23.2.07

SOLILOQUIO


El pulso
Mírame y dime quién soy,
que me estoy perdiendo
lo que queda de mí.

¿Dónde pusiste la llave?
Quiero perderla otra vez
para rumiarla entre dientes.

Veo lo que no veo,
sigo sin seguir aquí
sudando mundo hacia dentro.

Demasiado transparente,
tenebroso en la claridad,
las caras se me pegan.

¿Hasta nunca cuándo?
Siempre lejos y, después,
me atrevo a resucitar.

Fuente: La herida del Minotauro. Inédito. 1999.

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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