28.5.07

ASAMBLEA DE ALMOHADAS O LA SOMBRA DE LA SOMBRA

Vincent Hui 
Duermo cuando sueño lo que no existe; me despierto cuando sueño lo que puede existir.
Fernando PESSOA
El libro del desasosiego

1. Existen sueños que anticipan lo que sucederá si la voluntad no interviene en la gestión de las circunstancias. Y existen otros que se adelantan a sí mismos posibilitando la participación activa de la conciencia, que brega con cada matiz para espantar la pesadilla, rata ubicua en las tuberías del subconsciente, mensajera de los pozos abiertos a un pasado tenebroso y voraz que sigue latiendo, emergiendo cual diáfano marfil antediluviano que no ha dejado de morder desde la duermevela inquieta del primer reptil.

2. ESCULPIENDO OLAS. Miradas ambiguas que aseguran la intensidad más dramática, cartografiando el horror extenuado que nos produce despertar de una disolución progresiva del ser en las aguas extraviadas de su barro. Cuando la ensoñación alimenta con elementos ajenos miedos íntimos, se subvierten los vicios oníricos creando nuevos géneros de pesadilla, formas inéditas de deformarse. Pesadillas en las que se acierta a comprender que se está soñando sin que por ello quepa la opción de manejarse; extrañas y líquidas vigilias observadas desde ahora como sueños injertados en el alma que habrá que moldear para salir.

3. Despierto sólo significa en el umbral de una frontera opaca, permeable por algunos puntos, que nos sitúa sobre un océano de experiencias como una densa gota adherida a la telaraña de invisibles sueños mayores.

4. No hay jerarquías de estados de conciencia, sino vástagos y raíces que remiten a un tronco común donde las savias periféricas se embriagan, se sueñan y evaporan juntas.

5. La vida se cohesiona durante el sueño, pero el sueño se pulveriza durante la vida.

6. Soñar es la mejor referencia para seguir viviendo. Cuando la pierdes, no encuentras ni la muerte.

7. Freud se equivocaba —quizá porque soñaba a medias—. Los sueños no son explosiones de deseos frustrados, sino que los deseos son sueños sin activar.

8. VISIÓN AGÓNICA. Cuando el sueño surge despierto sin que lo invoquemos, se establece un sospechoso delirio e inmediatamente se piensa en alguna forma barroca de alteración mental. Pero la embrionaria, auténtica locura, aparece cuando la lucidez extrema florece en los antípodas enrarecidos de la ensoñación. Realmente, es como si la excitación nerviosa no tuviera suficiente exprimiendo las vigilias y gustara de invadir el sueño configurando inversamente su patrón funcional, aunque también es factible que esta dimensión perpendicular sea el último grito desesperado de una conciencia herida que se arrulla con su sangre dormida.

9. Soñar es percibir interiormente la actividad sibilina del autoplegamiento, que es el medio para desplegar la realidad velada de la materia. Soñar sabiendo que se sueña es contemplar enteramente ese proceso perceptivo tras haber saltado fuera de órbita, como un satélite fantasmal de otro satélite. Soñar despierto es permitirse la opulencia de que esa facultad se desborde y anegue espacios que normalmente sólo le corresponden en el ámbito subterráneo, donde la voluntad se quiere irreal.

10. El crepúsculo de una vida, como el de un día, es la aurora de un sueño que reclama su histórica hegemonía.

11. Si la vida fuese una temporada semidespierta interpolada entre dos grandes sueños, lo aparentemente natural sería recordar la fase precedente o presagiar la venidera, si no con coherencia, al menos con relámpagos. Es más lógico —y la lógica rara vez es compatible con la verdad— valorar la vida como un sueño soñante que despertará si no se desvanece antes en la desembocadura intangible de otra pesadilla orgánica.

12. Nadie puede penetrar en la mente de un soñador, pero tampoco nadie se ha fugado de ella.

13. Si pudiera elegir entre vivir soñando o soñar viviendo —suponiendo que ambas rutas no coincidan en su destino—, creo que me inclinaría por la primera opción; tal vez sea éste el capricho que descubre el pasajero del opio cuando inicia su alado buceo. Lo triste es presentir que de tanto soñar se derivaría a la muerte insípida y recurrente de un sueño sin sueños.

