30.8.12

DE LO TRANSGRESIVO

Lo que produce el bien general es siempre terrible.
Raoul VANEIGEM
La revolución de la vida cotidiana

En los textos de apologética se conoce como teología apofática al intento de acercamiento a lo divino que en vez de proceder mediante inferencias lógicas al estilo de las teodiceas, provoca la rotura conceptual del pensamiento gracias a un proceso de negación de lo inteligible que facilita el acceso al plano revelador de la conciencia: se trata de un recurso que hace guiños a la transgresividad tan válido para conmocionar los moldes cognitivos como las novelas de Sade, las películas de Kaurismäki o los koan más inspirados, por escoger tres prototipos narrativos entre otros cientos de ejemplos, acaso mejores. Hay que atreverse a estar equivocado para cometer algún acierto, y cuando se vencen los problemas de conciencia, la realidad invita a ser asaltada como un banquete frente a cuyas tentaciones saber negarse es una disciplina necesaria para aprender el arte de saber tomar, aunque puestos a elegir entre dos actitudes extremas de considerarlo, más vale ser un bandido en calma que un santo arrepentido, incluso desde un planteamiento civilizador que trascienda la demarcación de los egoísmos particulares. Si uno posee alma de león debe sacarla, no arrastrarse con ella como una rata. Los transgresores contribuyen a hacer del mundo un lugar menos insoportable no sólo porque al frustrar las expectativas represivas de las leyes retroalimentan los sistemas no aversivos de control social, sino porque con sus acciones desafían la perspectiva de quienes no veían más allá de las pantallas que son nuestras murallas actuales. En todo proyecto de orden resulta beneficiosa una considerable dosis de caos que evite el estancamiento, pero no tanta como para disolverlo con una violencia de efectos generales más peligrosos que el más maniático de los despotismos.

Ilustración del miniaturista flamenco Gerard Horenbout para el Breviario Grimani.

28.8.12

TABULADORES

Salvo que confíe en la fiabilidad de la regla, si utiliza una regla para medir una mesa es posible que esté utilizando la mesa para medir la regla.
Nicholas TALEB
Engañados por el azar

El rasgo más característico que distingue a los revolucionarios de los reaccionarios no es el esmalte ideológico que puedan aplicar al oscurantismo de sus causas a fin de hacerlas presentables, sino la ubicación del objeto de sus veleidades dentro del devenir: para los primeros, la Utopía está al final del tiempo, vehículo que de algún modo la contiene en potencia, de lo contrario no es fácil entender su confianza en el desarrollo tecnológico y el dinamismo social a los que como hijos legítimos de la modernidad convierten en las incubadoras providenciales del progreso; para los segundos, presas enconadas de un romanticismo que dicen repudiar, la Edad de Oro está localizada en los idílicos orígenes, en el Edén anterior a la caída en los albañales de la historia, por lo que la continua sucesión de avatares que componen la materia de la cronología representa desde su punto de vista una decadencia que se aleja a cada instante del modelo primordial. El revolucionario lucha porque su futuro mirífico conquiste la eternidad del presente; el reaccionario, desearía que su visión idealizada del pasado fuera un presente eternamente cerrado a cualquier intento de sabotaje o de ruptura. Planteadas así las diferencias entre unos y otros, es lógico hasta cierto punto acusar de necio a un obrero con inclinaciones derechistas, ya que tradicionalmente el productor prostituido por cuenta ajena ha sido un agente despreciado por las élites, a las que cree servir el caramelo de la plusvalía a cambio de una posición ínfima en la sociedad; también hasta cierto punto, lo natural en alguien que sufre la inquietud creciente del descontento, máxime si está enquistado en la ingenuidad de sus complejos de clase, es sucumbir a la atracción irradiada por los paraísos terrenales que anticipan los programas revolucionarios, pues a un condenado le resultará preferible abrazarse a la esperanza de lo posible, aunque su realización parezca dudosamente plausible e incluso vislumbre la voluntad de farsa que la mueve, que resignarse al lamento por una perfección perdida cuya mera evocación escapa a la pobre capacidad imaginativa de un entendimiento embrutecido por las plegarias de cambio y redentora armonía de las relaciones de poder. El reaccionario, por estar de vuelta de las ilusiones innovadoras y conocer desde dentro los móviles reales de quienes las abanderan, goza de una sabiduría que en efecto se ve libre de las habituales supersticiones acerca de las posibilidades benévolas de la condición humana, pero padece, con una pasión que iguala al celo del más fanático jacobino, la no menos irrisoria obsesión por regenerar el mundo, en su caso para conseguir asemejarlo a un conglomerado estático sometido a leyes inmutables que pongan a cada hombre en estrecha e irrevocable conexión mística con esa pretendida unidad absoluta tan útil, principalmente, para justificar el hambre de esclavos perpetuos e integrales que tienen los muy temporales amos, o aspirantes a serlo, cuando se sienten exacerbados por fantasías de restauración teocrática. 

Ambos, revolucionarios y reaccionarios, comparten el prejuicio de creer viable el triunfo de sus idolatrías a través de la acción política porque los une la misma vocación tiránica, en calidad de culpables antes que víctimas, amamantada en la alucinada comunión de perspectivas donde la ecúmene es codiciada cual un vivero necesitado del orden resultante de la puesta en práctica sus teorías, más vomitivas y dignas de hostilidad cuanto más puras e insuperables se proclamen. Doble faz de un movimiento de creación, mantenimiento y destrucción de instituciones que parece funcionar con un automatismo ajeno a sus actores, quizá esta consanguinidad radical explique por qué el revolucionario, una vez se instala en el poder, se convierte en un conservador más represor que el mando precedente en el uso de los instrumentos de coerción que adapta del régimen derrocado, y por qué el reaccionario, al ser vencido por la eclosión de un nuevo sistema, asume la beligerancia propia del proscrito contra una autoridad que se niega subversivamente a reconocer. Quiéranlo o no, devotos fervientes de sus respectivos absurdos categóricos, revolucionarios y reaccionarios hacen atavío de una psicología intercambiable como permutables son sus crímenes bajo la mirada que los escruta con desapego.

