28.3.14

EL DIOS NEGRO DE LOS PIRRÓNICOS

A Antero, porque brilla con oscuridad propia y da buenos reflejos de ello.

En último análisis, ¿no podría ser falso todo? Y si nos sentimos engañados, ¿no nos sentimos también por eso engañadores? ¿Será preciso también que seamos engañadores?
Friedrich NIETZSCHE
Humano, demasiado humano

Dios y yo nos redesconocemos a la imperfección. Juntos y por separado, sobre todo y más para nada, nos hemos vigilado de cerca desde que tuvimos noticia el uno del otro; estamos, qué duda cabe —y reboso infinidad—, condenados no a entendernos demasiado tarde o temprano, ni a enrollarnos a hostias como buenos amantes, sino a excusarnos por completo el error original que nos desdobló.

The Ultimate God de Sidney Sime.

UN ADARCE DE INTRIGAS INFINITAS

La derecha ya había sido corrompida por la riqueza; la izquierda fue corrompida por el poder. La derecha aliada con el dinero ha contribuido más que la izquierda a destruir los valores que pretendía conservar. La izquierda aliada con el dinero ha impedido más que la derecha el advenimiento de la nueva sociedad que quería poner en marcha. En resumen, la izquierda ha perdido sus principios frente a una derecha que nunca se ha preocupado demasiado por respetar los suyos.
Alain de BENOIST
Más allá de la derecha y de la izquierda

Quemar, literalmente, el numerario cuyo curso legal requiere que nos vayamos inmolando con deshonrosa prosternación ante los altares de las finanzas especulativas constituye, además, un delito según la legislación de las principales naciones del mundo; no tanto por el daño real que pueda causar dicho acto a la utilidad pública —en el ordenamiento jurídico español, que yo sepa, no está concretado como hecho delictivo, aunque el artículo 386 del Código Penal condene expresamente cualquier alteración de la moneda—, sino porque demuestra en sí mismo, a las claras y sin necesidad de sofisticadas argumentaciones, que el verdadero, último valor del dinero, aparte del alivio de no tener que pensar en obtenerlo cuando abunda, se reduce a todo lo que la combustión de una masa de papel entintado puede producir físicamente: humo, cenizas y una efímera radiación térmica que ni siquiera alcanza para entrar en calor.

En 1971, muy cerca todavía de la mitogamia de espíritu goliardo que eclosionó en Mayo del 68, la derogación del patrón oro bajo el impulso de Nixon otorgó un carácter profético, e inusitadamente irónico, a los mensajes del movimiento situacionista instalando por decreto a la imaginación en el poder; un poder que hoy, más vigoréxico y alucinado que nunca, corre hacia el colapso que su propio crecimiento inflacionario teme y fomenta con espantosa sincronía. Por si alguien empieza a perder el hilo, estoy aludiendo al imperio económico de la fantasía, la única religión que sobre el cadáver de Dios conserva al pueblo soldado a la élite: ¿existe acaso otro respaldo para el capitalismo actual, salvo la invención bruta desprovista de sustento que se entrega al frenesí de imprimir billetes, acuñar metales y engrosar los dígitos bancarios encargados de testimoniar riquezas ficticias? Da vértigo objetivar que seguimos habitando en las supersticiones del pensamiento cercado por dogmas como el triunfante, basado en el burbujeo ilimitado, o las aparentes alternativas que propugnan desde un retorno pacífico a categorías sostenibles de orden comunitario a la épica de revoluciones purgantes, pasando por una oferta de hipotéticas soluciones —progresistas, primitivistas, neofeudales y hasta transhumanistas— destinadas a zanjar los requiebros humanos y contra las cuales una escéptica labor de sindéresis poco puede socavar más allá del sujeto sin disolverse, pues la misma tarea de corrosión, al ser empleada como instrumento político, se convierte en deudora, como mínimo, de otra quimera social: la credulidad en la mística de la acción para provocar un cambio donde la actitud promotora no se subsuma en derivas prometedoras o, peor aún, no se enquiste con ellas en afanes mutiladores. Negar estas derivas no evita la reactivación de la desmesura ni supone que las excepciones dejen milagrosamente de serlo para establecer nuevas reglas; negarlas sólo manifiesta un compromiso de fe con alguna clase de optimismo que menosprecia, por orgullo, el absurdo de querer enmendar algo que desde luego puede atenuarse o mejorarse, pero carece de arreglo. De ensanchar las fronteras del hombre, ni hablamos... a no ser que se busquen extensiones más holgadas para saquearlo.

Cuentan que antes del segundo mandato que descarriló su vida, el enjuto Abraham Lincoln llegó a declarar: «Los poderes del dinero se alimentan de la nación en tiempos de paz y conspiran contra ella en tiempos de adversidad. Son más despóticos que un monarca, más insolentes que la autocracia y más egoístas que una burocracia. Denuncian como enemigos públicos a todos los que cuestionen sus métodos o saquen a la luz sus crímenes». No sabemos si en congruencia con su percepción crítica de la usura o apremiado por los gastos de la guerra, se aventuró a aprobar una ley para la emisión de dólares, conocidos como greenbacks, sin someterse al pago de la deuda controlada por el clan Rothschild. Murió asesinado por el disparo de un sicario que, con la divisa de Marco Antonio en los hocicos, concluyó su intervención escénica para correr, horas más tarde, una suerte pareja a la del presidente. Estaba cantado. Y es que la irrealidad suele tomarse licencias que ayudan a mantenerla intocable, como siempre, en la diócesis de su obscenidad.

Desmémbrase a la vista uno de los fascinantes collages de Travis Bedel.

25.3.14

LA PLATEA DEL VAGABUNDO

Si sólo pudiésemos admitir la validez de los hechos científicamente verificables, perderíamos más de la mitad de nuestras experiencias fundamentales.
Claudio FURCIFER
La impiedad recompensada

