28.7.16

SALMOREJO HIPERPROTEICO

Rembrandt, El buey desollado
Estamos llenos de cosas que nos arrojan al exterior.
Blaise PASCAL
Pensamientos

Incluso en la nevera me ha fermentado esta sopa fría que aún dudo si vaciar por el inodoro con el grumo de sus abruptas y nada digeribles realidades:

Haced trotar a Potus por latifundios europeos porque su figura de varano aporta una guisa de baraka litúrgica a los guisos de cualquier menú digno de figurar en la carta de los más prestigiosos establecimientos internacionales. Tomad a continuación un pedazo de carne procedente de alguno de los ochenta y cuatro occisos causados por el atropello kilométrico de un camión teledirigido, ahumadla con madera de bosques deforestados a beso de soplete y picadla junto con algunas especias turcas previamente molidas a golpe de Estado en un almirez diseñado para majadero de gomaespuma. Agregad en finos copos la metralla recolectada tras la detonación nocturna de una mochila kamikaze. Invocad el nombre de Alá en un dialecto injertado al recurso estelar del método y añadid, a la par, sal gruesa en abundancia del Atlántico Norte, más concretamente la enriquecida con fragancia de algallotas de tratado mercantil negociado en B de belitre. En caso de duda, recabad más instrucciones en Tor, que según noticias oficiales es la plataforma idónea para obtener armas ligeras, cocaína y otros entrantes de revoltoso recorrido corporal. Retuitead con un toque sufragista de pulgar las últimas palabras emplumadas por los gallos de los principales partidos del actual desgobierno —tan lamentado por las grandes empresas adjudicatarias del saqueo nacional—, siempre con la certeza de que el mundo no puede cambiar de sentido con la fuerza de una frase, pero sí condenar una vida en apenas ciento cuarenta caracteres si cambia el sentido del juez. Emulsionad con una dosis generosa de credulidad mientras fluyen en opusiano ejercicio de contrición, sin las alharacas de un exorcismo democrático, las psicofonías registradas en el despacho de un ministro por el propio ministro en trance de contrainsurgencia. Removed la mezcla con el machete usado para degollar a un párroco católico —¡vaya modales!— y aclarad de seguido la masa con el sudor de un mucamo, escogido al azar, entre los muchos menesrales que pasan la canícula reventando el callo a mayor holganza de las acolchadas posaderas de otros, almas de chiringuito que acaso se torran tan bien guarnecidas de coberturas como mal dispuestas a desinflar sus buches sobrealimentados. Por último, escanciad fresquito en ancha copa de plasma, a ser posible en el momento del día que concite la mayor audiencia, que suele ser también la menos proclive a sintonizar en alta definición cognitiva los acontecimentos, y, por descontado, no menguad durante el servicio la luna blanqueada del rictus sin el cual ninguna fullería sería presentable.

23.7.16

QUE A MAYOR VESTIGIO SOMOS

Vanessa Marsh, Landscape #21
Le confesaré que los hombres se aburren de todo, del cielo no menos que del infierno, y que toda la historia universal no es más que el registro de las oscilaciones del mundo entre esos dos extremos. Una época no es más que un balanceo del péndulo, y cada generación cree que el mundo progresa porque se mueve constantemente.
Bernard SHAW
Hombre y superhombre 

¿Qué suerte, dentro de la calamidad de existir, cabe devanar en la derrota terráquea sino la de un cuerpo digiriéndose en la peonza de su propia gravitación y el extravío de su misterio, por un arrabal de la negrura sideral, cuyos silencios admiten ser glosados como vestigios de una granja abandonada donde no se sabe quién, cuándo ni por qué puso en marcha el planetario de las especies? 

Todas las verdades sustanciosas empiezan por un hambre de verdad, pero toda verdad termina hambrienta si solo busca saciarse. Debe cuestionarse todo, todo menos lo que debe ser tomado en apoyo de la misma libertad que se da mientras se cuestiona, si acaso se quiere una directriz, que quizá no sea el caso. Ahora bien, suponer la certeza de lo que otros han recorrido puede ser un incentivo para la curiosidad emancipadora o servir de freno para los recelos de la inteligencia enfrentada al desafío de avanzar por sí sola en el vacío. Pase lo que pase, una razón regalada es una razón relegada.

Razones regladas aparte, entre la visión que corroe los presupuestos de la realidad y la ironía dativa que los acepta como acertijo abierto a la polémica, habría de darse una justa bienvenida a cuanto diserto rebaje el orgullo antropocéntrico y rompa sin coacciones el espejismo de los progresos alcanzados, máxime si ya se cuenta por designio con el acervo de los principales sistemas de creencias trasteados por la condición humana, que necesitan masajearnos con el mensaje inverso para ser poderosos. Ningún modelo triunfante en la ampliación de la factoría histórica ha prosperado sin desbaratar de alguna forma la superación del complejo de orfandad que fomenta el acatamiento de un principio fundador, de un primum mobile del que también son legatarios, a diferentes alturas, los líderes mesiánicos, los frankensteins que remiendan pueblos al tajo de su capricho, los seres supremacistas más que supremos de las brumas demiúrgicas y los cortijeros exopolíticos con su diversa pigmentación; toda una gama, en fin, de condensadores arquetípicos que no excluye el concurso de partículas dotadas de propiedades fabulosas, como los bosones, que más allá de las competencias de las ciencias físicas han demostrado una versatilidad muy populista para las ciencias del imaginario. Ni siquiera la irreverencia que pretende reprobar esos vectores de arrastre es ajena a su influjo, y en el enrejado mental que trazan la existencia más ínfima se siente incardinada, partícipe de una misión trascendental frente a la cual empalidece la esencia problemática del sujeto, protagonista de la línea de fractura moral por donde cruje el conglomerado de vidas que de ser a ser intensifica el clamor de la conciencia. Conciencia y vida son potencias irreconciliables desde que la primera rebasó las estrechas funciones donde se vio nacer. No se desborda una sin que la otra lo acuse.