Imagen perteneciente al manuscrito de Lauren de Premierfait Les cas des nobles malheureux hommes et femmes (1420), que es una traducción al francés de la obra original de Boccaccio donde se expone la arbitrariedad de la fortuna a lo largo de una serie de relatos protagonizados por varones prominentes de la antigüedad.

26.8.12

EL ATRAPANADAS

Y lo entrevisto puede encontrar su figura, y lo fragmentario quedarse así como nota de un orden remoto que nos tiende una órbita. Una órbita que menos aún que ser recorrida puede ser vista. Una órbita que solamente se manifiesta a los que fían en la pasividad del entendimiento aceptando la irremediable discontinuidad a cambio de la inmediatez del conocimiento pasivo con su consiguiente y continuo padecer.
María ZAMBRANO
Claros del bosque

Como cualquier sujeto que cree más en lo que crea por sí mismo que en lo que encuentra acabado, no soy todo lo que digo ser ni me agoto en decir todo lo que soy: casi nunca la verdad revelada basta para entenderse, ni los hechos vividos encajan para darse a entender. Cuenta dentro del cuento de la existencia la libertad como ciencia impagable que no consiste sólo en poder hacer lo que uno quiere empezando por poder negarse a lo que otros quieren hacer de uno y continuando con la responsabilidad de querer lo que uno hace posible; por encima de ese primer grado de autonomía, tan crucial como los siguientes donde se pierde en beneficio de una mayor comprensión —en rigor, libres son los ausentes, muertos y nonatos—, está la capacidad de ampliarse siendo ese otro dormido que despierta al único que somos por mediación de la multitud que no somos. Al ser actor de lo diverso se es también embajador entre lo conocido y lo desconocido, entre la luz invisible y la abrasadora oscuridad, el intermediario vinculante que como símbolo atesorado de la reunión entre ambos mundos se construye hacia el exterior a medida que cava interiormente animado por su búsqueda de la identidad. Para encontrarla, uno debe perderse en el palacio que ha alzado con las piedras preciosas extraídas de su centro amniótico, centro disuelto y dispuesto a dejarle abiertas las puertas al otro que será y ya es, al perfecto olvidado y siempre presente al que ha sido fiel sin saberlo, fiel y vigilante. Vigilante, porque es más importante hacer una cosa notable que muchas aceptables; fiel, porque la más importante es decidir cuál si ninguna es necesaria y, la que menos, que haya que hacer cosa alguna.

Detalle de la Annunciazione di San Martino de Botticelli.

24.8.12

DEUS EX MACHINA

La personalidad ha sido siempre un compromiso entre un hombre y un cadáver.
Alejandro JODOROWSKY
Apotegma publicado en su muro de Jetalibro

Nunca la furia sintética de un despertador me había expulsado con tanta perplejidad de los guiones laminados por situaciones angustiosas que a veces me dominan en la fase REM. Descansaba en decúbito prono, la postura magna de la indefensión que el pitido persistió en sacudir durante varios segundos con un penetrante declive hasta su desvanecimiento, intervalo en el que también pude percatarme de que tenía la mejilla derecha nadando en la saliva segregada por los quiméricos enredos que, en el momento de alzar los párpados, definían un peligroso contraste con el molesto residuo ondulatorio localizado en la región parietal izquierda. Sufrí el pavor del recién nacido, irracional y perfectamente convincente, exacerbado por el oprobio de estar siendo intervenido a media vigilia por una presencia ajena a mis coordenadas físicas, o a eso y no menos llegaban mis credederas. Quienes dicen guardar en su haber la venturosa maestría de recorrer las conjunciones invisibles que jalonan la autopistas de la energía, aseguran que este chiflido, cuya fuente es imposible detectar al no estar restringida al radio craneal ni dentro del espectro audible por otros, fluye de ninguna parte como la señal de sintonía que advierte al contactado de que su antena mental está lista para recibir una inyección de información relevante para mí claramente obtusa, porque si en verdad hubo una descarga transdimensional de clariaudiencia, menos inequívoco es que no me enteré del obsequio, pues desde que ayer me ocurriera al rozar las cinco de la noche permanezco igual de menso que de costumbre, constatación que a ciencia demostrable no sorprenderá a muchos de mis lectores...

Intuyo que este acontecimiento se esclarecerá en la convergencia de misterios que, alucinado o precognoscente, gozará de próxima vigencia multitudinaria para distorsión de cuerdos y frustración de autoridades. No quiero culpar al VALIS de Philip K. Dick ni a los extraños granjeros denunciados por Freixedo de los efectos secundarios causados por esta taladradora sideral que casi ha descabalado mi parcelita de la sefirah o esfera Malkhuth, conocida como el Reino, que es el receptáculo donde adquieren realidad sensorial las emanaciones descendentes del Árbol de la Vida. En otras palabras: este mundo es maleficio, falso y perverso artificio. 