Ante la mirada de un hombre herido de lucidez, la cultura es una fracción de universo demasiado exigua, aunque lo bastante intrincada para hacer que se sienta perdido allí donde el periplo del cultivo enrede su atención. Desde este palco que empieza a encontrar entretenido cuando desiste de buscar la desgracia de ser feliz, se evita asimismo el error de coagular credos a partir del espectáculo ofrecido por sus propias particularidades, pues las experimenta conectadas al origen inaudito del caos al que acuden en su último suspiro los eventos de la materia inmolada a la putrefacción de los fines por los medios y de las partes por el todo; ni con toda la corteza del mundo a su favor, podría decir por más tiempo yo mismo desde su perspectiva sin enturbiarse la visión o arrancársela entre espasmos de falsedad; a él sólo le queda el asiento encallado del aquí, ese ahora de tozudas mangancias contra el que perfila su extrañamiento como una sombra solitaria que se desliza entre los prolíficos ripios del vacío. Incapaz ya de empeñarse a sus constantes discontinuidades con empresas de amor o de temor, adversarios ambos de la sana despreocupación sin la cual el vivir sólo presta lamentos a las permutaciones inapelables del anhelo, sabe, como saben los animales que pueden prescindir del pensamiento, que todo está prefigurado en este páramo o lodazal poblado de seres cruentos, inmediatos a la envoltura desafiante de sus siempre entallados precipicios, mares de nada que la fractura subjetiva remeda congelando en un canto eterno con el signo enigmático de su función desconocida, acaso ninguna. Surca así este fingido valle de fuegos fatuos que le resulta tan insustancial como la esperanza de la que obtienen consuelo los bobos, algo de tono los más avinagrados correctores de fantasmagorías y trabajo muchos maleantes; lo surca y en vano descamina el siniestro pellejo de cada trecho que rara vez, sin esperarlo, lo desespera: se reconoce en cada tramo cautivo de un lugar inaprehensible que parece haber sido concebido para jugar eternamente al escondite o, quizá, escupirle al silencio murmurador aquellas palabras de Tom Spanbauer que han de sonarle furtivas a la imaginación deficitaria: «Encuentro la verdad mintiendo sobre ella».

Hecha la proclama del ventoso día, permítanme la abstracción de arriesgarme a ser concreto; concretamente errático, derramándome por las glías de injertos y raíces, que ando espeso...

El lago también pesca en Lonely Goblin de Tianhua Xu.

20.3.14

ANONADARSE

De esta vida sacarás
lo que metas, nada más.
Proverbio

Si es cierto, como el velo rasgado indica, que ningún libro merece ser el único, no lo es menos que todos los que contribuyen a desmontarnos deben ser celebrados cual exordios del último aliento. Otro tanto ocurre con aquello que acaece sujeto por natura y añade el combustible de una conciencia interrogativa a la biblioteca de la realidad.

Se entendería, o lo parece, que morir es volver al sí que en sí la vida nos niega por la nudosa dilación encendida en la presencia del cuerpo reclamado por el yermo. Existe el morirse, mas no el nacerse: extráigase de ello la oportuna significación. Uno es nacido al otro que siempre muere; se muere uno porque así vuelve a sí mismo lo que otro ha hecho nacer.

Las tres parcas de Cecchino del Salviati.

18.3.14

DESDE EL YERRO

El yerro de otro conviene dejarlo allí.
Marco AURELIO
Meditaciones

En el principio fue el error, y desde entonces no ha hecho otra maldita cosa que crecer exponencialmente. También estas palabras lo son en diversos sentidos que encrespan el genérico, pues regurgitan por vicio conceptos que cualquier amigo de este espacio tiene, a buena complejidad, metabolizados. Reformulando argumentos de batalla a partir del lema de Marco Aurelio utilizado no en este encabezamiento, sino en el de la crónica de una insufrible asamblea, me apunto directo a la sien de mi libreta encallada que nada podrá ser tomado sin orgullo ni abandonado sin esfuerzo hasta que no se vulnere la adición falaz de las apariencias percibidas como verdaderas y,  al rasgar el haz del fenómeno por el envés, se comprenda que todo aquello que uno posee tiende a poseerlo en el tiempo cronológico y en el mental. Si la realidad —como siempre he sospechado— forma parte de la ficción, no hay en consecuencia más mundo real que el imaginario, y en un mundo construido con esta engañosa sustancia, cada engendro exacerbado de conciencia lleva en sí mismo el aburrimiento donde se expande su vacío original, un vacío contra el que no cabe emprender la hazaña de anular el nacimiento, pero sí la heroicidad de lanzarse a él sin pena y con desinflada gloria, o la libertad, ascética en su desarrollo y fabulosa por las credenciales de su naturaleza, de encararle una afirmación completa a la negación más radical con la cual ha de roncear constantemente el sujeto para no necesitar lo que desea ni cometer el fallo de volver indeseable lo que necesita.

Life between the pages de la artista ucraniana Diana Dihaze.

16.3.14

O BURLAS CIERTAS O CERTEZAS CON BURLADERO

Una verdad filosófica posee un carácter esencialmente higiénico: no procura ninguna certidumbre, pero protege el organismo mental contra el conjunto de gérmenes portadores de ilusión y de locura.
Clément ROSSET
El principio de crueldad

Las ideas morales sirven de ordinario para excusar o acicalar sentimientos poco honorables, de ahí que al ser abordadas como lo que netamente son, objetos de uso sometidos al examen de la propia experiencia, quienes las han asumido desde las flaquezas del corazón que aún no ha transformado sus inseguridades en ironías y sus ironías en autodemoliciones, se ofendan cual si los blancos del ataque fueran ellos. Fantoche de tales cordajes, todo el que cela convicciones intensas reclama a los demás una fidelidad que nadie, empezando por él, está en disposición de concederse a sí mismo. ¿Removerá la ortodoxia de bolsillo el impacto en su visaje de la pella de barro amasado con sangre ajena que a bramidos y locuacidades pretende derramar? Lo dudo; lo que deja menos lugar a escrúpulos es el hecho de que ninguna certeza vale la burla sincera a la que invita cada exaltación de su mensaje.

La nave de los locos de El Bosco, primera parte de un tríptico, divido en dos paneles, que completan la Alegoría de la glotonería y la lujuria más La muerte de un avaro.

15.3.14

PARA LA OSADÍA

No hay posición más falsa que la de haber comprendido y permanecer vivo.
Emil CIORAN
Del inconveniente de haber nacido

El rasgo que distingue al audaz sobre el resto de los hombres no es la falta de miedo —bastante me temo que el atributo de la intrepidez se nos haya vuelto utópico con cada alarde de afectación desbarrada en el entumecimiento—, sino la nada natural naturalidad con que lo desobedece. El valiente se vale, ante todo, de un gesto inicial de disidencia contra las exhortaciones de su fuero interno, y no exige sino disidencia el primer acto de valentía que supone contrariar las creencias y costumbres que la sociedad donde uno habita consagra, respectivamente, como ciertas y aceptables.

Un diablo con su cortejo se enseñorea en uno de los vitrales de la Sainte-Chapelle de París. Aunque en lugar de la noble espada alce el símbolo de la rudeza que la tranca representa, este personaje central me cae en gracia porque, entre otras simpatías que me acuden al galayo, he visto en él un reflejo de lo que hoy mismo ha dicho mi sobrina de cuatro años después de haberla maquillado como una calavera: en su opinión, soy un «monstruo muy especial». Amén.

