su mundo con la diversa experiencia que halla en lo escrito y el escritor se libera del mundo a medida que lo hace legible.

93

Una ciencia que trabaja con herramientas propias de un forense y define su campo de estudio como un producto exclusivo de la materia necesita eliminar el alma de sus ecuaciones para que sus principios adquieran carta de objetividad. Como si las racionalizaciones derivadas de ese enfoque compusieran la única metonimia real que pudiera dilucidar la inteligencia, quien comulga con sus fantasmagorías quizá no sospeche que la consecuencia lógica de la imagen atómica del universo nos sentencia a errar en un mundo apto solamente para el esplendor técnico de las máquinas.

94

Aun siendo inasequible a las demostraciones científicas, es imposible dudar de la existencia del alma cuando se observa en acción a los desalmados que mueven el mundo.

95

Los poetas más inspirados, que son a todas luces los más inspiradores, nos hablan de cómo son realmente las cosas, mientras que los científicos más aplicados, incluso si mantienen una relación coherente con la naturaleza, solo se acercan a describir cómo son exactamente esas cosas. La literariedad es habitable, la literalidad, en cambio, deporta el alma humana a los hornos crematorios donde lo inmensurable es reducido a cenizas junto con los caudales subjetivos de la experiencia. Si el conocimiento exacto de los fenómenos exige a los organismos reducir su valor existencial a la categoría de órganos y aparatos; si este supuesto estudio de la naturaleza desprecia la polisémica indeterminación de la complejidad en favor de los contornos de un mundo limitado a moverse entre masas, tejidos, reacciones químicas e información genética, ¿no será en tal caso más liberador abrazarse ilustremente a la incuria?

96

No menos importante que la experiencia es la reflexión sobre la experiencia, y tan valiosa como ambas la imaginación que las completa.

97

Renunciar a la subjetividad no proporciona ninguna objetividad. Desprovista de comprobación subjetiva, cualquier explicación objetivadora se convierte en un artefacto quimérico.

98

Los límites de la ciencia nunca han coincidido con los límites de la verdad. Si la ciencia desatiende el estudio de algunos hechos por considerarlos demasiado ambiguos e ininteligibles sucede porque ante los verdaderos desafíos del conocimiento el hermetismo metodológico procura más ventajas parciales en otros campos, además de menos conflictos de intereses con las organizaciones que patrocinan la explotación material de la realidad.

99

Aún es crío el varón que no ha lidiado con la pérdida de la virilidad.

100

Cuanto más grande es la máscara, más desnudo está quien la porta.

101

Deberíamos redefinir algunas palabras al tenor de la psicología que siguen nuestros coetáneos en sus aconteceres. «Monstruo» sería, por lo tanto, el incapaz de aceptar la verdad que esconde su antifaz.

102

Aunque a pocos no abone su amargura la dicha que a otros toca, un alma noble respira mejor sabiendo que ni la felicidad puede ser racionada, ni el paraíso tomado por asalto.

103

No es la pobreza un eximente de la conducta respetuosa hacia los demás. Al contrario, el miserable moral que busca atenuantes en la estrechez material no es por ello la mitad de malo, sino el doble de ruin.

104

Pensemos en lo peor en previsión de lo que sucederá si solo pensamos en lo mejor.

105

Exacerbada en la civilización occidental como en ninguna otra está la necesidad de participar en un movimiento, de enrolarse en un proyecto colectivo, de participar en algún género de actividad —o remedo de ocupación significativa— que proporcione un sentido tribal de pertenencia o tapone la inescrutable sima de la soledad. Esta gusanera grupal, desprovista de diálogo porque no se basa en la búsqueda de contrastes creativos con el otro sino en el refuerzo coral de sus elementos identificadores, funciona como un dopante del sedentarismo mental que rige la existencia de la mayoría de la población. Ahora bien, ¿qué sería de un orbe con siete mil millones de almas moribundas si le faltaran los simulacros de anclaje que alcanzan su máxima expansión en las redes sociales, orquestadas a tal fin como el más eficiente campo de concentración que la humanidad ha conocido?

