2.10.08

REVERSOS


El infierno es no poder dedicarse a uno mismo como uno mismo quisiera, pero en la felicidad cumplida se produce un deseable alejamiento y olvido pasajero de lo que uno es, ha sido y espera ser.

¿Alguien sabe quién es el autor de la soberbia pintura que acompaña estas letras?

4 comentarios:

  1. En la felicidad cumplida se produce un olvido de lo que uno quiere ser porque entonces uno ya es lo que quiere ser.

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  2. Charuca, estoy encantado de verte por aquí, sobre todo porque dices y dices bien. La cuestión que estamos abordando es farragosa, porque cuando uno alcanza lo que anhela ser inmediatamente empieza a ser otro, rebota de ello y lo que antes era querido tiende a volverse cada vez más aburrido. La condición humana es un pozo sin fondo en el que caemos tanto por hastío como por necesidad.

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  3. Mi querido autógeno, he vuelto al cyber espacio.
    Que maravilla de pintura, estoy totalmente de acuerdo contigo y también me gustaría saber quién es el padre o madre de la criatura.

    Con respecto a tu reflexión, ya sabes que para mí en el cambio está la felicidad. Creo que tenemos conceptos un tanto incompatibles. De cualquier modo, comprendo tu angustia.

    No sé si me has echado en falta, yo sí te he echado de menos. Ahora he posteado algo en el blog.
    Voy con prisa, como siempre, así que sólo he podido leer esta entrada. Prometo dedicarte un largo rato la semana próxima.

    Un abrazo

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  4. Cierto ciertísimo amigo Autógeno. Es el motor de la vida. Deseamos algo, lo conseguimos, lo disfrutamos, nos aburrimos, pasamos a desear otra cosa y el bucle se repite.
    Estos días pasados me ha afectado mucho el cambio de tiempo, me dejó sin energía, sin deseo. Esta mañana (ya repuesta) pensaba que ojalá nunca me invada semejante desidia si no es de manera excepcional, porque eso sería el fin, entonces sí que me convertiría en otra persona.
    "Cuando uno alcanza lo que anhela empieza a ser otro". Cuando uno alcanza lo que anhela sigue siendo uno mismo, pero liberado del anhelo, al menos temporalmente. La infelicidad no nos hace más auténticos.

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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