14.3.14

DEL PUEBLO SOBERANO

Nada es más inconsistente que un régimen político indiferente a la verdad; pero nada es más peligroso que un régimen político que pretende imponer la verdad.
Michel FOUCAULT
Saber y verdad

Según su modelo básico de planteamiento, la democracia debería ser un continente apto para recibir todas las corrientes ideológicas dispuestas a compartir una coexistencia dialéctica, una especie de contexto flexible o escenario panárquico preparado para hospedar el tránsito hacia las multiplicidades en juego y donde la beligerancia, lejos de extirparse o de entenderse desde el prejuicio como un perjuicio, pueda hallar otros modos de hacer valer su carga crítica en la función creativa de abrir espacios sin tener que reventar la sociedad, pero sólo a un ingenuo se le escapa que la lógica normalizadora del demos tiende a ceñirse como un corsé al pensamiento definiendo contenidos fundamentales que excluyen, por un principio orgánico de cerrar filas frente a las anomalías, cualquier diferencia sustancial, que se torna máxima en la incertidumbre de los ensayos políticos alternativos.

La democracia, sin entrar en el casi nunca cuestionado privilegio de la mayoría sobre la excelencia, o en la imbecilidad binaria de los partidos cerrados alrededor del monolito electoral, se ha convertido en un sistema feroz por lo que incuba de fantasmal y reptiliano: si por un lado duele inútilmente como un miembro amputado con el que nada se puede hacer, por otro muda de piel al arbitrio de cada legislatura para que la hegemonía del gobierno oculto tras la cortina parlamentaria permanezca intacta. A este proceso de estenosis institucional hay quien todavía no se priva en denominarlo consenso; y lo es, en efecto, para el numeroso gremio de los tontos, porque ante la fuerza devastadora que instituye el Nuevo Orden Mundial el sufragio se ve restringido a representar la bufonada que siempre ha sido: un ceremonioso ajuste de cuentas entre los memos que acuden a votar creyéndose libres.

A semejanza de Santa Águeda, que Zurbarán pintó ofreciendo sus cercenados pechos en bandeja, para participar en los comicios se nos solicita renunciar a la lucidez y la independencia que aún podamos conservar.

13.3.14

DELICATESSEN

Con buen humor y pesimismo no es posible ni equivocarse ni aburrirse.
Nicolás GÓMEZ DÁVILA
Escolios a un texto implícito

Por un maridaje de vicios que amagan incorregibles entre la poco reflexiva comodidad de los padres y la sistemática socialización publicitaria, la nueva generación de chavales padece una cultura culinaria necrófaga, lactodependiente, hipercalórica y excesivamente aditivada que, desde la inconsciencia prefabricada a la desfachatez de bajo coste que le resulta tan afín, se entrega sin remilgos a una suerte de sacarilatría que acude en compulsiva busca de saciedad a toda clase de dulces y brebajes industriales, desprecia —cuando no ignora por completo— las legumbres con sus sabrosas ventajas y coloca en la base de su pirámide alimenticia los fáciles para el paladar pero nada aconsejables productos obtenidos a partir de carbohidratos refinados. No es su salud la que me preocupa, allá ellos con sus piensos democráticos, me preocupa la mía por las implicaciones que la conectan a otras dinámicas preñadas de inercias, tal vez, inevitables: ¿qué espléndido rumbo tomará la de por sí decrépita sociedad a la que todavía estoy vinculado cuando esta gente, ahora menuda, deba enfrentar decisiones relevantes y asumir responsabilidades graduales con un metabolismo lastrado por un historial compuesto por hectólitros de Actimel, toneladas de chucherías y montañas de fritangas? Es improbable que no acabe pensando como una cucaracha quien a diario devora basura; lo peor, sin embargo, es que para eludir el contraste donde podrían verse como insectos carroñeros, los adictos a tales gollerías harán rebozar a los menos lerdos con las salsas de su bazofia.

Naturaleza muerta con loro de Georg Flegel.

10.3.14

DE TRIPAS EL CORAZÓN, y II

Ocurrió cerca de mi madriguera
El pensamiento es tarea de vagos y maleantes. Hay que saber perderse para trazar un mapa: vagar por los márgenes y por el desierto, fuera de las fortalezas en las que están encerrados la verdad, el bien y la belleza. Sólo los nómadas descubren otros mundos.
Jesús IBÁÑEZ
A contracorriente

En los próximos días se cumplirá un lustro de la publicación en el blog de una sarta de aforismos seleccionados de la primera parte del librito De tripas el corazón, que terminé de escribir en los albores de 2007. Hoy deseo completar el círculo sacando a la luz lo mejor del repertorio de la segunda y tercera parte que entonces quise ahorrar al lector, no recuerdo si inhibido por el pudor de hartarlo, por el recelo de guardarme un as en el ombligo o por vaya a saberse qué endemoniados sanedrines. Al abordar este capítulo de continuación y cierre, he cambiado de criterio en cuanto al orden que adopté al presentar las máximas; si allí me pareció correcto hacerlas coincidir con su numeración original, aquí van de forma sucesiva tal como las he escogido:

1.
Hay una complejidad innegable en malearse y existe el arte profano de echarse a perder siendo don sin don ninguno. Madurar es pasar de ser víctima a ser culpable.

2.
DONAIRES DE EMPREÑADOR. Ser en acción consecuente con las ideas revela una disciplina menor que no pasa de conformista si se compara con la gracia de ser un causante de ideas con los actos.

3.
Las cosas buenas no hace falta entenderlas, se explican solas… tal vez por eso el mundo requiere y agota tantas razones.

4.
No muchos tienen el gusto de saberse condimentar la sesera, pero si algo puede asegurarse de quienes no se comen la cabeza es que ya la tienen comida.

5.
Las grandes obras de arte no son universales, sino impersonales, pergeñadas para todos y para nadie en particular. La causa que hace posible que esto sea así reside en que el autor, cuando realmente está inspirado, se libera de sí mismo en lo que crea aunque para ello utilice el recurso paradójico de multiplicarse en la tarea que trae en mientes.

6.
¿Cómo distinguir a un verdadero amigo entre la tribu de allegados y conocidos? Un buen amigo contribuye, incluso sin proponérselo y hasta el antagonismo, a que uno sea mejor en lo que hace, en lo que piensa y en lo que dice.

7.
Rebozados teológicos aparte, Dios es la creencia que garantiza la continuidad camaleónica de la ignorancia.

8.
El nihilismo es la transición indispensable de la civilización de lo reprimido a la sociedad de lo manifestado; el opus nigrum que va de la noche del espíritu al mediodía de las conciencias.

9.
Cada día es un microcosmos centrífugo en devenir que debe al sueño el espacio virgen de lo escondido y reserva su lugar a la revelación de lo que incuba la noche.

10.
Puede que lo más exitoso nada tenga que ver con el éxito; puede que el mismo éxito sea sólo el alarde concedido a ciertas imposturas; puede, y por ello la victoria más gozosa pasa por el juego de no tomarse en serio ningún juego.

11.
Siendo tiempo precisamente lo que me falta, tiempo sin embargo es lo que no me importa. Y así con todo lo demás.

12.
La inteligencia humana en su aspecto social no radica tanto en saberse mostrar como en el más soterrado arte de saberse ocultar.