106

Hasta hace solo unas décadas las tiranías hacían callar las voces divergentes, en cambio las actuales dependen para subsistir de las tecnologías que a todos hacen hablar de más. Si ayer lo sospechoso era expresarse libremente, nada es más inculpatorio hoy que desconectarse de las omnipresentes redes de comunicación. De una u otra forma, el que dicta las reglas necesita espiar a quien las debe cumplir.

107

La música es para seguirla, los pensamientos para no seguir.

108

También tienen derecho a voz las sombras y a dar sentido con ella a la bípeda llaga que las proyecta.

109

Tan lueñe ha llegado el humano en su arrogancia, que incapaz de merecer la bienaventuranza del cielo que él mismo concibió a modo de edén recobrado, e inútil asimismo para crear una versión interior del empíreo donde sublimar el anhelo de redimirse, ha invertido los esfuerzos de su industria en dominar el espacio aéreo hasta dejarlo hecho una porquería. Ese diminuto cielo, despoblado de almas, está lleno de nosotros.

110

No es más pobre el que menos bienes tiene, sino el que más se identifica con ellos.

111

El pensamiento políticamente correcto presenta la conquista de derechos por parte de la mujer como una lucha porque sería de mal tono incluir en el árbol genealógico de ese logro una realidad histórica menos reivindicativa: la ampliación del espectro de beneficios por parte de la industria. ¿Puede desmentirse que las sociedades capitalistas dieron la bienvenida a la incorporación de las mujeres al mercado laboral como una prodigiosa fuerza de consumo, mientras las sociedades comunistas, necesitadas de mano de obra, no vacilaron en acoplarlas a su disciplina productiva?

112

Conocer el organismo humano interesa a la mecanización de nuestra época hasta que el saber instrumental se topa con las dimensiones borrosas del alma, que hacen retroceder a los expertos y lanzar incontinenti su anatema: todo aquello que no rinde a los propósitos de aumentar la productividad y el poder material es pseudociencia.

113

No es necesario intentarlo para saber de antemano que no es posible construir una catedral gótica lanzando al tuntún los elementos arquitectónicos que la componen. La mayoría de los científicos, defensores de una concepción estrictamente acéfala en cuanto al origen de la vida se refiere, sostienen que la estocástica de la materia conjugada puede lograr resultados aún más sofisticados.

114

La razón se protege ocultándose a sí misma las fuerzas irracionales de las que reniega. Bajo la fachada que le da nombre, el reino de lo racional no posee nada más razonable que sus escrúpulos.

115

Actuar por sí mismo, sin necesidad de agradar a un colectivo o de ser controlado por el arbitrio de otros, es una idea de tan rotundos fundamentos que tiemblan ante ella todas las civilizaciones.

116

Si creer me gustara, me gustaría creer que la carne fue creada para poder viajar entre las capitales del alma.

117

La realidad, a fuerza de materializar ficciones, evidencia en el mono monádico la calidad infernal de sus alucinaciones.

118

El engaño compartido al que una mayoría confía su libertad se convierte en verdadera tiranía.

119

Aun desde una perspectiva limitadamente egoísta, el poderoso no es libre porque está sometido a deseos y proyectos que no puede satisfacer sin sojuzgar a otros por la fuerza del engaño, del numo o del temor. Sus apetitos, por más que los atienda, son hijos de la necesidad, no de la independencia, y constituyen un palmario síntoma de cuánto crecen las deudas con los afanes y cuánto los compromisos con el mundo exterior a medida que la infatuación del yo asciende en la jerarquía social. «Este pobre diablo —diría Han Ryner de él— no halla jamás una hora para permitirse el lujo del pensamiento desinteresado».

Menos acrimonia azuzará la estampa si el espectador consiente encuadrarla en el coqueteo del oferente con la ironía cósmica.