14. Sospecho que lo he dicho en otra parte —acaso con palabras más idóneas—, pero no puedo resistirlo: los sueños no merecen realizarse —importarían su propia decadencia—, es la realidad la que debe ser soñada... ¿Me contradigo? ¿quién me soy que ya no soy? La materialización de los sueños es desear absorber la realidad; la ensoñación de la materia es realizar los sueños del deseo.

15. De los sueños he aprendido una tercera parte de lo que sé; el resto me viene de las pesadillas, fieles compañeras nocturnas que me violan desde la infancia, etapa mórbida que recuerdo blasonada de un horror incontrolable y acechante cual una sombra sin autor.

16. Diariamente, a todas horas, en cada segundo inmolado soy otro, pero ninguno de ellos soy yo. Y en este sueño recurrente me deslizo por un cuerpo que me olvida, por un alma viscosa que me sigue, me persigue, vampirizando mis coordenadas vitales.

17. Tan tronado estoy de usarme que ya no trueno en el abuso. Sólo mis sueños, con sus intrínsecas tormentas verazmente imposibles, me deparan torturas dignas de ser sufridas, pues reconozco en sus rigores el peculiar estilo de amarme, la pertenencia exclusiva de mis ambivalentes venenos. Por eso me resulta tan odioso que a la injusticia de que cualquiera pueda soñar se le añada la fiesta invertida de pesadillear; ciertos placeres oscuros se envilecen cuando acceden al dominio público y su pagana monstruosidad, disecada por las fórmulas beatas del psicoanálisis cotidiano, se esfuma dejando únicamente el ectoplasma agridulce de un espectáculo gratuito.

18. La grandeza no reside en los actos, sino en los sueños... ¿y quién ha dicho que los hechos no sean sueños?

19. Sin el fabuloso recurso de la ensoñación, tiempo ha que dormiría eternamente...

20. Cuando la materia sea tan dúctil a nuestra voluntad como el espíritu lo es para el sueño, despertaremos.

21. Arte es soñar la materia desde la promiscuidad de las formas.

22. Comienzo la lectura de un libro y, a la media hora escasa, lo dejo con un principio de hastío. Después de cenar, inició otro libro que versa sobre el poder latente de la subconsciencia. El sueño se adueña de mí y aborto la lectura en la página veintiuna. Entonces, un impulso inusual me anima a consultar el separador del libro diurno: página veintiuna. Dos días después me ocurrió lo mismo con la página cuarenta y dos.

23. Si he soñado contigo, ya eres parte de mi red. Un tejido firme pero sutil proyecta nuestro espíritu hacia las umbrías del mundo, que también nos sueña.

24. Quien se distancia del mundo para tomar perspectiva, se venga de su aislamiento con un tentador punto de mira. Los grandes delirios colectivos, las convulsiones históricas, fermentaron inicialmente en las lejanas celdas de un soñador.

25. El género humano es la frustración del solitario y la factura del sueño.

26. La pesadilla es el eterno retorno de lo real en el olvido.

27. Si hurtas calorías a los sueños, pronto arderás en la pesadilla.

28. Si el sueño de la razón produce monstruos, ¿qué producen las ensoñaciones de los monstruos?

29. El sueño precede a la razón, pero ésta sólo es un presagio de la irresolución universal, el sueño de sueños.

30. Ensoñar es sumergirse en el ronquido cósmico desde la actividad alegórica del inconsciente colectivo con la inseguridad de la consciencia individual.

31. Tener en cuenta no sólo el significado de los sueños, sino la substancia: eventos energéticos que suceden a la vuelta de la realidad.

32. Hoy vivimos cotidianamente lo que en otro tiempo fueron sueños extraordinarios.

33. El universo mece con su movimiento el sueño absoluto. Sueño en vida; vida surgida y perdida en sueño, como un beso poseso de gusano dentro de una manzana. Sueño pulsante; pulsaciones astronómicas de un ciclo onírico continuo.