13.
PEQUEÑA TEORÍA DEL DIOS FINAL. Cada instante es un punto y cada punto una extensión. Al recorrer las diferentes sucesiones de instantes en el tiempo, la experiencia se va conformando en un continuo discurrir de capas. Desde un instante podemos observar los anteriores porque las capas precedentes están englobadas por este; a veces también, bajo el influjo excepcional de ciertos estados, puede ocurrir lo contrario: que seamos englobados por el futuro y nos sintamos al borde de un abismo ya visto, ya vivido. Extrapolando la lógica crucial de este concepto, el observador hipotético situado en la última capa podría asistir a todos los fenómenos acaecidos en el tiempo. Este observador absoluto cuya metáfora mística podría asociarse a la divinidad está, por tanto, en las postrimerías de la serie u horizonte de sucesos, lo cual es como decir en el seno de cada instante si consideramos la geometría fractal donde se inserta cualquier ubicación. Dios, teorizado así, ya no sería un Creador ni, por supuesto, un Tutor universal; Dios sería únicamente el Observador por antonomasia: el Ojo (ya no virtuoso sino virtual) que permanece conectado a cada momento y lugar a través de las percepciones como en un mosaico donde puede asomarse a la totalidad cautivado por el espectáculo de verse reflejado con infinidad de caras en la sincronía extática de las miradas; divino compendio que se inaugura desde el fin de la eternidad.

14.
Puede que nos hallemos en un universo ya hecho a pesar de todo el bullir de historias posibles y puede, por tanto, que la eternidad sea sólo un asunto de perspectiva, pero no veo por qué el papel del sujeto dentro de una estructura de estas características ha de ser incompatible con el ejercicio de la voluntad personal; de hecho, no es que no sea incompatible, sino que resulta inevitable como portavoz simbólico del cambio. Si por un lado el destino supone un porvenir revestido de un carácter irrevocable y, en consecuencia, sólo asimilable desde la tragedia, lo importante es que para el individuo aún no está exento de la imprevisibilidad donde cada instante siempre parece nuevo y reluciente de incertidumbres. Para comprender este espejismo basta evocar un símil donde la realidad funciona como el contenido de un libro: el hecho de que sus lectores lleguen al texto después de haber sido escrito no impide experimentarlo en toda su plenitud argumental, pues con cada lectura se actualiza y de alguna manera adquiere substancia sin que ello suponga modificar el impreso.

15.
Fíate de la inteligencia instintiva de una mujer, pero extrema la cautela hacia las conclusiones a las que pueda llegar impulsada por su fe en esta ventaja natural. Las mujeres suelen aspirar a dominar a los hombres; suelen —vaya ironía— porque no soportan la convivencia con un vencido.

16.
La libertad auténtica es un estado de seguridad que se alcanza cuando uno aprende a vivir con nada que perder. Libertad en y más allá del ánimo que se obtiene una vez se ha comprendido que en realidad nada es lo que se tiene y nada se pierde del todo.

17.
MELARCHÍAS DE MEGO. La vida es demasiado breve para malgastarla entre gentes que no merecen estima. Para vivir bien no hacerlo con urgencia, que es diligencia mal entendida, sino con vigencia, que salsa es de excelencia cuando acompaña al que buena compaña se da.

18.
Aunque el dinero no sirva para expresar el valor irreal de las cosas reales, es de común opinión que no hay nada mejor para comprarlo todo o casi. Pocos se preguntan, no obstante, por el precio que se debe pagar a cambio del valor dinero; un precio que no se harta de cobrar la valía que ningún dinero puede comprar.

19.
El secreto de la carne, su obscenidad visceral pocas veces confesada, se debe a su identidad con el espíritu. ¿Hay algo más carnal y, al mismo tiempo, tan metafísico como el orgasmo?

20.
La precariedad del hombre abandonado a la naturaleza ha engendrado la fórmula de vida en sociedad, pero los inconvenientes de la vida civilizada han incrementado los espantos y calamidades de la vida salvaje; a lo que hay que añadir que los gobiernos, con el afán de mantener el sistema cerrado a la inestabilidad, no han hecho más que empeorar la situación.

21.
Cuando más engañan las apariencias es cuando no engañan en absoluto.

22.
Ponderando el sabio su flaqueza le presta nuevos bríos a su fuerza.

23.
ÉSTE: «Piensa lo mejor», recomendaba Séneca a Lucilio.
ÉSE: ¿Cómo?
AQUÉL: Piénsalo mejor.

24.
DE ILOTA A FODOLÍ. Catastrofista del triunfo de un mundo ajeno al precio de orbes propios clausurados, no puedo sino lamentarme por todo lo que va mal y no termina de caer; por todo lo que yendo a peor no revienta en su espanto.

25.
Humano es que ante la derrota para encajar en el orden natural inventemos órdenes artificiales de los que, humanamente, hemos de huir sin descanso.

26.
PATER NOSTER. Juguemos con las apariencias y su realismo de saldo; finjamos engañarnos practicando el simulacro del libre arbitrio con sus responsabilidades adquiridas; encapsulemos el presente en la fosa de las historias cumplidas por los proyectos venideros; seamos, una vez más, consecuentes con el delirio de ser personas.

27.
Pensarlo es interpretarlo e interpretar el mundo es transformarlo. No se trata de luchar por un cambio relevante, sino de conservar la fortaleza necesaria para seguir pensando contra el ascenso de lo irrelevante.

28.
Gruñir y gemir, reír y llorar, brincar y revolcarse son otras tantas formas válidas en la gesta para expresarse sin elaboración inhibitoria mediante ni concesiones a la rentabilidad del acto. Retomar, revivir o incluso reinventar el carácter prístino de la propia escena sin temor a los códigos que prevalecen en el intercambio societario debería ser un primer paso hacia la claridad de la percepción; después, habría que arrebatarles a los gerontes la capacidad de entender el mundo a pesar de que despejarlo de incógnitas constituya una aventura inconcebible o lo sea sólo con grandes dosis de torsión civil. El mundo, digan lo que digan los detractores del sentido autodidáctico, es humanamente comprensible sin intermediarios y la realidad, sea quien sea esta doliente señora, puede experimentarse en cada una de sus facetas sin delegación. Pero ello requiere no sólo la contundencia de las acciones; también hace falta la fiereza de las interjecciones.

29.
En un mundo cuya progresiva aceleración genera más errores y carencias de las que repara o pretende enmendar, la acción imprevista de un solo individuo en el momento y lugar precisos puede tener efectos devastadores.  Para paliar esta injerencia imprevisible el sistema cuenta, entre otros dispositivos, con todo un cuerpo de funcionarios encargados de retrasar la velocidad potencialmente desestabilizadora que irradian los particulares cuando se entregan al caudal de sus pensamientos más prolíficos. Y si la catástrofe está servida y deviene evento por necesidad, la entropía hegemónica dispone de un remedio oficial: nada mejor que superponer un desastre al anterior y seguir movilizando a las masas por un motivo que desenfoque el núcleo del conflicto. Estamos, por tanto, en un mundo al que le han sustraído la fatalidad, pues todo suceso que en principio podría amenazar la integridad del orden imperante termina por ser una prueba que legitima su intervención.