Aún queda un margen de postestad: uno puede aceptar que es hijo de una nada perpleja de su propia fecundidad y firmar después con deserción la morgue inseminada por los grandes firmamentos de ilusiones, o puede anonadarse como un apadrinador del dolor que se vomita en un rosario encarnado de reflejos consecutivos.

Palabra de ser entero, de ser en todo enterado de su cero entreverado, dice que ser bueno es sólo ser a medias, ser sólo a medias todo lo bueno que buenamente se puede no ser.

20.7.16

UNA ESCAMA DE LA SERPIENTE

8sun, Implosion
Resistir a Dioniso es reprimir lo elemental en la propia naturaleza; el castigo es el colapso completo de los diques internos cuando lo elemental se abre paso por la fuerza y la civilización se desvanece.
Eric Robertson DODDS
Los griegos y lo irracional

Ya casi nadie entiende lo que significa pensar en libertad, sin deudas de especie ni ataduras de yo, sin veneno de miedos mundanos o figurados reptando en vena. Algunos opinan que se trata de una tarea imposible, treta de un apolillado ensueño filosófico que los románticos hicieron penosamente suyo y que hoy, más que nada, sirve para pagar las nóminas a un plantel de docentes especializados en algún área del evanescente museo del discurrir. Otros consideran que hay en ello una obsesión malsana, la rosca de un absurdo sin solución de continuidad, causa principal de no pocos malentendidos y de una no menos interminable colección de ridiculeces. Más de lo que desearíamos se hacen constar quienes creen que piensan, cuando lo exacto sería decir que siguen paso por paso, aunque a menudo a troche y moche, las sendas abiertas por craneadores precedentes, quienes quizá hicieron lo mismo dejando al paisanaje por paisaje las cadaunadas encadenadas de su cadaunez.

Por mal pensado que sea lo que se piense del pensar, sigue siendo el mejor homenaje al órgano más complejo del hombre, la mujer. Es broma. En realidad, pensar sigue siendo el mejor homenaje al órgano más complejo de la animalidad conocida, el cerebro, y dado que solo merecen ovación los pensamientos que van directos a la testa y entre ceja y ceja descerrajada la hienden, seguidamente confieso que llevo más de veinte años queriendo perfilar una visión básica que me invadió entre las geometrías flotantes de un trance. A medida que esa visión componía, en mí como en derredor, tapices de alto contenido simbólico donde plasmadas se irradiaban, por medio de escenas reticuladas, las estructuras profundas del funcionamiento sináptico, me cercioraba de una idea sobre la hechura íntima del cosmos. Aún en la presente remembranza no he conseguido sintetizar el concepto con palabras apropiadas, y mientras otra percepción más precisa no la releve con su elocuencia en un futurible, podría esbozarla así:

«En el universo no hay tiempo, todos los sucesos que contiene coexisten simultáneamente, pero desde nuestra perspectiva, la de meros puntos que atraviesan con sentido cronológico un espacio tridimensional de momentos diferentes, se precisa el bucle de la eternidad para poder vislumbrar la imprecisión de nuestros límites».

Hechizo naciente en el poniente y sinécdoque de lo extinto por lo extinguir, tras haber levantado esta escama del ofidio universal a fuerza de ir tumbado en el diván de mis sinergias (privilegio del pensamiento es ganarse un horizonte en la horizontal), plancharé entre almohadas montuosas la caja de mi truenos, pues ya en lo que va de estío la traigo estibada de más. 

19.7.16

NECESIDAD DE UNA ISLA

Andrey, Concept
No me gusta este lugar, nada crece en la dirección correcta. 
Nic PIZZOLATTO, True Detective

En el origen fue la luz, pero la claridad, a medida que se expandía, hubo de dar espacio al oscurecimiento. ¿De qué huyen aún despavoridas las manadas de constelaciones que los antiguos, hombres hieráticos, quisieron fijas a perpetuidad?

