9.8.10

INTRATABLE


Habiendo un hombre hallado
una gran suma de oro,
el dogal arrojó con que intentaba
acortarse la vida.
Otro que perdió el oro, no hallándolo,
halló el dogal, y se quitó la vida.
PLATÓN

Algo que rara vez advierten quienes padecen alergias de síntomas reivindicativos es que el culto a lo popular que aspira a concitar bríos no está inspirado en la empatía con una supuesta urgencia emancipadora de las masas de miserables, sino en una veleidad burguesa deudora de un complejo de culpa secular que también se detecta en el humanitarismo filantrópico de ahora y de siempre. Seamos honestos en cuanto al origen de los afectos que se disfrazan con los harapos de la indignación moral, es lo mínimo que puede exigirse a la comunidad llegados al agotamiento de la hipocresía que ha lubricado con verdadero talento prostibulario el aparato de toda ideología política: al obrero, así como al aristócrata, al monarca, al religioso, y a cuantas categorías de espantajos sociales se nos presenten, sólo cabe odiarlo en justicia y tal es el fermento de una revolución que nunca se ha hecho; de una revolución inaprensible que tiene a sus protagonistas desconectados por necesidad, por un exceso de celo o quizá por la convergencia de ambos extremos en lo inédito: la revolución minoritaria de los inauditos, esos seres adustos y difícilmente gobernables entre los cuales me cuento más por deserción del mundo que por gusto. Nadie elige el asco por bandera, aunque asco sea esto que ondea.

Desde el otro lado de la luna os mira Witkacy, otro soberano intratable que, además –al contrario de lo que le sucede a este cronista cansado–, resultó ser un genio.

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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