30.
Cuando te encuentras no eres; eres cuando te huyes.

31.
La realidad es aporética, pero esto ya es una anfibología y, por ende, una puerta abierta a la irrealidad. Lo que no os había dicho —ahora lo hago— es que lo irreal pertenece a los dominios de lo real.

32.
A menudo se confunde la forma de gobierno con el grado de control social. Las democracias capitalistas, que pasan por sistemas liberales, demuestran en su funcionamiento una devoción por la concentración de poder que ya quisieran materializar las dictaduras de los países menos desarrollados a nivel institucional. Entre sociólogos y estudiosos de la política es moneda corriente afirmar que las  modernas democracias dependen de un consenso apático para garantizar su credibilidad y reducir al mínimo los cambios imprevisibles de opinión. La desafección política, siempre que no sobrepase el umbral crítico, es una constante sin la cual el sistema parlamentario podría entrar en grave pérdida. Y el desinterés generalizado, aun siendo la opción más racional que imaginarse pueda el ciudadano medio, es por encima de todo un cepo psicológico al servicio de las modernas oligarquías financieras, pues la sociedad de masas es incompatible con una verdadera democracia participativa a no ser que los votantes estén domesticados hasta el estrago y la democracia sea poco más, o poco menos, que un escaparate ocasional de actores aspirantes a representar una y otra vez la misma obra.

33.
Esperando su oportunidad para matar, el asesino perdió las ganas.

34.
¿De verdad os preguntáis por la verdad? La verdad existe para emborronar los hechos.

35.
Curiosa expresión esta de «en tiempo real», como si la forma usual de fluir en el tiempo fuera irreal.

36.
Cuando el fin justifica los medios no es por falta de escrúpulos: es que los medios no tienen fin.

37.
ESTRATEGIAS ADMINISTRATIVAS. La burocracia está configurada para que la maquinaria del Estado se mueva velozmente de arriba abajo y de manera perezosa de abajo arriba, pues de lo que se trata es de asegurar los movimientos concéntricos del poder en relación directa con el bloqueo táctico del ciudadano.

38.
El desengaño respecto a la naturaleza humana minimiza el riesgo de tomar decisiones inspiradas por alguna forma mediocre de desesperación (o de idealismo silvestre) que sirvan de estímulo a las conductas fanáticas. Adoptar el tono frío y desencantado del escéptico es la única vacuna eficaz contra las plagas de la necedad ideológica; un ejercicio de descontaminación imprescindible para contrarrestar la movilización del miedo y la polarización de la angustia sobre la que prosperan todas las barbaries. Pero algunos, en línea con Hobbes, aprovecharán este enfoque para echar flores al carro del vencedor argumentando que la perversidad natural del animal humano sólo puede ser atenuada por la institución de un poder absoluto. Olvidan, sin embargo, que el Estado no es un dispositivo anónimo y programable, sino una organización viva en tanto se compone de sujetos que usarán el privilegio del mando en beneficio de sus propios instintos predadores. Siguiendo un razonamiento opuesto al de estos absolutistas y sin dejar por ello de apreciar la fórmula ilustrada de «todo por el pueblo pero sin el pueblo», animo a desconfiar de los gobiernos —de todos los gobiernos— porque, sencillamente, no veo la manera de conciliar el apoyo a un determinado equipo político una vez se ha reconocido la superchería de confiar en la buena voluntad de los hombres.

39.
IRONÍA DE LAS DEMOCRACIAS. Cada uno se cree en posesión de hacer lo que quiere y con escaso margen de error todos acaban haciendo lo mismo.

40.
IRONÍA DE LA COMPETITIVIDAD. Aun pareciéndolo, la sociedad no está diseñada para la fomentar la prosperidad de los más capaces, de los más inteligentes o, tal vez, de los más fuertes anímicamente hablando, que son siempre una excepción. Más bien está mal pensada para que triunfen a su costa los aprovechados, quienes antes o después han de doblegarse bajo el peso de parásitos mayores.

41.
Ante las consecuencias de un error irreparable cabe preguntarse juiciosamente dos cosas: ¿qué he hecho mal? o ¿qué quieren que haga mal? Insistir en la primera una vez se han comprendido las causas puede ser un buen comienzo para perderse en las grutas de la culpa. Por el contrario, la segunda cuestión tiene la virtud de plantear las relaciones humanas en campos fuerza dando por hecho lo que hecho es: que en la mayor parte de los casos los demás prefieren que te equivoques para no ser ellos quienes tengan que cargar con el precio. El problema asociado a esta manera de inquirir estriba en que nos obliga a adentrarnos en terrenos sombríos muy próximos a la paranoia, mas no por ello invisibles en el trato cotidiano. De modo que mejor paranoico con razón que hombre zarandeado sin ella... ¿o preferís pensar que me estoy equivocando?

42.
MOMENTOS DE RAPTO. Hacer lo mínimo con los mayores medios, eso es lo mío. Soy la inflación de mis enredos, el producto inmaculado de mis colapsos. Y ni siquiera sé si esto sólo es una alfombra extendida sobre el vacío que me quema y me contempla.

43.
EL CALIBRE. A las personas hay que medirlas por lo que no tiene medida: por lo que no saben ser de sí.

44.
Hay rostros que se clavan en la memoria guardando para siempre el secreto de su origen y la pureza de su significado; a través de todos ellos nos ha mirado la muerte.

45.
LEGITIMIDAD DEL HACHAZO. Revitalizar lo que está pidiendo sepulcro no sólo es una burla contra las nociones fundamentales que rigen en la naturaleza, sino una crueldad doble por inútil, doble por insensible.

46.
Muchas personas se cruzarán en nuestro camino creyendo entendernos sin haberse atrevido siquiera a bucear en la savia de nuestros ojos; peores aquellas que habiéndonos conocido querrán hacernos creer que nunca se han cruzado en nuestro camino. Contra el vicio de las primeras no está de más andar prevenido; a las segundas mejor olvidarlas cual cadáveres secándose al sol.

47.
IMPRESIONANTE. Según Sartre, la conciencia es un agujero abierto en el ser. Algo así como un coño metafísico o un volcán violado, precisaría yo.

48.
DE BRUJO A INQUISIDOR. Destapando el genio travieso de la marihuana asistimos como protagonistas súbitos a la equívoca proliferación de sentidos que puede adoptar la realidad, pero también a la imperiosa urgencia de doctrina que exige el pacto con lo irreal.

