21.9.17

ENGENDRAR ES LA GUERRA

Sandro Botticelli, Venus y Marte
Hay menos formas de ayudar a los demás que de perjudicarles, porque es así la naturaleza de las cosas, no el método estadístico. Nuestro mundo no está a medio camino del infierno y del cielo: parece estar mucho más cerca del primero.
Stanislaw LEM
Provocación

Harto está uno de escuchar la petición que clama por impedir las tropelías de la guerra con las miras puestas en los menores de edad y harto no por el remolino insistente del mensaje, que sin duda es de justicia formular y un acierto atender, sino porque los mismos pacifistas que procuran restarle malparados al mundo no vacilan en escupir un prontuario de epítetos nada lindos al que con santa franqueza pregunta qué resulta más factible: ¿dejar de hacer la guerra o dejar de hacer niños?

«A la infancia hay que protegerla», corearía con los biempensantes que me sacan de recato si no pensara demasiado en los horrores que ni a duras ni a maduras evitan preceptuar quienes copulan en apoyo de una estirpe asesina. Antes que de las armas se debe proteger a la infancia del nacimiento. Más auxilian gatillazos que salvas de fecundación.

El camino termina por donde ya es costumbre que inicie a culebrear: entre las piernas de una mujer. Que no nos engañen sus deliciosas humedades, ¡esa zona es un polvorín!

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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