1.6.08

LA APOSTASÍA COMO RETO DE SENSATEZ


Las expresiones audaces retumban como insultos en los oídos cobardes.
Lewis F. HARRIS
Zancadas

Todo el mundo necesita enemigos para calibrar sus fuerzas y definir su carácter; hasta el pacifista desbloquea sus instintos más territoriales cuando se pone a combatir la guerra de boquilla o con la ofrenda tramposa de la otra mejilla. La especie humana es un producto evolutivo de la caza, llevamos una impronta genética depredadora. Me atrevería a decir que puede detectarse un sistema de confrontaciones intrínsecas al fenómeno de la complejidad biológica (donde hay vida, hay lucha) que desde luego nada tiene que ver con la moral y admite extrapolaciones a otros niveles. De ahí que no ande muy descarriado quien acierte a calcular el poder real de una nación en función de la capacidad ofensiva de sus rivales. Los antiguos romanos, por ejemplo, tuvieron que cincelar su prestigio contra celtas y germanos, pueblos duros de vencer a los que finalmente lograron domesticar (aculturar diría un antropólogo) una vez asimilados como provincias con las ventajas que implicaba el reconocimiento de la ciudadanía imperial. El contraste es obligado, y no callaré que demostraron ser estrategas más hábiles que los chapuceros USA de ahora, protagonistas rapaces de una campaña de agresión contra países que siendo militarmente insignificantes (¿por qué no se atreven con Rusia o China, eh?) les resultan útiles, o eso creen, para representar su agrietado papel de potencia absoluta en el teatro del pánico global.

Os preguntaréis a cuento de qué viene este preámbulo divagador en una entrada que promete un tránsito por la apostasía. Bien, dejaré los adornos para otro momento: viene a cuento de que quienes me conozcan, ya sea personalmente o a través de lo que escribo, se habrán cruzado con uno de los rasgos más inflexibles de mi personalidad cuyo trasfondo mordaz, que tampoco me molesto en camuflar, sigue siéndome valioso para entrenar bravuras; me estoy refiriendo al anticlericalismo, consecuencia lógica no sólo de mi sentido ateo de la existencia, sino de mi profundo sentimiento anticristiano, al cual encomiendo siempre que puedo la embriaguez de lo feroz y mis más barrocos crímenes imaginarios. Donde veo una cruz encuentro un enemigo; donde encuentro un enemigo ardo en acechos y le preparo una pira que se enciende con hemorragias de ingenio.

Acometí mi última batalla contra los alabadores de llagas el pasado miércoles, día de asueto que aproveché para formalizar mi solicitud de apostasía por segunda vez (la primera sin éxito hace años, pero falló el cauce de entrega). Quedo a la espera de la ratificación de mi victoria, que me ha de llegar por correo certificado dentro de un plazo razonable so pena de que la diócesis correspondiente tenga ganas de dirimir el asunto en los tribunales. Puede que yo sea un vehemente cuando se trata de manifestar mi irreligiosidad (proporcional a las pestes recibidas, por otra parte), pero mis peculiares estados de ánimo no quitan ni un átomo de sensatez al acto de apostatar, que deberían plantearse libres de aprensiones quienes se sienten ultrajados por formar parte sin su consentimiento de una secta con innegables signos de putrefacción que disfruta todavía de prebendas, paraísos fiscales y una extensa red de organizaciones especializadas en el blanqueo de capitales... y cerebros, ñam-ñam.

En el país donde vivo, que nada tiene que ver con una tierra de maravillas aunque conserve trazas de alucinación colectiva, a la Iglesia Católica hay que darle donde más le duela (autofinanciación, devolución de lo usurpado, persecución por crímenes impunes, etc) y un primer paso sería inutilizar definitivamente la tergiversación estadística según la cual cuentan con el aval de una mayoría de la población que, caso de ser cierta (lo cual es suponer demasiado), en realidad fue bautizada por dictamen familiar cuando sus integrantes llevaban sólo unas semanas fuera del útero y, huelga decirlo, carecían de conciencia acerca del sucio juego de manipulación en el que participaban al recibir el sacramento (¿podría tipificarse como abuso de menores?). No me extraña que al Estado sucesor de la dictadura se le impusiera la fórmula aconfesional, pues en un Estado laico estaría suprimida la colaboración gubernamental con cualquier credo. Sin embargo, habría que aclararle a esa hipotética mayoría consentidora que la libertad religiosa es ante todo un acto de negación, de sacudirse cargas de encima, de resistirse a ser presa abatida, que consiste en estar libre de creencias religiosas antes que en creer la doctrina que a uno le venga en gana, que sería más bien un fenómeno de consumo o de acceso a la oferta de atontamientos espirituales, pero nunca una liberación. La apostasía se nos muestra, por tanto, como la práctica más genuina y el reto más urgente de esta dimensión pagana de libertad.