49.
La vida tiene mucho de profecía autocumplida porque mucho tiene también de sueño y los sueños, como se sabe, son en gran medida la eclosión de deseos insatisfechos además de la ocasión propicia para temores solapados.

50.
ENTRENAMIENTO. Empieza por pensar a fondo lo que haces y pronto te verás desfondando lo que piensas hacer.

51.
Hay quienes sostienen contra toda evidencia que para ser más humanos lo prioritario es negarse a emular a Dios. Sin embargo, la característica primordial que mejor nos define como humanos es el afán (no siempre desmesurado, pero afán en cualquier caso) de ser como dioses. Si hubiera que construir el imaginario básico de la especie, la primera pieza simbólica sería la ambición de poder, un sentimiento bien reflejado en el patrimonio de las principales mitologías así como en los anales de la historia: tal es la artificiosa mas no por ello incierta esencia de lo humano, porque a falta de grandeza todos, hasta el más mediocre, somos combustible para el delirio.

52.
RESORTES PASCALIANOS. La verdad es para quienes han elegido conformarse sólo con mentiras.

53.
En la nueva era publicitaria el diseño de productos ha sido reemplazado por el diseño de consumidores mediante técnicas de venta centradas en poner ininterrumpidamente en circulación un exceso de producción donde el papel reservado al consumo parece un factor determinante en la gestión económica, cuando lo cierto es que la producción determina sin oposición el perfil de gustos y necesidades del consumidor como el de cualquier otro objeto mercantil. No estamos, por tanto, en una sociedad de consumo, sino en una sociedad productora de consumidores con una economía consumidora de productores.

54.
TIRANÍA DE LAS TRES EFES. Nuestra vida está marcada por la Fugacidad, la Fragilidad y la Futilidad; cualquier acto que logre elevarnos por encima de estas pautas terribles merece mi aprobación.

55.
EL VIAJERO Y SU DEUDA. Cuántos casos conocemos en los que el aliciente del viaje es poner tierra de por medio a fin de eludir la responsabilidad de mover la mente de sus límites habituales o de enfrentarla al cerco de los compromisos. Cuán a menudo se cambia de paisaje social sólo para evitar penetrar demasiado en la geografía íntima de la propia conciencia. Pero una vida rápida y en continuo trasplante es una vida superficial. Por mucho espacio que uno recorra no puede adelantarse el presente; por mucho que uno se mueva siempre estará dentro de sí. Tal es la deuda que el nómada tiene consigo.

56.
ANTIFACES. Mira, tal vez no sea muy listo, pero he aprendido a reconocer a los necios a través de cualquier disfraz. Y si algo puedo asegurar sin temor a equivocarme, es que los hombres más inteligentes nunca están al frente.

57.
PASAJEROS DE BALDE. Cada vez que veo a una embarazada no puedo dejar de sermonearme con palabras similares a las siguientes:

«He aquí al verdadero enemigo del bienestar humano; estas son las ejecutoras de una maldición ancestral y las nuevas portadoras de la miseria. Gracias a ellas, se completa otra vuelta de tuerca al ya de por sí forzado estado de cosas mundial.

»Mientras no seamos capaces de alcanzar un balance estable entre población y producción, nadie, ni a título particular ni mucho menos corporativo o estatal, debería atribuirse el derecho a tener hijos, pues al hacerlo se abroga otro de naturaleza más elemental: el derecho que tienen los vivos a no ser condicionados por la presión de los recién nacidos.

»A esta muchedumbre perdida en la bisagra de dos milenios, a estos compañeros de época que presumen de nihilismo y de haber enterrado a Dios, les reprocho la cobardía de no haber querido, pudiendo, tomar la determinación de ser la última generación y romper el eslabón de la especie. Ahora sé por quién no doblan las campanas».

58.
Mientras daba un repaso a los primeros filósofos griegos he descubierto que la etimología de fenómeno deriva de phainomai (manifestarse), lo que me hecho caer en la cuenta de que ellos ya sabían que el mundo físico del cual se ocupan las ciencias no es la causa, sino la manifestación de un mundo psíquico del cual han querido ocuparse siempre unos pocos y del que apenas puede decirse nada, salvo el susurro de que algo tiembla.

59.
EL METÓDICO. Las investigaciones imparciales, los argumentos coherentes, los análisis más rigurosos, son otros tantos fetiches cuya función nos preserva de la necrosis del mundo real. Aun así, no hay por qué alarmarse: como muertos que somos de la ilusión, nada puede extinguirnos ya.

60.
El dinero mueve el mundo, pero al dinero lo mueven las ideas. Y así, el capitalismo, que empezó siendo una idea, ha llegado a perfeccionarse como una fórmula magistral para lograr que el dinero cambie constantemente de manos sin cambiar de dueños.

61.
Que el derecho es la continuación de la ley de la jungla por otros medios puede dar lugar a dudas y sonar a disparate en la oreja del manso, pero que el poder más básico es el ejercicio de la violencia nadie puede discutirlo. Entonces, si tal como enseña la retórica legal una de las funciones más importantes del derecho es impedir que nadie use la violencia, ¿qué clase de poder crees tener cuando invocas tus derechos?

62.
NECEDAD Y NECESIDAD POLÍTICA DEL TERROR. Si el terrorismo no existiera, el sistema lo inventaría; tanto es así, que si el sistema sucumbiera el terrorismo residual se convertiría en una premisa para poder resucitarlo. Gracias al impacto social del terror, cuya expresión suprema es el sacrificio público y violento de inocentes, el sistema adquiere la densidad simbólica que el uso ordinario del poder diluye en los habituales cauces de agobio e incredulidad. La muerte, especialmente la muerte espectacular del atentado terrorista difundido en directo, es una fuente productora de realidad a condición, claro está, de que pase por los filtros que el sistema distribuye como un cortafuegos en torno a los hechos que desafían las ficciones de su orden impuesto, coto de caza superpuesto. Por eso el poder, por impreciso y discontinuo que sea, necesita que el acto terrorista tenga un sentido, o lo que es lo mismo, que tenga fin, pues la única amenaza que socava sus cimientos es la irrupción furtiva de lo absurdo que agota por obra de lo inexplicable las alternativas con las que el poder podría establecer una barrera aun por extrema que pueda parecer en un principio, ya que las alternativas, sin importar el grado de conmoción que desaten, retroalimentan el circuito de representaciones del sistema: la terrorífica necesidad de la política que promueve la necesidad política del terror.

63.
Las experiencias son un campo fértil para las ideas y cada idea alberga una experiencia secreta que dilucidar cuya textura resbaladiza la hace difícil de atrapar a manos del entendimiento. Por eso el nihilismo, que pasa por ser la actitud más beligerante contra los ídolos, el orden racional y el mundo de las ideas, responde en última instancia al deseo impotente de hacer borrón y cuenta nueva con todo aquello que no comprende o no sabe percibir: se corresponde a una visión desértica de la realidad.

