19.7.17

DERROTAS DE LA VOLUNTAD

Conrad Felixmüller, La muerte del poeta Walter Rheiner
Toda la vida humana, en fin, no es más que una especie de deporte de la insensatez.
Erasmo de ROTTERDAM
Elogio de la locura

La idea de dar la vida a alguien me produce horror. Me maldeciría si fuese padre. ¡Un hijo mío! ¡Oh, no, no, no! ¡Perezca toda mi carne, y que no transmita a nadie el hastío y las ignominias de la existencia!
Gustave FLAUBERT
Cartas a Louise Colet

Todo ser yace disperso en pedazos por su vida y no hay manera de que nuestro amor lo recoja todo.
Nicolás GÓMEZ DÁVILA
Escolios a un texto implícito

Por la manera en que vemos el mundo podemos restaurar el alma, y el modo por el que el mundo es dotado de alma puede restaurar nuestra visión.
Patrick HARPUR
El fuego secreto de los filósofos


1

A poco que olvida cómo se irguió, el humano regresa a la posición rastrera.

2

¡Qué grande sería el mundo sin nosotros! Tanto como grandiosos seríamos nosotros si decidiéramos dejar de llenarlo.

3

Se sabe que el mundo está perdido sin remedio cuando lo más necesario se ha vuelto imposible y lo más superfluo, imprescindible.

4

Coincido con Ramón Andrés en que «no son necesarios los testimonios gráficos de ajusticiamientos colectivos, las fotografías con matanzas y cuerpos apilados cerca de una alambrada, los relatos sobre la existencia de unas fosas rebosadas de sosa cáustica en las que asoma una mano. En ocasiones, un par de figuras, acaso tres, son suficientes para dar cuenta de nuestra condición». Esas tres figuras icónicas del averno podrían ser el bebé recién parido y sus progenitores en pose triunfal ante la perpetuidad de la cámara, como dos cazadores con su trofeo tras nueve intensivos meses de safari.

5

Una muerte sobrevenida no es mejor que una buscada. El factor sorpresa y sus brusquedades no hacen la muerte más asumible, solo más descocada que un suicidio bien meditado.

6

Nada puede ir a mejor a partir de cierta edad, ni en la vida individual ni en la de la especie.

7

La selección natural favorece a los cortos de escrúpulos y a los largos de estulticia, que con frecuencia suelen ser los mismos.

8

No puede ser mitigado el muermo de la existencia sin establecer un contrapeso de cordura que impida la exaltación de los impulsos más peligrosos; no solo de los que son abiertamente feroces, sino también de los que aparentan ser inocentes, como la violencia generacional que supone dar a luz.

9

¿Y aún es dado por bueno, desde Rousseau, que «el hombre nace libre» cuando se sabe que «en todas partes está encadenado», y es además innegable que su misma concepción representa un acto manchado de imprudencia, como no podía ser de otro modo tratándose del acto tiránico por antonomasia?

10

Si diéramos por supuesto que la grey humana quiere sobreponerse a sus inveterados prejuicios —el primero de los cuales es la vocación reproductora, indisociable de la propensión a asignarle un sentido espurio a la existencia—, estaríamos reconociéndole una inteligencia superior a la que ella misma se atribuye.

11

Para pensar de los humanos que son seres dignos de amor uno tendría que tergiversar por completo los capítulos escritos en la historia por la humanidad.

12

La mayoría de la gente está dispuesta a soportar los más infames sacrificios con tal de conservar las mentiras que dan un atisbo de sentido a su vida, pero eso no es óbice para que retroceda horrorizada, cerrándose a extraer las conclusiones obvias, cuando los hechos arguyen de forma inequívoca la temeridad en que incurre todo aquel que decide hacer cachorros.

13

Hay quienes imaginan cosas que una vez traducidas a la realidad aligeran su peso, y hay quienes a falta de ingenio fabrican criaturas que no solo no contrarrestan con amor el peso de la realidad, sino que toman a los infecundos por egoístas dignos de reprensión o de lástima por no ser cómplices.

14

El principal defecto de la procreación es que tiene, por desgracia, poder sobre la vida. Si solo fuera un ejercicio imaginario, si la prole no fuese más que un juguete abstracto compartido en privado, una especie de juego de rol afectivo, la inocuidad de sus efectos no harían de ella el acto tan inaceptable que es.

15

Examinando con rigor el malestar particular siempre se hallará el rastro fiel de una tara de la especie. La vida se contamina con cada generación.

16

Si envejecer es ley de vida en este mundo, refulge adrede la extinción como un alivio. Deberíamos agradecer al azar, o a su fundador, que no nos haya hecho invulnerables a la muerte —ni a la iniciática, ni a la literal— porque tal es una de nuestras contadas prerrogativas como criaturas.

17

Ningún bien compensa el mal de haber venido; ninguno, menos el de tener por ciencia infalible que uno habrá de partir.

18

No existe la muerte «natural», toda muerte es adjudicada por la occisión dio comienzo con el golpe de parto a una existencia de dolor, menoscabo y zozobra que tiene por corolario la agonía. Así pues, solacémonos con las gracias pasajeras en homenaje a las larvas o las llamas que acudirán al banquete.

19

Como si saltáramos de un acantilado de impredecible altitud, todos caemos al nacer por el precipicio de la muerte. Cuanto precede al impacto, eso que llamamos ordinariamente vida, no es más que su horizonte de sucesos, el campo de atracción fatal hacia el fondo irresistible que nos aguarda.

20

También para todos la vida es el recorrido irreversible que va del agujero rojo del coño al agujero negro del estertor.

21

Salvo para el ha restringido la virtud a dar su beneplácito a lo existente, ninguna vida impuesta es justificable y menos que ninguna la de quien pretende que la suya sea más necesaria que la ajena.

22

No hemos venido al mundo a superar la naturaleza, pero no saldremos de él sin haber comprobado cómo la vida nos vence de las formas menos pronosticables.

23

Cree el procreador anclado al optimismo de su irresponsabilidad que los hijos deberían sentir gratitud por el regalo de haber sido engendrados, cuando lo cierto es que todos los que son padres por elección contraen una deuda vitalicia con los descendientes a los que han cargado con la vida sin otra cautela que darse agrado a sí mismos.

24

Cada vez que recibo la noticia de que una conocida entrada en años ha decidido ser madre, a las cuestiones morales y de aptitud psicológica que preferiría no evaluar, se suma el hecho de que en términos biológicos esa mujer es una vieja. Me pregunto cuántas décadas de contacto con el mal y cuántas patadas a su conciencia necesita una persona para percatarse de lo que significa sacrificar la vida de un inocente.

25

Poco ha vivido quien cree que la vida es buena para ser vivida. Lo peor auscultado suele ser eso que uno tiene delante.

26

Un bien falso es aquel que genera mal en vez de bien; léase «el milagro de la vida» en verbigracia por ser el fomes de cuanto hiere y extermina.

27

La especie humana lleva en sus entrañas todo lo necesario para destruirse, pero eso no es necesariamente malo; lo perverso es actuar como si esas entrañas no existieran o pudiesen ser adelantadas sin secuelas por el motor encabritado de la civilización.

28

Llevada hasta sus últimas consecuencias la lógica de la consciencia comporta un divorcio de la existencia, mientras que la supervivencia, allí donde es afirmada a expensas incluso de los nonatos, ejercita un repudio continuado hacia la lucidez.

29

Quienes son tan toscos para no advertir la angustiosa realidad en la que han de instalar a sus vástagos, menos que ningún otro debieran poblar el mundo con su simiente.

30

La insignificancia casa bien con los formatos prolijos, como los inconscientes con la multiplicación de su estirpe.

31

No sabría decir si las ideas memas han prosperado gracias a la fuerza demográfica de los mentecatos o si ha sido al contrario. Sea como fuere, las claves para descifrar la debacle enardecida a partir de la era industrial tienen su epicentro en los atentados recurrentes perpetrados por el linaje compulsivo.

32

Tener hijos no deja de ser una fechoría porque haya padres que mueran abnegadamente por ellos. También el terrorismo tiene sus mártires.

33

Las objeciones a la faena de vivir son palabras mudas a oídos de quienes solo entienden la voz de sus criadillas.

34

De la misma forma que la reproducción no es un derecho, sino un estado de la naturaleza tan drástico como el asalto contra un ser indefenso, tampoco podría argumentar a la inversa que se trate de un delito; baste decir, con un sentido de la contención que no pretendo extrapolar a la telaraña jurídica, que tipifica un prolífico desmadre.

Carl Hasenpflug, Ruinas de una abadía en invierno


35

De tal suerte está diseñada la humana realidad que a sus integrantes les atañe concebir sin esfuerzo la justicia pero no aplicarla sin actuar contra la inercia fatídica de la especie. Siempre será más fácil e inmediato, menos discordante para el marchamo consuetudinario, tratar a las personas como bestias que respetar a los animales como seres dotados de alma habida cuenta de la capacidad de padecimiento que palpita en ellos.