No me apenaría tanto si hubiera de admitir mis errores ante los demás como el hecho de descubrir fallos generalizados que decidiera callar por saberlos indisociables de los míos. De momento, y espero que hasta el epitafio, me está permitido hablar de lo humano y de lo divino sin poner el forro en soflama, luego salgo en pesquisa del principio radical de las cosas, porque una vez se ha esclarecido lo fundamental todas las cuestiones brotan como radios del centro... ¿Debe favorecerse la continuidad de nuestra especie? ¿Qué precio está dispuesto a pagarse por mantener cerrada la mente en provecho de ese atavismo? ¿Es moralmente aceptable el uso del sexo con una finalidad reproductiva? ¿Hasta dónde cabe comprometer la responsabilidad individual por un solo acto de irresponsabilidad como el que implica despeñar otra criatura en la existencia pudiendo evitar el perjuicio de tamaña adversidad? De una importancia gravísima, las respuestas reflejarán el nivel de consciencia que uno ha logrado interponer frente al simple empujón de la mecánica evolucionista, aunque más fácil que neutralizar automatismos desde dentro del ser que los propaga es inferir que también en estos descalabros de la carne la oposición a la norma resulta de máxima utilidad para los anuentes, que se definen a sí mismos como cuerdos; cuerdos de atar son, lógicamente, por la pasión genitiva quienes comparten la cuestionable mentalidad partidaria de engendrar sucesores sin aquejar, bajo una perspectiva convencional, el menor desdoro. No en vano, la sociedad tiene asegurada su rodadura en ellos.

Ni una rotación planetaria ha transcurrido desde que en el blog de un wikipedista de pro leía un repertorio de malos augurios que el autor, vestido con ademanes de librepensador, vinculaba directamente al impacto de la depresión económica. Desde la tribuna de su catedrática y un poco catedralicia erudición, más cargada de loables intenciones que dispensadora de sólidas razones, se lamenta de que por el camino de la asfixia financiera está perdiéndose una generación entera, como si alguna hubiera habido capaz de salvarse de la decrepitud, y entre los motivos más luctuosos del presente estado de expectativas denuncia —casi puedo verlo, mano en pecho, murmurando su epicedio— que «los jóvenes no pueden fundar una familia». ¡Ay, los sentimientos píos! ¿He ahí, pues, la madre del cordero? ¿Crecer por crecer, mi querido filántropo? A este tibio señor, cuyo nombre rehúso exponer en la picota de mi crítica por la estima que sus labores didácticas justamente le granjean, con ganas le objetaría que esa moderación genésica ha introducido, como ninguna otra secuela, el efecto más digno de albricias entre los imputables al desengreimiento masivo fomentado en las haciendas por la crisis actual. ¿O tal vez, a su juicio, sería más halagüeño agravar la precariedad reinante con un incremento de la población que ensucie el nido con nuevas camadas de mendicantes vitalicios, analfabetos funcionales, comunicómanos insaciables, lacayos desalariados y votantes letárgicos? Hombrecillos fabricando hombrecillos, muchedumbres que nada quieren saber del justo medio y que todo lo pisotean, a golpe de prole, a partir de ese dudoso derecho a practicar la procreación, medio injusto donde los haya al alcance de cualquiera. Hacer más cuerpos es hacer prevaricación de los cuerpos.

Cavernarios sucesivos somos y en las cuevas nos encontraremos. Después de acogerse a las grutas y cubiles que pudo hallar entre las breñas de sus orígenes, el humano de las postrimerías ha conectado en red sus símiles rupestres de ladrillo, acero y hormigón. Demasiado ceñido entre las pantallas que le crecen como tumores audiovisuales a la realidad, busca el terrícola ordinario un refugio imposible entre incentivos agotadores que no se harta de añadir, sin embargo, a la cesta de las menudencias que lo convierten en un recolector recolectado por infinitas distracciones virtuales. Malavez hemos cambiado, y en cualquier caso a peor si hacemos cuenta de que el éxito en materia de ganado ha pertenecido de suyo a los sujetos que mejor se han apañado para reproducirse a tutiplén. En otras palabras, desde un punto de vista natural, los abanderados de nuestra especie raramente son los más lúcidos y sensibles, sino los más irrespetuosos con el otro, con el congénere que debería, enfocado con rectitud, ser concebido como un fin en sí mismo antes que meramente concebido.

Bastantes centurias antes que Kant, Confucio alumbró un concepto afín al que en una versión democrática adoptaría después el filósofo alemán como núcleo de su ética: «El hombre superior no es una herramienta». Con todo, es todavía posible cierta grandeza más allá del rendimiento neto exigido por el credo de la productividad. Donde exista un abuso puede abrirse la posibilidad perpendicular de un microheroísmo, de un obrar que no haya sido amamantado por los aplausos de los viles que siguen como guía el mimetismo elaborado a partir de las ramplonerías precedentes. Hágase ejemplo de lo que cuento en que a pesar de ser el miedo a perder la vida más fuerte en las mujeres que en los hombres (seguramente por la programación ancestral que ha conformado en ellas una barrera biológica destinada a proteger el horno de la especie), cuando sienten vencido al fin el temor a la muerte, no hay ejército que sepa contener su bravura. Llevada al extremo, toda mujer es una amazona en potencia y ninguna amazona se rinde sin entregar el alma.