¿Imagináis una tecnología indetectable capaz de programar, dirigir y modificar los sueños nocturnos mediante sistemas de control remoto, además de lograr que uno componga toda clase de mensajes cifrados con sus acciones y la expresión de su voluntad como un canal de comunicación al servicio de potencias desconocidas que pueden influir en los afectos más profundos del individuo hasta el punto de inspirar alianzas e instigar disputas, de alterar los itinerarios de la conducta y reconfigurar, en suma, el mapa de relaciones característico de los componentes de un colectivo para cambiar el entramado de su tejido social con fines que desde nuestra posición resultan arcanos, cuando no difícilmente concebibles? Entre lo poco que sabemos sobre los altos rectores del mundo y lo mucho que ellos parecen saber sobre nosotros, he llegado a sospechar que el último mito a derribar, aunque siempre el más resistente, es del ser interior, un ente psicosomático teleconstruido, quizá, que funcionaría cual si fuera un dispositivo regulador conectado a un exocerebro nodriza o a una matriz de integración, de tal forma que del caudal de sucesos que uno cree experimentar, de todo lo que uno hace y recuerda haber hecho, así en el campo fáctico como en el puramente imaginario, casi nada sea auténtico o lo sea sólo en tanto que proceso operativo inervado en las entrañas de un circuito cerrado cuya estabilidad dependería de la calidad, frecuencia e intensidad de las simulaciones inducidas. Ahora bien, desde que se acepta esta conjetura conspiranoica como una premisa de investigación, a falta de pruebas materiales la prioridad inmediata para una inteligencia reflexiva que acepta rastrear el origen lógico de estos interrogantes deberá centrarse en discernir si la misma idea que impele a dudar de las apariencias que tomamos por realidades obedece a la implantación de un prejuicio o al prejuicio de una implantación, con lo que irá a caer de lleno en el pozo sin fondo de la especulación paradójica: en el caso de que la afirmación «este mundo es maleficio, falso y perverso artificio» sea cierta, la idea que la formula, por estar incluida en el mundo al que alude, demuestra en consecuencia ser falsa, luego ese mundo sería cierto, pero entonces la idea inicial con su afirmación de «este mundo es falso...» volvería a ser cierta, y los términos de la contradicción estarían condenados a perseguirse en un juego infinito de espejos. La única salida de este razonamiento vicioso la facilita el empujón catastrófico, la interferencia de un tercer elemento —no lo designaré preternatural— que saque al sujeto fuera del objeto que se propone interpretar a fin de que contemple, desde un punto de vista totalizador, el otear viéndose oteado qué rostros del mundo son verdaderamente falsos o en qué medida hay que considerar la afirmación de su falsedad como una certeza excepcional y, por ende, absolutamente relativa.

Pájaros de Gutiérrez Solana, uno de los mejores divulgadores pictóricos y literarios —mención hecha en paralelo del underground Eugenio Noel— de la fauna que poblaba la brunez española.

21.8.12

BAILAR DENTRO DE LA BALLENA

A Charly Román, para que abulte órdagos

Durante los periodos de corrupción general no hay izquierdas ni derechas, sólo prostituidos y macarras.
Félix de AZÚA
Sobre los altos bajos fondos

Entre los requisitos mínimos exigibles a los cargos de un gobierno no puede faltar la superación con creces del nivel medio de inteligencia de la población a la que, se supone, deben representar, además de otros mil filtros y enmiendas —como la revocación de sus titulares cuando violen las promesas electorales, la anulación de las gangas vitalicias, la instauración de castigos ejemplares a los implicados en casos de prevaricación, etc— que, sin embargo, volverían a poner de relieve la cuestión esencial que nunca se aborda en los debates oficiales, más proclives al detalle anecdótico o la noticia testimonial que a los planteamientos estructurales: el sistema plutocrático, analizado a través del deslumbrante escaparate en el que la política visible se integra como parte del reclamo colorista de sus productos decorativos, no necesita de unas reformas que a lo sumo inducirían a prolongar nuestra agonía, sino de un finiquito sin concesiones de uso: ¿de qué le puede servir el reacondicionamiento de la confusión al iniciado en el taller de sí mismo que no acepta ni saborea vasallajes, amenazada como está su obra por todos los regímenes gregarios? 

Puestos a imaginar lo deseable dentro de lo probable, no sería difícil organizar los asuntos públicos al margen de los partidos y sindicatos, que grandes o pequeños están llamados a cumplir el mismo miserable papel contra el verdadero poder civil. Existe un prejuicio muy extendido por el cual la democracia sólo se entiende como sinónimo de parlamentarismo, y viceversa. Tampoco ayuda a disolverlo que el acuartelamiento cuadragenario de Franco se apropiara del suculento concepto de democracia orgánica, que en realidad tiene su elaboración en ideologías anteriores y nada afines al corporativismo fascista, como las nociones federalistas propugnadas hace siglos por Johannes Althusius o las más recientes teorías de Krause. Con tecnologías similares a las utilizadas por las redes sociales y las debidas herramientas de seguridad, podrían implementarse a bajo coste métodos de participación directa e inmediata a disposición del individuo asociado a una comunidad emancipada del sufragio irreal o anulario —en efecto, aquél donde el voto de un hombre se anula por ahogamiento en el paripé del naufragio universal, pues de lo contrario valdría para cambiar el orden y tendría que ser declarado ilegal—, individuo que quedaría así exonerado delegar su soberanía personal en una casta más especializada en obedecer a los usurpadores escondidos que nadie ha elegido —¿para qué, si ya controlan los flujos mundiales de guerras, adicciones, calumnias y petróleo?—, que en proporcionar garantías de transparencia y equilibrio a las funciones directivas del Estado en ausencia, admitámoslo de una vez, de la honorabilidad y sapiencia que nunca tuvieron ni tendrán dichas atribuciones autoritarias. Si por los propietarios de los gobiernos fuera, nos expropiarían el alma para hipotecárnosla después tras pasar por una serie de inspecciones sanitarias destinadas a su correcta aculturación. A mi juicio, los principales centros agrimensores de la espontaneidad neurálgica están tardando demasiado en adaptar a sus planes de capitalización el hecho prístino de que no hay mejor arma que un alma bruscamente despertada de la pesadilla; la imbatible certeza de que el espíritu atrincherado en la disciplina de afirmarse en la negación, al no temer la derrota, conquista una victoria de naturaleza suprema en una fortaleza interior que no puede ser derribada desde fuera salvo con la imposición de la muerte, lo que en modo alguno es vencer. Ante la enorme agitación del malestar y las insuficientes válvulas de seguridad para aliviar la presión interna —«poco pan y pésimo circo» proclaman las pancartas—, la conciencia de la desesperación del poder pretende yugular la desesperación de las conciencias que hasta hace poco se mantenían sumisas a las reglas del juego y desfallecían emparedadas en la esperanza de la prosperidad que alimentaba la ilusión de una salida.