Fuente: El libro de fuego. Inédito. 1998.

10.5.07

DECÁLOGO ZOZOBRERO (Semblanza de un lidiante)

A él lo llaman siniestro por brillar con luz propia en la oscuridad. Dicen que no es de fiar, que su alma está vacía, que su sangre es un vendaval y tiene el pecho congelado. Todo esto aseguran, y no les falta razón, porque

EL GUERRERO

1. Lucha sin perder la paz.

2. Crece en las derrotas y madura en las victorias.

3. Domina sus armas con la cabeza y maneja su pensamiento como un arma.

4. También sufre, mas no teme sufriendo; conoce el miedo, pero no lo sufre.

5. Puede matar porque ya ha muerto y los muertos, como se sabe, no pueden morir dos veces.

6. Sabe lo que puede porque puede lo que sabe y no ignora que su peligro radica en vislumbrar lo oculto, decir lo silenciado y hacer lo reprimido.

7. No pide: toma; no se lamenta: ataca; no se rinde: se vence.

8. Nunca desespera porque nada espera.

9. Permanece fiel a su palabra en la adversidad y receloso de las palabras en la fortuna.

10. Se encuentra siempre al borde del abismo… lo que ocasiona grandes trastornos al abismo.

12.4.07

GET AT DARK

Stanley Donwood, Trees
«No sé cómo vives el presente, yo anticipo que algo tremendo va a ocurrir, y no me refiero a la decadencia económica: lo sé porque cada vez estoy menos loco» (Fragmento hurtado a mi correspondencia futura).

Al despertar, tuve dudas de si el bullicio de imágenes en que me vi envuelto fue la estela de un sueño enervante, la impronta de un cuento especulado aprisa antes de dormir o una revelación súbita en el pastoso umbral que precede a la vigila. Sólo me quedan vestigios a partir de los cuales sería un desacierto intentar reconstruir el frágil mecanismo de una historia que se muestre fiel a la lógica interna de las pesadillas. Mejor, así se verán resaltados los detalles más curiosos de la misma, que bien pudieran ser los menos importantes. A veces la nitidez juega en contra de la veracidad y el riesgo de ser tomado por impostor acecha las buenas intenciones, ¿qué se le va a hacer si nada de ello basta para coartarme? El caso es que al protagonista de esta ensoñación, que en su idiosincrasia era yo pero otro muy distinto en su trayectoria vital y fisonomía, se le mostraban los rastros que conducían a un descubrimiento histórico inquietante. Estructurar las pruebas y testimonios le exigió no pocos quebraderos, de los que ofreceré una síntesis despejada del desasosiego que tiñó la experiencia:

Desde hace siglos, los círculos herméticos de hombres empíricos afines a los intereses de la minoría política dominante saben que la corteza terrestre en la cual habitamos constituye la capa más externa de un sistema de geoides superpuestos que giran de forma simétrica, aunque no sincrónica, alrededor de un mismo eje. La corteza del geoide inmediatamente inferior no es un lugar castigado por infernales presiones y temperaturas, sino que está dotada de complejas formas de vida, entre otras la representada por una extraña especie de seres casi mitológicos que han desarrollado una cultura social tan sofisticada como hostil a lo humano. Como en el sueño, los llamaré sumergianos.

En el transcurso de las últimas décadas, se han enviado en repetidas ocasiones brigadas de espías y equipos científicos de sondeo destinados a esclarecer el funcionamiento de este submundo, pero los escasos investigadores que consiguieron regresar no recordaban nada, salvo la imperiosa necesidad de divulgar un mensaje de crueldad homicida mediante arrebatos de demencia furiosa. Algunos psicoanalistas, tal vez con aficiones literarias demasiado transparentes, comentaron que los sujetos hallados en ese estado parecían sufrir el trauma de una regresión hipnótica a la etapa más primigenia de la psique.

