20.12.08

LA DISTRACCIÓN


Azadas son la hora y el momento,
que, a jornal de mi pena y mi cuidado,
cavan en mi vivir mi monumento.
Francisco de QUEVEDO
Sin pensar y con padecer salteada de la muerte

Soy nuevo en el oficio. Es el primer cachalote que veo en cubierta. Sigue vivo mientras le extraen enormes capas de grasa. Los vapores de la carne impregnan mis poros con un aroma en el que se percibe, por debajo de la nota agreste y dulzona, su origen perturbador. No sé juzgar la experiencia, que desde luego resulta espectacular, pero también horrible, especialmente porque me llega con una densidad que supera en tensión dramática a las maniobras explícitas del descuartizamiento. Me aproximo con cautela a la cabeza del animal, que yace vencido sobre su lomo izquierdo. Nadie se ha encargado de comunicarme qué se espera de mí e ignoro por completo cual es mi función como miembro de la atareada tripulación; en cualquier caso, me siento y no me siento, soy incapaz de reaccionar. La prodigiosa bestia repara en mi presencia y me mira con una expresión que me produce una descarga de comprensión súbita. Rompería a llorar si el bloqueo no me naciera desde tan adentro. Entonces, alguien viene por detrás y esgrimiendo un palo mugriento le revienta el ojo para evitar que me distraiga.


El bodegón que encabeza el texto es obra del pintor alemán Georg Flegel (1566-1638), y el ciervo volante que merodea la rebanada su alter ego acorazado. En la ilustración inferior, Mik Baró nos ofrece su visión del relato.

Fuente: Retablo de pesadillas. Inédito. 2005.

2 comentarios:

  1. Como la vida misma

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  2. Hermosa tragedia horrible. Sería un buen comienzo para una novela sobre el fin de los tiempos, o para "El lobo estepario 2"

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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