Adenda: pido disculpas a mis visitantes por haber vuelto a editar la entrada, sólo han sido unos retoques. Cuando uno se pone a escribir textos que le afectan de lleno nunca sabe la medida de su desaliño hasta que los suelta.

8 comentarios:

  1. Estimado Autógeno, está usted en su derecho de ser ateo o de querer serlo. Supongo entonces que desconoce el simbolismo de la imagen que ha colgado en el lado superior derecho de su blog. Me equivoco? o se contradice?
    Tampoco me queda claro en qué país vive, ni de qué habla en su entrada. Los escándalos de corrupción entre el gobierno y la Iglesia Católica son comunes a muchos países del mundo.

    Saludos

    P.S: tampoco queda claro si está en contra del Cristianismo o del Catolicismo o de todas las religiones en general.

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  2. Sutil Viandante, no soy ajeno al simbolismo del Ojo, que al estar enraizado en la estructura arquetípica de la mente humana es, que duda cabe, anterior a las apropiaciones posteriores de los monoteísmos. El Ojo, especialmente cuando es único o se representa aislado, adquiere un significado de "fuego sagrado" que propicia la iluminación, de ahí sus analogías con el Sol (el Horus egipcio, por ejemplo) y su precipitado como facultad de comprensión. Además, da la casualidad de que el ojo de la imagen corresponde a uno de los dos que suelo ver reflejado en el espejo º(^_-)º

    Vivo en España (soy español mas no españolista) y, para ser más concreto, en una de las provincias del corazón de La Mancha, lugar propenso a la ensoñación horizontal de las estepas soleadas y al cinismo burdo más que a la quijotada (si te apetece horadar esta circunstancia, te recomiendo una entrada anterior titulada Don Quijote Divergente).

    Viandante, no es que esté en contra del cristianismo, es que esta religión, al igual que el judaísmo y también el islam, son idolatrías que deslustran el espíritu y suponen una amenaza para las personas despiertas; no te extrañe que me susciten actitudes defensivas. Nada que objetar, sin embargo, contra la tradición mística, a la que considero una rama ancestral del conocimiento con rasgos similares a lo largo y ancho del espacio-tiempo histórico. No en vano, los místicos han sido siempre cuestionados, cuando no deliberadamente perseguidos, por los cultos movedores de masas. Es la corriente "exotérica" enfrentada a la "esotérica": en un lado culpa, sumisión y fanatismo; en el otro, experiencias extáticas inalienables y superación de los estrechos límites del yo.

    Quizá haya dado muchas cosas por supuestas al escribir la entrada o tal vez mi manera de hacerlo ha sido borrosa. Intentaré ser menos ambiguo la próxima vez.

    Ha sido un placer recibir tus objeciones.

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  3. Cuanto gusto que se haya tomado la molestia de responderme con tanto detalle. Creo que ahora yo fui yo quien escribió sobre la niebla caundo me referí a la imagen sin poner el punto sobre la i.
    Seré entonces más clara, hablo de la calavera. Me evito pues la disertación pictórica. Con su epxlicación me queda todo claro, y entendiendo ahora su punto de vista me auno a su motivación. Por cierto, el tema de los místicos es una de mis grandes fascinaciones.
    Seguiré leyéndolo.

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  4. Gracias por reservarme un espacio en tus pupilas, es un honor ser leído con inteligencia por alguien que además escribe con corazón.
    Algún día tendríamos que conversar sobre las grandes pruebas a las que deben enfrentarse místicos, chamanes e iniciados.