Las dificultades que impiden una exploración minuciosa de los sucesos que atañen al submundo están relacionadas con factores que exceden el control deseado por las autoridades. A causa del desfase entre los geoides, los nodos de acceso van diseminándose por los continentes en coordenadas imprevisibles que sólo son viables durante horas con un intervalo de separación de varios años cada vez. Sin embargo, no todos los esfuerzos por estudiar a los sumergianos han sido estériles. Algunos datos han sido confirmados y permiten manejar la idea de que los ancestros directos de esta especie fueron los primitivos dinosaurios del Jurásico, cuya fisiología, según fuentes alternativas a las ortodoxas, no guarda relación alguna con los estereotipos difundidos por la paleontología oficial, disciplina que al parecer forma parte de una maniobra secular para desviar la atención sobre las pistas que pudieran indicar la legendaria presencia en la Tierra de civilizaciones no humanas. Los sumergianos fueron los amos de las dos caras del planeta durante cientos de miles de años antes de que el clima se enfriara. Fue entonces cuando hubieron de refugiarse en la geografía paralela del submundo que inauguró una fase de paulatina decadencia genética, lo que no les impide estar a un nivel psíquico equiparable o quizá superior al Homo sapiens. Nos desprecian como indignos acaparadores de una riqueza que no merecemos. Para ellos, no somos más que intrusos, novatos, advenedizos que obstaculizan su epopeya cósmica. Su sistema nervioso reptiliano puede ser arcaico, pero al haberse adaptado a las situaciones más inhóspitas resulta extremadamente poderoso de cara a la supervivencia, habiendo evolucionado por misteriosos cauces cognitivos hasta adquirir facultades propias del reino feérico —que, por cierto, tradicionalmente se creía ubicado en el reverso de la corteza—. No sólo pueden manipular en gran medida la percepción ajena, sino que disponen de atributos de expansión sensorial que han hecho imposible determinar la naturaleza exacta de su aspecto físico; ni siquiera se sabe con seguridad si son una sociedad compuesta por seres unidos empáticamente en una metaconciencia, o si se trata de un único ser que puede manifestarse como la simulación de una comunidad de monstruos arquetípicos que tienden a adoptar la imagen que más teme el observador. Todo lo que puede asegurarse es que los sumergianos odian a la especie humana y prueba de ello es que han conspirado a lo largo de la historia valiéndose de estrategias de distorsión mental con las que pretenden sobreexcitar las regiones primitivas del cerebro hasta lograr desconectarlas del neocórtex. La pugna es tremenda hasta lo poético: corteza intraterrestre contra corteza terráquea...

La última operación subversiva de la que tuvo constancia mi doble onírico ocurrió a mediados de los años setenta del pasado siglo. Consiguieron introducir en el mercado discográfico un enigmático álbum titulado Get at dark que, además de ser estéticamente un precursor de la música electrónica en su vertiente más siniestra, sirvió para inocular un contagioso virus nervioso cuyos síntomas empezaban con una agresividad delirante que concluía en suicidio si el afectado se veía impedido para matar a otros. Pude escuchar una versión depurada del disco —los originales estaban cuidadosamente extraviados— en casa de un antiguo colaborador con una agencia de inteligencia involucrada en sabotear la tentativa. Para reproducirlo utilizó un artefacto electroneumático con el que logró fascinarme interpretando melodías de una exquisita ambigüedad que jamás me hubieran despertado apetitos criminales. Aquello sonaba realmente bien, encandilaba. Recuerdo que quise hacer una analogía y sólo pude pensar en motetes entonados por coros de glándulas que se multiplicaban sin cesar en ritmos de escabrosa concepción. A partir de este momento, mi memoria se desdibuja en escenas que por escrito serían vana palabrería.

Fuente: Retablo de pesadillas. Inédito. 2005. 

NOTAS
Como un secreto transmitido por generación espontánea, más reseñable que la traslación del sueño son las circunstancias en que se produjo. Acaecido en 2002, algunas de las conjeturas que aparecen en el mismo y hoy son tópicos para las teorías de la conspiración eran, por entonces, corrientes de opinión desconocidas para mí. 
 
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