36

La única justicia que cabe hallar en este mundo es la poética, y si no siempre es patente, raramente luce insatisfecha cuando existe inspiración para percibirla.

37

Denota libertad quien sabe reírse de la vida; quien sabe sonreírle, además de libertad, delata su dicha.

38

Como el mojigato escandalizado ante la desnudez de los genitales, así espanta la radicalidad del pensamiento a aquel que ni osa ni consiente llamar a las cosas por su nombre.

39

Más fácil que reconocer las propias carencias de sensibilidad es culpar a otros de lo que acaso tampoco sean excesos de percepción, sino apenas un reflejo de las cortedades que aquejan al acusador.

40

Es común a los humanos la necesidad de una esperanza que tire de ellos desde un hipotético futuro, o bien la confianza en un pasado idealizado que los empuje con denuedo mientras se apiñan en la ficción de pertenencia a una prosapia en la que cada uno refleja lo más siniestro que lleva en sí.

41

Lo que más define al pérfido es que no merece morir. Quiero creer que todavía me desdoro con mi existencia. Quiero pensar que aquí se muere.

42

Deslustra su singularidad quien se disculpa por ella.

43

Reaccionar con el eco de la culpa ante los desfases de la propia conducta es añadir un error interno al error exterior.

44

Si los amigos no sabemos darnos amparo en la adversidad, cuando las circunstancias arrecian, toda nuestra esmerada filosofía será una filosofía de mierda.

45

Amar a la humanidad solo es posible a costa de odiar equitativamente a todo el mundo.

46

Por una pésima afirmación de sí se cae en una rivalidad que disloca la propia energía creativa en la negación destructiva del otro.

47

Todo aquello que nos hace sentir supremos procede de la excitación de la ignorancia.

48

Hagamos bien poco y que ese poco sea un bien.

49

A diario me lo repito porque a cada momento me traiciono: «No permitiré que nadie desprovisto de talla moral me altere».

50

Aceptemos que la paz entre la linterna del espíritu y el estercolero de la carne es imposible, pero hagámoslo desde el reconocimiento de que la victoria de una sobre otra resulta viciosa y quizá consigamos mantenernos en pie sin arruinar nuestra naturaleza animal ni humillar la dimensión mágica que le concierne.

51

Mejor sería no fijarse objetivos para poder vivir sin apegarse a una ilusión de felicidad, liberado de tener que considerar el hecho de ser humano como una experiencia susceptible de mejorarse hasta el infinito.

52

Aun los humanos pueden florecer con alegría si se olvidan de la felicidad que buscan.

53

El buen humor no sana las penas, ni falta que hace, cuando lame bien las llagas.

54

Quizá el destino de nuestra especie sea ir de la urgencia a la actividad, de la actividad a la extenuación, de la extenuación a una efímera tregua y vuelta a empezar, pero eso no invalida la necesidad humana de silencio, ni justifica la crueldad que supone haber pasado de resguardarse de la inquietud a elogiarla como un requisito de aptitud.

55

Ofrezco como norma un moderado y atento desasimiento en lugar de avivar pasiones como el amor, el odio, la ira o la envidia, a cuyos intervalos de énfasis bien sabemos qué maravillas debemos.

56

No ser como la polilla a la que pierde la luz cuando alza el vuelo.

57

Recorre la sociedad una guerra civil que desdeña el alto el fuego y no es inaudito que la primera línea esté a la vera, pertrechada por quienes en vísperas considerábamos amigos. No les recriminemos si por sus correrías lo ajeno se vuelve ajenjo sin la intrepidez de ponderar el desliz que cometimos al confiar en ellos.

58

Dormir es sabiduría para no ver lo tantas veces repetido en su mediocridad.

59

Desnuda, la mirada pesa horrores. Ver más conmina a renunciar a más.

60

No hay mayor acto de magnanimidad que compartir con espontáneo júbilo la hermosura que la naturaleza ha distribuido de forma impredecible entre los humanos. Lo normal, en cambio, es que la belleza sea saqueada, cuando no meramente menospreciada, por los ñiquiñaques que tienen por distracción mutilar lo que abruma sus entendederas.

61

El síntoma crónico de los mínimos es que se creen máximos.

62

Sería posible adoptar un sistema consistente de preceptos si se excluyera de él la realidad que pretenden iluminar.

63

Sin la coherencia que tan poco significa para el torbellino universal, el individuo no albergaría en sí más que una sentina de vicios.

64

Solo las malas costumbres perduran, cuales son las relacionadas con tomar en propiedad vidas ajenas para hacer con ellas lo que venga en gana.

65

En un mundo donde hasta los buitres crían parásitos, tal vez lo más elegante sean los despojos.

66

La humanidad no necesita la sabiduría para ser mejor, sino para poder suavizar lo peor que hay en ella.

67

La necedad, como el nacimiento, solo tiene un camino.

68

Para tener éxito dentro de la empalizada humana se precisan dotes de criminal con que derribar los obstáculos que a menudo son los demás, astucia con que sortear las tretas de los rivales, aptitudes teatrales con que acomodar las transgresiones a las reglas del juego y una vena de terquedad con que porfiar en la vanidad de los empeños.

69

Limitarse a cuestionar los errores celebrados siempre será una noble misión excepto a juicio de quien promete errores de reemplazo.

70

Antes quedará libre de mácula el negligente que aún discierne entre buenas y malas obras, que el profesional convencido de que ajustándose a las instrucciones, siendo intachablemente eficaz, se puede mantener exento de responsabilidad moral.

71

Para el miserable que busca compensaciones terrenales en las ideologías vindicativas, la liberalidad de alguien menos desfavorecido resulta sospechosa de ser realmente lo que parece, un acto realizado por el gozo de dar.

72

No se trata de ser impecable, pues todos cometemos fallos, sino de tener un campo fértil para las bondades recibidas.

73

Podemos embadurnarnos de mundo a condición de no perder de vista la materia inmunda que somos.

74

En su defensa podría decirse de la abulia que no la enturbian pecados como la vanagloria, la avaricia o la envidia.

75

Hasta la envidia se finge por envidia de no tenerla.

76

No sin aura de valor queda tocado el envidiado si el envidioso profesa un gusto sincero.

77

El hombre salomónico a todos da lo mismo; el justo a cada uno procura lo suyo y a ninguno menos que a sí mismo.

78

Hasta el más tonto puede anunciar eminentes verdades y el más sabio no privarse de proferir soberbias tonterías.

79

Verdad es cuanto necesitan poner en su boca los necios para creerse superiores y aquello que no deben perder de vista los inteligentes para no tropezar con el engreimiento.

80

No hay actividad que colme ni quietud que no calme.

81

Pide la sapiencia no ser atada para ser catada, como la beldad que puede ser captada pero no raptada.

Jon Jaylo, Ascensión


82

Contemplar cómo se enfangan en la vida aquellos que la taxonomía ha convertido en nuestros congéneres resulta más instructivo que perder la cabeza haciendo lo mismo que ellos.

83

En el país de los ciegos, el tuerto no es el rey, sólo alguien que finge no ver para que lo dejen en paz.

84

Si el simio humano no tuviera enemigos, los inventaría solo por el sentimiento poderoso que matar confiere al asesino.

85

No son los aciertos de la templanza, sino los contubernios de la pasión los que nos hacen históricos.

86

A diferencia de otras bestias, el humano viste su vacío de palabras, su cuerpo de prendas y sus hábitos sociales de tabúes. ¿En qué parte de ese atuendo irregular y pintoresco reside su pretendida supremacía?

87

La idea de que somos distintos de los otros animales es un mito, pero este mito nos convierte, a la par, en seres distintos de todos los animales que conocemos.

88

Se forma parte de una comunidad de intereses con el fin de reclamar en plural lo que sería deshonroso solicitar en singular.

89

Ninguna explicación fantasiosa de la realidad es tan contraria a las evidencias como la idea que atribuye a la humanidad un avance gradual hacia formas de vida social más amables y conscientes, menos atávicas.

90

Todo lo que la humanidad sabía de sí misma desde el principio es todo lo que nuestra especie ha postergado con tal de llegar a sentirse por encima de las edades pretéritas.

91

El humano es el animal que ha sabido introducir mayores apariencias de orden en el batacazo cósmico y la especie más susceptible de suscitar desórdenes que la naturaleza desconocía antes de su irrupción.

92

Lo importante en la casuística que a todos nos incumbe como exploradores del alma y no como simples supervivientes es llegar a necesitar de la humanidad menos de lo que sus militantes promueven. Puesto que la humanidad no avanza hacia ninguna parte y cuanto más se afana en sus bucles más se sobrecarga de ilusiones, como un hámster en la rueda de un simulacro sin fin, tengo por buen sentido que lo importante no es superarse, anhelo tan inútil como la redención, sino desembarazarse.