Por la deriva de la perorata que me está saliendo, pienso ahora que entre las relaciones fermentadas en el delirio conocido como seno familiar la más hermosa es la unión defensiva de los parientes contra las amenazas y coacciones de un agresor externo, pues contra ellas queda constatado que el humano, cuya decadencia es notoria, conserva algunos arrestos para mantenerse indómito en la solidaridad cuando toca dar la cara por los seres a quienes ama. Marcando contraste, y sin merma de cuán fea escena compone un padre que alza la mano contra los inocentes a quienes impuso la devastación de vivir, en la categoría de espectáculos deprimentes lo supera, con mucha ventaja, el orden que tasa legalmente el tono de la convivencia doméstica y manda a sus esbirros allanar, sin gasto de vergüenza siquiera, el umbral de un hogar cuando sospecha que la realidad allí parcelada no se ajusta al denominador común, o bien no satisface los diezmos debidos a la usura.

Tan cierto como que el valor es un atributo de índole moral se demuestra que nada se hace valer fuera de un campo de acción, y es en el campo de las acciones morales donde el individuo que modula su equilibrio dinámico en el caos debe volverse disciplinado para que la presión de una incongruencia demasiado inflada no haga de él un desvalido.

Broncos y pesados vicios engorda la posesividad, que constituye por sí sola uno de los más deleznables hábitos por cuanto impide al espíritu respirar el aroma sutil de la virtud, lo atrapa en el círculo de los afanes voraces y lo engaña con la ilusión de ostentar una imagen de rango y poder donde no se olfateará rastro del dominio de sí mismo, de la templanza y de la amplitud intelectual que son, entre otras cualidades de mérito, signos distintivos del ser dotado de verdadera elevación. A tenor del eje planteado por esta idea, podrían verificarse dos categorías fundamentales de actitudes con sus correspondientes y muy distinguibles modos de entender el viacrucis de la vida: la actitud de quienes desde la progenitura de una familia, de una nación, de una secta o de un negocio necesitan comerse a los suyos para sentirse plenos, y la de quienes necesitan que los demás los dejen de pleno en paz para sentirse suyos. He de computarme entre estos últimos: soy uno de esos que no podrían dejar de anunciar, aun quedándose más seco que un terrorista pidiendo limosna para explosivos, que ninguno de nosotros debiera haber nacido. Nadie, tampoco ningún ser sintiente, tendría en justicia que estar aquí.

Más que padecerla, evoco la necesidad de una isla donde a mi salvo, en la travesía que va del exilio interior al florecimiento espiritual, y expatriadas las alteraciones que se oponen a que lo frágil se funda con lo ilimitado, pueda armarme de audacia para asumir, a falta de aborto, la paternidad de mi sepelio.

«Seamos sabias, ocultémonos», es cuanto parecen sugerirnos las constelaciones del inicio.

15.7.16

DESNUDA, MOJA LA LLAMA

Kitagawa Utamaro
Para quienes han nacido en cautividad, la libertad ya no representa un alimento.
Jean GIONO
Las riquezas verdaderas

Todo cuanto acontezca nimio en la caverna material de la existencia bien podría revelarse crucial para el arbolado espiritual, cuyas raíces beben no solo de la atención dedicada al cultivo concéntrico de sus atributos, sino del soporte que pueden crear por sí mismas gracias a la expansión de la conciencia frente a los sedimentos de una realidad que se pavonea grotesca a fuer de hiriente, por no calificarla de falsaria, en cada uno de los fuegos fatuos que como fogosas fatuidades a través de las generaciones se propagan cegando la verdad y contagiando, después de transformarse en pretextos apasionados, las dolencias que son peste en el manicomio de este mundo, donde actuamos ora en el papel de peleles en un drama de proporciones cósmicas, ora en el de espectadores atónitos ante la visión de una arquitectura proscrita tras del decorado que cubre de aquiescencias el precipicio de la infinitud.

Esa piromancia de la que penden sordomudas las estrellas arde para nosotros en un océano de aislamiento que nos separa de las posibles especies inteligentes respecto a las cuales nos suponemos no menos anacrónicos, en cuanto inalcanzables, de lo que ellas con sus interrogantes son para nosotros, y lo expreso en indicativo porque mi antropocentrismo no me da ínfulas para excluir la barrera de la incomunicación con esas entidades biológicas foráneas, que no por descorazonadora deja de ser una hipótesis preferible, ontológicamente al menos, a la aterradora soledad del humano en la matriz de la galaxias.

Sin salir de la nave de orates en que viajamos, existe por añadidura un territorio áfono que los náufragos interesados en contactar entre sí desde la lejanía de diferentes épocas deben horadar con la presencia imaginaria, un espacio de horizontes en retroceso donde la gesta contra los fertilizadores del sufrimiento, reiniciada en cualquier siglo, ha de enfrentar a su lucidez nocturna la permanente probabilidad de corromperse cogiéndole sentido al hecho de vivir para hacer daño de vida, al horror de quererse maquinaria de servicio, a la contrahechura de ser vicio de ser.

7.7.16

LINIMENTOS DE NOCTURNIDAD

Moebius, Night Migration
La noche es siempre menos cruel que el día.
Henry MILLER
Trópico de Capricornio

Mientras la experiencia nos va llenando de razones para abandonar la vida, la vida nos llena de causas para no abandonar la experiencia.