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  5. Fíjese que un servidor, ateo y amoral, no se siente orgulloso de su ateísmo, como así tampoco lo estaban ilustres pensadores trágicos como Pascal, Unamuno o Cioran, que más bien se veían en la frontera entre la incredulidad y la devoción y se avergonzaban de no poseer la fuerza de la fe. Si la negación de la trascendencia, así como de cualquier dogma, es un paso ineludible en el camino hacia el Despertar, el siguiente es, según mi opinión, reconocer la vacuidad del ofuscamineto por estar alerta y consciente. La obsesión por la libertad ata, como saben los maestros zen. Cualquier afán llevado con espíritu ansioso lo acaba volviendo a uno rígido, unilateral y ciego. Además, sin los arbotantes de la fe y de la liturgia no habríamos tenido tantas guerras, de acuerdo, mas tampoco los infinitos monumentos a la belleza que los hombres de todos los pueblos han levantando por el mundo.

    Nunca entenderé el orgullo de poseer un documento que lo declare a uno apóstata; yo, más bien, me agarro con fuerza a la Cruz con la esperanza de que algún día recobre un sentido para mí y vuelva a estar entonces en paz con Dios (y conmigo, por ende).

    Saludos

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  6. Perpetrador, a pesar de la fascinación con que saboreo los destilados verbales de Cioran y otros trágicos ilustres (con quienes guardo cierto parentesco por aquello de la iluminación quebrada y el trance torcido) difiero en las conclusiones a las que me ha conducido la experiencia erosiva del nihilismo. Mi "orgullo ateo" no es ni un principio ideológico (como lo fue para pensadores decimonónicos como Engels y Feuerbach) ni una pose estética (Lautreamont, Baudelaire), sino el resultado neto de una lucha que primero se desarrolló en los adentros y sólo después tuvo su maduración, digamos, institucional. Puede que también haya un ingrediente de honesta mascarada, pues anhelaba interpretar el rol de apóstata de la misma manera que deseo cumplir el papel irreversible de suicida cuando esté en sazón para ello. Considéralo como una nota al pie dentro del relato que cada uno escribe o emborrona, en primer lugar, para sí mismo.
    No comparto tu valoración de la fe, en la que no encuentro ni rastro del atributo de una fuerza excelsa, sino la expresión más radical de la debilidad; tampoco me hace suspirar la añoranza de una redención (con o sin Dios), ni el vago sentimiento de culpa por carecer de la esperanza en una vida eterna hipotecada a los pobres de espíritu que creen sin cuestionar.
    Lamento ser farragoso, pero quisiera terminar involucrando a la tradición romántica occidental (deleitosamente embriagadora, por otra parte) en la mácula con que subraya la disidencia. La señalo como portadora de un germen de "malditismo" exhibicionista (al que yo tampoco soy inmune) que nos induce a asociar el retorno del éxtasis y las cicatrices de la lucidez con el lamento de un réprobo, muy en la línea del hombre moderno como héroe expulsado del paraíso y, quizá también, como uno de los últimos ídolos en caer.
    Gracias por participar, Perpetrador.

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  7. Agradezco la bienvenida. Las discrepancias que podamos tener no son óbice para que éste sea uno de mis blogs favoritos. Y añado que se trata de un tema tan apasionante que no me resisto a decir algo más, aunque no sea nada nuevo.

    El caso es que comprendo perfectamente el talante heroico del apóstata. Pero, si bien he disfrutado como nadie con las injurias de Nietzsche hacia el cristianismo y las doctrinas, tengo que elegir antes que a él a Chesterton, a Simone Weyl, a Raimundo Lulio o a San Eulogio en el caso de que me pidan personalidades fuertes. Cualquier creyente hace trampas, pero también las hace un renegado, presa del resentimiento (Nietzsche era el más resentido de los pensadores, él que acusaba de lo mismo a cristianos y revolucionarios).

