7.10.11

OPACIDADES MUTUAS




Era aterrador, y al mismo tiempo maravilloso, vivir sin la ayuda de nadie, sin credo, y sentirme completo y seguro conmigo mismo. «Solo contra la humanidad». Aquella expresión era tanto una presunción como un lamento.
Edward BUNKER
No hay bestia tan feroz

El sexo, que me encanta más por sus improvisaciones desenfrenadas que por sus redundantes razones fisiológicas, no siempre consigue mitigar la sensación teatralizante de ser una distracción imbécil en la que los sujetos implicados juegan a creerse excitados por mezclarse entre sí mientras puedan seguir a salvo de lo necesario para emprender el vuelo de la identidad a través de los espejos carnales; sujetos abiertos, perfectamente lubricados y disponibles en cada centímetro objetivo de piel, pero intactos e inaccesibles en el alma, cuyo hogar permanecerá incomunicado pese a la entrega íntima de los sentidos, y brillará en pleno arrebato de éxtasis como una estrella aislada del mundo por una distancia inalcanzable.

Mi primera elección fue Los amantes de Magritte. Como se trata de una imagen bastante trillada por la cultura de masas, he optado por El beso de Peter Behrens con su líquida estética modernista o jugendstil según el decir de un prusiano.

8 comentarios:

  1. El Perpetrador10/10/11 22:35

    Precisamente ando yo estos días pensando en términos opuestos, a saber, en la sexualidad como vía iniciática, como lo ha sido en tantas partes desde tiempos inmemoriales. La idea de repudiar el sexo es una herencia de la vía cristiana, que es ascética, pero perdida la finalidad trascendente tal repudio queda tan huero como la mera sexualidad bruta.

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  2. El Perpetrador10/10/11 22:37

    Por cierto, tomé yo también el cuadro de Psyche. No es que haya que pedir licencia para una obra de dominio público, pero de todos modos sentía la necesidad de reconocerlo.

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  3. Bienvenido, amigo.

    Una de dos, o poco avanzado debes andar en tu recorrido místico por la sexualidad (dicho sea con todos mis respetos), o me he explicado defectuosamente, porque en ningún momento he repudiado la actividad sexual, sea con la finalidad que sea (bueno, para ser honesto, la repruebo cuando se la entiende únicamente como una herramienta reproductiva). Expreso, o más bien trato de hacerlo, mi desazón por la impotencia no física, sino espiritual, para comunicarse a través la unión carnal, que es fuente indivisa de increíbles encuentros y de monumentales desencuentros, a los que me atrevo a considerar como la doble faz de un mismo hermetismo cuya trascendencia se me antoja engañosa. Tal vez a partir de la aceptación de ese punto autístico pueda avanzarse algo en la integración expansiva de los diferentes estratos que componen la personalidad. No lo sé, yo también estoy en ello...

    En cuanto a tu segunda objeción, presupones que había visto la imagen en tu bitácora, lo cual es una acusación gratuita: lo siento, hace mucho que no frecuento tu archipiélago virtual pese a que se encuentra entre mis sitios preferidos. Antes de disparar es recomendable preguntar, ¿no crees? Si la hubiera visto en alguno de tus blogs, por mucho que me hubiera gustado, nunca me habría expuesto a la vergüenza de reproducirla por la jeta. A mayor abundamiento, tanto el texto de la entrada aludida como la elección de la pintura que la ilustra estaban archivados en modo "borrador", pues durante el último verano apenas he escrito ni en público ni en privado. Prefiero celebrar la casualidad que nos ha hecho tropezarnos con la divina Psyche movidos por un azar con ciertos tintes maliciosos.

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  4. Releyendo los comentarios, encuentro que me ha salido un tono demasiado agresivo para el efecto que realmente pretendía, que no era otro que el de sacudirme con la vehemencia justa todo vínculo intelectual con la horda del Pupas, de quien las leyendas urdidas por quienes no lo conocieron cuentan que decía ser hijo del Cadáver más apestoso de la historia, y culpable, por tanto, de un hedor moral que dura ya dos milenios.