*

No sé si hubo magia alguna vez digna de ser concebida como ciencia, pero estoy completamente seguro de que la ciencia ha acabado asumiendo las categorías más cuestionables de la magia.

*

Siempre será para mí un yacimiento de fascinación la posibilidad de que a partir del fragmento de un acaecimiento cualquiera pueda evocarse, más allá de las ideas aproximadas que uno pueda volcar y con una riqueza de matices poco menos que integral, no solo la atmósfera anímica que le ha conferido su colorido humano al hecho, sino el contexto material donde se ha producido la huella de su paso por el orbe. En el riff pegajoso de un blues cazado al hercio, por ejemplo, cabe sentir envainándose al ocaso el trago ardiente que deseca el abrazo de los pantanos, amamanta la serpiente de sudor sobre la espalda antes de disolverse en la tormenta y… aquí mismo destila, en apenas un suspiro, el delta del Mississippi.

*

Las ideas más sencillas son las que mejor se instalan, pero ¿qué clase de hombre hay que ser para querer meter a toda costa nuestro hilo en los telares del pensamiento ajeno? Y aún peor, ¿cómo osan llamarse hombres quienes ambicionan introducir su programación en la carne, caiga como nazca el sujeto? Con ese inveterado anhelo de echar raíces, los humanos acaban pareciendo tubérculos.

*

La naturaleza ama el engaño y el humano, como artefacto natural que es, ama tanto adornar el sí y el no, teatralizar el antes y el después, encaratularse a imitación de su matriarca por cada poro comprometido en el espectáculo, que la mayor parte de sus acciones parecerían inexplicables si la historia no se ocupara de desnudar a pueblos e individuos con idéntica dureza.

*

Sin que haya excusa para el mayorazgo de lo inadmisible en el ámbito de lo evitable, no deja por ello de ser comprensible, en virtud de una evidente derivación lógica, que se hallen por doquier gentes tramposas cuando la ceca de la misma naturaleza fomenta la estafa al habernos dotado de una prematura capacidad para la reproducción y de tardías, cuando no insuficientes, aptitudes para la consciencia. Todos somos gilipollas en algún grado y propagarse no puede ser, de ningún modo, un acto adornado de inteligencia una vez se ha contemplado la desvergüenza del dolor actuando a través de los automatismos biológicos y de las inercias culturales que forjan los encadenamientos de las generaciones.

*

No hay espejo donde más quiera demorarse al verdugo que en el rostro del amor. Amantísimos papás y mamás llenan con estos primores las sepulturas. 

*

—Hijo mío, mi mayor desvelo es que consigas superarme.
—Padre, no te preocupes, cumpliré con creces tu objetivo: sólo debo mantener mi decisión de no imitar el error que cometiste al engendrarme.

*

La hermandad no excluye, ni debe hacerlo, el juicio crítico entre aquellos a quienes une, y encuentro muy atinado saber enfocarla, tras años de confianza mutua, sin pretender excluir los defectos que cada uno arrastra con su haber de decepciones. Así, deberíamos sentirnos hermanados sin rozaduras con quienes, ya sea en honor de viejos vínculos o en aliento de nuevas afinidades, nada piden que no podamos dar desde el reposo ganado a las vanidades.

*

La tranquilidad no se impone, se contagia.

*

La alegría que no se comparte es menos creíble que una soledad sin estanques de silencio.

*

Quizá la ternura no haya muerto, pero el miedo la secuestró. ¿Dónde están los gestos cariñosos que siembran de espontáneo deleite las albricias entre desconocidos? ¿Dónde el rostro relajado con gentileza en respuesta a la mirada fortuita de otros ojos?

*

Si no puedes resumir tu oficio en una o dos palabras, lo más probable es que tu ocupación sea superflua; si tampoco te bastan más de tres, ¿qué disimulas?

*

Lo laboral hunde sus garras más allá del motor económico: se trata de un fenómeno religioso de alabanza gregaria, funciona como un rito de integración social que exige en concepto de deuda, nada menos, que el sacrificio regular a la subsistencia de magnitudes tan cruciales como el tiempo, la energía y la atención. También, por supuesto, puede suponer una tregua prorrogada para casos como el mío, en los que una transacción pautada mensualmente ahorra derramar la propia sangre por otros cauces…

*

Si hoy se estima como un derecho el acceso rutinario a tecnologías que mantienen en alza necesidades que ayer no existían, lo que está fuera de duda es que hemos conquistado a un alto precio el deber de ser estúpidos.

*

Se respira más limpio sin demorarse en el humo cruzado que los celópatas de la opinión difunden a los cuatro vientos, y quede en claro lo alejado que estoy de alimentarlo con esta observación hecha de soslayo por quien se ve como una marioneta desatada. A los traficantes de información solo les importa la verdad de los hechos para poder silenciarla o someterla al descrédito mientras presentan en paralelo como un hecho innegable la falsedad más favorable a sus negocios.