120

La democracia coloca la libertad de pensamiento como piedra fundamental para que sus defensores decapiten sobre ella cuantas filosofías de vida burlen la homogeneidad cultural de la horda soberana.

121

Se precisa la destreza de un embaucador y el cinismo de un demagogo para llamar «soberanos» a los ciudadanos cuyo poder se restringe a la pertenencia a una colonia penitenciaria bajo la arbitrariedad de los círculos que dictan las leyes, imparten un trampantojo de justicia y acaparan un botín regular mediante el aparato de extorsión conocido como fisco.

122

Tan deleznable es que la miseria sea motivo suficiente para que haya personas dispuestas a vender sus órganos como que el Estado, incompetente para mitigar la pobreza, se muestre diligente como dueño y señor de los cuerpos impidiendo ese comercio macabro porque no le reporta dividendos.

123

Los asesinatos del fundamentalista horripilan menos que el procaz convencimiento con que asesina.

124

Ojalá el bostezo fuera más contagioso que la violencia usada como lenguaje por quien no domina otro.

125

Si a los menguados de conciencia les doliera su penuria mental, el mundo ensordecería a causa de sus frémitos y lamentos.

126

Ambición es perdición en movimiento.

127

Una creencia solo deja de ser pueril cuando es empujada al desfiladero de su propia vacuidad o minada desde dentro por el adepto que hasta ese momento se uncía a sus postulados como un mero predicado. Toda doctrina que no empiece por la aceptación de su propio fracaso se condena a destruir para no destruirse.

128

Papases y mamasas pregonan orgullosos cuán listos son sus niños porque han aprendido a escanciarse por sí solos las ilusiones multimediáticas que dimanan las interminables pantallas que invaden hoy los hogares. No cuentan, en cambio, las horas que estos menores pasan abducidos por los embrujos audiovisuales, ni quieren advertir la semejanza que estos tienen con la inmersión reiterada en los opiáceos que tanto reprueban las familias de bien.

129

El dominio creciente de la técnica sobre la cultura acarrea para el ser humano consecuencias más degradantes que el subsidio de creencias adversas a la eutimia o echarse a la briba ante el apremio las dificultades. Todo cuanto ganamos en prestaciones y rendimiento gracias a la técnica lo perderemos, correlativamente, en habilidad práctica y energía mental. Antinutriente espiritual, el poder de la técnica nos debilita, funciona como un disruptor cognitivo; su fuerza no es nada sin la disociativa conveniencia que mantiene en deuda los sentidos y trastorna la instrospección.

130

Tal vez la preferencia por sufrir injusticia a cometerla sea también una forma de causarla…

131

En el arte de ser uno consigo, la obra y el obrero que la vida confunden se palpan en la armonía que los funde. «Vivir armoniosamente», predica la escuela de Zenón, una bella y admirable mentira. La vida solo admite armonías en sus momentos de debilidad y en nada varía esta su sinrazón seminal.

132

De un lado, el deseo tira de uno por su parte más asible; de otro la autoconciencia, espejo cóncavo donde uno se mira como otro, contiene vivas dentro de sus formas esas fuerzas que quieren expandirse a través de los impulsos. La gracia del dominio de sí no radica en la abstención de los placeres sino en el comedimiento de los apetitos.

133

La cortesía, esa forma de amabilidad canalizada a través de atenciones templadas por los buenos modos, permite llevar a Kant en el bolsillo tratando como si fueran fines a quienes, más allá de nuestros esmeros y cauciones, la vida civilizada estrujará sin contemplaciones.

134

Una mezcla ponderada de razón e intuición es mejor que fiarse totalmente, juntas o por separado, de cualquiera de las dos.

135

La sociedad desdeña la mirada del sabio porque el sabio no desdeña contemplar lo que la sociedad ofusca.

136

El desabrimiento de la ruptura con la sociedad constituye el filo de la sonrisa del sabio que conoce el valor filosófico de la renuncia frente a las concesiones hechas al imperio de las ataduras.

