26.3.09

PRIMER MOTOR INMÓVIL


Lanzo a mis lectores (a quienes pido disculpas por el distanciamiento experimentado durante las últimas semanas) una pregunta crucial que cada cual puede entender, aplicar y extrapolar a la realidad que se le antoje:

¿El caos sigue al colapso o lo precede?

De vuestras respuestas depende el utilísimo contraste para tomar una importante decisión personal...

En la imagen, el Spirit of the Forest de Odilon Redon (1840-1916), otro insigne soñador para el templo de los oscuros.

8 comentarios:

  1. Primeramente viene el colapso, le sigue un gran caos, superado el susodicho, llega el convenio.
    Y cuando todo el conjunto está extinguido pues...
    ¡Vuelta al comienzo!.
    Como la vida misma Don Autógeno.
    Le envío besos, sonrisas y abrazos con la esperanza que encuentre "el convenio".

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  2. Lola, tomo buena nota de tu interpretación dialéctica del problema sin entrar en avatares hegelianos (corrígeme si me equivoco):

    - Tesis -> Colapso (momento de implosión y derrumbe por excesiva concentración de fuerzas)
    - Antítesis -> Caos (dispersión máxima de fuerzas)
    - Síntesis -> Convenio (reformulación de las fuerzas en juego o "tábula rasa")

    Y gracias por tu efusividad, hay resonancias balsámicas en las que me parece encontrar un rastro familiar...

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  3. Expatriado31/3/09 12:54

    El caos es inevitable antes y después del colapso, que sólo marca la transición entre dos situaciones metaestables.

    Suerte en la búsqueda de su extraño-atractor favorito.

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  4. Expatriado, visualizo el caos como una retícula de situaciones impredecibles (no necesariamente desorganizadas) que rodean, condicionan y absorben el colapso (un nudo en la telaraña), pero a la vez considero que el binomio caos/orden, al igual que los diferentes estados de equilibrio (muy oportuna tu mención de la "metaestabilidad" y de los "atractores extraños" de dimensión fractal), son categorías arbitrarias que dependen de la naturaleza del observador y, sobre todo, de la escala espaciotemporal en la que se mueve (perdón por la redundancia categórica: hablar de escalas y naturalezas equivale a resbalar hacia otras tantas simulaciones abstractas que, en última instancia, solo se explican por referencia a otras superposiciones de apariencias).
    Si Dios o un ente capaz de autoexpandirse con la realidad total existiera, desde su punto de vista (que especulo sería más que la suma de todos los puntos de vista) los sucesos serían un continuo determinado y, al contrario, a medida que decrece la magnitud del actor implicado (puesto que resulta imposible ser contemplador/experimentador sin ser actor/experimento), la trabazón de los hechos parece más confusa, arcana y azarosa. Como humanos, nuestro modo de ser y hacer feedback con el cosmos consiste en elaborar patrones sucesivos sobre el funcionamiento de los patrones con que elaboramos el cosmos. Además... ¡ufff!, se acaba de ir la luz y el SAI se ha disparado; con prisas:
    Agradezco tus palabras, me gusta paladearlas. Ahora sí: vuelvo a mi vodevil.

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  5. Querido Autógeno,
    no me voy a meter con rollos filosóficos, me remito a mi experiencia cotidiana, para que haya colapso debe haber caos. Después de la tormenta viene la calma, le parecerá simplista, acaso ingenuo, pero a mis ojos, así es cómo sucede: las fuerzas descontroladas de tanto manifestarse, colapsan. Luego de la aparente calma (tensión excesiva que impide el movimiento), que normalmente caracteriza al colapso, las fuerzas volverán a actuar, sólo que, generalmente, ya no regresan ni con la misma fuerza ni en el mismo orden, aunque eventualmente, se volverán a desbocar.

    Un abrazo

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  6. Bienvenida sea tu percepción, Viandante, que si es acertada (y no veo por qué habría de ser falsa: lo cotidiano no solo opera como un muro de contención contra lo extraordinario, sino que bien puede ser el ariete filosófico que derribe las puertas de lo oculto... según incida la geometría de la actitud), hay un sentido en ella que me gusta especialmente por su espíritu crepuscular: con cada ciclo de caos-colapso-resurgimiento, las fuerzas sufren una merma progresiva donde se traduce que la realidad sobrevive en un eco debilitado o copia desgastada de sí misma, lo que me permite imaginar al universo dilatándose mediante una especie de sabotajes en cadena hasta su completa disolución en un indescifrable cansancio de cansancios. Una visión muy decadente, querida amiga, pero estoy contigo: con cada colapso nos matamos un poco y, por irónico que parezca, gracias al caos que lo envuelve comprobamos nuestro vigor.
    Me voy con la sensación de dejar mil incógnitas desangrándose.

    Otro abrazo.

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  7. El Caos es el infierno. No hay forma de darle orden, pero no quiere decir que no sea relativamente estable. De hecho, puede durar una eternidad.

    El Colapso es una guerra santa más todos los que se encuentran en medio, que son muchos. Contra lo que se pudiera pensar, la palabra colapso no se refiere a un estado mínimamente estable.

    Y la situación más triste de todas: el Cielo, o el Paraíso, que es una gran mentira que un grupo humano impone con la impagable ayuda de la Fuerza de la Autoridad -quiero decir la fuerza de la Fuerza-, y por supuesto del espíritu durmiente de buena parte de los que se benefician -y/o creen hacerlo-, orgullosos de vivir, ¡nada menos que en el Paraíso!

    Es claro que todos los estados coexisten en el tiempo y se reparten en proporciones distintas y con distintas modulaciones cada uno. Para mí no hay sucesión de estados, más que en el magín de cada cual. La estructura de la realidad es, ella misma, caótica, infernal, paradisíaca a un tiempo. Los cambios cualitativos obedecen, en realidad, a cambios cuantitativos que provocan erupciones inesperadas e incontroladas. Amén.

    Esta es la metafísica de la realidad. Por tanto su cuerpo y su espíritu.

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  8. Primero hay colapso, luego hay Caos!
    Accion-Reaccion!

    CAOS como Dios, como motor como primera y ultima accion!
    Feliz Día!

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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