64.
Lo sagrado puede explicar lo profano asimilándolo a un simbolismo de nivel o a la parte cíclica de los estados del ser, mientras que lo profano se agota cuando quiere explicar lo sagrado: su competencia se limita al mundo fenoménico tangible (donde nadie discute su maestría), pero nada puede donde los hechos vuelven a ser meras interpretaciones que encarnan la potencia de lo manifestado. Sin embargo, la toma de conciencia mística no implica una renuncia al conocimiento científico, sino que añade un valor ancestral a los objetos, acciones y circunstancias que envuelven al sujeto, al que dota de una dimensión más abierta o mejor conectada con la realidad sin menoscabo del uso pragmático de las exigencias inmediatas. Según Eliade, «la abertura hacia el mundo hace al hombre religioso capaz de conocerse al conocer el mundo», lo cual, dicho con palabras de Bruce Lee, queda sintetizado en la fórmula «cualquier tipo de conocimiento implica autoconocimiento». Por ello, tanto el hombre científico como el moderno intelectual laico que se creen cargados de poderosas razones no hacen otra cosa que eludir el camino más enriquecedor del cosmos si los comparamos con el auténtico espíritu religioso que fluye más allá de cultos, dogmas y liturgias, lo que nos sitúa frente a otra duda fundamental: ¿se puede ser religioso y ateo? Desde luego no sólo se puede, sino que beneficia a efectos de expansión mental, ya que la experiencia religiosa plenamente entendida conforma un espacio anímico donde Dios apenas tiene cabida más que en el juego simbólico de las apariencias. El hombre religioso, cuando es cabal, está al margen de toda creencia instituida porque no requiere el amparo de la divinidad para sentir la fuerza mágica que desprende la realidad; no necesita invocar a ningún dios porque él mismo se ha hecho dios.

65.
Incluso cuando se establece de manera consensuada, la necesidad de asumir una ética que regule las relaciones sociales no prueba la verdad de sus planteamientos morales, sino el testimonio desesperado de la naturaleza humana para comprender y aceptar lo real sin derrumbarse en la amargura o perderse en la confusión, demostrando su ineluctable propensión a buscar auxilio en lo ilusorio y la pasmosa facilidad con que los más débiles incurren en el vicio de contagiar los falsos remedios de una creencia a quienes no han pedido someterse a un paradigma.

66.
MOMENTOS DE FLAQUEZA. Cuando nos encontramos enfermos, convalecientes o abatidos sentimos la menor alteración de nuestro reposo como una amenaza y nuestro juicio, agotado y susceptible, tiende a hacernos creer que estamos en deuda con el mundo por no haber valorado hasta entonces debidamente nuestra salud, comodidad y bienestar. Ahora bien, convendría no olvidar que esta toma de conciencia desde la negatividad, por más que pueda ser útil como método crítico de autoexploración, también forma parte de los síntomas que padecemos.

67.
Invirtiendo el sentido de unas palabras de Duchamp, quien aseguraba en tono vacilón que si no había soluciones es porque no había problemas, a mi juicio sucede justamente lo contrario y si todo, hasta lo más insignificante, puede convertirse en un problema, entonces todo, hasta lo más peregrino, puede contener una solución.

68.
GENERACIÓN H. Hijos siempre huérfanos de historia, somos héroes de magín sin grandes guerras que contar, sin éxitos ni renuncias que asimilar. Piratas de nuestras propias vidas, estamos aquí para no estar, para no hacer, para no cambiar: el talante se da, pero vencido. Nuestros sueños se proyectan como puros fuegos de artificio sobre la anestesia presente del porvenir, y nuestras esperanzas, que nacieron muertas con nuestras ganas, siguen corrompiéndose ante nuestros ojos para recordarnos todo lo que no hemos sido, todo lo que no somos y todo, ya casi nada, lo que no seremos.

69.
Cuando al individuo sólo le queda el dudoso orgullo o la difusa engañifa de llegar a ser él mismo, nada es digno de proporcionar consuelo contra el hecho capital de que todo está perdido; de que el mundo, con cada uno de nosotros como perfectos protagonistas de una frustración repleta de perfecciones, ha sido clausurado contra toda tentativa de sentido.

70.
La primera lección de inteligencia es congraciarse con la propia cosecha de estupidez. La segunda... ¿cómo?

71.
No estoy seguro de lo que quiero, pero sí lo estoy de lo que detesto. El odio define mejor la personalidad que cualquier otro baremo de acotación psicológica. Lo que tiene más peso, por tanto, no es lo que un sujeto hace con su vida, sino lo que deshace y quiere deshacer con ella; no los hechos, sino los desechos.

72.
Dar por hecho que no hay nada tras la muerte también es un acto de fe que responde a la necesidad de consolar nuestra irremediable ignorancia frente a los contenidos claves de la existencia. Nada demuestra, en efecto, que algún fragmento de conciencia sobreviva a la muerte biológica, pero desde la misma exigencia de imparcialidad tampoco faltan motivos para sospechar que la indeleble angustia de que pueda haber algo peor que la desaparición ha condicionado la idea de estirar la pata sin solución de continuidad. Deseo y realidad se confunden en las maneras de pensar la muerte y ni siquiera la postura que pasa por ser la más escéptica se libra de querer imponer como certeza lo que no se sabe, en vez de admitir la impotencia esencial para comprender lo que nos espera al cruzar la última frontera.

7.3.14

¡OH YO!

Busca a tu complementario,
que marcha siempre contigo,
y suele ser tu contrario.
Antonio MACHADO
Proverbios y cantares

No lejos en urdimbres del otro continente que recorro y atajando llamo sueño, existía un lugar de nombre tan recordado como cambiante en las licencias del rumor al que acudían los peregrinos, tras errática y huraña caminata, para contemplar el pozo que entre dos peñas se abría como en busca de un centro cuya estrechez dificultosa se aquilataba insondable al sentimiento. La leyenda había diseminado el concepto de que quien a él se asomaba despojándose de anhelos y temores mediante actos previos de purificación, atinaba a distinguir un reflejo leal del gemelo desconocido al que todos erramos aun movidos por las ganas de leer en sus rasgos nuestro destino. Junto al brocal de cuarcitas que los mosaicos de naturalezas simbióticas vivificaban con lento cromatismo, un guardián cuidaba de que la antorcha no desfalleciera al tiempo que alimentaba la tradición de interrogar al visitante dándole la clámide por recibimiento. Sus inquisiciones tenían por cometido asegurarse de que quien había llegado hasta la boca del agujero dispuesto a escudriñarla calibrase antes de hacerlo la calidad de su resolución. Quiso negarme tres veces el acceso y en otras tantas respuestas me vindiqué. «Puesto que has aceptado sin ver —pronosticó—, viendo aceptarás al que te vea». Incliné despacio mi prudencia hacia la hondura. Nada pude divisar al principio, los ojos me ardían todavía con los cándalos del pebetero. Demasiado poco a poco, se fue dibujando el contorno de una figura vagamente familiar. En un relámpago de enajenación que no precisó completar la silueta esforzada en definirse al fondo, sentí que alguien, nadie más que yo, me miraba desde lo alto e hice mía la razón del centinela por el haz que sus espaldas me ocultaron.