De todo esto y poco menos conversaba hace varios días con un amigo hasta que el coloquio concluyó, andante, con una exposición de lamentos a dos bandas cuyos últimos resuellos no resisto copiar: 

— Preparemos el culo que vienen de nuevo con la lanza... —vaticinó— ¿Hasta dónde van a llegar?
— Hasta que nos salga por la boca que se queja del asalto rectal. 
— Nos olvidaremos del jamón bueno —dictaminó doliente al término de una pausa prospectiva.
— Quizá por caridad hagan circular el rumor de que hay gripe porcina.

Lámina incluida en el folio 086v del Bestiario de Oxford.

19.8.12

INTERSECCIONES



Y tanto creció la Bestia, tan grande era su hambre y nada la sofocaba, que a sí misma se devoraba por sus partes más despreciables, que eran las más alejadas de su cabeza.
Juan ESCOTO ERIÚGINA
Sobre las guerras no reveladas (citado por Marcel Lefebvre en su carta pastoral Los halagos del mal)

Las leyes inicuas están hechas para ceñirnos mejor las que en apariencia no lo son, y como no es posible disimularse de su presencia reguladora en la exterioridad de la conducta sin pisar las sombras del orden que nos rodea, uno se ve abocado a la erizada tesitura de violar la ley o ser violado por ella.

Guerrero de la nación Pies Negros con su atuendo de combate, entre cuyos elementos destaco el afilado tomahawk con que camelan sus sacais, donde más que apreciar no descarto los efectos bien calculados del calumet ceremonial. La foto fue tomada por Edward Sheriff Curtis y se encuentra en una extensa colección de la Library of Congress.

TEÚRGIA



Donde manda la pasión iluminada no es necesario ningún correctivo.
José VASCONCELOS
La raza cósmica

Obstinándome en vivir como uno más entre los hombres a quienes sólo quiero en la distancia, soy un poco como ese dios trifuncional o trimutilado que se dejó suicidar por otros para no morir de una pieza e inspiró, así, a los cronistas de la ficción —cuyas historias son más resistentes al olvido que las basadas en pruebas materiales— la promesa postergada de liberación de una vida que es vicaria de esa nada donde todo se astilla para perderse a perpetuidad en un orden mudo que nadie conoce, pero del que nadie, absolutamente, puede huir.

Retrato idealizado de Eusebius Sophronius Hieronymus, autor de la Vulgata santo patrón de los traductores, por obra del jorguín Jan van Eyck.

18.8.12

AL ABORTAJE



Y a nadie asombre que a afirmar me atreva
que siendo el alma la materia odiosa,
aquí para vivir en santa calma,
o sobra la materia o sobra el alma.
José de ESPRONCEDA
El diablo mundo

Este cosmos está afectado de una provisionalidad por la que va y vuelve fabuloso de sí mismo en ensayos compatibles con la masa sin origen ni final que proveen de complemento temporal al continuo laberinto de su inquietud a este lado, biológicamente anómalo, de la apariencia. Eternidad es otra forma de nombrar a recaudo de la paradoja la desemejanza de lo idéntico en la que se consuma la identidad de lo opuesto. No hay diferencia real entre la vida y la muerte, como tampoco la hay entre la realidad de la nada y la ilusión del ser que encarno y desencarno a cada instante como un aborto de Dios.

Con la irónica imprecisión de El artista de la familia, Jan Steen dotó de posteridad a este jolgorio casero.

16.8.12

BASSO CONTINUO

El objetivo final de esta pesadilla es un futuro que transformará la Tierra en un planeta-prisión mediante un mercado globalizado, controlado por un Gobierno Mundial Único, vigilado por un Ejército Mundial Unido,  regulado económicamente por un Banco Mundial y habitado por una población controlada por microchips y cuyas  necesidades vitales se habrán reducido al materialismo y la supervivencia: trabajar, comprar, procrear, dormir,  todo conectado a un ordenador global que supervisará cada uno de nuestros movimientos.
Daniel ESTULIN
Los secretos del Club Bilderberg

Tal como están las cosas, con años de rumiante reposo a la vista, me atrevo a actuar de pitonisa sin grave riesgo de equivocarme, ya que si es así, me alegraré sobremanera aunque las credenciales del demérito sean mías:

1. Debido al incremento de la morosidad entre los que no disponen de nómina y bienes inmuebles para responder a los embargos, los Estados más sumisos a las urgencias dictadas por el gran capital decretarán cambios sustanciales en sus legislaciones para que las deudas sean punibles con penas de cárcel. España no será de los últimos países en marcar el paso.

2. Al aumentar la población reclusa, se crearán las condiciones para explotar este filón económico: los centros penitenciarios se privatizarán, además de iniciarse la construcción de otros muchos con criterios que buscarán la rentabilidad a corto y medio plazo. Ni que decir tiene que los políticos serán recompensados con las acostumbradas alafas por las inversiones llevadas a efecto que habrán favorecido a través de los canales menos escrupulosos, para eso está la innovación comercial.

