18.4.16

OFICIO DE TINIEBLAS

José Ferraz de Almeida, El leñador
Los cavalleros en la guerra comen el pan con dolor. Los viçios della son dolores e sudores; un buen día entre muchos malos. Pónense a todos los travajos, tragan muchos miedos, pasan por muchos peligros, aventuran sus vidas a morir o bivir. Pan mohoso o bizcocho, viandas mal adobadas. A oras tienen, a oran non nada. Poco vino o ninguno. Agua de charcos e de odres. Las cotas vestidas, cargados de fierro. Los henemigos al ojo. Malas posadas, peores camas. La casa de trapos o de ojarascas. Mala cama, mal sueño.
Gutierre DÍAZ DE GAMES
El Victorial

Aunque le deba moradas tan maravillosas como aquella en la que hube de reconocerme frente a la luna creciente de un espejo con tres ombligos como tres estigmas, es mi dios una Fiera Tremebunda, una Voluntad Hambrienta que se devora a sí misma, un Macrobio consagrado al impulso de crecer a cualquier muerte, por dentro y por fuera, sin completarse jamás, pues en tal caso su perfección lo extinguiría. No sabe qué o quién es, ni cuenta con vocación menos voluminosa que la necesidad de escudriñarse a través de cada ser, de probarse en todas y cada una de sus posibilidades por horribles que estas sean, dejando a su paso por la conciencia la formidable herida de una efigie de su esencia, que a modo de metámeros las contiene todas —todas las efigies y todas las heridas.

¿Qué lugar reservar a los hijos del mono en este corpus mysticum donde el continuo entre creador y creatura configura un racimo universal de jeroglifos? También son monstruos fabulosos los humanos cuando creen que la vida puede proseguir sin engaño, ajena a las gabelas de fantasmas imaginarios que nos causan males reales.

4 comentarios:

  1. "Recuerda que eres dueño de lo que callas y prisionero de lo que dices."
    Curiosa paradoja pues sin el habla, la prisión es el silencio.
    Un saludo

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    1. Apelo a la misma gentileza que has invertido en comentar para mi inexcusable tardanza en tomar la palabra; gentileza que habrá de ser redoblada en este caso, ya que sólo puedo darte una respuesta oscilatoria y relativa, como el mismo Dios que existe y no existe simultáneamente a través de la creatividad en ejecución que he querido sugerir en esta entrada.

      El silencio es ambivalente, puede ser vivido como exilio o como reino, como encierro o como liberación, depende de si a su claustro se llega por voluntario recogimiento o por temor a expresarse, por disposición interna o por imperativo exterior, aunque raro es que estos extremos se nos presenten puros. Paradójico y normal, sin embargo, es que el silencio active una afinación superior a la que puede lograr la lengua, que a menudo no pasa de ser una variedad de sordera compartida entre emisores y receptores. En estos ruidosos tiempos tan dependientes de la transmisiones, las cadenas en vez de hierro se forjan con eslabones de mensajes y existe una solapada obligatoriedad de pronunciarse a cualquier precio, de manifestarse, de tener que abrirse en canal para sintonizar la frecuencia socialmente homologada, hasta el punto de que la existencia de quien rehusa estar en ciertas redes empieza a ser objeto de recelo, de incomprensión y hasta de lástima, una excepción a la norma...

      Cuanto más hondo se respira, menor es la necesidad de espirar de forma hablada. ¿Por qué divulgar lo que el silencio enseña? ¡De la palabra dicha es tan difícil salir! Optar por el silencio no es necesariamente sellar la voz, sino escoger, por desacuerdo con el mundo o por mejor acuerdo con el propio mundo, un espacio más vasto donde verterse.

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  2. Viene a cuento un ensayito que acabo de leer de Ivan Illich, titulado "La elocuencia del silencio" en el que defiende, literalmente, que "the learning of a language is more the learning of its silences than of its sounds" porque, como sigue, "the man who shows us that he knows the rythm of our silence is much closer to us than one who thinks that he knows how to speak".

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    1. Si ya es lujo que al inesperado cuestionamiento de la relación entre verbo y silencio que ha abierto esta línea de comentarios se una la transfusión de tus concurrencias intelectoras, ¿cómo calificar el fragmento que transcribo a continuación y que las artes de lo fortuito han puesto ante mí poco después de hacer pública tu intervención?

      «Cultivar el hombre interior, para decirlo con una expresión agustiniana, he ahí la finalidad del silencio. Se trata de un valor nuevo. Benito [de Aniano] lo reclama a veces incluso con severidad e irritación, porque a sus ojos es esencial para llegar a desear la vida eterna “con todo el anhelo de su espíritu” (consupiscentia spiritualis). La palabra concupiscencia se escoge aquí deliberadamente para dar a entender hasta qué punto la relación con Dios es otra relación amorosa, no ya egoísta y limitada por la carne, sino capaz de englobarla y sobrepasarla. Con Benito y sus seguidores se elaboró así en el secreto de los claustros y de los oratorios una abundante subjetividad en que el análisis de los afectos, de los sentimientos y de los progresos de cada uno en la vida espiritual prepara un descubrimiento de la persona humana con toda la riqueza por fin libre de una creación de la que el hombre no es esclavo y de la que puede llegar a convertirse en dueño».

      Algún párrafo más arriba, también se da noticia de un hecho curioso relacionado con nuestro tema de reflexión:

      «La lectura se hacía casi siempre en alta voz, a falta de separación de las palabras y de la puntuación en los textos de la época. Por otra parte, la lectura mental seguía siendo un ejercicio difícil en una sociedad en la que la soledad era rara, extraordinaria, y para decirlo todo, según la expresión pagana, procedía de un “odio del género humano”».

      Estos y otros pormenores pueden consultarse en el primer volumen («Del Imperio romano al año mil») de los cinco que componen la Historia de la vida privada que Taurus editó en 1987, de cuya adquisición podría hacer presunción tanto por lo jugoso del contenido que ahora tengo a mi alcance como por el módico precio en que ha concluido mi búsqueda de esta colección entre montañas virtuales de libros usados.

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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