93

El trabajo y la natalidad, qué duda cabe, son dos pilares maestros de la servidumbre a los que habría que añadir la actual hipérbole comunicativa, esa obsesión inflacionaria de compartir a cada momento los pormenores de la vida íntima. Tres escarnecedoras realidades de una sociedad en la que unos pocos trabajan en exceso, demasiados procrean sin conciencia y cada vez más personas prorrogan su muerte en la precariedad no solo material, sino en la derivada de haber rechazado la potencia combinada del sosiego, el secreto y la ensoñación.

94

El molino de almas del colectivismo no se detuvo con los grandes movimientos totalitarios del siglo XX, simplemente se trasladó al fundamentalismo de las telecomunicaciones bajo la égida del chiringuito global.

95

La gente ama sus creencias no porque les parezcan espléndidas y verdaderas, sino porque se identifican con ellas hasta el dislate de sentirlas tan suyas como el corazón que con jactancia llevan enclaustrado en el pecho. Despojar a los crédulos de esta falsa propiedad es una misión prioritaria que debe asumir el pensamiento allí donde las fuerzas de la disonancia cognitiva han tomado el control de los principales campos del saber.

96

Los crímenes de la civilización son tan normales para los humanos modernos como espantosos les parecen los atribuibles a los bárbaros, mas en todos ellos nuestra especie ha demostrado tener una aptitud innata para prodigarse infligiendo daño a otros seres.

97

Como nunca he dado por válido el convencimiento de que la civilización sea una victoria sobre los más bajos impulsos de competencia y predación que caracterizan a los humanos en estado de barbarie, no me sorprenderé cuando todo se derrumbe sobre nuestras cabezas, que al menos durante un lapso podrán sentirse absueltas de toda la carga fósil del tinglado cultural.

98

La civilización actual puede ser enfermiza y autodestructiva, pero no más que cualquier otra forma de convivencia populosa desde que el ser humano está suscrito congénitamente a la vesania, la violencia, el frenesí, la decrepitud y el retorno a la brutalidad.

99

«Cuando la felicidad entorpece la felicidad», podría ser el epitafio del progreso que a tantos humanos hace padecer el temor de que sin él quedarían andrajosos, aburridos y ralentizados.

100

La tecnología y la civilización son tan poderosas como vulnerables. Unos grados más por arriba de lo habitual en la canícula o una noche sin suministro eléctrico bastarían para desuncir los demonios del caos solapado.

101

¿Por qué nos extrañamos aún de que cada ser humano sea un electrodoméstico viviente para la religión capitalista si el dinero es una suerte de fluido eléctrico sin el cual ya nadie sabe funcionar?

102

Lo que más distingue a las culturas tradicionales de las modernas es su relación con el tiempo: para las primeras es prioritario conservar el equilibrio, mientras que para las segundas su principio básico es el cambio. Las tradicionales se definen dentro de límites que solo una pasión devastadora rebasaría; las segundas, por el contrario, son expansionistas y solo se reconocen a sí mismas en los productos colosales que corroboran su crecimiento. Mal que bien, en el seno de una cultura tradicional hay lugar para todo porque todo debe estar en su lugar; dentro de una cultura moderna, sin embargo, todo lo que no se ajuste al plan de optimización perenne es desterrado con el aborrecimiento de lo que se ha vuelto obsoleto e ineficaz.

103

Hay una tesitura donde el optimista y el pesimista parecen cruzar sus pareceres; no es otra que aquella en que el primero, con su esperanza inquebrantable hasta ese momento en el porvenir, descubre que hoy es mejor que mañana, mientras el segundo, consciente de que el progreso solo puede dilatar con una mueca de farsa la tragedia, reconoce sin tapujos que mañana será peor que hoy.

104

Apretado entre el dos y el cuatro, anda el tres con estrés de multitud.

105

Demasiada relación con uno mismo entristece; demasiada relación con otros desfigura. En cualquier caso, humanarse es una fuente de hastío.

106

A la hora de la verdad, fuera de los compadreos esporádicos y de los enredos virtuales, todos tenemos un horizonte tribal muy sucinto. La diferencia está en que para muchos ese y no otro es el único mundo.

107

Estar al dedillo de la actualidad nada revela del mundo, excepto que se comparte su mal gusto.

108

Del deber al poder, del poder al querer y del querer al colapso: he ahí resumida la historia de la sociedad.

109

En toda época ha habido tinieblas, pero solo a la nuestra le parece brillante cuanto está supeditado a la oscuridad del rendimiento bajo la presión del reconocimiento.

110

La astenia, contra la cual se habilita un arsenal de terapias, es el principal escollo que preserva a nuestra civilización de incrementar sus calamidades.

111

Podemos estar seguros de que todo éxito mundano entraña motivos potenciales no para ser envidiado sino compadecido.

112

Pido en mi disculpa como fracasado el no haber tomado en serio jamás la sandez que supone perseguir el éxito.

113

¿El éxito? No hace falta ser un ángel para tener alas, con ser un mosquito basta.

114

¡Una cucaracha! La ciudad ha llegado a mi refugio.

115

Delirar con bichos que corretean por la piel, según tengo entendido, es bastante común entre los excedidos de la química. Quizá lo extraordinario sea no ver insectos por doquier en las colmenas donde habitan ansiosos aquellos que nos reputan como semejantes. Palabra de Samsa.

116

Hasta que no hube contemplado una arboleda durante la vigilia de una noche no comprendí que las muy taimadas copas tienen motricidad sobrada para bailar a ritmo de swing. Su ardid está en hacer acompañar las ramas con el oleaje del viento para hacernos pensar que son agitadas por él. Saben que si no actuaran con este disimulo tendríamos un motivo adicional para explotar los bosques.

117

Que la vulgaridad sea hogaño nuestro principal patrimonio se hace patente en la magnitud con que el rico hace ostentación de un mal gusto que también está presente en las distracciones del pobre.

118

La decadencia de nuestra civilización, obsecuente con los parásitos y vendida por menudencias a los usureros, ha favorecido que la inmadurez galopante de la clase ociosa, encanallada en la insolvencia espiritual y proclive a denigrar las ventajas de una vida sabática con veleidades más propias de niñatos, sea también un perfil imitado por las capas populares que supieron reír en otro tiempo tanta gilipollez encumbrada.

119

Confinada en la turba —la de arriba, la de abajo o la de en medio— se corroe la inteligencia como carne sumergida en vitriolo, aunque aislada en su torre de osamentas, sin más vibrante compañía que la dialéctica mantenida con las voces de ilustres difuntos, no tiene otra forma de sacarse jugo que abandonar sus fueros a la locura o claudicar ante el gentío a la menor oportunidad de intuir conmutable, ora en una sonrisa, ora en un guiño, el peso del universo por un beso universal.

120

Hay personas que se casan solo para fornicar mejor... con los amantes.

121

Implica el matrimonio dar comienzo a una relación por el final, la forma jurídica, en vez de confiarla a la viveza de la atracción natural. Nace, pues, como una momia bicéfala con precinto contractual.

122

La distancia más corta entre dos almas no es la línea recta de las creencias compartidas ni la trayectoria veloz del proyectil pasional de los amores, sino la apertura al otro del jardín cultivado en soledad.

123

Tanto amor es posible entre prójimos cuanto repudio puede ser descargado sobre los que se aparta como indignos de aprecio.

124

Si ya es deprimente ver el mundo amanecer cada día, peor sería verlo con ojos de loro. En la cerril monogamia de este género de animales hay ternura, no puede negarse, y una dependencia contumaz que acaba prevaleciendo sobre lo demás. Aves de cortos vuelos, mueren si no se emparejan y mueren, también, cuando quedan desparejadas, como si nada valieran tomadas de forma individual. En síntesis, un pésimo ejemplo para esa otra especie parlanchina que coquetea con perderle el miedo a la libertad desde su nidito de amor.

125

Sé lo que significa forzar la descomposición de un amor toda vez que revolcarme en la radiactividad de la ruptura era lo más puro que podía estar antaño de un sentimiento de unión con el ser amado. No hay amor más verdadero —podría haber dicho— que las reliquias iridiscentes del que uno mismo ha destruido.

126

Son legión los amoristas que recelan de la fiabilidad afectiva existente entre personas que no se dinamitan el uso de la libertad sexual. Creen entender que la ausencia de exclusividad erótica es un síntoma inequívoco de frivolidad y, al mismo tiempo, no paran mientes en la reducción instrumental que se hace de la persona amada cuando se espera de ella no solo el endeudamiento del deseo, sino el tributo genético en forma de hijos, una franquicia.

127

No puede haber genuina ética sin erótica, ni erótica que no acredite el sentido de la estética.

128

En estas interminables tardes de vulturno, sin una maja cerca a la que asirse en fuegos, le vienen a uno toda clase de erupciones lapidarias.