3. Para que el boom presidiario sea una oportunidad completa de negocio, se impondrán trabajos forzados a los reos, quienes al estar desprovistos de los cada vez más menguados derechos civiles pasarán a servir a las empresas que obtengan la licitación para poder usarlos como esclavos en alguno de sus sectores productivos, un carro al que se subirán por descontado los proveedores subsidiarios de los servicios, mercancías y dispositivos necesarios para implantar con seguridad estas medidas y administrar su mantenimiento.

4. Como los abrazados por las rejas se llegarán a contar por millones, la percepción que se promoverá desde los medios de manipulación masiva es que al combatir la delincuencia también se contribuye a reducir de forma considerable el paro, consigna que al referirse a una circunstancia parcialmente cierta motivará que las familias beneficiadas asuman sin remordimientos la tolerancia cómplice del sistema que, en cualquier momento, puede volverse contra ellas.

¿Me creéis exagerado? Pasado un lustro me llamaréis conservador. Desearía que los encarados con la Bestiarquía fuésemos lo bastante lúcidos para coordinar nuestra agresividad y dirigirla contra su fuente real en vez de desviarla, como nos enseñan, hacia nosotros mismos o nuestro entorno.

Aun cuando cante las penas o ensarte ritmos de adversidades, mientras exista la música habrá refugio contra el desaliento. Hurdy-Gurdy Player with an Old Woman, óleo de Johannes Tielius fechado en 1681.

LA ALHAJA

A Elena L., porque ya es hora

Después de dudar entre la elástica sentencia que a mí me suena a Pascal y los registros atribuyen a Pasteur: «Un poco de ciencia nos aleja de Dios; mucha, nos acerca», y el disolvente universal segregado por Caraco: «Esperamos que la ciencia haga milagros y pronto le exigiremos lo imposible, pero ella está superada por nuestras necesidades y nunca más las satisfará, somos varios miles de millones de más pidiendo el Paraíso sobre la Tierra y es el Infierno el que volvemos inevitable», casi me he visto abocado a escapar por la cañada de la picardía:

«Una verdad que reina sin contrapeso es una tiranía que debe ser derrocada, y cualquier falsedad que pueda ayudarnos en el derrocamiento debe ser bienvenida».
Paul FEYERABEND
Cómo defender a la sociedad de la ciencia

Lo que la selección natural modela a lo largo de generaciones, el ambiente lo procesa a lo largo de una vida, pero su función no es directiva, no interviene como una suerte de personificación objetiva que ajusta desde fuera a un patrón predefinido el ser en el que se manifiesta, su función es comparable a un filtro que trabaja continuamente en ambas direcciones la conducta del individuo como un suceso enraizado en otros sucesos que, si bien desde la interpretación tradicional es libre y, por consiguiente, moral y jurídicamente responsable de sus actos, desde un punto de vista más acorde con la ensambladura de la realidad, traslada la mayor parte de su albedrío a la red circunstancial donde permanece conectado con una alarmante disminución de su soberanía, atributo herido de muerte y despojado sin rescate de su antiguo prestigio simbólico como una ficción más, aunque útil, del amor propio, factor subordinado a su vez que surge como constructo mental de una secuela bioquímica en las primeras escalas del condicionamiento operante.

¿Qué nos quedará del espíritu cuando la ciencia de la exconciencia que empieza a desvirgar los misterios menos accesibles de la alquimia humana ponga la cornucopia de sus descubrimientos a los pies del vil metal, maniatada como está al imperio antiencefálico del Regente Anónimo? Ignoro si en respuesta a un estímulo aprendido, llegué a pensar que el último baluarte era la imaginación activa, el juego escurridizo de la inventiva, hasta que Ende, consultado, fue muy claro al respecto: «Fantasía entera está en peligro», quizá porque su misma geografía interminable «está determinada por los deseos, sean conscientes o no» y «se asienta sobre unos cimientos de sueños olvidados». ¿Entonces? Sonrío seguro del as de vacuidad que esconde mi videncia: representarse el mundo como un prodigio es la mejor manera que conozco de permanecer despierto en la inconsistencia con la quietud de quien duerme; un despertar privilegiado no desde el litoral de la oscuridad, sino desde los ensueños visibles de la vigilia; un despertar del despertar. Tal es mi alhaja, la única que llevo, la que me reconcilia con la entropía en mitad de la guerra total y cuyos reflejos silenciosos me cuentan, en respuesta al aleteo de una mirada, que sobre la ciencia cortesana tenemos la ventaja de saber que la realidad de la ilusión es la ilusión de la realidad, así que el progreso del conocimiento está obligado a admitir que también está hecho de esos vaporosos sueños y deseos mencionados; que en su afán por transformar la materia que nunca ha dejado de transformarse, está expuesto a olvidar por completo su misión artística fundacional y perder el compromiso de valor para el sujeto inseparable de su estudio: nosotros, los abandonados —¿me equivoco?—, quienes recordamos, pese a todo, que nada será siempre demasiado, que siempre fue demasiado poco...

Versión coloreada del grabado, de autor no reseñado y significado ampliamente discutido, que Camille Flammarion publicó en su tratado L'Atmosphère: Météorologie populaire con la leyenda: «Un misionero de la Edad Media contó que había encontrado el punto donde el Cielo y la Tierra se tocan». 

15.8.12

RUEGA POR NOSOTROS PECADORES

Matadlos a todos. Dios reconocerá a los suyos.
Cesario de HEISTERBACH
Libro de los milagros

Hoy, 15 de agosto, según el santoral católico que rige en la mayoría de los países hispanohablantes se conmemora la Ascensión de Nuestra Señora, esa buena mujer que según puede deducirse de su prosapia legendaria debió desvirgarse desde dentro hacia fuera con la fontanela irruptora del Señor, afortunadamente con treinta y tres años de adelanto a su majestad espinosa, porque si no, vaya desastre... 