    La fe es de débiles; el escepticismo acaba conduciendo al mismo punto, pues no hay mente tan fuerte que sostenga una lucidez coherente durante demasiado tiempo. Estoy con Pascal cuando escribió que lo que más le asombraba es que no estuviera todo el mundo asombrado de su debilidad. Únicamente el completo desapegado, bien eremita sin dios, bien suicida, está a salvo de la ambición mental; el resto de hombres, occidentalizados, cristianizados o simplemente animales, estamos condicionados por la sed de supervivencia y de autosuficiencia. Grave error, pues no apreciamos la Indiferencia hacia el cosmos ni el bello arte del sometimiento.

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  8. ¿Realmente crees que USA representa su papel de potencia absoluta?
    Es claro que es la primera potencia (no la única). "Atreverse" con Rusia o China, uf, ¿de verdad crees que es cuestión de "atreverse", como si de dos muchachotes se tratara? Creo que la politica internacional es algo mucho más complejo que esto. Me gustaría plantearte una pregunta, para que la pienses, más que nada: ¿imaginas un mundo en el que la potencia USA fuera mucho más limitada?...

    Piensa por un momento, por favor, en la existencia de Rusia, china, países de Oriente medio, etcétera, etcétera. Yo creo que sin una potencia como la USA -con sus más y sus menos-, el mundo no hubiera sido mejor... (no me hagas salirme del siglo XX y XXI,por favor...).

    Actualmente, creo que, desde un punto de vista geoestratégico, la existencia de una potencia democrática como la de USA es más un garante que una amenaza... No olvides que las críticas mas importantes a ese país -más efectivas, quiero decir-, o al gobierno de turno, más bien, proceden de su propio seno... Algo impensable en países como China, Rusia, Irán...

    Supongo que pensarás que Oriente Medio sería infinitamente mejor sin Israel, ¿verdad?..., pero yo creo que eso no te lo crees ni tú..., ¿o me equivoco?

    Bueno, aparte, tratas el tema de la apostasía, que recientemente ocupó una portada local en Asturias. Vuestra discusión es muy noble, para mi gusto un poco demasiado "elevada", por abstracta.

    En tu última intervención dices:

    "Puede que también haya un ingrediente de honesta mascarada, pues anhelaba interpretar el rol de apóstata de la misma manera que deseo cumplir el papel irreversible de suicida cuando esté en sazón para ello."

    Me parece entrever una hostilidad demasiado sentimentalizada hacia un trámite burocrático. No sé, veo mucha creencia en esta apología anticatólica, supuestamente anclada en "la razón". Yo no estoy obsesionado por un papel, ni por la creencia de los demás. Me hace pensar en esos que están siempre renegando de la Iglesia y demás y luego se casan por la misma, y llevan a sus hijas a un colegio confesional y esas cosas. ¿No basta con dar ejemplo?, quiero decir: ¿no es más importante dar ejemplo?

    No entiendo la importancia que se le da a la apostasía, ¡habiendo tanto qué hacer!, aunque algo explicas de tus motivaciones. O mejor dicho: creo que no tiene mucho valor porque parte del re-sentimiento, es un ir contra, sin nada más. Como contraste, y sin perjuicio de que mañana cambie de opinión, a mi me importa menos que nada estar inscrito en esa institución. Al fin y al cabo, ¿qué otra opción hay?..., ¿apuntarme a una o unas onegés? ¿Tengo que elegir entre este capitalismo democrático y esa institución? La verdad es que no lo tengo tan claro como tú. Por lo mismo, tampoco me atrevería a condenar taxativamente a los que apoyáis esa actitud. Además, se puede hacer todo junto, y con la misma problemática.

    Muchas conexiones me vienen con todo esto. Lo de la visión de la Iglesia como metida en el mundo especulativo de las finanzas, me parece irrelevante. ¿De verdad crees que los dineros vía Zapatero, o Aznar, o la empresa Pikinimi, o Fulanito o Zutanito tienen mejor destino?...

    Acaso diría que en los últimos tiempos, ese fundamentalismo católico que observo en España me provoca en su contra (el De Prada ya carga, supongo que será del Opus...). Quiero pensar que en el seno de la Iglesia hay diferentes grupos (¡pero no me pidas que lo jure!).

    Una nota final: es lógico que añadas, retoques, corrijas..., ¡es tu blog!, y está vivo.

    PD: después de escribir esto, creo que me estoy pensando seriamente apostatar ;). ¡Escribir es una liberación!

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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