Arrancándose de su concreto corporal, la identidad da paso a la bilocación en Insomnnia de Jason Shawn Alexander.

5.3.14

UN HOMBRE EN CADA DEDO

Donde está la herida de un hombre es donde se encuentra su genio. 
Robert BLY
Juan de Hierro

Tengo un hombre en cada dedo y me bailan en las manos como un enjambre liberado de la presión de retorcerse bajo un liderazgo extenuante. Entre todos, los diez consabidos más otros tres invisibles que animan al resto y cambio de sitio a mi capricho, forman una eficaz banda ambulante de robadores de embelesos que aligeran cuanto palpan hasta hacerlo levitar. Mientras uno a uno se presentan provistos de sus mejores artes a la honorable cuyo cáliz derramado recibe mi tacto en oblación al compás de Bartender Boogie, de Jack McVie, voy desgranando esta declaración de principios que podrían haber sido menos extensos y más almados, no tan encubridores del matrimonio que hago conmigo y a luengos ratos quisiera revocar cansado ya del incremento de sus disonancias:

1. Un solo imperativo moral es demasiado. Dado que los actos humanos flotan en la inescrutable inmensidad del tiempo como espuma arrojada por fuerzas descomunales contra el accidente de la existencia, no cargaré a otros con la responsabilidad de los míos ni soportaré la que me asignen con los suyos: encuentro tales actitudes desdeñables por haber rehusado asumir la perspectiva de su irrelevancia. Uno es siempre más y siempre menos de lo que hace; uno siempre está solo frente al vacío de inventar sus propias reglas; si he de ser juzgado, pido al hipotético tribunal que lo haga según las mías: he ahí lo justo.

2. Concebir es perpetrar un atentado somático comparable en gravedad a un ataque terrorista que convierte a todo ser alumbrado en un malnacido. No me reproduciré, aunque me quede solo. La belleza que pueda obrarse del vivir está en la magia de crearse, no en la indecencia de procrear.

3. Ignoro cómo y cuándo moriré, pero sólo a mí compete el derecho de matarme o el dolor de continuar.

4. Más luce arrimarse al ascua soberana del desapego que ceñirse la pesada corona del vínculo social; no obstante, si he de participar en el juego de mis coetáneos, prefiero contribuir a los azares del conjunto dando y recibiendo placer que causando y soportando sufrimientos, disposición que en modo alguno significa que mi ánimo sea un festín abierto a cualquiera: antes que ofrecerle otra mejilla al que abuse de mí, ¡aplastaré la suya sin piedad!

5. El único método cabal para no caer prisionero del vicio ajeno es adueñarme de la virtud. Mi mundo no es de este reino y, en congruencia, no comulgaré con aquellos que vengan a profanar el templo de mi individualidad o quieran amoldarlo a la especulación de los truhanes y codiciosos que confunden el oro con el oro. No niego las ventajas de someter las diferencias a una civilizada negociación de la que todas las partes implicadas obtengan beneficio, lo que afirmo es que dicho entendimiento sólo es viable desde el escrupuloso respeto a la propia potestad y señorío. No habrá tregua con el infiel mientras el valor de la inviolabilidad del sujeto sea subastado como una ganga o asaltado vilmente cual puta indefensa a manos de una jauría de bárbaros.

6. La racionalidad es una pequeña herramienta con la que se han construido grandes locuras; tenerla en contra o a favor es un asunto tan irrisorio como debatir la injerencia de los extraterrestres en la historia a la vez que somos objeto de chantaje político para una casta de engendros de origen y finalidad indudablemente terrenales.

7. Obtusa tarea a la que renuncio es empeñarme en trazar la borrosa frontera entre lo que soy y lo que no soy. En mi orfandad de hombre desgajado de la negrura esencial me siento Padre, Hijo, Santo Espíritu y Demonio Carnal, y en cada una de esas facetas soy consciente de que la divinidad, desbordante peripecia endógena, bien puede funcionar como un comodín proveedor de sentido universal o como una llave forjada para acceder a las entrañas de la irrealidad; la elección, en todo caso, no depende de uno, pues nadie elige los sueños de los que en verdad es autor.

8. Mi honestidad no entiende de verdades ni de mentiras, porque lo honesto es no desentenderse de las dos caras que coexisten en una misma moneda. Así como la persuasiva naturaleza puede representar el más engañoso teatro de operaciones, la más artificiosa cultura puede suponer una fuente verídica de experiencias. La misión que me adjudico no consiste en descubrir la situación que ocupo respecto a ambos territorios cognitivos, sino en aceptar que yo, al igual que nadie, poseo en ellos otra razón de ser que las puramente imaginarias.

9. Bendigo mi caos y mi guerra, porque en ellos me aguarda el secreto y la nobleza de mi savia, que como todo atributo brotado dentro de esta tempestad de apariencias es anticipo de humo, de polvo, de sombra y de nada. Más vale una exigua paz segura de haber vencido la necesidad de odiar que una victoria rotunda menesterosa de agitar odios. En su defecto, tampoco me afea la liza ni propugna necesariamente el perdón desenvainar el olvido que sirve con gentileza al desquite absolviéndose de castigar al ofensor. Acaso la mayor felicidad no difiera de encajar con serenidad equivalente derrotas y triunfos.

10. Pobre de espíritu el que se resigne a permanecer arrodillado entre los últimos esperando la venganza de ser el primero, porque su miseria descuida la estima de sí mismo y desmerece el socorro de mi confianza. Ser víctima no hace honrado al humillado ni lo faculta para llamar equidad al rencor con que pretende instaurar una nueva retribución de premios y castigos absolutos.

11. No desprecio la caricia que pueda brindarme la suerte ni la mendigo cuando insiste en negármela. El amor, cuyo canibalismo inspira a los mamíferos hambrientos, raramente conlleva la solución que el desamor se figura ni supera el alivio de quien tras agotarlo aprendió a prescindir de sus hechizos.

12. Al despertarme y al acostarme y en el desvelo que me ocasione confrontar estados extremos, recordaré que buscar sin miedo a perderse es hallar motivos sin pausa para estar agradecido.

13. Cuando al mirar la llama piense en lo voluble y efímera que resulta su energía, tendré presente también que en las lenguas de su resplandor se confiesa incendiaria la eternidad.

Torso con guantes de Armand Pierre Fernández, componedor de objetos rebautizado ante los popes del Pop Art como Arman.
 
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