Al margen de las chanzas de carácter blasfemo a las que sería poco elegante entregarse para calmar estéticamente mi fiel enemistad con los discípulos del Nazareno, baste decir, como mera anotación antropológica, que hay que ser muy pervertido para adorar en efigie a una especie de heroína sobrehumana que por guinda de imperfecciones ni siquiera tiene una insinuación amable de coño, pues en esta enrevesada idolatría uno de los principales atractivos del culto parece residir en el deficiente uso que, se supone, María hizo de su sexo, al menos en la casta edad previa a su preñez, que después nadie sabe de sus coitos presumibles, inmaculados o con mancilla, beatíficos o cercenados, al carecer de alusiones canónicas lo acaecido dentro de ese perpetuo sepulcro vaginal al que debe sus honores póstumos. Compárese con las celebraciones religiosas paganas involucradas en la experiencia mágica y polivalente de la feminidad, como las fiestas en honor a Artemisa o los misterios presididos por Deméter, sin olvidar la voluptuosa prostitución litúrgica ofrendada a Afrodita en sus templos, por traer a colación algunas de las espléndidas ramificaciones del fenómeno. Puede que el parentesco entre la mariolatría cuyo éxito se resiste a la parquedad del pronóstico y la veneración ancestral a las diosas madres sea sólo una de cuestión de sincretismo o pervivencia encubierta, no rechazo las pruebas, y tampoco ignoro que al ser la vileza parte consustancial del hombre en todas las épocas, resulta difícil poner en práctica la ingenuidad con que se minimizan las más profanas que luminosas crueldades a las que también era dado el mundo antiguo a través de sus ritos, pero el dato de contraste apuntado, la negación obstinada de la naturaleza erótica en el lustre icónico de la Virgen, lo encuentro muy revelador para acusar la malformación del propio sentido corporal que todavía sufren y predican los enganchados a ese producto de síntesis que es la fe cristiana, adulterada cada vez más por los traficantes de la Santa Sede. 

En verdad, más vale el arte inherente a un generoso posado pornográfico, incluso cuando debe su reclamo a la devoción menos creíble, que las habituales estampas sagradas destinadas a enaltecer los prodigios virtuosos, aunque sin chispa, de la Madre de Dios.

Alucinado simbolismo de la eternidad en la placa número siete del Libro de Urizen de William Blake.

12.8.12

EPINICIO DE FLAGELO



Si uno comprende realmente qué es el momento presente, ya no tiene ninguna otra cosa que hacer ni ninguna otra cosa que buscar fuera del momento presente: vive de acuerdo con la resolución única del momento.
Yamamoto TSUNEMOTO
Hagakure

Carecer de la bendición de la suerte y de la confianza en el destino que es aldaba en la puerta de la sabiduría no es excusa para desistir de obrar en beneficio de la propia grandeza: anomalía laberíntica dentro del complejo arquitectónico de Maslow que se ríe de satisfacer los apremios básicos como de la preocupación por salir incólume, uno tiene la oportunidad de solemnizar la comedia insignificante de su existencia con el arte de fabricarse problemas innecesarios susceptibles de ser perfeccionados con dilemas imaginarios.

Muy influenciado por el tenebrismo de Caravaggio, y amigo, como él, de asomarse a los universales a través de los bajos fondos, Georges La Tour nos invita a colaborar en el sosegado descarrío de la Magdalena penitente.

10.8.12

SED DE FUEGO


Donde mayor es el peligro está la mayor honra.
Marca de caballería

Las primeras restricciones que se hicieron en España a portar armas son anteriores a Felipe II, pero fue el rey Prudente quien al comienzo de su mandato amplió la prohibición de acarrear determinados sacametes y aparejos folloneros fáciles de ocultar por considerarlos proclives a usos traicioneros —como dagas, puñales y arcabuces pequeños—, cuya veda decidió extender en 1611 para que nadie pudiera llevar cuchillo suelto ni de otro modo, concediendo a los soldados el privilegio de la espada y de los restantes herrajes sanguinarios permitidos. Con los monarcas sucesivos, las pragmáticas que regulan la fabricación y posesión de artefactos robavidas se endurecen, y bajo el reinado de Carlos III las leyes castigan con pena de seis años de presidio a los nobles que las infrinjan, que se convierten en seis de minas si los transgresores son plebeyos. Incluso los cazadores son objeto de sanción, e igualmente los armeros, mercaderes y personas relacionadas con el negocio de esta clase de pertrechos, así como los cocheros, lacayos y criados de librea que, por los riesgos asociados a su oficio, se entiende habían menester de capacidad defensiva para repeler los frecuentes asaltos, una circunstancia que a la sazón no se juzgó eximente salvedad hecha de los referidos al servicio de la Casa Real, a quienes se les permitía tener arma blanca prendida a la cintura. A partir de entonces, las guerras civiles, revueltas y cambios de régimen que irrealizan más que resuelven ese galimatías que sigue siendo España, no hacen sino confirmar que los cuerpos policiales y las tropas del ejército cuentan con el monopolio de los medios ofensivos, una constante turiferaria en medio del fárrago de penurias y pérdidas coloniales que se enrancia en el tono sombrío del caciquismo provinciano. Posteriormente, también el gobierno desfalleciente de la Segunda República, con Manuel Azaña a la cabeza, demoró hasta el último momento la orden de suministrar armas a las masas obreras dispuestas a hacer frente a la sublevación militar por miedo a que los sectores más radicales aprovecharan la coyuntura de rechazar a los facinerosos para iniciar sus experimentos revolucionarios...