129

En la cama la mujer es diosa; fuera de ella, cualquier cosa —hasta puede tener antojo de ser una vaca lechera.

130

Aunque la lujuria pueda estar sobrevalorada y funcione como acicate en las edades menos cabales de la vida, nuestra cultura postcatólica adolece aún de escasa liberación sexual incluso dentro del movimiento feminista, muchas de cuyas nekanes empiezan por una rotunda negativa a deleitarse con la postura del perrito por considerarla degradante y acaban ladrando contra la penetración asqueadas de «falocracia». De seguir así, no cejarán hasta lograr la pena de castración para los varones que osen admirar el arte de una dama en paños breves.

131

Tal como sucede en las bodas, bautizos y comuniones, los asuntos que reclaman boato y seriedad a los presentes se vuelven en proporción directa irrisorios. Los episodios importantes se ganan el respeto por sí mismos.

132

Era un tipo tan nefando, tan abyecto se crecía en la ofensiva de sus ambiciones, que hubiera sido un puñetazo visual para sus conciudadanos dejarlo pasear con la cabeza fuera de los calzones.

133

Que un hazañoso actor de pornometrajes se convierta en un ídolo no tiene nada de extraño, pues a la postre es conocido, admirado y emulado por su pericia en un género de actividad que pocos primates rehusarían disfrutar. Lo incomprensible es que un deportista de élite encasquillado en perseguir un balón o un personajillo consagrado a subir la escandalera en los platós, se alcen con el estrellato a ojos de una fauna que, para colmo, también vota.

134

Si los corredores que se torturan en la vía pública supieran cuánto se afean cada vez que exhiben sin rastro alguno de pudor su particular calvario deportivo; si aparte de las espuelas de estamina aún les quedase a esos feligreses de la pista un mínimo de amor propio cuando salen a expiar sus pecados sedentarios en mallas y zapatillas, no digo que desistieran de asistir a los oficios atléticos que su liturgia les exige, pero a buen seguro buscarían lugares remotos y horarios menos usuales por deferencia hacia quienes no compartimos la rimbombancia de suplicios que su evangelio sudoroso comporta.

Philippe de Champaigne, San Agustín


135

No se equivoca quien piensa que no hay redención posible de la condición humana, pero yerra si da por válida la necesidad de redimirla.

136

No antepondría el gracejo mordaz a la verdad si asegurase que antes se encontrará un político arrepentido que una iglesia que no sea un antro de falsedad por más que cada templo responda en su temblor a un mismo reto: la necesidad humana de recuperar el centro religioso de la existencia.

137

Deben las religiones el epicentro de su éxito al miedo más que a la excelsitud, no siempre bienquista, que los místicos hallaron en el fenómeno opuesto: el salto de cabeza al éxtasis de la divinidad.

138

Decimos «epifanía» y automáticamente remitimos el magín a una luminosidad especial que desvela la realidad con los primores de una belleza inusitada, ubérrima en caricias de carisias, que podría equipararse a un descubrimiento de esa kalokagathia que para los antiguos griegos aunaba estética, justicia y significación, pero así representada se trata de un don atípico. Aun siendo escasas, la mayor parte de las epifanías son negativas y cristalizan el cacumen en el estado prístino en que uno, icástico de todo modo, sabe que si su vida fuera perfecta no hubiese nacido.

139

Los dioses imaginan lo que hacen los humanos, pero estos no imaginan qué hacen aquellos con la imaginación.

140

Preciso es obrar de común acuerdo con los dioses cuando su favor es precioso y entereza cuanto debemos mostrar a cambio de la opacidad en que a menudo dejan a quienes los saludan. Otra cuestión a exhumar pasa por averiguar no si la marioneta humana puede aún creer en una deidad, sino si puede haber una deidad capacitada para creer en nuestra especie.

141

La realidad es un dominio vivaz donde lo universal conecta con lo particular, lo visible con lo invisible, lo concreto con lo abstracto, lo imaginario con lo literal, lo material con lo intangible y lo bello con lo repelente. En un sentido panteísta, la realidad es el espejo donde Dios se sondea.

142

Para quien no percibe la balada de las esferas, Dios es una palabra malsonante.

143

Dios, criatura de nadie abismada en la solitud de los eones, tiene una causa abierta en cada vida. No permitamos que muera en paz hasta que cumpla su cometido.

144

Dios nunca fue cristiano, ni judío, ni mahometano; Dios ha sido siempre el botín inconmensurable de una pugna a sangre y rezo por llegar a convertirlo en quien no es.

145

El islam fue sagaz al adoptar la iconoclasia como regla después de lo aprendido de otros cultos, pues pocas creaciones humanas son tan patéticas como las imágenes transitorias de los dioses que fueron idolatrados en calidad de seres eternos.

146

Los falsos dioses son indestructibles.

147

Los mayores atropellos son cometidos por la vida, pues no es otro su vigor que prolongar su movimiento a cualquier precio, caiga quien caiga. A nadie extrañe, por tanto, que los credos más funestos la hayan presentado como el altar donde purgar sus fechorías.

148

Las auténticas crisis sociales son crisis de índole religiosa, convulsiones que aspiran a volver a definir la ubicación de la conciencia entre las ilusiones precedentes y las venideras.

149

Dignas de respeto son las creencias para el indigno de creer en la capacidad de pensarlas.

150

El ser humano es el único de los animales conocidos que recurre a las religiones para sofocar su sentimiento de vacío y el único que usa ese remedio para vaciar el mundo de adversarios.

151

Todo sistema de creencias construido sin tener presente la falibilidad de la condición humana y el mundo enigmático donde adquieren cuerpo las paradojas de la existencia, certifica ser un fiasco desde la base.

152

Más difícil de creer es la pretensión humanista de que los hombres pueden civilizarse a sí mismos y elevarse sobre su propia naturaleza por medio de la razón, que considerar como un hecho histórico la inmaculada concepción de Jesucristo o la multiplicación milagrosa de los panes y los peces.

153

Los caracteres torvos son insufribles: consciente o inconscientemente, intentan por todos los medios que uno se sienta culpable de las espinas que llevan clavadas. A la medida de tipos de esta ralea el Gólgota ha vomitado su sombra durante milenios.

154

El Diablo es el traje de campaña que viste Dios cuando va de caza.

155

Explicar los hechos sobrenaturales en términos racionales es lo mismo que ridiculizarlos, pero no se pueden explicar los hechos ridiculizados sin transmutarlos, de algún modo, en acontecimientos sobrenaturales.

156

No se mofa el escéptico de los misterios que presiden la existencia, sino de todos los apaños que los categóricos interponen como sacramentos a quienes los interrogan.

157

Este mundo debe ser estimado con los valores de otro mundo porque solo puede ser adorado con los del inframundo.

158

Hostigada por anticipado está la clarividencia por el acoso de los novísimos vislumbrados en la tempestad de lo irreparable.

159

Después de la desaparición de las condiciones que intensificaron el rompimiento de la conciencia hasta la iluminación, los estigmas revelados permanecen.

160

Menos peligroso es inventarse una explicación absurda del mundo que asumirlo cual si fuera única realidad.

161

Puesto que la realidad hace imposibles de aceptar sus estragos e iniquidades, las cosas más fáciles de creer son las irreales.

162

Nadie conoce nada, pero todo se comunica entre sí. La mística comienza por un rumor de fascinación.

163

La gente quiere mitos porque los requiere, y si en casa no los hallare los buscará en el cubo de la basura.

164

Díganme los convencidos de una u otra opción en qué parte del cuidadoso plan divino o de las matemáticas leyes naturales entraba esa cencerrada conocida de aquí a Tasmania como «La Macarena».

165

Todo lo que puede ser concebido por la mente refleja una faceta de la realidad. Incluso la realidad ordinaria del crédulo materialista o del ateo dogmático contienen una imagen parcial de la realidad total, integradora de opuestos, a la que se aproxima más que ningún otro el visionario capaz de arrancarse las legañas de los paradigmas heredados.

166

«Hagan los dioses que todo se lo lleve el viento». Y vaya si lo hicieron, camarada Homero. Aún arrastra por el mundo el polvo que somos.

167

Es inverosímil que las necesidades del ser humano coincidan con las del cosmos salvo, quizá, en el instante fúlgido de la muerte.

Paisaje con ciudadela en lo alto de una montaña


168

Ni el cerdo que habita un palacio es menos puerco, ni el águila atrapada en una jaula más gallina.

169

Quien dedique sus energías a implantar en la realidad un ideal, antes o después habrá de enfrentarse a la necesidad de hacer trizas a aquellos que no se adapten a él.

170

Lo primero que destruye una revolución no son los cimientos de la sociedad que considera corrupta, sino el frágil suministro de lenitivos que la hacían respirable.

171

Ideologías y dogmas de fe necesitan un bautismo en sangre propia para creer justificada en sangre ajena la confirmación de sus quimeras.