*

Tan atractiva puede ser a nivel imaginario la idea de esterilizar a la población sin su consentimiento como despreciable a efectos prácticos: se sitúa en gravedad justo por detrás de la transgresión moral que supone poder concebir hijos para traerlos al mundo como una ofrenda de carroña. En otras palabras, la inutilización forzosa de los órganos sexuales a efectos antinatalistas conlleva una violación del ser existente (un buen fin que se vale de un mal medio) que tiene su correlato de oprobio en la violación del ser potencial mediante el uso reproductivo de la sexualidad (un buen medio al servicio de un mal fin).

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Donde el hombre-perro busca aprobación, el hombre-gato encuentra provocación.

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—No das puntada sin hilo.
—Ese hilo sólo borda un lamento contenido porque antes clavé en mí cuantas agujas pude.

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Michael HutterEvening at the lake

Por la boca, en efecto, el pez la caga, y he aquí uno de los que baten aguas colocándose anzuelos. ¿Será, con diferencia, más espinoso de pescar el que sabe escapar de ellos escamado?

*

Nada te induce más a bajar la guardia que la caricia del halago: no hallarás promoción más directa al estancamiento en la complacencia, ni espejo que mejor calle los defectos que solías reconocer sin perder la serenidad, sin que la delectación leve de aceptarlos sobreseyera el desafío de aligerar el peso de su protagonismo. Las arenas movedizas del mimo no son lugares propicios donde anclar tu necesidad de sosiego: un abrazo demasiado obsequioso puede ser matador; un abismo, anunciarse cálido y sonrosado cual vagina regalada. Si es cierto que toda apariencia de éxito no puede cimentarse sin un comercio consentido de malentendidos, su origen está en aquello que quienes te aplauden, felices de sí mismos, descubren en ti: inflándote, se inflan; son asiduos militantes del onanismo por cuenta ajena.

*

Menos difícil es dejar de creer en algo si no se sufre por su causa que hacer de la opresión del sufrimiento causa de fe.

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Allí donde la fortaleza espiritual debe claudicar ante el músculo, la inteligencia es requerida para rendirse ante el dogma y la cultura, reconducida hacia la tosquedad, se convierte en la gran enemiga de la decantación que otrora daba forma a la sensibilidad. 

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Mientras los mentecatos cierren filas, la potencia del pensamiento se derrochará si desdeña reventar siglas y desgarrar banderas.

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No por ser más sabido se mantiene menos obviado que en las más altas posiciones de mando los mayores perturbados reservan altar y trono.

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Los juegos, si son interesantes, solo se resuelven con más juego; asimismo, las torturas: repárese en la expansión del universo que hace de ambas nociones un complejo indisociable. 

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Indemnizada por el beso de una flor efímera, la paciencia sabe a saber perenne.

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Dividimos a los humanos en grandes dicotomías fáciles de manejar porque el más elemental sistema de clasificación obedece a una lógica binaria. El problema, tanto para el clasificado como para el clasificador, es que estos planteamientos simplificadores generan restos, contingentes de seres inasimilables que se acumulan a lo largo de las líneas fronterizas donde los muros del pensamiento se compenetran con las trincheras del corazón.

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Justificar los errores propios con los cometidos por el enemigo no argumenta sino la prueba palmaria de haberse rendido a su debilidad.

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Ceder la razón a los demás, como Quijote en su lecho de agonías, es querer sacar promedio de locuras. 

*

Pietro Paolini, Alegoría de la muerte

De la vida como herida que se abre en el tiempo hasta que la muerte, al margen de la duración, la sella con puntadas eternas, o como una travesía de vueltas que hay que dar para allegarse al centro hueco, todo lo que se diga abona la esperanza; incluso a borbotones la hay en el espíritu que se pone desperado cuando cree, como si descreyera de sí mismo, que a toda unidad le llega su cero.

*

Donde la sensibilidad para la belleza se ha enmohecido, una sola imagen nacida de la visión original puede compensar la fealdad de naciones y aun siglos enteros.

*

Aunque como una posología de prolepsis se tenga el axioma de aceptar lo inevitable y evitar lo inaceptable, la naturaleza tiende a diluirlo con subterfugios innúmeros que la descomposición en sociedad solo puede intrincar hasta el aturdimiento. Sino secreto de toda vida, lo inevitable es negociar de continuo con la metamorfosis de la ruindad, lo que en modo alguno debe dar pábulo para bloquear el arte de interrumpir las concesiones inaceptables.

*

¿Acaso no es locura, una locura de verdad pura, cerciorarse de la realidad con la exactitud de un guante roto mientras se limpian letrinas?

*

No escribe uno a cabalidad, según sea el foco, por llevar la claridad a las profundidades o las profundidades a la claridad; uno draga como puede la oscuridad del alma y en su relato ha de ser cronista de un afluente en llamas.

*

No construiría buen sexo el amante nato si no se entregara a conciencia de que su próximo encuentro pudiera perfectamente ser el último, y lo propio le sucede al escritor que funde todo su talento en cada frase como si fuera, más que la definitiva, la única que sus lectores lograrían rescatar de un incendio.

*

Lo escrito no nos libera de volver a escribir lo mismo, simplemente nos condena a olvidarlo donde pueda ser recordado.

*

Muchos son para muchos los artefactos explosivos tentadores de activar. Confío en que pueda darse la misma utilidad a una porción considerable de cuanto he venido escribiendo contra todos como apóstata, amén de enamorado, de la máquina sacramental por antonomasia durante siglos: la imprenta.

