19.6.10

ESO QUE NOS ESPERA


A Raúl, por la anticipación de su viático

Hemos pasado de admitir la ficción como principio normativo a conservarla como proyecto instructivo. Apelamos al valor de una ilusión para avivar la ilusión mayor de un valor al que apelar, para no mirar al vacío que nos constituye y que tememos contagiar al resto del mundo constituido. Creemos ansiosamente lo que creamos porque detrás, preparándose para el ataque, siempre ha estado el horror.

Con la explosión reposada de la imaginación que muchos califican de florecimiento, el Quattrocento transfiguró las conmociones medievales en una revisión antropocéntrica de las referencias culturales que se proponía invertir no tanto los contenidos como sus relaciones: aproximar el más allá a la vida en vez de estrechar el más acá por alcanzar el otro mundo. Un buen ejemplo lo representa la obra del misterioso Bernardo Parentino, que con Las tentaciones de San Antonio nos hace dudar si fue un simple epígono de Andrea Mantegna (de quien os tiendo un pasadizo a su encantador tarot) o un maestro de paleta incomparable.

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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