172

Con la muerte del Creador, la humanidad cayó en manos más callosas que las de un dios posesivo: los puños acerados de las utopías.

173

Querer transformar el mundo es la ambición de quienes no lo comprenden.

174

Cuando a todas luces combatir el sufrimiento lo multiplica, dejar de luchar es lo verdaderamente revolucionario.

175

La nulidad humana para construir una sociedad perfecta nunca ha sido un impedimento para que el progresista confíe a la posteridad un remedo infernal del paraíso.

176

El optimista necesita hacer creer a sus detractores que la naturaleza humana es un invento reaccionario para excusar los desatinos con que la razón se mancilla ante la biología.

177

De la cultura de la obediencia hemos pasado a la de la obsolescencia; del culto al escarmiento al azote del rendimiento.

178

En el medievo, las mentes desquiciadas solían ser presa de posesiones diabólicas; en la Nueva Edad Media, sucumben una tras otra a las majaderías prefabricadas que mejor envasan el desenfreno colectivo.

179

Más socorrido para prosperar que vendarse los ojos es vender el alma por una venda.

180

En el volátil mundo de los negocios, cada uno confía en otro que a su vez confía en alguien y así a lo largo de una cadena de irresponsabilidades que empieza justo donde termina, en tierra de nadie.

181

¿Qué significa para los tiburones financieros que la economía tira? Básicamente, que las heces producidas por un sistema fraudulento van al fondo menos visible de la sociedad en vez de salir a flote.

182

Si hubiésemos tenido como prevención algunos reparos de los viejos escolásticos, quienes eran adversos a la usura por ver en ella la enajenación de un bien, el futuro, que a nadie pertenecía excepto a Dios, tal vez ahora no estaríamos sometidos a la rapacidad de las finanzas e inmersos, por ende, en un proceso de enfeudamiento mundial que nos deja maniatados al capricho de los grandes barones del latrocinio.

183

Una época es el periodo histórico durante el cual prevalece una constelación de valores. Cuando esta se extingue, no lo hace sin arrojar cenizas sobre las mentes, que se ven obligadas a convivir con los sentidos embotados durante el interregno que define el lapso entre dos épocas. Estamos ahí.

184

La historia no tiene rumbo ni centro, describe fractales.

185

El valor de la historia es tan relativo como innegables sus demostraciones de fuerza en los proyectos que desbarata. El tiempo no merece respeto por lo que afirma, sino por lo que abate.

186

Nihilismo es el diagnóstico que la modernidad hace de sí misma.

187

Ninguna clase de fe conocida ha sido tan lesiva como la que masas y élites han tenido en el progreso, pero ninguna otra ha sabido publicitar el futuro como un triunfo diferido desde las catástrofes que gracias a sus avances han tenido lugar.

188

No fueron unos humanos los que ganaron a otros  las guerras de la última centuria; la victoria indiscutible fue para la nación de las máquinas.

189

Cuando hubo desguazado al hombre-máquina, la máquina-sesuda conoció primero el sabor de un fruto prohibido y acto seguido expulsó al programador del código fuente.

190

La ubicuidad de organizaciones que actúan como corruptoras de los que trabajan para ellas no basta para explicar la bajeza humana; es más bien esta bajeza la que permite dar cuenta y razón de la corrupción que campa en todas las organizaciones humanas.

191

El banal encanto de la democracia, su gran truco de prestidigitación institucional, consiste en haber contribuido como pocos regímenes al ilusionismo de que la mayoría de la población se crea más libre cuanto más colabora en la desaparición de su libertad.

192

Quien delega su voluntad, pervierte su intención.

193

La mejor manera de conseguir que alguien se comporte como un votante es tratarlo como a un imbécil.

194

Materia para la fantasía es conseguir que un ciudadano disienta si su condición depende de que asienta.

195

La plutocracia, ese sistema de simulación de precios diseñado para que los pastosos sean cada vez más poderosos, ha prosperado en buena medida porque la democracia cumple su función: embobar a los que votan con la ilusión de que un reparto más justo de la riqueza es posible solo por introducir una papeleta.

196

El sufragio, tan caro a los demócratas, ha llegado a ser la mejor garantía, el aval incuestionable, de la dictadura de la masa que el político de turno ha de tomar como punto de partida para tener posibilidades de ganar.

197

La democracia no ha dado cobijo a otra libertad que la de prostituir del pensamiento a las fluctuaciones del criterio popular.

198

Cuando se habla de «respeto a la democracia» lo que se impetra a los discrepantes y dubitativos que pudieran quedar en el auditorio es la conveniencia de cerrar filas en favor del dictamen de la mayoría social y de quienes la pastorean. Ya desde su planteamiento se deja ver que ese supuesto respeto no tiene más valor que la ovación de una multitud enfervorizada cuando siente que su confluencia de criterios vale más que cualquier objeción razonable a su voluntad.

199

Los programas políticos son a la dinámica de las democracias lo mismo que un tambor en manos de un niño.

200

Las mentalidades sumidas en la óptica partidista oscilan entre la nostalgia cerrada de un pasado de privilegios perdidos y la arrogancia voraz de un futuro por conquistar. Los partidos políticos, en consecuencia, no defienden el ideario que consideran más justo, sino el más útil para captar el apoyo de una mayoría polarizada a propósito de ambos extremos.

201

Uno afecta más displicencia frente a las ideas igualitarias cuanto menos se distingue de otros sin las prótesis que le han dado la cuna o la fortuna.

202

Ser o no ser como los demás solo es problemático para quien siempre será un cualquiera.

203

La posesión fortuita de un gran peculio desnorta menos que las artimañas y vilezas necesarias para amasarlo.

204

La penuria es un estímulo para la envidia que la codicia del magnate provoca.

205

El afán de superación ha sido uno de los combustibles más calóricos de la economía a lo largo de la historia porque suya es la envidia que recarga la iniciativa del emprendedor.

206

Si parece razonable esperar del Estado que funcione mejor allí donde su injerencia es más suplementaria que coactiva, pedirle que resuelva los principales problemas vitales de los ciudadanos es autorizarlo a extralimitarse en todas sus funciones.

207

Mucho se ha avanzado en la búsqueda del origen social de los trastornos individuales, casi tanto como ha progresado la inopia para no ver en algunas revueltas sociales una capilla abierta a las insuficiencias personales.

208

Nos quejamos más por lo que suponemos de los otros que por lo que sabemos de ellos. Curiosamente, esa es la razón por la que los consentimos.

209

No puedo negar la libertad individual porque me siento indisolublemente libre; en cuanto a los demás, no puedo afirmar que sean libres en su mayoría porque corren atareados hasta desfallecer como el más grosero de los vasallos.

210

No nos engañemos: la autonomía personal es una ficción exacerbada por la hidra surgida de la modernidad —exacerbada en contra por el comunismo y a favor por el liberalismo—, si bien merece la pena apostar por ella como noción ética dada su utilidad para tratar de tú a tú al destino sin arrogarse por ello poder para negar la fatalidad dentro del chicle estirado del universo, y siempre desde la asunción de nuestras flaquezas a fin de no incrementar el sufrimiento consustancial a la existencia.

211

Cuando la oferta es gratuita, el pago por aceptarla se hace en moneda de vida.

212

Muy monetizadas hay que tener las condiciones mentales para creer que las condiciones materiales son el alfa y el omega de la vida.

213

«Os damos tooodo esto: ¿de qué os quejáis?». No es necesario trabajar de pleamar a pleamar desmantelando herrumbrosos buques en Chittagong a cambio de calderilla o matarse puliendo pantallas táctiles en Foxconn City para cerciorarse de que mañana nos harán pagar por dar el callo. Es sencillamente intolerable que las opciones vitales se hayan reducido a mantenerse con el agua al cuello entre la posibilidad de someterse a un laburo embrutecedor y el miedo a perder un amo dispuesto a mal pagar el holocausto diario de nuestras fuerzas. Ora et labora, menos pensar y más doblegarse, vuelve a ser el santo y seña de una civilización que prefiere correr a discurrir, mantenerse ocupada a emancipada, y que no bien presume de hacer lo que quiere se aplana de fatiga por no querer lo que hace.

214

Calor y trabajo nunca hicieron buena mezcla, salvo que con ella se quiera pasar de lo explotador a lo explosivo.

215

Al margen de las plusvalías que muchos lamentan perder como trabajadores, lo que no puede soslayarse de la rutina laboral, sea forzosa o asalariada, es que supone una sustracción exorbitante de tiempo y facultades de la persona que lo realiza. Traba el trabajo en una minusvalía inducida, y esto se hace harto evidente por el dinero que permite a quien lo posee hacer que otros curren para él ahorrándole no pocos inconvenientes, entre los cuales el acatamiento maquinal del cansancio no es uno de los menos nocivos.

