5.11.09

CANTO REVENTADO


Para Elfo, mi duende cadáver

Ceder, no hay más avance, porque retroceder es la norma. Cuanto más contundentes sean los planteamientos empuñados, más combustible para la ignición súbita de las ambiciones sin posibilidad de atenuar el ridículo, amañado durante toda una vida, donde nacen y mueren las conquistas. Ya lo decía el personaje de una novela que nunca escribiré: «Pasión coronada, pira asegurada». ¿Porfiamos? Renovación de penas viejas que, cuando halla encantos, en su hilo perecedero engarzará mutilaciones continuas de penitencia insomne.

No hay orgullo ni vergüenza que puedan ocultar los enredos de las Moiras si triste, obstinadamente angustiosa incluso para el carácter menos resignado, la dura médula de la realidad se interpone entre nosotros y nuestros anhelos triturando a carcajadas –fracciones con que los dioses miden la expansión de su sarcasmo– los momentos más confiados de la voluntad, que son aquellos en cuya suavidad creemos estar a salvo.

Os juro por mis genes que si supiera quien lo ha envenenado, le hundiría con mis pulgares los ojos hasta el cogote y ensartaría su cabeza en una pica a la que prendería fuego con el aceite rancio procedente de la freidora más sucia que pudiera encontrar. Danzaría después alrededor del trofeo articulando signos rabiosos que purgarían el horror de mi conciencia en una escena que los vecinos y curiosos descifrarían al instante gracias a ese código, tan explícito como ancestral, que no amortiguan las palabras de asombro: ¡nadie, bajo ningún concepto, debe tocarme los gestaderos!

1 comentario:

  1. Conmovido por su dolor, juro por las lágrimas que casi derramo que si hallas al autor pondré todos mis perversos pensamientos y mi cimitarra a tu servicio.

    Un abrazo

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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