2.11.09

SOBRE EL FANTAS(T)EO


El hombre sólo descubre en el mundo aquello que ya tiene en su interior, pero necesita del mundo para desvelar lo que tiene dentro de sí.
Hugo von HOFMANNSTHAL
El libro de los amigos

En sus más variadas representaciones, concibo y respeto la religión como una experiencia personal dispuesta a ser compartida —o contagiada— dada su afinidad con el cultivo asaz voluble de cualquier otro arte, pero no tolero que se utilicen criterios devotos para organizar la vida ajena y, aun en su estricta aplicación privada, encuentro que las creencias y actividades asociadas a un culto son poco saludables cuando superan el puro ejercicio de las fuerzas de la imaginación. Sin ponerme cartesiano ni menospreciar los circuitos neuronales que se extienden allende las máscaras de la razón permutan en razones para enmascararse, no creo que haya manera más cabal —o menos delirante— de entender la espiritualidad que en su función mística de anagogía, una gimnasia del ánimo alabada por sus propiedades para reconfortar el alma y dilatarla en la golosa contemplación de sus misterios.

Del repertorio de Ian Pyper, quien se autodefine como artista outsider y paleolítico moderno, capturo esta cosita titulada Strange Science.

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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