216

No se tema ser vehemente para desbastar algunas costras que oprimen al corazón: eso no es dureza, sino un masaje que libra a la razón de querer males mayores.

217

Muy poca gente rechazaría el conciso perímetro de satisfacciones aseguradas por el dispensario de una vida mecida entre comodidad y laboriosidad. O en otras palabras, nadie que ame el aprovisionamiento como a sí mismo sale sin duelo de la enrejada complacencia en una covacha pequeñoburguesa.

218

Robar a muchos lo que les corresponde para dárselo en nombre del bienestar a los que no lo merecen, en esa operación se resume la justicia social que reclaman sus vocingleros.

219

A veces besar los pies puede ser la mejor estrategia para hacer tambalearse al enano que pretendía servirse de nosotros como zancos.

220

Bajo distintas banderas idénticos argumentos —o ausencia de ellos, más bien— constituyen el rancho de los nacionalismos de todas las épocas y latitudes.

221

Se conceden derechos a los pueblos y a los territorios antes que a las personas porque esa es la manera menos impopular de conseguir que el individuo soporte una carga extra de deberes.

222

Aquel que obedece órdenes brutales demuestra ser tan vil como el que las imparte, quien a su vez no deja lugar a dudas sobre su calidad al asignar a otros el trabajo sucio de ejecutarlas.

223

No hay fuerza sin conocimiento de la debilidad, ni debilidad que no se haya gestado al auspicio de una fuerza desatendida.

224

La fuerza puede imponerse, pero solo la inteligencia puede recabar respeto.

225

Si uno no se domina en los momentos críticos de tensión, si carece de presencia para contenerse y sujetar la ira, en vano tratará de ganarse el respeto de otros por muchos cates que reparta. No hay poder más recio que el poder sobre sí mismo.

226

Tampoco la inteligencia limpia «el pecado del mundo», a no ser que por tal se considere cuanto tizna el acomodadizo con su actitud conformista.

227

Solo dos condiciones son primordiales para que un espíritu florezca: que la educación no lo paralice ni lo fomente.

228

La sociedad que no ata corto a sus vigilantes de largo se ve prisionera de sus protectores.

229

Quien fue ladrón antes que poli, bien sabe lo que la calle calla.

230

Allí donde todos son programados para subir a lo más alto, nadie que se detenga está libre de sufrir las embestidas de la frustración que mueve al aparato social.

231

Cuanto más pública es una mentira, más cara es la verdad.

232

Así como la guerra es para los pueblos un atolladero inexorable, para el historiador lo es volverse hipermétrope respecto a los hechos que ha vivido de cerca, miope respecto a los que acaecieron fuera de su tiempo y turbio de presbicia respecto a los que serán.

233

Mal haría si no pudiera confirmar, desde mi propia aunque hasta la fecha insobornable parcialidad, que Kapuscinski estuvo centrado al subrayar que «cuando se descubrió que la información era un negocio, la verdad dejó de importar». Puesto que la verdad es hipersensible a los temores, sumisiones y adhesiones de quien se aplica a inquirirla en los hechos y divulgarla en los medios, sería lícito esperar del reportero que aspire a trabajar con una disciplina digna de forense y no un tentáculo servil de la industria del entretenimiento que su pluma estuviera libre de diezmos de argumentario. Cuando menos, habría de agradecerse que su palabra estuviera respaldada por datos auxiliares que permitieran conocer el cerco de constricciones que le afectan o, en su defecto, avalada en la soltura por un franco anonimato. No se afronta la realidad con el mismo espíritu si uno se debe a camadas, hipotecas, filiaciones gremiales y cojeras políticas, como tampoco si uno escribe desde el asiento en la banca de una secta o desde el asentamiento en la secta de un banco.

234

Solo hay un emético más resolutivo que la chacinería de infundios en que se han convertido los noticiarios con sus noticieros: los moscones hambrientos de chismes que atestan, al otro lado de las pantallas, las emisiones periódicas de bascosidad.

235

Con las mafias de las finanzas en contra, incluso el país más solvente está condenado a quebrar. Aparte de las manidas paparruchas sobre la soberanía popular, la igualdad ante la ley, el ascensor social y el libre mercado, nada tiene de liberal el panorama internacional y mucho, en cambio, de señorío macroeconómico. Está por ver —es algo que sin duda se verá con las cuencas oculares vacías— cómo resolverá el corsariato financiero, basado en crear deudores donde antes hubo consumidores, el recrudecimiento de los conflictos relacionados con los recursos básicos del planeta en un siglo que no parece sentirse aludido por la cantidad de seres que nacen a engrosar la cifra de malparados mientras menguan las riquezas reales.

236

Si en los siglos afligidos de teolepsia era impensable que el pueblo llano entendiera un orden natural ajeno a los dogmas teologales, no menos arduo resulta en nuestro milenio al vulgo discurrir fuera de los códigos canónicos que los priores del mercado formulan con su trinitaria tragantona de emprendimiento, innovación y desarrollo.

Stuart AmosOf Dreams


237

Las cosas que existen en la imaginación no necesitan suceder en la realidad para ser ciertas. 

238

Pensar es siempre un hacer, pero hacer no siempre es un pensar. 

239

Aun si no conduce a parte alguna, el tiempo dedicado al pensamiento es tiempo ganado al cegamiento.

240

Diáfano y duro como el diamante ha de ser el pensamiento para no ser pulverizado por las altas presiones de las minas donde tiene por ventura su alumbramiento.

241

El primer acto de libertad del pensamiento es no tomar por absolutos los sentimientos. Para el sentimiento, sin embargo, su poder se basa en no ser contenido por nada, ni siquiera por los conceptos con que le tiende la mano el pensamiento.

242

Mala fama tiene la rutina para el que hace depender su reflexión de la costumbre.

243

No hay que dar más fe a lo que uno siente que la que otorga a lo que imagina.

244

La imaginación inventa verdades que la realidad no sabe desmentir.

245

Ni la acuidad depara siempre claridad de juicio, ni deja nunca de enfatizar las porquerías del mundo.

246

No puede ignorar el que algo sabe la desmesura de todo lo que ignora.

247

Solo alcanza grado de certitud aquello que puede ser asumido eternamente desde la fragilidad del momento.

248

Tabular la medida de sus fuerzas supone para nuestra especie tener constancia de la inmensidad de su impotencia.

249

La experiencia enseña que nada hay más fugaz que aprender de ella, mientras que el conocimiento muestra cómo la capacidad de avanzar a partir de lo aprendido se ve saboteada con el menor contratiempo. De tal manera está configurado el ser humano frente a los peligros, que lo normal para él es optar por una ilusión de seguridad antes que arriesgarse a obrar en libertad. Desde un punto de vista evolutivo, las posibilidades de que la duda sea aceptada como un planteamiento válido se reducen prácticamente a cero, luego las de complicar el error original ascienden casi a infinito.

250

Cabe traducir el aumento del conocimiento en una mayor disposición mental para la vida civilizada, pero nada permite demostrar a la luz de esa posibilidad que el aumento de la civilización suponga un progreso del conocimiento. Por sustancial que sea el incremento del saber, nada que el humano haga consigo puede borrar las pulsiones de su naturaleza.

251

Quien hace en sí la reconciliación con el vacío que contiene la resquebrajada ánfora de su ser; quien ya no ansía tragarse a otros ni brega por derramarse sobre ellos, no deplora la cohesión secreta de lo disperso, la unidad oceánica de lo mutante, la belleza inmune a las garras del infortunio ni el sueño de sueños del que nadie ha despejado nunca su modorra sin haber disuelto el hombre que creía haber sido.

252

Del ánimo la independencia es trampantojo si no aumenta su impavidez respecto a los bienes arrasados por el paso del tiempo.

253

Aun habiendo dejado atrás el bullicioso anhelo de reconocimiento, aceptado en suerte el desmoronamiento paulatino de las aptitudes personales y asumido la esterilidad de las iniciativas orientadas a hacerse valer, pocas personas son tan desdichadas como aquellas que se saben juzgadas por las apariencias de lo que no son y fermentan de día en día en la certidumbre de que nadie se interesa por su talento.

254

Si uno empeña la voluntad en mantenerse fiel a su personalidad, se arruinará por nada.

255

Conocerse exige dejar de engañarse con la transformación de la realidad y asumir como una verdad cambiante el poder de la imaginación para descubrirla.

256

La pretensión de cambiar de vida sin cambiar de visión es como una muda de ropa limpia sin haber aseado el cuerpo.

257

Mana la clarividencia de la matriz de una naturaleza a la que no termina de pertenecer.

258

El ignaro aprende por la fuerza de los hechos, el culto por la sutileza de los libros, el agudo por la observación atenta de los demás como de sí mismo y el sabio de la experiencia alquitarada a través de todos ellos.