Baste este introito histórico para ilustrar que a medida que el poder central aprende a dotarse de estructura interna y gana, por consiguiente, presencia exterior, una de sus misiones prioritarias es desarmar a la población que vive en el territorio sometido a su gobierno. Desde los lejanos tiempos en que la autoridad política emprende el perfeccionamiento de sus técnicas de control con un aparato de Estado separado de la sociedad, se hace patente que un pueblo armado constituye una especie de milicia invicta; que las gentes que componen este imprevisible y no deliberado regimiento, de la misma forma que pueden atacarse entre sí por las rivalidades más ordinarias o los motivos más peregrinos, pueden dirigir sus fuerzas contra el alguacil encargado de velar porque las falsedades del orden se consoliden como una realidad inabordable. Ahora bien, para desguarnecer al individuo que aun en su mera virtualidad de voluntades es vigilado como un reducto de contrapoder, se necesita un pretexto que se haga valer como una urgencia colectiva, y nada mejor para ello que utilizar el profiláctico recurso de combatir la violencia criminal, en algunos casos estimulada tácita y tácticamente por otras vías por el mismo ejecutivo que se propone erradicarla. El éxito de tal maniobra de refrigeración de las costumbres se avala, sin precedentes que lo superen, en la docilidad presente obtenida tras el aleccionamiento secular. Condenados al pueril escarmiento de una tutela casi ubicua, la situación es tan degradante para los adultos de hoy, que no hablo ya del acceso a las armas de fuego, cada vez más limitado y comprometedor en nuestro país, sino del derecho ancestral a servirse del poder de las llamas en campo abierto, que aun invocado con fines estrictamente alimenticios o caloríficos se ha extinguido de un soplo con la pobre excusa de unos operarios abrasados por causas de sobra conocidas. Independencia requerida de lo que se opine al respecto, nada impugna que este hecho supone una victoria completa para la intensa campaña de desarme —otros dirán seguridad o pacificación social— iniciada siglos atrás. Y si la ley así lo dicta, para mí es letra arbitraria que sólo merece desacato, pues de ningún modo es lícito usar el error de unos pocos —sea freír un monte o quemar a balazos a un infeliz— como medida de corrección contra los demás: muy deficitario sentido de la justicia hay que tener para tragarse la infamia de hacer que justos paguen siempre por pecadores. Sin embargo, esta prerrogativa no es anecdótica y se engloba dentro de un conjunto de asaltos cometidos a instancias de un movimiento burocrático envolvente que, desde la desconfianza sistemática hacia el ciudadano, se va esmerando en despojar a cada uno de su soberanía y no da tregua hasta dejarlo legalmente al desnudo por todos los flancos. Asombra, por ejemplo, que se acepte como cosa normal que un sujeto que se enfunda varias raciones automáticas de muerte con su uniforme reglamentario esté autorizado para el ejercicio público de la intimidación y pueda obligarme a revelar los secretos de mi sangre en un vulgar control de tráfico, pero es un asombro que además agravia cuando después de la presunción de culpabilidad todavía se debe demostrar ante el criterio de los circunstantes que con estos zarzales de inspección no se protege a la sociedad de una agresión real de la que yo pueda ser el causante, puesto que sucede exactamente al contrario: lo que se viola es la propiedad de mi ser urdiendo el alegato preventivo contra una serie de infracciones que hasta el instante de ser detectadas carecían de víctima. ¿Cómo es posible que la amenaza abstracta de un acontecimiento figurado legitime, a juicio de esos estadistas que debo tomar por semejantes, la invasión de mi existencia privada sin ningún miramiento con la integridad del organismo cuya epidermis define claramente sus fronteras?

Es preciso mirar con ojos nuevos lo antiguo para cruzar con una fuerza restaurada el mundo actual; entender en su crudeza original que intentar sobreponerse al estado de cosas sin luchar es un propósito tan falso como creer que la tierra puede cultivarse sin sembrar.

La caída de los ángeles rebeldes de Frans Floris, fechado en 1554, año en el que los mapuches derrotan a los españoles en el Desastre de Tucapel. Según una historia con rasgos legendarios, Lautaro, líder los indios rebeldes después de haber sido paje de Pedro de Valdivia, torturó durante días a su señor, a quien puso dintel de eternidad extrayéndole el corazón para ingerirlo como un trofeo de propiedades mágicas asimilables.

7.8.12

ZOMBICRACIA

Lo aceptaba (no lo toleraba, lo aceptaba), así como en medio del más terrible ultraje hay momentos de respiro que uno acepta con una especie de gratitud porque puede decirse: «Gracias a Dios, esto es todo; al menos ya lo sé todo».
William FAULKNER
¡Absalón, Absalón!

Siempre que uno accede a hablar o escribir de política, empieza por consentir la pérdida momentánea del equilibrio anímico; incitado por la rivalidad dialéctica, creerá recuperarlo mediante la ilusión de omnipotencia que produce la retórica de los juicios exaltados y, de persistir en el empeño, terminará por extraviar la saludable ironía que podía preservarlo de la inmersión en la inmundicia como un anorak de la lluvia: experimentando la tormenta de lleno, quizá mojándose el rostro con alguna salpicadura arrojada por la ventisca, sonriente por la celebración de estar perfectamente protegido contra la insolencia de los elementos... Y es que la sátira tiene razones que la ideología ignora.

Odio hablar de la clase política, sobre todo tras el hartazgo de comprobar que el abordaje contra las decisiones de esa euronave de rapiña se agota en cuestionar superficialmente lo realizado bajo su mandato sin atreverse a trascenderlo con una épica de la liberación o, en su defecto, con una táctica de drásticos contraataques. Odio hablar de la política sin clase, pero la atmósfera que me rodea está tan viciada por las emanaciones parlamentarias, que no puedo sino boquear unas cuantas líneas sobre el tema. 

