6.6.08

SUUM CUIQUE



Tras un breve careo (sin cacareo, afortunadamente) con el Canciller General del Obispado, mi compañero de abjuración J. A. Millán y este mal servidor de Dios que os escribe, ya podemos sumar otra A a nuestras respectivas colecciones de adjetivos infames: la de apóstatas.

Agradezco desde aquí a mis enemigos la diligencia y sencillez con que han gestionado el trámite. Tan grata ha sido mi sorpresa en este sentido, que si fuera malpensado podría albergar la sospecha de que estaban deseando librarse de nosotros.

A cada uno lo suyo.

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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