137

¿Cuántos no habrá que por amor a la lozanía perdida empequeñecen por dentro creyendo rejuvenecer por fuera?

138

La lógica, habilidad de truhanes, es el disfraz de gigante escogido por las mentes que no saben pensar de verdad, a lápida corrida, sin filtros ni santiguadas.

139

El vulgo llama «héroe» a quien huye hacia el peligro en busca de expiación y «cobarde» al que busca un refugio huyendo de la condenación.

140

Si la historia humana fuera una señora, envejecería mezclando los antojos del último minuto con la decrepitud acumulada durante cientos de generaciones.

141

El humano es un ser tan conservador que todo lo derrocha por querer retenerlo.

142

Cuando entre la obra y la persona de un artista existen notables discrepancias, es preferible acentuar la vertiente más favorable a su naturaleza. Cuando se trata de un filósofo, toda discrepancia entre el pensamiento y los actos debe ser evaluada en detrimento de su valor desde cualquier faceta que se lo estime.

143

Inauditos sistemas de compensación poética tiene la termodinámica de la Creación más allá del turbión que el mundo fenoménico levanta a nuestro alrededor. Cuanto más afinada está la percepción, más asombrosas interconexiones muestra el universo a cualquier escala.

144

La visión orgánica del cosmos persiste no porque haya maestros dedicados a preservarla, sino gracias a los audaces que en sus viajes la reaniman.

145

Todo saber crea un caber en la otredad.

146

Cada día superpone al anterior un abrasivo útil, cuando menos, para pulir la lente del juicio con que hemos de contemplar en perspectiva la extensión abigarrada de nuestra existencia.

147

Más se aproxima al centro de sí mismo quien de la primera a la última hora vive sabiendo que no es el centro de la galaxia.

148

Concéntricas son las capas de la personalidad, concéntricos también los instantes que anillan el tiempo y transversales las visiones donde una y otro se estructuran en un sistema coherente de correspondencias.

149

¿Qué podría ser el universo aparte de un verso que contiene todas las metáforas?

150

Existe un tiempo histórico captado por nuestra percepción ordinaria, un tiempo fractal que es el correspondiente a los estados ampliados de conciencia y un tiempo cero que es el propio de las entidades sobrehumanas que podríamos denominar dioses almos o polinizadores de mundos.

151

Todo acto representa en su ejecución un sabotaje contra la conciencia cuya luz sobre la futilidad de las acciones humanas ha de atenuar para poder realizarse.

152

La sabiduría ama la claridad en todo y el control no puede apropiarse de nada sin enturbiar su estado. Lo menos improcedente es que el sabio, cuando rompe su silencio, hable claro para decir lo que ni señores ni lacayos quieren escuchar: para empezar, que como sabio no está interesado lo más mínimo en devorar ni en ser devorado.

153

El sabio no es ya el hombre que otrora corría hacia el cielo como otros siguen corriendo hacia el abismo del éxito. El sabio, sencillamente, no tiene necesidad de correr.

154

Habida cuenta de que trazar una imagen fiable de esta realidad que algunos llaman fluida, aunque mejor diagnóstico haría quien la calificase de volátil, es una tarea infinita que apenas puede esbozarse merced a la colaboración entre los espíritus proclives a hermanar conocimientos, no quiero respuestas definitivas a los enigmas de la existencia, sólo busco las preguntas capitales que el mismo Demiurgo rehúsa formular.

155

El espíritu es siempre más vasto que la doctrina que pretende captarlo: primera verdad pisoteada por la metafísica antes de ser enterrada por el materialismo. Ninguna explicación, especulativa o empírica, satisfará nunca las necesidades intelectuales de una mente despejada que no se cierre a explorar el juego de continuas e intrincadas complicidades que presentan los fenómenos.

156

La plasticidad de las interpretaciones es la única potestad que nos queda y pronto la perderemos a cambio de algún sucedáneo industrial del pensamiento.