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  5. El Perpetrador11/10/11 12:44

    El sexo es una "distracción imbécil" en la medida en que se tome por un evento puramente físico y egoísta. Nada más ridículo entonces que dos agregados de células friccionándose. Para mí no es suficiente no reducirlo a su función reproductiva; tampoco basta por sí mismo, ni siquiera como expresión de una ternura endogámicamente humana. Apuntar a ejemplificar en la cópula la coincidentia oppositorum (yin-yang, purusha-prakriti, unión de los polos activo y pasivo de la existencia...) no es cosa mía: siempre estuvo presente en espiritualidades orientales, donde han desarrollado auténticas metodologías de sexualidad simbólica, alcanzando la condición de liturgia, como en los altos grados de la iniciación tántrica.

    Es precisamete la ausencia de una educación en tal sentido lo que nos deja a occidentales y occidentalizados con un erotismo mutilado, no por ceñirlo al engendramiento (nadie tiene ya hijos en Europa) sino por restar al instinto cualquier finalidad, reduciéndolo a una tautología, y por ende revelador de la inane actividad del hombre "civilizado". La formulación esotérica del Cantar de los Cantares se ha perdido con el olvido de la Tradición. Sin embargo, algunos de nosotros, que no hemos encontrado en el ayuntamiento más que una aguda promesa de Paraíso (lo que, por otra parte, no es poco), reconocemos que, disciplinándose de la forma adecuada y con la persona adecuada, sería posible una suerte de kenosis recíproca y metamórfica. Lo difícil es que se den todas esas condiciones.

    Por otra parte, la vía de ascesis y pathos a la que vituperas en tu último comentario ha sido otro de los principales senderos espirituales, que no se opone a la vía amorosa más que en apariencia, así como lo femenino y lo masculino se oponen en apariencia.

    Y no me expresé con la suficiente precisión: el cuadro lo tomé yo de tu blog, por lo que no he presupuesto nada. Mi intención era agradecerte el préstamo del que no eras consciente.

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  6. Agradezco tu elocuente matización, pero como hombre expuesto desde la cuna a los residuos culturales de Occidente supongo que llevo la impronta de una disfunción que me lastra en la exploración de los misterios tántricos, una especie de puñalada por la espalda que me secciona los chakras. Algunas de las grandes culturas asiáticas, como bien indicas, han cultivado de forma impagable lo que podríamos denominar "tecnologías del aparato psíquico" que muy difícilmente podemos traducir con éxito desde la pobreza conceptual del racionalismo con que nos han adoctrinado. No lo digo como excusa, pues quien quiere saber termina encontrando rutas alternativas y hasta pasadizos visionarios para la conciencia. La tradición mística podría considerarse como un patrimonio común o raíz que ofrece diferentes floraciones según la atmósfera del tiempo y lugar donde brota. Por ello, incluso en la edad oscura que se inicia con el advenimiento del cristianismo, sospecho que los grandes ascetas entrenados en la mortificación de la carne llegaron a alcanzar, por el camino inverso, estados muy afines a esa síntesis en el vacío mediante la comunión de los opuestos en la cópula. A su modo alucinado y cruel (que, en efecto, he vituperado en repetidas ocasiones), puede que se convirtieran en auténticos "gimnosofistas".

    En cuanto a la divina imagen, te pido disculpas por las molestias que haya podido causar con mi interpretación paranoica, es evidente que te entendí al revés. Soy un tipo más reactivo que asertivo, sobre todo bajo el influjo del insomnio.

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  7. El Perpetrador11/10/11 15:48

    A pesar de las discrepancias, no puedo estar más de acuerdo con que haya habido gimnosofistas cristianos, y me atrevo a enfatizar ese hecho. Ello no convierte al cristianismo en la puerta a una era oscura, sino más bien a la única era de Luz que ha tenido Occidente y que termina con el Renacimiento. Hay que tener en cuenta que, en cuestiones de ascesis y elevación metafísica, los monjes medievales no andaban lejos de los yoguis más admirados por los new-age que hoy repudian la tradición occidental.

    Un saludo cordial

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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