17.12.18

HACIA UNA ENSEÑANZA REVELADA

Ángel Albarrán y Anna Cabrera
Deja eso de adelante y atrás, arriba y abajo, a progresistas y retrógrados, ascendentes y descendentes, que se mueven en el espacio exterior tan solo, y busca el otro, tu ámbito interior, el ideal, el de tu alma. Forcejea por meter en ella al universo entero, que es la mejor manera de derramarte en él. Considera que no hay dentro de Dios más que tú y el mundo y que si formas parte de este porque te mantiene, forma también él parte de ti, porque en ti lo conoces. En vez de decir, pues, ¡adelante! o ¡arriba!, di ¡adentro! Reconcéntrate para irradiar; deja llenarte para que rebases luego, conservando el manantial. Recógete en ti mismo para mejor darte a los demás todo entero e indiviso. «Doy cuanto tengo», dice el generoso; «doy cuanto valgo», dice el abnegado; «doy cuanto soy», dice el héroe; «me doy a mí mismo», dice el santo; y di tú con él, al darte: «Doy conmigo el universo entero». Para ello tienes que hacerte universo, buscándolo dentro de ti.
Miguel de UNAMUNO
¡Adentro!

Guarda la experiencia polisémica de la lectura con el sobredespertar favorecido por sustancias impulsoras de desbordamientos ontológicos una semejanza de potencial que ni las autoridades encargadas de velar por un determinado orden público de apariencias, ni las personas desveladas por las curiosidades asequibles al intelecto privado, han obviado atender. Animadas estas últimas por el interés en cultivar sus horizontes cognitivos, como aquellas por el afán de impedir que los límites consabidos de sus conquistas sean trastumbados en contacto con las transfiguraciones que puede el explorador de otras realidades irradiar desde la intimidad —endemoniada intimidad para otros— alcanzada a través de estos canales especiales, ambos veneros de enseñanzas permiten reconocer, acaso con demasiada familiaridad, ora la presencia viva de dimensiones ignotas, lejanas o normalmente desapercibidas, ora detectar, quizá con demasiada solvencia, las imposturas de los acontecimientos más próximos, recientes o prominentes. No da pábulo a la sorpresa que palabras y moléculas sean aún objetos predilectos de hostigamiento para los que temen el poder de ser comprendidos mediante sentidos que delatan la parvedad de los suyos.

¿De cuánta lucidez es depositario cada uno en la mal viseada episteme que se abre en los umbrales de su mismidad? ¿De cuántos sabotajes interiores ha de dar cuenta la lucha por el victo, o el no por más extendido menos turbio apego a las fruslerías de lo impostado? Puesto que

callada y dura
será siempre
la verdad pura,

y aun herida de tribulaciones la naturaleza de un buen temperamento mejora en el mismo campo de iluminaciones que envilecen al abyecto, antes de plantearse dar la vuelta al mundo el espíritu dispuesto a recorrer la humanidad no haría sino lo apropiado dándole la vuelta a su orbe.

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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