No es bueno obedecer a los débiles porque en vez de compensar sus flaquezas se vuelven poderosos con ellas; un mal hábito que no se corrige, al contrario, se complementa, con la rutina de obedecer a los poderosos, que de ese modo se abandonan a sus debilidades en vez de esmerarse en administrar sus competencias, ya que las tienen, con una equidad ejemplar. Frente a esta duplicidad de las costumbres sumisas, no necesito argumentos para armar mi libertad: el acoso a tiempo completo del gobierno me pone en situación de legítima defensa y, que yo sepa, por mucho que el domador se pavonee delante de los rugidos que ha provocado en la gayola, el león aguarda por instinto su oportunidad para saltar sobre él y zampárselo con un gesto veloz, mínimo, eficiente, digno de esa fiereza felina a través de la cual quedan ridiculizadas la restricción calórica, los tranquilizantes y el compendio de medidas de atontamiento emprendidas por el negocio circense contra la naturaleza salvaje...

Si, tal como dan a entender sus más eminentes teóricos, la justicia en un Estado de Derecho consiste en hacer cumplir la ley para que nadie esté por encima de la misma —en palabras de Thomas Paine: «Al igual que en los gobiernos absolutistas el rey es la ley, en los países libres la ley debería ser rey y no debería haber otro»—, ¿qué clase de justicia cabe esperar de una ley que a la luz tramposa del derecho permite que unos pocos hombres sometan vilmente a otros, y aun a los órganos más elevados de la supuesta representación civil, por la movilización mercenaria de su opulencia?

Nuestro actual gobierno conoce bien la ley: obedecer al fuerte y oprimir al débil. La conoce y la aplica en un sentido lato, como el que rige en una herrumbrosa cadena de mando, en parte por la estulticia de su buena estirpe, y en parte por las deudas que debe saldar con el crimen organizado; es el suyo un entendimiento de verdugo que acata en silencio el resultado lógico de la reagrupación de los principales poderes —de los tres poderes clásicos al sexto poder— en un ordenamiento que reserva el papel hegemónico a la élite financiera y condena a una humillante interpasividad a la población que, aclimatada al respeto que no recibe, ha de sufragar, para mayor cinismo, los costes de su nuevo abaratamiento. En efecto, no puede objetarse al gobierno vigente que sea injusto puesto se ocupa con celo canino de impedir que nada salte sobre la ley que defiende; tan tozuda es su fidelidad a los amos, que de la obligación ha hecho un temor continuo y del temor una obligación continuamente decretada. La verdad, no tengo decidido si este gobierno me agita el asco, me da pena o me preña el neurón con un híbrido inabortable de ambos estados: una vez que sus miembros han izado su insignia en la prominencia más visible del Montaje, no hay mentira capaz de ocultar que lo máximo que pueden y quieren hacer por su país se limita a conducirse como perros bien adiestrados o rabiosos muertos mordientes, con perdón de mis primos los cuzcos y de los mordidos que se resisten a propagar del entreguismo.

Peregrinando por el dinamismo detenido del Condottiero Colleoni de Verrocchio, me pregunto para qué la chulería como rasgo distintivo del caudillaje cuando una torcaz puede burlar con un brochazo de palomina la voluntad más arrogante.

4.8.12

DEL DESPEJO

Toda la historia del universo se halla implícita en una parte de él. La mirada de la meditación penetra en cualquier objeto y ve, como a través de una ventana, el universo entero.
Aldous HUXLEY
Contrapunto

Me chirrían las estancias sobrecargadas de esos objetos roncadores destinados a sembrar los sentidos con deyecciones decorativas y no por afición al determinismo funcional al que deben ajustarse los usos de un espacio habitable, sino por la vía expedita que todo lugar de refugio y descanso ha de ofrecer al buscador de la ascesis; una desnudez visual más tersa, si cabe, cuando se trata de dar cobijo a un místico disconforme que rechaza el entetamiento de los cultos confeccionados a la medida de otros espíritus con el ahínco de quien se saborea insensible a la distracción de la soberbia.

Entiendo que el ornamento más delicioso se encuentra en el interior de la conciencia donde el alma hace juegos de cosecha y sementera, paisaje y ciudadela, oficio e invención en un territorio irreductible a tasaciones morales que también en el mejor de los casos supone una elaboración estética del recogimiento, la cámara oscura que invierte el mundo hacia su fuente ensoñadora. No veo en ello una fría abstracción de la parquedad solitaria ni, por supuesto, carantoñas de alabanza a esa austeridad cuya sórdida promoción está hoy tan de moda en los discursos pastorales; más bien es el modo de acceder a una mayor amplitud de miras a través de una economía de medios que transforma la neutralidad circundante en un receptáculo fecundo afín en sus cometidos a la modesta pero crucial utilidad de la hoja en blanco para la imaginación poética.

Filósofo meditabundo de Rembrandt, óleo sobre tabla fechado en 1632.

3.8.12

TÚMULO


A Cristina Serrano, acompañándola

Uno no puede transgredir los impulsos de la propia naturaleza sin que ésta se vuelva contra sí misma.
Jack LONDON
Colmillo blanco

Siempre que uno llora de verdad, a llama vuelta, debe mover todas las piezas de su tristeza, las pasadas, las presentes y aun las presumibles, por eso crecer hace cada vez más difícil romper la argamasa de experiencias que no une, sino agarra las penas.

Celebraciones nocturnas en la Vía Eugenia de Venecia, una tela de Ippolito Caffi.
 
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