3.10.11

FECUNDACIÓN DE LA PARODIA


Mejor es el buen nombre que el oloroso ungüento, y mejor el día de la muerte que el del nacimiento.
Eclesiastés 7, 1

Escribo esta ocurrencia con trazas de invectiva sin la tarea de pensarla más allá de lo que exige su exposición conforme a las reglas gramaticales, aunque si lo hubiera hecho tampoco habría cambiado mi opinión: solo la hubiese extremado...

No puede uno eludir la responsabilidad de su incoherencia al declararse detractor de la pena de muerte y al mismo tiempo defender el derecho a reproducirse, ya que forzar la manifestación de un ser con el nacimiento supone castigarlo con pena de vida –a menudo equivalente a una vida de pena–, y entre esta encarnación involuntaria y la imposición del fallecimiento, la diferencia radica más en una cuestión formal que en un planteamiento sustancial de la existencia como problema contagioso del que todos somos portadores conscientes; cuestión de forma más que de fondo, como decía, porque viene determinada por el plazo de caducidad –abierto a lo azaroso en un caso, fijado por un tribunal en el otro– pero deja intacto el sentimiento original de desamparo ante el asedio constante de los acontecimientos y el deterioro fugaz de la identidad.

La rebelión completa exige refutar la validez de aquello contra lo que se alza, salvo si se trata de un componente básico de la condición humana donde a lo sumo cabe movilizar, y no sin florituras de dificultad, el cuño de la ironía, tal como propone este apacible elogio de la tragedia en el aguafuerte La mort basculant un enfant de Charles Jacque, a quien no debemos confundir con su compatriota Jacques Charles, el primer hombre en realizar un viaje a bordo de un globo (aerostático, no de marihuana).

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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