5.7.16

SUB SPECIE AETERNITATIS

Rachel Bess, Spoils
Obscena inmortalidad la que da el quererse ahora.
Miss DESASTRES
Los seres salvajes

Si respirar es un error que infla de horrores el mundo, el mundo debería ser visto como el error que nos desinfla cuando tomamos conciencia de sus horrores.

Como poco, y mucho es, recibimos el mundo cual un todo por recorrer, pero solo podemos abarcarlo en las estaciones sucesivas que atraviesan nuestras facultades mientras se viaja con ellas en lo dado.

A medida que avanza la vida individual, y más allá del itinerario que describan sus oscilaciones, se extiende el espectro de la perspectiva por cada faceta que capta su interés, compone el juicio lecturas más cohesivas respecto a los fraccionamientos donde antes creía tener la fuerza de su certeza y el equilibrio del espíritu se restablece mediante el distanciamiento interior, la válvula de seguridad surtidora en efectos de un antídoto universal contra las relaciones demasiado absorbentes para la atención, que amamos fluida.

Quizá sea tiempo de otorgar, a título póstumo, el beneplácito de una razón explícita —entre otras que permanecerán ocultas— a esos chicos desnortados de la Zona Especial Norte, una banda con nombre de padecimiento que nos avisó, con su oda rasposa a la crudeza sin fin, de carencias contra las cuales concitaremos en nulo excelencias complementarias. La sentencia fue que «no hay suficiente cerebro para asimilar lo que ya existe».

Desabróchense los cinturones.

4.7.16

HÁGASE EL FANDANGO

Alessandro Magnasco, Entierro de un soldado
Nuestro pensamiento cultiva aún la tierra de un modo tan agresivo que no deja ni una pizca de espacio para la mala hierba de la fortuna.
Ernst JÜNGER
El corazón aventurero

Sin que pretenda elevar un sesgo a método de conocimiento (el sesgo puede suponer un conocimiento o funcionar como un método, pero no ambas cosas), y sin que su enfoque arbitrario deje por ello de efectuar un reclamo con merma de la heterogeneidad existente (en la comuna descomunal de la realidad cada ser tiene formas distintas de acoplarse al horizonte general), propongo aplicar a la colmena de nuestra especie un corte transversal donde puedan apreciarse los dos tipos básicos de alveolos humanos: quienes se miden a sí mismos tal como el mundo ha querido en contraste con quienes miden el mundo tal como ellos quieren. Surge el problema entonces de los primeros, muy proclives a creer que actúan con la autonomía de los segundos mientras estos, raramente, logran disipar la incertidumbre de no actuar bajo los infinitos condicionamientos que los primeros nunca llegan a desprogramar. Ante la duda sobre la pertenencia a uno u otro registro, se revela decisiva la aptitud con actitud de aquellos que han hecho de la autocrítica un visado intelectual, un fandango para moverse por la escena sin necesidad de refugiarse en los sistemas de valores que parten del yo para atracar en el yo, ese átomo mental henchido de órbitas superfluas a cuya vibración es tan fácil engancharse que se pierde la vida en la inanidad de ensalzarlo, cuando no de protegerlo del sustrato al que uno mismo pertenece.

Podrían diferenciarse todavía otros modos de desenvolver el carácter tras la apertura del estuche de los días, como el de quienes aspiran a cambiar el mundo y no plantean más que exigencias a los demás, y el propio de quienes saben que el meollo permanece inconsolable y centran, consecuentemente, las principales exigencias en sí mismos.

3.7.16

UNA BESTIA ENTRE BESTIAS

Domenico de Rossi
El que sujeta su vida a un modelo exterior no puede tener otros amores que los que le preste el modelo elegido, al que levanta altar en su corazón como a deidad. Aunque predique amor, no será amoroso; aunque hable de libertad, sólo concebirá la libertad condicionada por aquél o aquello que lo domina, y esa libertad tiene todo el carácter de esclavitud.
Miguel GIMÉNEZ IGUALADA
Anarquismo

No escasean últimamente los papeles delictivos en los paralelos subalternos de mi vida onírica; bien se diría a la luz tumultuosa de esos sueños que las catacumbas de mi personalidad, más que aposentar una tendencia expirada hacia la transgresión, tratan de sugerirme por medio de energías revueltas que mejor adaptada llevaría la existencia si efectuara el salto a la ilegalidad. Siguiendo los cabos sueltos que arrastran consigo los frecuentes sobresaltos a ras de colchón, lo normal siglos atrás hubiera sido sospechar que mientras dormito me son instiladas por el susurro de un súcubo las rutas de goecia más directas a la perdición.

Hoy soy uno más de una cuadrilla de atracadores que comparten su fraternidad en el peligro al gusto de Caravaggio y se saben muy capaces de faenar de forma virulenta siempre que la deriva de los hechos opera en contra. Somos, pues, antes que una partida de saqueadores —para tal fin hubiéramos probado suerte en un partido político— un núcleo de cimarrones, una célula encrespada por la conciencia indómita de su potencial desgajado, una tribu antisocial que reformula desatándose su homeostasis tras haberse meditado en el retiro que pueden patrocinar los botines, cada vez más volátiles, transferidos por las bravas de la industria ajena.

