21.10.14

DISPEPSIA


Estancarse al sol, doradamente, como un lago oscuro rodeado de flores. Tener, en la sombra, esa hidalguía de la individualidad que consiste en no insistir para nada con la vida.
Fernando PESSOA
El libro del desasosiego

Entre el mundo habitado y este lisiado que parla relígase en nauseabunda reciprocidad el despropósito de tragarnos sin digerirnos, pulso insoslayable de un cual para tal emponzoñado hasta que uno atine a evacuar, pulcra o cochinamente, al otro de su seno.

Como acompañar este asalto con el Saturno de Rubens me ha parecido desmedido para tan lacónico vituperio, me pongo de endriago en su deslugar.

2 comentarios:

  1. Mejor renunciar al mundo que ser renunciado por él. Claro que despotricar no es suficiente si permanecemos encadenados a la perversa dinámica del sigo. Sólo el anacoreta es un crítico consecuente del mundo.

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  2. Comparto ese juicio sobre la congruencia del anacoreta, entendido como el individuo que se retira desdeñoso de los trajines mundanos para entregarse mejor a la contemplación de las realidades espirituales, liberado en lo posible de la distorsión de los afectos extremos y del menoscabo de las necesidades ilusorias. Con esta filosofía, en tiempos de los primeros cristianos muchos de quienes optaron por la vida eremítica hicieron virtud de uno de los peores castigos usuales en el mundo antiguo, el ostracismo que apartaba al ciudadano de la vida pública. Magnífica escuela de reversión.

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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