259

De la senda surcada por otros el orate hace un laberinto, el sagaz descubre un rastro de pasos en falso y el peregrino un paradero donde descansar. Ahora bien, ¿qué alma con algunos inviernos a sus espaldas no contiene estratos de locura, terremotos de sagacidad y fallas de cansancio?

260

Del esclarecido es competencia indicar los problemas que nos afectan; del inteligente la tarea de buscarles soluciones; del listo la habilidad de sacarles provecho.

261

La gravedad, plomo de la conciencia, se acumula en el espíritu desapegado como un tesoro dormido a la espera del arte que sepa despertarlo.

262

Aceptar con naturalidad que el mundo carece de sentido es dotarse de la capacidad de crear la ficción que a uno más le plazca fuera del arresto filosófico en el sistema que le había atribuido. 

263

Ante los relatos demasiado vívidos suelo rezar para serenarme que en este mundo hay dos grandes facciones de alucinados: unos solo ven lo que creen y otros solo creen lo que ven.

264

La diferencia entre ilusión y ficción es que la primera funciona como una creencia que una vez se toma como cierta prescinde de la realidad, mientras que la segunda, a pesar de ser hija de la imaginación, recibe un valor de uso que no empece para ser revocado en cualquier momento por el pensamiento.

265

Mientras la fantasía va, la imaginación viene; la primera pertenece al mundo diurno, la segunda al nocturno. Frente a la fuerza creadora de la naturaleza que es la imaginación, la fantasía solo es una duermevela dirigida por el ego que proporciona sucedáneos de realidad para calmar algún deseo carente de objeto.

266

En vano es incorporar a la realidad las enmiendas que la existencia consciente desearía al sentirse desgarrada de lucidez.

267

Tener cultura significa, además de otras cosas más sonadas, poder copiar a muchos autores para combinarlos con impunidad en el propio almacén de ideas. 

268

Llega el bobo cuando es culto al magisterio de lo insoportable.

269

No se niega la muerte impunemente; todo lo que pretende omitirla o reprimir la intimidad que debemos mantener con ella en forma de onirismo, descanso y meditación no hace sino alimentar su intensidad sanguinaria en otros campos.

270

Quien navega en la cama, de los sueños aprende.

271

Hacer realidad los sueños es arrogarse la potestad de transformarlos en pesadillas.

272

Nada profundo aplaca al que anda hundido en las alturas.

273

Las fronteras que separan el mundo interior del exterior son más arbitrarias que reales, más imaginarias que literales. Ni los hechos son independientes de la mente que los percibe, ni la mente que los percibe lo es de los hechos que desconoce.

274

Ecuménica e imperecedera es la cepa del alma, pero es la autonomía personal la que le confiere la capacidad de reconocerse, modularse y expresarse a través de la floración que despliega en cada sujeto.

275

Para cruzar el umbral hacia la realidad extendida allende el mundo ordinario de los hechos, el yo debe morir en vida, debe ser desmontado desde dentro. Y a la inversa, para entregarse a los afanes a la burbuja del yo debe perderse primero el puente de la visión, el sentido de la conexión secreta con la inmensidad que se nos apela con los atributos de otro mundo.

276

No resulta de especial importancia saber si la interpretación de la vida es correcta o no; lo significativo es que nuestra perspectiva ayude a que los engranajes del tiempo nos trituren sin demasiadas estridencias.

277

Aunque indemostrables como cualquier arcano del alma, los indicios para sospechar que la vida es un sueño podrían ser engañosos sin que por ello los más vívidos sufrimientos omitan su impronta de pesadilla en el ser.

278

No avituallemos el desconcierto de la guerra sin cuartel entre ideas que contienden no por obtener la explicación más cristalina, sino la más invasiva.

279

Defender vivamente algo es el reclamo más seguro para que sea atacado. Así, el celoso teme con la la misma furia que desea hechos que le den la razón.

280

De una intuición a otra vamos hallando verdades que de verdad a verdad perdemos por quererlas retener con razón.

281

Con sus cotos y sus cotas la orografía de los valores cambia, pero el irreductible vacío de la identidad que los cartografía no disminuye.

282

No puede uno situarse en el presente sin asumir la totalidad del pasado, ni se puede hacer tal asunción sin renunciar totalmente a cebar el futuro.

283

A la vez que nos desgasta, el tiempo nos descarga de las capas superfluas que fuimos adquiriendo con los años.

284

La negación de sentido al curso de los acontecimientos es de por sí una atribución de sentido frente a la incertidumbre de saber qué sentido cabe darle.

285

El criterio de lo valioso no puede declinar ante la historia ni puede ser concebido sin su ejemplo.

286

A fin de verificar la validez del determinismo necesitaríamos, como poco, emplear el mismo tiempo que el cosmos para desentrañar los descomunales procesos concatenados que tienen lugar en él. En virtud de esta limitación cognitiva, tanto el azar como el destino seguirán siendo conceptos admisibles a nuestra escala.

287

Todo efecto es deudor a nivel físico de una red causal, pero todo comportamiento causativo sigue acciones que permanecen ocultas al conocimiento tal como está envuelto con las metáforas del mundo natural. La causalidad parecerá dual bajo una visión ampliada, como si sucediera al mismo tiempo en un orden sutil y en un caos fáctico, y aun así no sería más que una forma burda de abordar la estructura compleja que se expande alrededor de las magnitudes observables.


288

El sermón es un género muy denostado, evidentemente por el rebozado eclesiástico que ha adquirido con el refrito de los siglos. Su raíz etimológica lo vincula a la conversación, a la palabra tejida entre varios. Eso lo eleva sobre el panfleto, que es unidireccional y nace con el propósito expreso de zaherir o adoctrinar. Si los párrocos y el séquito sedicioso que con ellos pone el grito en las ondas fueran honrados, usarían mascarillas para contener las soflamas de pasquín que propagan a través de sus gaznates. 

289

Mientras el polemista no se proponga convencer al adversario, el debate se mantendrá dentro de coordenadas tonificantes, ajeno a la corrupción de canjear dicacidad por monserga.

290

Condenar a alguien por la expresión de ideas incómodas es comparable a la aberración que significaría iniciar acciones penales contra un novelista por haber maltratado en la ficción a un personaje.

291

No se culpe al emisario por decir en alta voz verdades cruentas; lo cruel es ocultar a los más blandos las evidencias, pues ellos son los primeros en sufrir las falacias de los más duros.

292

Rompo una lanza por Tersites, personaje que en la Ilíada se atreve a pronunciar verdades incómodas en presencia de prebostes y caudillos, razón por la cual es reprendido nada menos que por Odiseo, quien «con el cetro dióle un golpe en la espalda y los hombros», como a un perro insolente, para irrisión de los guerreros convocados. Según el mitólogo Robert Graves, de sólito perspicaz en sus ensayos, Homero se sirve literariamente de la vejación pública de Tersites como un recurso para que los reproches dirigidos a Agamenón y sus secuaces tuvieran legítima cabida en el canto. Ea.

293

El lenguaje señala con palabras aquello que no puede ser explicado por ellas, como el silencio de favilas que subyace al estallido de todo lo creado.

294

Aunque entre la inedia del silencio y la opulencia de la retórica el estilo tenga mucho que decir en beneficio de la comprensión de lo inefable, para ninguna lengua debiera ser motivo de orgullo que los grandes pensamientos no puedan ser expresados, solo apresados por medio de palabras.

295

El reloj fomentó la ilusión de poder controlar el tiempo; la brújula, la seguridad de orientarse en el espacio; la imprenta, la embriaguez de pautar por escrito los conocimientos.

296

El diletante siempre tendrá sobre el experto la ventaja de no tener que demostrar que está donde sus títulos lo sitúan.

297

Hay autores que de la nimiedad hacen blasón y cada vez que defecan una parida la cabalgan en sociedad, y otros cuyas enseñas pasan inadvertidas a sus coetáneos hasta que ulteriores estudiosos los descubren asombrados de que las autopistas de la difusión fueran para los burros y los caminos de cabras los bólidos.

298

La escritura puede ser una excelente política migratoria cuando en uno ya no cabe un tonto más.

299

Hay algo más penetrante que haber persuadido al receptor: hacerle sentir que lo está.

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Un filósofo satisfecho hace más daño con el subidón de sus neurotransmisores que el más resacoso de los pensadores. No es más depravado el que reniega de la existencia, sino el que la ensalza irreflexivamente como si careciese de ponzoña o sus daños fueran excepcionales.

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Los libros deben ser descalabrantes: si no te abren la cabeza, su lanzamiento es fallido.