Acabamos de repostar en un gasolinera, donde por supuesto no pensamos abonar el importe del trago que ha llenado el depósito, cuando a uno de mis compinches le bulle la tentación de ungirse los bolsillos con los sudores de la caja. Nadie lo reprueba. Nadie lo secunda. El empleado cede sin resistencia, pero el que oficia como dueño del montante, un tipo rudo, saca un fusil ex nihilo y con esa teología de gatillo sale dispuesto a recitar algunos versículos sobre nosotros, lo que hubiera hecho sin pestañear de no ser porque a mis pericias de volante marcha atrás las avalan balas que tatúan a capricho el blanco orondo de su figura. Lejos de caer exangüe, el sujeto resiste la llovizna, letal para cualquier otro. Detenemos la fuga para admirar el prodigio de un ser que sólo parece agonizar en las sumidades que se desconectan del teatro orgánico al compás de un cancaneo espeluznante. Nos mira sin vernos y entre estupores se queja de una molestia difusa en el vientre. Se palpa el rostro entre atónito y pigre, como si por su calavera resbalara soconusco. Gime el nombre de una mujer, quizá su difunta paridora... La suerte echada está con percutores y no es cuestión de arriesgarse a ser enjaulados por espiar el desenlace de un invitado al polvo con pólvora de réquiem.

Kate Bergin, Surrender
Meses después, a consecuencia de un robo fallido, caigo no malherido por el disparo de un caimán y doy con mis drenajes en un hospital penitenciario donde me asignan una alcoba contigua a la de un capo, Malatasca, de quien nunca he oído hablar en los circuitos del hampa. Al primer encontronazo, y pese a las cicatrices que retuercen las cordilleras de su semblante, reconozco en mi vecino de penumbras al propietario de la estación de servicio que tanta fiesta nos dio. Aunque finge lo contrario, por un destello en sus pupilas sé que sabe perfectamente quién soy. No vencido ni un minuto, sus adláteres me conducen hasta él blandiendo irrefutables axiomas de gimnasio. Con una bota de gran talla que asegura sobre mi cuello la quietud frente a otras suelas, las del gerifalte, soy bautizado en lapo como «Fray Venablo», para lo cual se sirve a media mueca del tono que le supongo a un pederasta en celo. Entre fealdades mil, encopeta este señor la pesantez de una superioridad construida sobre mecanismos menos nobles que un estupro, superioridad desde la que expone, con lujo de jirones, el repertorio de vejaciones que me infligirá en algún momento fijado para los próximos días. Sin que la promesa revista mayor presunción que un sufrimiento innecesario, en la medida garantizada de su odio redescubro la tranquilidad de sentirme blindado de indiferencia frente a todos los pavores que el destino me depare.

Habiendo recogido en testimonio mi caudal de expectativas, el director del penal no se molesta en ocultar su gozo por el giro que tiene calculado para casos como el mío. Imitando a bajo coste el peor estilo de un circo romano recreado según el criterio de quien cree que Julio César fue un actor o un futbolista, ha organizado un combate múltiple entre presidiarios que tendrá por cabeza de cartel al superviviente acribillado, quien hará subrayar sus iras gracias a un especialista en destrucciones anatómicas y mis setenta kilos de alma en calidad de artesa para suplicios. Según me explica, es el modo más eficiente de dirimir controversias entre la población reclusa, además de una lucrativa fuente de ingresos: al evento asistirán nuevos gentiles capaces de abonar veinte salarios por disfrutar, sin mácula para el decoro, de un espectáculo negado en el mundo exterior. 

A la mañana siguiente me sueltan en una arboleda sita intramuros. Mis únicas instrucciones son que debo buscar un arma, oculta en el linamen, de la que podré valerme como medio defensivo. Todo lo que consigo hallar es un hacha de plástico, ideal para juegos infantiles, con la que se supone debo hacer frente a dos hombres, uno de ellos entrenado, que no tardan en anunciarse con la sorna de los reflejos desprendidos por sus hermosas falcatas y alabardas. He de admitir que los ingenieros del tinglado no carecen de humor.

Edward Robert Hughes, Oh, What's That in the Hollow...?
Cita es ya del adiós. Clavo mi atención en un punto sin retorno, como esa peonía que defiende estoicamente su vigor en un claro reseco, y desde el foco inopinado que me ofrece encuentro en mí la simiente de cuanto busco. Ensortijado por tan liviana naturaleza, sin otro alfabeto de concomitancias que el trabado por la necesidad de ordenar el azaroso remolino de los acontecimientos, lo cierto es que entre los anhelos y temores que se abren a mi mente existe como nunca un parentesco especular, un vínculo cuyo enigma semeja la quiralidad característica de algunas moléculas. Sobre esta desesperada propensión al equilibrio, el satélite súbito de una vieja idea vuelve a mariposear a mi alrededor: tras la muerte viviremos como realidad todo cuanto hemos soñado porque allí soñaremos todo cuanto hemos vivido.
 
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