157

Luchamos para mantener la forma de lo que somos en mitad del cambio universal aun cuando sabemos que nunca somos más en nuestras sucesivas formas que la misteriosa facultad que las concreta desde la insondable grieta de la materia. Creer lo contrario sería adherirse al residuo en vez de abrazar la inmensidad de la que procedemos.

158

Para las voces, silencio; para el silencio, oídos. Hay sigilos que delatan todo lo que no relatan. El alma habla por los codos donde más enmudecido está su rastro.

159

Qué poco, apenas una caricatura, queda del pensador cuando en lugar de lanzar doctas y penetrantes preguntas contra las realidades menos cuestionadas se convierte en abogado de una causa que le despierta más inquietud justificar a cada frase que arrojar a las fauces de los mentecatos. Deja entonces de escrutar la verdad para volverse al apodíctico trapicheo de moralinas, jerigonzas y formulismos.

160

Embellecer la moral es noble actividad siempre y cuando no sirva de tapadera a la prosaica avidez de moralizar la belleza.

161

Cuando un comerciante yerra a favor de su caja, se carga de un tiro dos conjuntos de reglas: las éticas y las algebraicas.

162

Pensar a fondo todo lo corroe porque las situaciones pendientes de ser pensadas oprimen por doquier.

163

La aspiración oculta de los pensamientos es poner un broche de letalidad al organismo como gesto plenipotenciario de la abstracción, por eso sobre el pensador sincero pesa siempre la imperfección de haber sobrevivido a su obra, de no haber logrado coronar con el corolario fatídico sus conquistas intelectuales.

164

Convengo con Pérez de Ayala en la idea de que conocer los engranajes profundos de las preposiciones de una lengua equivale a dominarla y añadiría, en sintonía con Azorín, que comprender «la claudicación en el uso de las preposiciones», saber cómo desvían los hablantes el empleo adecuado de estos elementos sintácticos en beneficio de su percepción mutilada y mutiladora del mundo, los desnuda más que sus más recónditos pensamientos. De este modo, podemos colegir que no solo el pensar para sí mismo no implica el pensar por sí mismo, sino que esta última forma de pensar, cuando en verdad es una propiedad independiente, asume entre sus prioridades la de libertarse de las finalidades prefiguradas de aquella.

165

El primate humano solo empieza a pensar por sí mismo cuando deja de sentir gratitud por existir y osa contemplar a sus congéneres como seres no menos deleznables que él en la sucesión de esfuerzos vanos desarrollados para sobreponerse a la conciencia de tener el alma encadenada a los estragos del tiempo, lanceada por las exigencias de la fisiología y azotada por las pasiones de su siempre menesteroso corazón.

166

Quien cree en los errores típicos de su tierra natal aún puede hacer algo para honrar su abolengo: propugnar sus propias necedades como si fueran necesidades.

167

Uno puede ser lo mismo, pero nunca el mismo ser. ¿No hay falsa cordura en sentirse idéntico a sí mismo a cada segundo sin que por ello sea menos auténtica la locura de sentirse acompañado por el doble desconocido que lleva en sí?

168

Si yo, que soy hombre de natural introvertido —y prudente por un sentido excesivo de la gravedad—, frente a la atención regalada de un público me transformo en un engreído, ¿en qué clase de fieras desbocadas se convertirán quienes no cuentan con semejantes riendas anímicas? «El entusiasmo es una grosería», pensaba Pessoa, y tiene toda mi razón.

169

Es factible cambiar de ideas, de gustos, de valores e incluso de actitudes, pero no de temperamento. Todo hombre es víctima de su carácter y culpable de su conducta. Todo hombre está, a la postre, envenenado mortalmente por el vicio de ser quien es y desquiciado por cómo son los demás.

170

No nacemos por instinto ni morimos por naturaleza, sino al contrario: la naturaleza nos ordena nacer si la oportuna generosidad de un aborto no lo remedia, y el instinto tiene a su cargo demorar cuanto sea posible el viático.