4 comentarios:

  1. A la espera de tu reincorporación al culto a las pantallas, no dejo de dejar ya apuntado que tu es impresionante tu tirada de lemas antinatalistas, sobre todo en la primera parte de la colección, y con los que cada vez estoy más de acuerdo y que conozco exclusivamente por ti, aunque no comulgo sino con bastantes más matizaciones que las que presentas. Si traer al mundo a un ser humano es terrible, como creo, no estoy en cambio de acuerdo con criminalizar a los padres. ¿Sería imaginable un mundo en el que sea encarcelado todo progenitor, quedando entonces el hijo en manos de orfanatos o de padres adoptivos? La idea es suficientemente rocambolesca como para afirmar tajantemente, a mi juicio. La política del hijo único en China trajo un desajuste entre sexos, dada la preferencia de los padres por el masculino, y algo similar ha sucedido en la India, abocada ahora a soledad, prostitución, violación y homosexualidad forzosa. Una prohibición de la paternidad acabaría afectando únicamente a los pobres, y sin duda las elites se las arreglarían para continuar dispersando su semilla por el mundo. Siempre ha sucedido así. Parece ser que buena parte de Asia central lleva los genes de Gengis Khan, quien desplazaba a los candidatos viriles locales cuando llegaba con sus hordas saqueando pueblos. Ni siquiera estoy comprometido con criminalizar a quienes contribuyan directamente en la explotación animal. Más bien soy partidario de poner el foco en las víctimas, a fin de que el verdugo acabe tomando conciencia de sus actos. Creo que la retórica culpabilizadora tiene su fuerza y su oportunidad, y no la desprecio en absoluto, pero su abuso comporta riesgos y reacciones. A mi ver, el primer puesto de una argumentación moral ha de estar siempre la justicia compasiva, las consecuencias ocultas y el peligro que nos circunda a todos.

    Macheteando entre tus acostumbradas negritudes, encuentro y aprecio que con el parágrafo 35 apuntales también la causa de los sufrientes no humanos. Actualmente más lo necesitan ellos que nosotros, si cabe. El 49 lo podría haber pensado yo difusamente, aunque con mucha menos nitidez al expresarlo por escrito. El 122 y el 257 son muy ciertos y agudos.

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    1. A causa de la restricción a 4096 caracteres que el blog admite por comentario, dividiré la respuesta en dos bloques:

      1/2

      Debo alabar antes que nada la capacidad heroica de tu inteligencia para emboscarse en estos zarzales, abrir trocha en ellos con sorprendente celeridad y regresar no solo indemne en apariencia, sino tonificado por haber recuperado alguna flor apta para el herbario. Y no obstante, temo no haberme expresado con la debida claridad si después de tantas entradas dedicadas en parte o en exclusiva a la ingenesia aún se puede llegar a la conclusión de que soy partidario de alguna medida extrema contra la natalidad, salvo que a la sazón hayas tenido la amable ocurrencia de ofrecerme un albur para dirimir acusaciones infundadas frente a los malentendidos que mi ética, en lo tocante a la reproducción, puede suscitar.

      Obligado me veo, por tanto, a matizar que defiendo a tal grado la libertad desde su médula individual que si de mí dependiera decretar un control demográfico o promover la difusión masiva de una sustancia esterilizadora sin consentimiento de la población, estaría radicalmente en contra por su magnitud coercitiva. Sería de una incoherencia supina si a fin de atacar las actitudes pronatalistas por su fundamento despótico hubiera de incurrir en un abuso de poder. La frontera, para mí, está en la piel del otro; mutatis mutandis, respecto a los deslices que otros puedan cometer dentro de esos límites, adoptaría la máxima atribuida erróneamente a Voltaire: «Estoy en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo». Desde mi punto de vista, un Estado que implementara el hostigamiento a los progenitores sería una distopía y su poder de vulnerar la autonomía personal lo haría no menos perverso que un sistema de conquista basado en violaciones multitudinarias o inseminaciones forzosas. Imponer un aborto es en esencia tan horrible como impedirlo, de lo cual no se sigue que deba haber un derecho legal a engendrar, como tampoco debe haberlo en el sentido de coartar la reproducción: son realidades que pertenecen a un ámbito, el de la conciencia, en el que los poderes organizados harían bien en no injerirse.

      La funesta política de China estuvo tan fuera de propósito como la falta de moderación que la provocó, pues no fue sino la respuesta desesperada de una tiranía a la superpoblación. Correctivos de ese calibre, como bien apuntas, más que disuadir de los excesos de una visión pronatalista constituyen un penoso ejemplo para quien aspire a hacer una refutación del sesgo que acepta como válido hacer cuanto sea menester para ahorrar sufrimiento a sus hijos sin percatarse de que el único modo de prevenirlo es no haberlos engendrado.

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    2. 2/2

      Pese a que algunas personas aprueben el mal que se les ha causado a cuenta de algún supuesto beneficio, nunca se tiene el consentimiento de aquellos que son forzados a venir al mundo. He aquí lo moralmente reprobable. En materia jurídica, solo me parecería razonable extender esta reprobación a las personas que trajeran deliberadamente a la existencia a seres que se sabe a ciencia cierta aquejados de disfunciones graves, aunque bien pueda argumentarse que todos somos tarados en algún sentido cuando se nos emplaza a ser. Las víctimas de esas graves disfunciones, o sus tutores legales, estarían a mi juicio en su perfecto derecho de interponer demandas por «vida injusta» a sus padres.

      Agradezco que hayas dejado asomar tu sensibilidad compasiva de una forma que me va a permitir complementarla con un aforismo que me había quedado descolgado. Adviertes sobre los peligros de «la retórica culpabilizadora» y, en efecto, «riesgos y reacciones» son molestias que alguien debe asumir (quizá con peligro de abuso, cierto es) frente a las inercias culturales que resultan más complacientes con los verdugos, máxime cuando por obvia genealogía ningún humano llega a ser criminal sin haber sido antes víctima. Celebro que «en el primer puesto de una argumentación moral ha de estar siempre la justicia compasiva, las consecuencias ocultas y el peligro que nos circunda a todos», y no hallo impedimento para que la atención puesta sobre el reguero de condenados excluya la urgencia de arrojar luz sobre la sofisticada maquinaria de complicidades en que la sociedad humana ha convertido su atávica función de perpetuarse.

      Es un error generalizado creer que se puede ser edificante sin ser demoledor. Junto a las razones que ningún servilismo ha logrado demudar, las verdades más reveladoras aguardan emparedadas tras pesados muros de intereses adversos a la expansión del conocimiento.

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  2. De acuerdo sobre la falta de judicialidad. Lamento si no he sabido ligar tus llamadas a la libertad con tu rechazo al paritorio. Lo cierto es que no he seguido con tanto detalle los exhaustivos exabruptos al hecho de nacer que vienes lanzando desde hace tiempo.

    Sobre la vehemencia en la condena moral, quizá haya exagerado mi postura, y quizá el motivo haya sido más un deseo de conversar y de conocer detalles de tu opinión que de expresar la mía, que es cambiante a este respecto. Insisto en que la culpabilización tiene un gran valor retórico e incluso, en un plano relativo, una entidad totalmente real. Buena prueba de esta creencia son las amonestaciones a mí mismo en tanto que miembro ordinario de la especie humana, amonestaciones que me han pesado en la conciencia durante varios meses de este año y cuya algunas de sus partes aún tengo pendientes de publicación. Las escenas violentas y la gravedad de la responsabilidad no han de omitirse, todo lo contrario. Han hecho más por actitudes pacíficas que cualquier alegato intelectual. Pero han de conjugarse sabiamente, porque considerar criminal y demente a quien simplemente sigue una costumbre seguida por todos puede causarle un cierto remordimiento ocasional -bien lejos de un cambio de actitud integral- si tal acusación no va acompañada de datos concretos y detallados sobre las consecuencias de su "crimen". No hay delincuente si no aparece en toda su crudeza el cuerpo del delito. Cuando dudo en señalar a uno o a otro, señalo siempre la víctima. En estos casos tan universales y atávicos más que en ningún otro, cobra importancia aquello de odiar el pecado y amar al pecador.

    En cuanto a mi cuasi-antinatalismo, y sin que me hayan preguntado sobre la cuestión, te diré que más que la vida del neonato, que puede disfrutar de numeroso gozo intercalado o pospuesto a diversos padecimientos, me preocupa muchísimo más las muertes, explotaciones de seres sensibles y desastres medioambientales que causará su mera existencia durante algunos años, no digamos ya si llega a anciano. Si el progenitor es el primer "culpable", el propio producto lo será en segundo lugar (es decir, lo somos todos nosotros, que seguimos nuestros instintos). Este es el tema que me viene preocupando últimamente. Es por ello que apenas considero más "criminal" engendrar un depredador que proseguir depredando uno mismo, lo cual es harto fácil. De hecho, todavía es posible -si poco probable- criar a un hijo como a un yogui fanático o un jainista austero en extremo, vegano, pacifista radical e incluso feliz por cultivar su espíritu tan por encima de su cuerpo. Menos culpa tiene el padre o la madre de alguien así que un urbanita consumista occidental.

    Gracias, por cierto, por corregir algunas mis muchas erratas en la discreta transformación que supone la cita.

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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