171

Si el aborto fuera un asesinato, ¿deberíamos considerar al onanista un genocida?

172

Si todos sufriésemos un dolor idéntico, competiríamos para desempatar. De ahí que los achacosos describan de buenas a primeras, con todo lujo de detalles, los implacables efectos de sus dolencias. Por paradójico que parezca, sentirse adelantados en la podredumbre los alivia como ningún calmante.

173

La piedad, tal como la concibo, se opone frontalmente a la versión carroñera cristiana que elabora con ella una táctica de confiscación del infortunio, considerado a tal efecto por el piadoso adscrito a esta tipología moral como un feudo donde blanquear sus máculas. De acuerdo con mi manera de sentir, piedad es implicación respetuosa en el padecimiento, la ramificación en acto del movimiento de ánimo que brota por empatía ante una desgracia ajena. Presenta, así pues, dos fases bien diferenciadas: en un primer momento, la toma de conciencia, el compadecimiento que supone entrar en la piel del sufridor para, en un segundo momento, socorrer en alguna medida su situación. Bien pudiera responder esta conducta, asimismo, a otra urgencia en su intento de reparar o aportar un paliativo al daño próximo que hace inevitablemente suyo: aliviar la propia sensibilidad herida por la visión que impone el dolor del otro y fomentar, al mismo tiempo, un código de reciprocidades frente a la contingencia que podría poner al misericordioso —misericordia viene de miser y cordis, «tener corazón para un desdichado»— en la necesidad de recibir ayuda.

174

En la dicha que despliega exultante sus pétalos al logos he sentido una llamada que invitaba a culminar su apertura con una entrega suicida. Así suenan mis llamadas perdidas.

175

No recuerdo haberme jactado de ser más esclarecido que los demás, aunque todo es posible cuando uno culebrea entre ratas sin haberse desprendido del hábito de sentirse un poco simio. Torres más firmes han caído y más bajos fondos se han erguido.

176

Toda criatura que haya contemplado con rigor la nimiedad de su ser conoce de primera mano la vastedad de unos parajes que aun si pudieran envolver al universo seguirían estando vacíos.

177

Lo más común a religiones e ideologías, lo que más une en mezquindad a estos sistemas de aborregamiento, es su porfía en sacralizar el impío deseo de perdurar.

178

Una vez aceptada la nulidad de sentido de la vida, ¿vamos a lloriquear por esa fruslería? Paciencia, la necedad proveerá a cada uno según su apostura y el humano genérico aprenderá a vivir como si tuviera sentido y el fuera de serie como si no tenerlo comportara mayor libertad.

179

¿Reportará finalmente la vida mayor utilidad que la de confirmar el hastío que muchos ya descubrimos en la infancia, cuando estábamos a décadas y muchos libros de saberlo expresar? Cabe suponer que en la muerte reuniremos todos los puntos del tiempo en uno solo. Mientras respiremos, cada punto de nuestra existencia indicará, como un hito fatal, la distancia que nos falta.

180

Para el ojo cósmico que arroja su mirada desde la eternidad, cada ser es una clave de bóveda; desde el ser que ha de morir en sí para acceder a estados supraindividuales, cada bóveda es la clave de un renacimiento.

181

Que «todo fluye» significa una cosa bien distinta cuando se piensa en modo cenital: que todo se ha evaporado ya.

182

En la «visible oscuridad» de la depresión, al perito en derrumbar hasta sus ruinas se le revela una verdad que otros llevan velada hasta la muerte: que nadie puede sino estar en visceral desacuerdo con su propia vida.

183

La agrura que la melancolía conlleva no se enseña ni se aprende, es un sentido que se adquiere en la íntima extremidad de cuanto pasa.

184

Nada como el realismo para proteger al realista del menor contacto con la realidad.

185

¿Es la exuberancia de la vida un espejismo del ser o lo es el desierto que lo acosa?

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